Seis razones que explican por qué te funciona la homeopatía

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El pasado puente nos reunimos unos amigos. Uno de ellos, mujer de mediana edad a la que llamaré María, había sufrido diversos problemas de salud y me dijo que había acudido a un homeópata. Yo le expliqué que no hay base científica alguna a favor de la homeopatía y ella lo aceptó, pero aun así me puso esa cara de “sí, pero he visto que le funciona a mi prima.”

 

Existen diversos motivos por los que pseudociencias como la homeopatía parecen funcionar, pero no se pueden sacar a colación en una conversación informal donde todo son anécdotas y casos personales. Por eso los explicaré aquí.

 

(Lo que sigue es una versión resumida extraído de mi libro ¿Homeopatía? Va a ser que no, disponible de forma gratuita aquí)

 

Eppur si muove. Y, sin embargo, se mueve. Con este susurro Gailieo Galilei se recordó a si mismo que, aunque los hombres de la Iglesia le hubiesen obligado a abjurar de sus descubrimientos, estaba en lo cierto. El partidario de la homeopatía siente un “pero se mueve” cuando se le presentan argumentos en contra. Estudios clínicos, físicos, químicos, todo parece estar en contra de la homeopatía. Y sin embargo… ¡a mí me funciona! Millares de personas reaccionan con el argumento último: si esto no funciona, ¿cómo es que me he curado?

 

Hay explicaciones perfectamente satisfactorias para la curación homeopática, y que no implican en absoluto que “funcionen.” He aquí algunas de ellas.

 

1) ME CURO GRACIAS AL PLACEBO

 

El efecto placebo proviene de la creencia de que algo va a curarnos. Puede ser una pastilla de menta, una inyección de suero salino, una imposición de manos. Cuando el paciente cree que X le va a curar, el cerebro induce una serie de cambios químicos cuyo resultado es la generación de una respuesta por parte del organismo. Resultado: el paciente se cura. A veces, y eso lo saben los médicos desde tiempos de Galeno, el deseo de curarse obra milagros, y un placebo es un vehículo eficaz para la curación.

 

2) ME CURO PORQUE EL MÉDICO ES MUY MAJO

 

La homeopatía incluye un conjunto de interacciones entre médico y paciente que potencian el efecto del tratamiento. Al igual que una sustancia placebo, un “médico placebo” puede despertar en el paciente una respuesta positiva. Eso lo saben todos los sanadores, sean médicos o curanderos, y los estafadores profesionales se aprovechan de ello: no se trata de curar, sino de dar la impresión de que al menos lo intentan honradamente.

 

El doctor House se encaraba en una ocasión con un paciente y le espetaba:

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En el mundo real, House sería expulsado a patadas del hospital o relegado a tareas ingratas mientras los demás médicos hacen al menos algún esfuerzo por ser empáticos. Por mucho que le duela al doctor House, los pacientes sí que prefieren a un médico que les coja la mano, incluso si no mejoran. El sanador que despliegue un mayor grado de empatía será mejor aceptados por sus clientes.

 

Hagamos un pequeño experimento mental. Es usted un paciente aquejado de algunos síntomas. No sabe nada de homeopatía, placebos o química. Deposita su fe en la gente de bata blanca, y se le presentan las siguientes dos alternativas.

 

MÉDICO A. Tras una peregrinación por urgencias, toca esperar en la antesala durante casi una hora. Por fin, le llaman a consulta. Se sienta y se encuentra a una persona que ha tratado ya a veinte pacientes esa mañana, y a quien le esperan otras treinta antes de irse a casa para comer. Está terminando de rellenar la ficha del paciente anterior. Por fin levanta la vista y le ve a usted, que mientras tanto le ha estado explicando lo malito que se encuentra y los síntomas que tiene. El médico mira al infinito durante unos segundos y al final decide su modo de actuación: le da un volante para una analítica, le dice que tosa, piensa un poco, vuelve a teclear frente al ordenador y le receta un medicamento. Se levanta usted de la silla, mientras el médico se pregunta cómo va a hacer para cumplir su guardia de 48 horas la semana que viene. Abre usted la puerta y oye al médico ladrar “¡siguiente!”

