Doctor Maligno

Aprovechando que hoy es el Día del Orgullo Friki he aquí la traducción de la lista “100 cosas que haré si alguna vez me convierto en un supervillano” (The Top 100 Things I’d Do If I Ever Became An Evil Overlord) de Peter Anspach (original). Hay dos listas más, así que comencemos por la primera. No leas con ligereza, nunca se sabe cuándo aparece la ocasión de dominar el mundo y hay que estar preparado.

Ser un supervillano (Evil Overlord) parece una buena elección. Se paga bien, hay todo tipo de beneficios y puedes fijar tus propias horas de trabajo. Sin embargo, cada Supervillano de libro o de película es invariablemente derrotado y destruido al final. He notado que no importa si sin lores bárbaros, magos trastornados, científicos locos o invasores alienígenas, siempre parecen cometer los mismos errores básicos una y otra vez. Con esa idea en mente, permítame presentarle…

Las 100 Cosas que Haré si me Convierto en un Supervillano

  1. Mis Legiones de Terror llevarán cascos con visores de Plexiglas transparentes, no de los que esconden el rostro.
  2. Mis conductos de ventilación serán demasiado estrechos para gatear.
  3. Mi noble medio hermano, cuyo trono usurpé, morirá en lugar de mantenerlo prisionero de forma anónima en una celda olvidada de mi mazmorra
  4. Disparar no será demasiado bueno para mis enemigos.
  5. El artefacto fuente de mi poder no se guardará en la Montaña de la Desesperación más allá del Río de Fuego y custodiado por los Dragones de la Eternidad. Lo guardaré en mi caja fuerte. Lo mismo para el objeto que constituye mi única debilidad.
  6. No me regodearé con la dignidad de mis enemigos antes de matarlos.
  7. Cuando haya castigado a mi adversario y me diga “Espera, antes de morir, ¿me dirás de qué va todo esto?” responderé “no” y le dispararé. No, pensándolo mejor, le dispararé y luego le diré “no.”
  8. Después de secuestrar a la Hermosa princesa nos casaremos de inmediato en una ceremonia civil discreta, no en un gran espectáculo dentro de tres semanas durante el cual se llevará a cabo la fase final de mi plan.
  9. No incluiré un mecanismo de autodestrucción a menos que sea absolutamente necesario. Si resulta que es necesario, no será un gran botón rojo rotulado “Peligro: No Pulsar.” En vez de eso, el gran botón rojo rotulado “Peligro: No Pulsar” activará un chorro de balas sobre cualquiera lo bastante idiota para no hacerle caso al rótulo. De forma similar, el interruptor ON/OFF no será rotulado como tal.
  10. No interrogaré a mis enemigos en mi santasanctórum; un pequeño hotel a las afueras de mis dominios servirá.
  11. Me sentiré seguro de mi superioridad. Por tanto, no me veré en la necesidad de demostrarlo dejando pistas en forma de acertijos, o dejando vivos a mis enemigos débiles para mostrar que no son una amenaza para mí.
  12. Uno de mis asesores será un chaval de cinco años vulgar y corriente. Cualquier fallo en mi plan que él pueda detector será corregido antes de ponerlo en marcha.
  13. Todos los enemigos masacrados serán incinerados, o al menos se les vaciará varias cargas de munición sobre ellos, no serán dejados por muertos en el fondo del acantilado. El anuncio de sus muertes, así como cualquier ceremonia al respecto, será pospuesto hasta entonces.
  14. El héroe no tiene derecho a un último beso, un ultimo cigarrillo, o cualquier forma de última voluntad.
  15. Nunca usaré ningún dispositivo con contador digital. Si resulta que un dispositivo así es indispensable, lo ajustaré para que se active cuando el contador llegue a 117 y el héroe esté poniendo su plan en marcha.
  16. Nunca diré la frase “pero antes de matarte hay una cosa que quiero que sepas.”
  17. Cuando tenga asesores les prestaré atención de vez en cuando.
