¿El filtro de luz azul de tu móvil puede matarte? La respuesta te quitará los colores de la cara

Por Arturo Quirantes, el 19 diciembre, 2019. Categoría(s): Ciencia • Divulgación ✎ 2
Noticias que pueden matarte
¿Presentar noticias que pueden matarte puede matarte? Descúbralo después de la publici…  espera ¿qué, cómo?

De entre todas las noticias que suelen llegarme sobre avances científicos, las que más me inquietan son aquellas que pueden ser malinterpretadas para asustar a la gente. Es muy fácil tomar un artículo científico y, de forma deliberada o no, convertirlo en una noticia del tipo “¿esto puede matarte? Haz clic para averiguarlo”. En esos casos me suelo debatir entre dejarlo pasar o decir algo al respecto, y puesto que los medios de comunicación están deseando dar la noticia estremecedora que atraiga al espectador, no suele haber mucho tiempo para escribir algo.

Aun así voy a intentarlo, me dije en esta ocasión. Luego pensé que mejor paso del asunto, que tampoco soy experto en el tema. Después volví a cambiar de opinión y decidí escribir este post… cambiando el objetivo de mi interés.

Bien, comencemos. Acabo de recibir un tuit de La Sexta donde puedo leer “El filtro de luz azul de tu móvil podría tener ahora un efecto nocivo, según un estudio” Vale, si esto no es un clickbait que venga Google y lo vea. El artículo que leo no me dice mucho, pero al menos me dirige a una entrada de la Universidad de Manchester que me amplía la información. Finalmente pude encontrar el artículo original, escrito por investigadores de esa Universidad, y lo tengo en mi ordenador.

Por lo general mi forma de actuar es leer el artículo, digerirlo, ver qué puede decirse a favor o en contra y presentar mis opiniones. Eso es lo que pensé hacer en un principio. Pero no voy a hacerlo.

Bueno, está bien, aquí va una sinopsis muy breve. Hasta ahora se creía que reducir la luz azul era buena idea porque está relacionada con la producción de los ciclos de sueño y la producción de melatonina; y eso es malo, pero no porque la luz azul sea tóxica y te perjudique la retina, como ya expliqué aquí y aquí, sino porque ciertos tipos de cáncer tienen base hormonal. Hay una proteína llamada melanopsina, que se chiva al sistema circadiano de que la iluminación está cambiando, y resulta que la melanopsina es especialmente sensible a la luz azul, así que era lógico pensar que la luz azul tendría mayor impacto en los ciclos circadianos.

Sin embargo, la cosa no es tan sencilla como “vamos a quitar la luz azul, así la melanopsina avisa de que se hace de noche”; esto sólo pasa en las películas, donde necesitas una respuesta clara e inequívoca en cinco minutos. Los investigadores de Manchester han jugado con combinaciones de luz y han mostrado que la intensidad total de luz es también un factor relevante, de forma que hay otras formas de acostumbrar al cuerpo a la llegada de la noche además de reducir la proporción de luz azul. De hecho, consiguieron demostrar que la luz azul tenía menos efecto en los ciclos del cuerpo que otros tipos de luz como la amarilla, con tal de que el brillo total de la luz fuese el mismo. Parece como si nos estuviésemos equivocando con eso de los filtros azules, aunque –repito- hay muchos factores y debemos movernos con precaución.

Sin embargo, no son los entresijos del estudio los que quiero mostrar, o si el artículo está bien o mal hecho. No, nada de eso. He despachado el contenido en un par de párrafos por cumplir el expediente, pero si quieren mayor profundidad seguro que mañana, o pasado mañana, Francis Villatoro lo explica en su blog; y con “explica” quiero decir que podrá darle lecciones a los propios investigadores de la Universidad de Manchester.

Lo que me ha llamado la atención es la diferencia entre lo que contiene el artículo original y lo que nos cuentan en La Sexta (y próximamente en el resto de medios de comunicación españoles). Para empezar, en contra de lo que parece, el artículo de Manchester no dice que el filtro de luz azul tenga un efecto nocivo para nada. Por lo visto alguien de La Sexta pensó que “A es mejor que B” puede traducirse como “B es peor que A”, lo que es lógicamente correcto pero transmite una impresión muy distinta (por ejemplo, da a sugerir que B es intrínsecamente malo, que no tiene por qué ser cierto). Tampoco creo que sea cierto la afirmación LaSextiana (mis disculpas por el adjetivo) de que usar un filtro de luz azul para leer el móvil en la cama sea “Algo que ahora se desmonta por completo por parte de esta Universidad de Manchester” El artículo original se limita a sugerir que el descubrimiento es “potencialmente importante para usos prácticos que intenten ajustar el impacto de la luz artificial en el ritmo circadiano”. No se ha “desmontado” nada, no se ha desvelado ninguna oscura confabulación. Vamos, que eso de que hay que huir despavoridos de nuestros filtros azules porque pueden matarte… para nada.