 

MÉDICO B. Tras unos minutos esperando en una sala llena de diplomas elegantes colgados en la pared, entra usted al despacho del médico. Éste se levanta, le ofrece la mano y le da la bienvenida con una sonrisa de oreja a oreja. Le pide que se siente en un cómodo sillón y durante los siguientes cuarenta y cinco minutos usted se explaya. Le relata cómo cree haberse puesto enfermo, le cuenta todos los síntomas, sus dolencias, sus quejas. El médico asiente con la cabeza, le pide que siga hablando, le hace preguntas. Describe los dolores de espalda que tiene desde hace años, el estrés que siente al vivir con su suegra. El médico sigue sonriendo, atiende a todo lo que usted le dice y a continuación le da esperanza, le dice que la vida es bella, que no se preocupe y que todo tiene remedio. Hablando de remedio, le prescribe un tratamiento que se vende en las farmacias y que no tiene efectos secundarios. Usted sale aliviado y confortado por el buen hacer del médico.

 

Si usted no supiera nada sobre medicina u homeopatía ¿qué médico escogería? ¿El ocupado que apenas tiene tiempo y le da el mismo tratamiento que a los demás, o el simpático y sonriente que ha escuchado la historia de su vida de cabo a rabo? Está claro, creo yo, y esa es la razón por la que los médicos homeópatas son tan populares entre sus pacientes.

 

Ya me parece oír un rugido de médicos “tradicionales” quejándose de que ellos no son como el médico A, y que si acaso el problema es de la masificación y la escasez de medios. Os aseguro, queridos amigos, que os comprendo perfectamente. He sido paciente, padre de paciente, también tengo médicos en la familia y ni por un momento pretendo insultaros o incomodaros. Por desgracia, vuestros desvelos y dedicación significan poco para el paciente que llega dolorido esperando una curación, o cuando menos un alivio de síntomas.

 

En el fondo, queremos que la mujer del César parezca virtuosa y nos importa menos que lo sea o no. Eso sí, luego se nota en la factura, porque esa hora de empatía no es en absoluto barata. Puede que el doctor House tenga razón y seamos idiotas.

 

3) ME CURO PORQUE YA ME IBA TOCANDO, HOMBRE

 

Ben Goldacre, en su libro Mala Ciencia, describe lo que algunos llaman “la maldición de Sports Illustrated.” Según la creencia popular, siempre que un deportista aparece en la portada de esa revista su carrera está próxima a entrar en desgracia. Hay múltiples ejemplos de esta “maldición” en la Wikipedia. La propia Sports Illustrated ha analizado este efecto gafe, y en una divertida muestra de humor, su portada en enero de 2012 mostraba… un gato negro.

 

¿Qué es lo que convierte a Sports Illustrated en una revista gafe? En realidad, nada. La “maldición” es un ejemplo clásico de lo que se conoce como regresión a la media. Se trata, sencillamente, de que cualquier situación anormal tiende con el tiempo a volver a la normalidad. Si uno lanza diez veces una moneda al aire y las diez veces sale cara, entonces (suponiendo que no esté trucada) tarde o temprano volverán a salir cruces. La regresión a la media es algo que experimentan los jugadores que están en racha, y también los que están gafados.

 

Un jugador ha de ser muy bueno para ser considerado para un artículo. Si además de ello tiene una serie de buenas actuaciones, llamará la atención de la revista y los editores de Sports Illustrated querrán que salga en portada. Por supuesto, eso no puede durar eternamente, y tarde o temprano su rendimiento volverá a ser el habitual, bueno pero no extraordinario. De hecho, la buena racha puede ser uno de esos casos de profecía autocumplida: el jugador se siente mimado por los dioses, está en la cima, nadie puede hacerle sombra, su confianza aumenta, sale a jugar pletórico de moral, triunfa. O al contrario: cree estar gafado, se obsesiona con ello, pierde concentración, su juego se resiente y el gafe se confirma.

 

Muchas enfermedades crónicas está sujetas a ciclos de empeoramiento y mejoría que se repiten una y otra vez. Imaginemos un paciente a quien no parece curar la medicina tradicional. Sufre un episodio de empeoramiento, y a sugerencia de alguien (un familiar, un amigo, un médico) decide probar un remedio homeopático. Peor no va a estar, se dice a sí mismo. El médico alopático muestra su incredulidad, pero sorprendentemente el paciente mejora.

 

En realidad, se trata de una regresión a la media: el paciente lleva varios días con una “mala racha,” y la tendencia es volver tarde o temprano a un estado de mejoría. Cuando vuelva a empeorar se acordará del preparado homeopático que “le funcionó” la otra vez, y zas, tarde o temprano “funcionará” de nuevo. Al final acabará identificando homeopatía con curación (o cuando menos, alivio de síntomas). Cada vez que mejora es gracias a la homeopatía, y eso significa que “funciona.”

 

Lo cierto es que, dejando aparte el efecto placebo, la enfermedad sigue su curso de mejora y empeoramiento. Al igual que Sports Illustrated no tiene culpa de la mala racha que acompaña a un deportista, la homeopatía no tiene responsabilidad alguna en la mejoría del paciente, como tampoco la tiene en su empeoramiento.