  18. No tender hijos. Aunque su patético plan de usurpar el poder fracasará con facilidad, proporcionará una distracción fatal en un momento crucial.
  19. No tender hijas. Una hija será tan Hermosa como maligna, pero un vistazo al rostro del héroe y le faltará tiempo para traicionar a su propio padre.
  20. A pesar de sus efectos demostrados para aliviar el estrés, no me complaceré en risas maníacas. En ese momento es demasiado fácil perderse sucesos inesperados que un individuo más atento podría percibir.
  21. Contrataré a un buen diseñador de moda para crear los uniformes originales para mis Legiones de Terror, no a algún imitador barato que les haga parecer soldados de asalto nazis, legionarios romanos u hordas mongolas salvajes. Todos fueron derrotados al final, y yo quiero que mis soldados tengan una actitud más positiva.
  22. No importa lo que me tienten las perspectivas de poder ilimitado, no hare un campo de energía más grande que mi cabeza.
  23. Tendré un alijo de armas de baja tecnología y entrenaré a mis soldados en su uso. Así, incluso si los héroes se las arreglan para neutralizar mi generador de energía y/o inutilizar mis armas convencionales, mis soldados no serán sobrepasados por un puñado de salvajes armados con lanzas y piedras.
  24. Mantendré una valoración realista de mi fuerza y mis debilidades. Aunque eso le quite algo de diversión al trabajo, al menos nunca pronunciaré la frase “No, ¡no puede ser! ¡¡¡SOY INVENCIBLE!!!” (después de lo cual suele seguir una muerte instantánea).
  25. No importa lo bien que funcione, nunca construiré una máquina que sea completamente indestructible salvo por una zona pequeña y prácticamente inaccesible.
  26. No importa lo atractivos que sean algunos miembros de la rebelión, seguro que hay alguien igual de atractivo que no esté desesperado por matarme. Por tanto, me lo pensaré dos veces antes de ordenar que una prisionera sea llevada a mi dormitorio.
  27. Nunca construiré un solo ejemplar de nada importante. Todos los sistemas importantes tendrán paneles de control y suministros de energía redundantes. Por el mismo motivo, siempre llevaré encima al menos dos armas cargadas en todo momento.
  28. Mi monstruo mascota se mantendrá en una jaula segura de la cual no pueda escapar y contra la que no pueda tropezar de forma accidental.
  29. Me vestiré de colores brillantes y alegres para confundir a mis enemigos.
  30. Todos los magos torpes, escuderos patosos, bardos sin talentos y ladrones cobardes de mis tierras serán ejecutados de forma preventiva. Mis enemigos se darán por vencidos y abandonarán su búsqueda si no tienen un alivio cómico.
  31. Todas las mozas pechugonas de mis dominios serán reemplazadas por camareras malhumoradas y hastiadas para que no proporcionen refuerzo inesperado y/o subtrama romántica al héroe o su ayudante.
  32. No me dejaré llevar por la ira matando a un mensajero que me traiga malas noticias, para mostrar lo malvado que soy. Los buenos mensajeros son difíciles de encontrar.
  33. No exigiré que los miembros femeninos de alto rango de mi organización vistan pecheras de acero inoxidable. La moral mejora con un código de vestuario más informal. De modo similar, los trajes hechos enteramente de cuero negro se reservarán para ocasiones formales.
  34. No me convertiré en serpiente. Nunca sirve de ayuda.
  35. No me dejaré perilla. En otros tiempos te hacían parecer diabólico, ahora sólo te hace parecer un pasota de la Generación X.
  36. No encarcelaré a miembros del mismo grupo en el mismo nivel, y no digamos de la misma celda. Si son prisioneros importantes yo llevaré encima la única llave de la puerta de la celda, nada de repartir copias a cualquier guarda de tres al cuarto.
  37. Si mi lugarteniente de confianza me dice que mis Legiones de Terror están perdiendo la batalla, le creeré. Después de todo es mi lugarteniente de confianza.