Tampoco parece haber caído el artículo de La Sexta en un pequeño detalle: el estudio ha sido realizado en ratones. Sí, ratones. Que el resultado sea extrapolable a humanos es algo que hay que ver aparte. Los investigadores de Manchester plantean esa cuestión, y sugieren que los datos son consistentes en ese sentido, lo que viene a significar algo así como “sí, da la impresión de que esto puede ser aplicable a humanos”, pero advirtiendo con cautela; y por supuesto, sin dar la impresión de que lo que pasa en un ratón automáticamente pasa en un humano.

Pero hay algo más que quiero resaltar, y esto va a ser mi objetivo principal de hoy. Como sabrán los que, como yo, intentan leer artículos científicos y traducirlos a román paladino, la cosa no es nada fácil. Resulta poco menos que imposible ser experto en todo, por mucho que lo intentes. De ahí la importancia de un puente que conduzca de los investigadores a los divulgadores y los periodistas. Me refiero en particular a las unidades de cultura científica. En todos los centros de investigación se están creando unidades especiales que, entre otras cosas, hacen precisamente esa labor de “traducción” y permiten que incluso un periodista sin conocimientos técnicos pueda entender el contenido y el significado de un trabajo científico.

Los anglosajones son en eso unos maestros. En este caso, la Universidad de Manchester ha sacado en su web de noticias una breve nota que explica el artículo de sus investigadores de forma clara y sucinta. Es que me encanta hasta el título, que se puede traducir como “(Un grupo de) investigadores descubren cuándo hay que tener el blues”. En pocas líneas te cuentan qué han hecho esos investigadores, qué consecuencias tiene el trabajo y por qué deberíamos (o no) preocuparnos, todo ello en un estilo optimista y cercano al lector; ah, y nos dicen que el estudio está hecho en ratones, que es una información relevante al caso.

Esa es, en mi opinión, una forma adecuada y muy efectiva de comunicar ciencia. Asustar a la gente no es una buena idea. Funciona, pero no es una buena idea.



2 Comentarios

  1. Se me ocurre que para informar con humildad hay que estar “muy puesto” y ser muy cauto. No sé yo si “la sexta”está muy puesta y es humilde y cauta. La ignorancia es muy atrevida.
    Saludos cordiales…

  2. Off-topic. Una nota breve sobre el artículo de A. Kovacs publicado por cortesía de Tommaso Dorigo en el blog de este último.

    Escribe Kovacs que entre la mitad de la década del 70 y el año 2000 los teóricos de partículas de alta energía daban por probada la existencia de tres sub-partículas en el interior del protón. Sin embargo, Kovacs apunta que se produjeron errores de análisis en las colisiones protón-electrón de manera que hubo que salvar esta circunstancia invocando un mar de quarks virtuales que anida en el interior del protón. Así, los tres quarks descubiertos parecen coexistir con un número indeterminado de quarks aún por descubrir. Después de un análisis cuidadoso el grupo de Kovacs da por probada la existencia de entre 8 y 10 sub-partículas y por tanto entienden que no es necesario argumentar la existencia de un mar virtual de quarks ya que el número de estas sub-partículas es limitado.

    Dorigo objeta que el protón está formado por quarks y gluones que tienen propiedades diferentes y que resulta trivial contar el número de sub-partículas alojadas en el interior del protón. Añade que lo relevante es predecir el valor esperado del número de componentes por encima de un determinado umbral o en un intervalo dado de x. Y concluye: “of course the number is not fixed and depends on the energy scale at which the proton is probed, as the probability density function of the momentum fraction carried by constituents evolves with Q-squared”.

    Aquí surgen dos cuestiones. ¿Se ha producido algún avance desde los experimentos efectuados por SLAC, JLSB y HERA? Si la respuesta es afirmativa y esperanzadora ¿cómo se explica la crisis del espín del protón? Dorigo, que es consciente de la magnitud del problema, aconseja a Kovacs atenerse al resultado inicial de las tres sub-partículas que forman el protón y seguir con la investigación de las propiedades dinámicas que utilizan el PDF (the photon parton distribution function). La solución de Dorigo es realista pero no explica la crisis del espín del protón, mientras que Kovacs afirma que no hay un “mar virtual de quarks” en el interior del protón y por ende resulta contradictorio sugerir que hay mucho espacio dentro de esta partícula. Si el problema es metodológico puede prolongarse por décadas sin que se obtenga alguna solución.

    https://www.science20.com/tommaso_dorigo/guest_post_andre_kovacs_mistaken_assumptions_in_physics_what_hurts_you_is_what_everyone_knows_to_be_true-244341

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Por Arturo Quirantes, publicado el 19 diciembre, 2019
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