 

En el caso de una enfermedad no crónica, el efecto es parecido, con la diferencia de que no hay episodios recurrentes de empeoramiento y mejora. Una persona recurre a ayuda farmacológica cuando los síntomas son más graves, es decir, cuando la enfermedad está en su punto álgido. El paciente se toma homeopatía y acabará mejorando, pero no porque ésta funcione sino por el ciclo natural de la enfermedad. Mientras tanto, el efecto placebo actúa dando la impresión de que hay un mecanismo real de actuación del medicamento homeopático.

 

4) ME CURO PORQUE ESTOS MEDICAMENTOS SON MUY CAROS

 

Confunde el necio valor con precio, dijo Antonio Machado. Deberíamos recordar esa máxima cada vez que entramos en una tienda a comprar cualquier objeto. Por lo general, tendemos a valorar algo en función a lo que cuesta, porque para nosotros el coste económico es una medida cuantificada de la dificultad en conseguirlo, que a su vez se supone relacionado con sus cualidades.

 

En habitual que un vendedor ofrezca dos productos a distinto precio. La diferencia no parece estar relacionada con sus prestaciones, ya que ambos son muy parecidos, así que ¿cuál es el motivo de que uno sea más caro que el otro? El comprador sospecha que hay gato encerrado, y al final acaba comprando el producto de mayor precio porque “vete tú a saber por qué el otro era tan barato.”

 

En un mundo así, un medicamento homeopático que cueste cincuenta céntimos no tendrá compradores, pero si lleva la etiqueta de 12.95 € se convierte en un artículo valioso. No costoso, sino valioso. Algo debe tener para que le pongan ese precio, pensará el consumidor.

 

5) ME CURO POR EL TRATAMIENTO CONVENCIONAL

 

El carácter de complementaria que la medicina homeopatía se otorga a sí misma tiene varias ventajas. Una de ellas viene de la mano del refrán “unos se llevan la fama y otros cardan la lana.” Si la medicina homeopática y la tradicional están actuando juntas mano a mano, ¿cómo podemos saber cuál de ellas es la eficaz? Por supuesto, si sabemos de ensayos clínicos, pruebas farmacológicas y todo eso, podemos responder fácilmente. De otro modo, entran en juego nuestros prejuicios.

 

Un cáncer no es ninguna broma, e incluso en nuestros días requiere las técnicas médicas más avanzadas de que disponemos. Es necesario acudir a métodos agresivos: quimioterapia, radioterapia, fármacos con efectos secundarios graves. Ahora suponga que el paciente, harto de mareos y vómitos, presta atención a la homeopatía. Le prometen que le aliviará los síntomas, que funciona, y lo mejor de todo, que puede “complementar” el remedio homeopático con la terapia tradicional. No hay que escoger, y no le hará mal, así que ¿por qué no intentarlo?  A partir de ahí, si el paciente mejora es gracias a la homeopatía, y si empeora es a pesar de la homeopatía.

 

Se trata de un juego en el que se no puede perder, ya que se cuentan los éxitos como propios y los fallos como ajenos. Cara gano yo, cruz pierdes tú. Y por supuesto, si se da el caso de que el paciente se cura gracias al tratamiento, el caso se convertirá en una prueba más del “éxito” de la homeopatía.

 

6) ME CURO PORQUE… PUES NO LO SÉ

 

El caso de las remisiones espontáneas resulta particularmente interesante. A veces, sencillamente, el paciente se cura sin que nadie sepa por qué. Se suelen barajar cifras de una remisión espontánea por cada 100.000 casos de cáncer, pero se carecen de datos fiables. Un estudio llevado a cabo en 2009 sugiere cifras de uno entre quinientos.

 

El cáncer (sigamos con ese ejemplo) es una enfermedad que popularmente se considera mortal a menos que se trate. Hasta tal punto nos hemos acostumbrado a esa forma de pensar, que un cáncer que desaparezca sin tratamiento parece poco menos que un milagro; y si el paciente ha sido tratado con medicamentos homeopáticos, se considera como una prueba sólida e irrefutable de que funciona, el argumento definitivo para callar las bocas de los escépticos.

 

Nada más lejos de la realidad. A veces el cáncer, sencillamente, se va. Puede tratarse de efecto placebo, fallos de diagnóstico, o puede que haya factores en juego que todavía no conocemos. Respecto a qué causa esas remisiones espontáneas, alguna causa habrá. Que no la sepamos no significa que no la haya.