  38. Si un enemigo que acabo de matar tiene un hermano menor o un hijo en alguna parte, lo encontraré y lo haré matar de inmediato, en lugar de esperar a que crezcan con sentimientos de venganza contra mí cuando yo sea viejo.
  39. Si realmente tengo que ir a la batalla, seguro que no me pondré a la cabeza de mis Legiones de Terror, ni buscaré al jefe de mis enemigos entre las filas de su ejército.
  40. No seré caballeroso ni deportivo. Si tengo una superarma invencible la usaré tan pronto y tantas veces como pueda en lugar de mantenerla en reserva.
  41. Una vez mi poder esté asegurado destruiré todos esos malditos dispositivos para viajar por el tiempo.
  42. Cuando capture al héroe me aseguraré de que l sigan su perro, mono, hurón o cualquier otro animalito mono que le siga y sea capaz de desatar nudos y robar llaves.
  43. Mantendré un nivel sano de escepticismo cuando capture a la bella rebelde y afirme que se siente atraída por mi poder y buen aspecto, y que traicionará a sus compañeros si le hago participe de mis planes.
  44. Sólo emplearé cazadores de recompensas que trabajan por dinero. Los que trabajan por el pacer de la caza tienden a hacer tonterías como igualar las probabilidades para darle una oportunidad al otro tío.
  45. Me aseguraré de comprender claramente quién es responsable de qué en mi organización. Por ejemplo, si mi general la caga a lo grande no voy a sacar mi arma, apuntarle, decir “este es el precio del fracaso” y dispararle a un esbirro cualquiera.
  46. Si un asesor me dice “mi señor, solo es un hombre, ¿qué puede hacer un solo hombre?” le diré “esto” y mataré al asesor.
  47. Si descubro que un joven inexperto ha comenzado una misión para destruirme, le mataré mientras sea aún un joven inexperto en lugar de esperar a que madure.
  48. Trataré con respeto y amabilidad a cualquier monstruo que yo controle mediante magia o tecnología; así, si el control se rompe alguna vez, no correrá hacia mí en busca de venganza.
  49. Si sé de un artefacto que puede destruirme no enviaré a todos mis soldados a confiscarlo; los enviaré a confiscar cosas en otra parte y pondré un discreto anuncio en el periódico local.
  50. Mis ordenadores principales tendrán su propio sistema operativo, completamente incompatible con portátiles IBM o Macintosh.
  51. Si uno de los guardias de mi mazmorra comienza a mostrar preocupación por las condiciones de la celda de la bella princesa, lo transferiré de inmediato a otro trabajo en que no tenga que tratar con gente.
  52. Contrataré un equipo de arquitectos y agrimensores para que examinen mi Castillo y me informen de cualquier pasadizo secreto o tunel abandonado que yo no conozca.
  53. Si la bella princesa que he capturado me dice “¡Nunca me casaré contigo! Nunca ¿me oyes? ¡¡¡NUNCA!!!” yo le dire, “bueno, vale” y la mataré.
  54. Si hago un trato con un ser demoníaco no intentaré luego traicionarlo sólo porque me ha dado por ahí..
  55. Los mutantes deformes y psicóticos varios tendrán su lugar en mis Legiones de Terror. Eso sí, antes de enviarlos a una misión secreta importante que requiera tacto y sutileza veré si hay alguien igualmente válido y que llame menos la atención.
  56. Mis Legiones de Terror estarán bien entrenadas en puntería básica. Cualquiera que no pueda darle a un blanco de tamaño humano a 10 metros será usado para prácticas de tiro.
  57. Antes de usar cualquier artefacto o máquina capturada me leeré el manual de uso de cabo a rabo.
  58. Si es preciso escapar, nunca me detendré para hacer una pose dramática y soltar una frase lapidaria.
  59. Nunca construiré un ordenador más inteligente que yo.
  60. Mi asesor infantiles de cinco años se dedicará a descifrar cualquier código secreto que yo esté pensando utilizar. Si lo descifra en menos de 39 segundos, no se usará. Nota: lo mismo vale para las contraseñas.
  61. Si mis asesores me pregunta “¿por qué lo arriesga todo en este plan maligno” no seguiré adelante hasta tener una respuesta que les satisfaga.
  62. Diseñaré los pasillos de mis fortalezas sin huecos o suportes estructurales que un intruso pueda usar para cubrirse durante un tiroteo.
  63. La basura se tirará al incinerador, y éste se mantendrá a alta temperatura, sin chorradas sobre llamas que viajan a intervalos predecibles por túneles de acceso fácil.
  64. Iré a un psiquiatra competente para que me cure de todas las fobias y compulsiones raras que puedan resultar un inconveniente.
  65. Si he de tener sistemas informáticos con terminales de acceso público, los mapas que muestren de mis instalaciones tendrán una habitación rotulada claramente como Sala de Control. Esa habitación sera en realidad la Cámara de Ejecuciones. La sala de control real se rotulará como Sistema de Aguas Residuales
  66. Mi teclado de seguridad será un escáner de huellas dactilares. Cualquiera que observe a otra persona pulsando teclas, o que busque huellas, y luego intente repetir la secuencia varias veces activará el sistema de alarma.
  67. No importa cuántos cortocircuitos tengamos en el sistema, mis guardias tendrán instrucciones de tratar cualquier fallo de una cámara de vigilancia como una emergencia a gran escala..
  68. Le perdonaré la vida alguien que me la haya salvado en el pasado. Esto es razonable puesto que anima a otros a hacerlo. Pero la oferta solo vale para una vez. Si quiere que le perdone otra vez, más le vale salvarme la vida otra vez.
  69. Todas las parteras quedarán prohibidas en mis dominios. Todos los bebés nacerán en hospitales estatales. Los huérfanos irán a casas de acogida, no abandonados en el bosque para que lo cuiden las criaturas salvajes.
  70. Cuando mis guardias se separen en busca de intrusos siempre viajarán en grupos de al menos do personas. Estarán entrenados para que, si uno de ellos desaparece misteriosamente mientras está de patrulla, el otro dé la alarma de inmediato y busque apoyo en lugar de echar un vistazo tras la esquina.
  71. Si decido probar la lealtad de un lugarteniente para comprobar si es un lugarteniente de confianza, tendré listo un escuadrón de tiradores de élite por si acaso la respuesta resulta ser no.
  72. Si todos los héroes están juntos alrededor de un dispositivo extraño y comienzan a chulearme, sacaré un arma convencional en lugar de usar mi superarma invencible.
  73. No aceptaré liberar a los heroes si ganan un concurso anañado por mucho que mis asesores me aseguren que nunca podrán ganar.
  74. Cuando haga una presentación multimedia de mi plan para que mi asesor de cinco años pueda entender fácilmente los detalles no rotularé el disco “Proyecto Supervillano” y no lo dejaré sobre la mesa.
  75. Ordenaré a mis Legiones de Terror que ataquen al héroe en masa, nada de esperar mientras los soldados atacan de uno en uno.
  76. Si el héroe se sube a mi tejado no iré tras él para intentar tirarle por el borde. Tampoco me enzarzaré con él al borde de un acantilado (de un puente de cuerdas sobre un río de lava fundida ni me molestaré en considerarlo).
  77. Si tengo un ataque de locura temporal y decido darle al héroe la oportunidad de rechazar un puesto como mi lugarteniente de confianza mantendré la suficiente cordura para esperar y no hacer la oferta hasta que mi actual lugarteniente de confianza no pueda oírnos.
  78. No diré a mis Legiones de Terror eso de “¡Lo quiero vivo!” La orden será “traedlo vivo si es práctico y razonable.”
  79. Si mi dispositivo del juicio final resulta que tiene un interruptor de apagado, en cuanto sea utilizado será fundido y usado para hacer monedas conmemorativas de edición limitada.