 

Dicen que la medicina alternativa que demuestra que funciona recibe un nombre diferente: medicina. La homeopatía no es parte de ella, le pese a quien le pese, y no es por presiones de intereses económicos o por conspiraciones oscuras, sino porque no funciona.

Es así de sencillo.

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155 Comentarios

  1. He leído la nota y los comentarios… pues a mi me caben las generales de la ley, “A mi me funciona”. Tengo 73 años, soy arquitecto, aún trabajo en mi profesión y padezco (en realidad padecía, ahora menos) dignamente de todos los males que una vida razonablemente bien vivida, hipertensión arterial, colesterol, triglicéridos, ácido úrico, diabetes tipo2, problemas con las tiroides, obstrucción en las carótidas, sobrepeso, tabaquismo y vida sedentaria. Tomaba infinidad de medicamentos (ahora menos) que yo creía que eran para curarme, pero los médicos tradicionales me decían que no, que era de por vida, dándome una serie de explicaciones en principio muy razonables, además me indicaban la colocación de stends en las carótidas, una (la izquierda) con obstrucción de 45% y la izquierda con el 75% bajo el argumento de que con medicación y mucha, mucha suerte podría mantener dichos valores, nunca reducirlos. Siempre he sido un poco rebelde, debo reconocerlo, por este motivo me costaba mucho aceptar tales argumentos, me sentía como estar “frisado”, yo estaría bastante bien pero seguiría arrastrando todos mis males, allí, frisados, cercados por los medicamentos, esto no iba conmigo. Ante este panorama inicié el plan B, consulta con un médico homeópata e iriólogo y, consciente de la polémica entre la alopatía y la homeopatía, un plan C, para desempatar, con consulta a un herboristero de confianza. Este proceso comenzó hace unos dos años, tanto el homeópata cuanto el herboristero me dejaron muy en claro que ellos no me retirarían ningún medicamento, que ha través del tiempo y los sucesivos controles y análisis serían los médicos quienes irían modificando y/o retirando los medicamentos. Vale decir que en esos momentos iniciales mi medicación era la siguiente:
    Una hora antes del desayuno: levotiroxina sódica x 50 mg.
    Desayuno: Diurex 25 mg. Aspirina 100 mg. Losartan Potasico. Allopurinol 300 mg.
    Almuerzo: Metformina 850 mg.
    Cena: Isobloc x 25 mg. Metformina 850 mg. Rosuvastatina 40 mg. Ezetimibe 10 mg.

    1. Por alguna causa tecnológica que desconozco y no he podido corregir la última parte de mi comentario anterior no sé grabó, esta es la forma en que trataré de hacerle llegar los resultados de esta experiencia de casi dos años, a la que debe agregarse la incorporación de lo indicado por el homeópata -2 píldoras después del desayuno y otras 2 más 50 gotas de un producto- y lo indicado por el herboristero -2 cápsulas de ajo negro diarias, 40 gotas de tintura madre de Crataeus (espino blanco) por la noche, una cucharadita de Cloruro de Magnesio antes de la cena y desayuno y merienda con tisanas de hojas de higuera y de olivo.
      ¿Quien es el que está acertando con la medicación e indicaciones?… pues no lo sé, pero… esta es la situación de mi salud y mi medicación en la actualidad y que fue (y está) variando con los resultados de los sucesivos y periódicos análisis de laboratorio de sangre y orina, controles, y tomografías:
      La Rosuvastatina de 40 mg. se redujo a 30, luego a 20 y actualmente un día 20 y otro 10 mg.
      El Ezetimibe 10 mg se me retiró totalmente.
      El Allopurinol de 300 mg. se redujo a 150 mg.
      El Isobloc de 25 mg. se redujo 12,5 mg.
      Adelgacé más de 15 kilos sin nutricionista ni dietólogo, reduje mi consumo de 30 cigarrillos por día a 10, camino 10 Km casi a diario, no me duelen los huesos, ni las articulaciones, ni los músculos, no se me adormecen las plantas de los pies, orino y evacuo normalmente, no he tenido más calambres nocturnos, “dicen” que ronco menos, manejo mi automóvil en ruta haciendo 600 o 700 Km de un tirón, sin tener sueño ni modorra (aclaro que vivo en Argentina y estas distancias son habituales) y me siento bien, muy muy bien.
      O sea… o esto es el “Canto de las Sirenas” y no escucharé las próximas campanadas del año nuevo o la situación de la polémica inicial aún no está bién resuelta.
      “NO CREO EN LAS BRUJAS, PERO QUE LAS HAY, LAS HAY”. Atte.

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Por Arturo Quirantes
Publicado el ⌚ 8 mayo, 2017
Categoría(s): ✓ Charlatanes • Homeopatía
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