  80. Si mis peores soldados no consiguen eliminar al héroe, enviaré a mis mejores soldados en vez de perder el tiempo enviando soldados algo mejores cada vez mientras el héroe se acerca más y más a mi fortaleza.
  81. Si estoy luchando contra el héroe en una plataforma móvil, le he desarmado, estoy a punto da acabar con él y de repente él mira tras de mi y se tira al suelo, también yo me tiraré al suelo en lugar de darme la vuelta para ver qué hay tras de mí.
  82. No les dispararé a mis enemigos si están delante de una columna de apoyo vital en una estructura pesada, peligrosa y desequilibrada.
  83. Si estoy cenando con el héroe ,le pongo veneno en su copa y por algún motivo tengo que dejar la mesa, encargaré bebidas nuevas para ambos en lugar de intentar decidir si cambiar la copa con él.
  84. No hare que los prisioneros de un sexo sean custodiados por miembros del sexo opuesto.
  85. No seguiré ningún plan cuyo paso final sea horriblemente complicado, como por ejemplo “alinea las 12 Piedras de Poder sobre el altar sagrado y active el medallón en el momento del eclipse total.” Mi plan será más bien del tipo “Pulsa este botón.”
  86. Me aseguraré de que mi dispositivo del juicio final tenga el código actualizado y tenga toma de tierra.
  87. Mis depósitos de productos químicos peligrosos estarán tapados cuando no se utilicen, y no construiré pasarelas por encima.
  88. Si un grupo de secuaces falla a lo grande en una tarea no les meteré la bronca por incompetentes antes de enviarlos para que lo intenten de nuevo.
  89. Cuando capture la superarma del héroe no cometeré el error de disolver mis legiones y relajar la guardia solo porque crea que quien tenga el arma es imparable. Después de todo, el héroe tenía el arma y lo se la quite.
  90. No diseñaré mi Sala de Control con los ordenadores de espaldas a la puerta.
  91. Si un mensajero entra agotado y agitado no le ignoraré hasta haber terminado mi aseo personal o lo que sea que me tenga entretenido. Puede que se trate de algo importante.
  92. Si hablo con el héroe por teléfono no le vacilaré. Al contrario, le diré que su perseverancia y obstinación me ha dado en qué pensar con respecto a la futilidad de mi maldad, y que si me deja en paz para unos meses de silenciosa meditación puede que acabe volviendo al camino de bien (en ese tema los héroes son crédulos hasta decir basta).
  93. Si decido montar la doble ejecución del héroe y un esbirro que me falló o me traicionó, haré que el héroe sea el primero.
  94. Al detener a los prisioneros mis guardias no les permitirán coger ninguna baratija inútil de valor puramente sentimental.
  95. Mis mazmorras tendrán su propio personal medico incluidos guardaespaldas. Así, si un prisionero se pone enfermo y su compañero de celda le dice al guardia que es una emergencia, éste correrá a buscar al equipo médico en lugar de abrir la puerta de la celda para echar un vistazo.
  96. El mecanismo de mis puertas estará diseñado de modo que volar el panel de control por fuera selle la puerta, y volar el panel de control por dentro abra la puerta, nunca al revés.
  97. Las celdas de mis mazmorras no estarán decoradas con objetos que contengan superficies reflectoras, ni nada que se pueda desenmarañar.
  98. Si una pareja atractiva entra en mis dominios los haré vigilar. Si veo que son felices y afectuosos les ignoraré; pero si las circunstancias les han obligado a permanecer juntos contra su voluntad y se pasan el tiempo peleándose y criticándose excepto en los casos en que se salvan la vida, con los habituales indicios de tensión sexual, ordenaré su ejecución de inmediato.
  99. Cualquier archive de datos de crucial importancia tendrá un tamaño máximo de 1.45 Mb.
  100. Finalmente, para mantener a mis súbditos en trance permanente les proporcionaré acceso ilimitado a Internet.

Eurovision portadaEl pasado sábado algunos naukers nos dedicamos a retransmitir por Twitter la final de Eurovisión. Nuestros favoritos mordieron el polvo y los portugueses se alzaron con el triunfo, mientras nuestro representante obtuvo la última posición.

¿Tan mal lo hicimos? Eso será tema de conversación durante semanas. Aquí voy a apuntar a una de las causas del desastre: la ausencia de credibilidad científica. El montaje audiovisual que vimos en Eurovisión adolece de graves fallos, debidos sin duda a la ausencia de un asesor científico, así que voy a hacer un Neil deGrasse Tyson y anotar los motivos que sin duda nos han hecho perder muchos puntos entre los ciudadanos de la culta y educada Europa. Para ser justos, no todo fue malo, y también procuraré justificar los cinco puntos que nos concedieron.

¿METEORITOS INCORRECTOS? Al comienzo se ve lo que parece un cielo cruzado por estelas que representan estrellas fugaces. Cuando vemos una lluvia de estrellas, éstas aparecen como trazos más o menos largos con origen común en una zona del cielo, pero aquí los vemos paralelos. Es imposible que podamos verlos así desde la Tierra. Todo ello con un crepúsculo que parece abarcar todo el horizonte, a una hora inadecuada para ver meteoritos. Mal empezamos, pensé cuando lo vi por vez primera:

Eurovision1

¡Pero un momento! La escena evoluciona, la imagen se hace más pequeña y vemos que el cielo es realmente la Tierra, las estrellas son ciudades iluminadas y nosotros estamos observando desde el espacio. Hemos cambiado nuestro punto de observación, y en este caso los trazos sí deberían verse rectos, algo así como las rayas de la carretera, que para el conductor parecen converger en un punto pero que vistas desde arriba se muestran paralelas.

No tengo claro que pudieran verse con tanta claridad desde el espacio, la cantidad de meteoritos por minuto es muy alta para ser real (menuda THZ va a salir ahí) y la velocidad con que viajan la veo excesiva, pero al menos es técnicamente posible y estoy dispuesto a conceder a Manel el primer punto por la verosimilitud.

Puesto que el tema de la canción es veraniego, tal vez estemos viendo la lluvia de estrellas Perseidas, que poco después de anochecer puede verse en nuestros cielos en dirección nordeste, justo por donde parecen provenir los trazos que vemos en el escenario de Eurovisión. Hubiera sido fácil errar aquí, y lo mismo han acertado por chiripa, pero el hecho es que han representado correctamente dirección e inclinación. Segundo punto para España.

LA TIERRA DESDE EL ESPACIO. En general hay que decir que la representación está bastante bien conseguida, salvo por el color de las zonas iluminadas, pero incluso eso se puede justificar con un filtro, una representación a falso color o, sencillamente porque queda bonito. Estoy dispuesto a ser generoso porque veo que alguien ha hecho los deberes, y no hay más que comparar la imagen eurovisiva con una foto real hecha por satélite (recuadrada en rojo) para comprobarlo:

Eurovision2 mod

Tercer punto para España. Por desgracia, enseguida lo estropean:

No me molestaré siquiera en verificar que las estrellas no son las correctas ni en posición ni en magnitud, ya que está bastante claro que van a su bola. Basta con apuntar que hay varias estrellas entre la Tierra y nuestra línea de visión, algo a todas luces imposible salvo que se trate de la flota de invasión de Omicron Persei con las luces largas puestas. Y por si fuera poco, hay nubes. ¡Nubes! ¡A miles de kilómetros de la superficie!

SOMBRAS IMPOSIBLES. Se supone que el Sol está en el horizonte, y yo deduzco que es el amanecer porque a lo largo de la actuación se ve cada vez más alto sobre el horizonte. Como mínimo es un detalle que no pongan siempre la silueta solar del mismo tamaño, así que cuarto punto a favor.

Después de las luces vienen las sombras. Una furgoneta hippie Volkswagen que aparece apartada en la playa (en aparente violación de la Ley de Costas, por cierto) tiene una sombra que se extiende en dirección diferente (Sur cenital en lugar de Oeste rasante), como si fuese una imagen tomada a mediodía:

Eurovision3

Por cierto, ya sé que las furgonetas no bailan, pero podemos imaginarnos que el movimiento está justificado por la típica parejita retozando en su interior; aunque si, como sugiere la sombra, están al mediodía, en verano, a pleno sol y dentro de un vehículo de los años setenta sin climatización, creo que se les van a pasar las ganas de playa.

También es incorrecta la representación de las alegres sombrillas que aparecen en la playa: están ya abiertas (¿quién abre la sombrilla al amanecer?), en posición horizontal y sus sombras se proyectan justo por debajo, como si el Sol estuviese en el cénit. Al mismo tiempo las cercanas palmeras no tienen sombra. Ninguna en absoluto:

Eurovision4

Tampoco tiene sentido la iluminación de las tablas de windsurf. Con el Sol de cara debería verse su sombra oscura por detrás, pero se ven de colores distintos que van del verde pistacho al blanco deslumbrante, y sus sombras brillan por su ausencia:

Eurovision5

EL AMANECER SURREALISTA. Vemos un Sol poco realista. Su disco es perfectamente nítido, sin el menor efecto óptico de refracción o dispersión de Rayleigh, y su forma es la de un círculo perfecto. El color anaranjado no es el correcto, pero empeora en una escena en la que, en cuestión de segundos, pasa de naranja a verde limón, luego violeta, morado, rosa, rojo.

La única explicación que se me ocurre es que eso representa un viaje de tripis tras una salvaje noche playera, y en tal caso la Física no tiene mucho que decir; pero en cualquier caso, sea cual sea el color del Sol, su tonalidad no sería tan uniforme y veríamos algo más oscura su parte interior. Pues todo lo contrario: cuando se ve una zona oscurecida por la atmósfera es la parte de arriba:

Eurovision6

Y por cierto, aunque hayan metido un filtro de colores y alta densidad para poder observar el sol con comodidad, ¿qué pasa con las manchas solares? ¿Dónde están? Según la NASA, aún nos faltan un par de años para el mínimo del ciclo de actividad solar. Quizá estén ocultas tras la silueta de la palmera.

LA GRAN FINAL. Para terminar, nos ofrecieron el típico alineamiento planetario de película:

Eurovision7

No sé ustedes, pero yo veo aquí algo raro con que el Sol no tape la Tierra a pesar de que tiene mucho mayor tamaño, y tampoco tiene sentido poner a nuestro astro justo en la vertical de España. Justo delante, hay algo así como una especie de playa espacial con la silueta de una palmera gigante. De la nubes espaciales ya hablé, y prefiero olvidarlas. Está bien, lo hizo un tripi.

He conseguido justificar cuatro puntos de los cinco que nos concedieron durante las votaciones. Podría seguir intentándolo pero, la verdad, tampoco entiendo 758 los puntos que le dieron la victoria a Portugal, ni tampoco el segundo puesto de Bulgaria, ni por qué ha perdido Moldavia, así que tiro la toalla. Supongo que hay cosas que el ser humano no debe conocer.

brain_use_it

El pasado puente nos reunimos unos amigos. Uno de ellos, mujer de mediana edad a la que llamaré María, había sufrido diversos problemas de salud y me dijo que había acudido a un homeópata. Yo le expliqué que no hay base científica alguna a favor de la homeopatía y ella lo aceptó, pero aun así me puso esa cara de “sí, pero he visto que le funciona a mi prima.”

Existen diversos motivos por los que pseudociencias como la homeopatía parecen funcionar, pero no se pueden sacar a colación en una conversación informal donde todo son anécdotas y casos personales. Por eso los explicaré aquí.

(Lo que sigue es una versión resumida extraído de mi libro ¿Homeopatía? Va a ser que no, disponible de forma gratuita aquí)

Eppur si muove. Y, sin embargo, se mueve. Con este susurro Gailieo Galilei se recordó a si mismo que, aunque los hombres de la Iglesia le hubiesen obligado a abjurar de sus descubrimientos, estaba en lo cierto. El partidario de la homeopatía siente un “pero se mueve” cuando se le presentan argumentos en contra. Estudios clínicos, físicos, químicos, todo parece estar en contra de la homeopatía. Y sin embargo… ¡a mí me funciona! Millares de personas reaccionan con el argumento último: si esto no funciona, ¿cómo es que me he curado?

Hay explicaciones perfectamente satisfactorias para la curación homeopática, y que no implican en absoluto que “funcionen.” He aquí algunas de ellas.

1) ME CURO GRACIAS AL PLACEBO

El efecto placebo proviene de la creencia de que algo va a curarnos. Puede ser una pastilla de menta, una inyección de suero salino, una imposición de manos. Cuando el paciente cree que X le va a curar, el cerebro induce una serie de cambios químicos cuyo resultado es la generación de una respuesta por parte del organismo. Resultado: el paciente se cura. A veces, y eso lo saben los médicos desde tiempos de Galeno, el deseo de curarse obra milagros, y un placebo es un vehículo eficaz para la curación.

2) ME CURO PORQUE EL MÉDICO ES MUY MAJO

La homeopatía incluye un conjunto de interacciones entre médico y paciente que potencian el efecto del tratamiento. Al igual que una sustancia placebo, un “médico placebo” puede despertar en el paciente una respuesta positiva. Eso lo saben todos los sanadores, sean médicos o curanderos, y los estafadores profesionales se aprovechan de ello: no se trata de curar, sino de dar la impresión de que al menos lo intentan honradamente.

El doctor House se encaraba en una ocasión con un paciente y le espetaba:

MiradaDrHouse_1024

En el mundo real, House sería expulsado a patadas del hospital o relegado a tareas ingratas mientras los demás médicos hacen al menos algún esfuerzo por ser empáticos. Por mucho que le duela al doctor House, los pacientes sí que prefieren a un médico que les coja la mano, incluso si no mejoran. El sanador que despliegue un mayor grado de empatía será mejor aceptados por sus clientes.

Hagamos un pequeño experimento mental. Es usted un paciente aquejado de algunos síntomas. No sabe nada de homeopatía, placebos o química. Deposita su fe en la gente de bata blanca, y se le presentan las siguientes dos alternativas.

MÉDICO A. Tras una peregrinación por urgencias, toca esperar en la antesala durante casi una hora. Por fin, le llaman a consulta. Se sienta y se encuentra a una persona que ha tratado ya a veinte pacientes esa mañana, y a quien le esperan otras treinta antes de irse a casa para comer. Está terminando de rellenar la ficha del paciente anterior. Por fin levanta la vista y le ve a usted, que mientras tanto le ha estado explicando lo malito que se encuentra y los síntomas que tiene. El médico mira al infinito durante unos segundos y al final decide su modo de actuación: le da un volante para una analítica, le dice que tosa, piensa un poco, vuelve a teclear frente al ordenador y le receta un medicamento. Se levanta usted de la silla, mientras el médico se pregunta cómo va a hacer para cumplir su guardia de 48 horas la semana que viene. Abre usted la puerta y oye al médico ladrar “¡siguiente!”

MÉDICO B. Tras unos minutos esperando en una sala llena de diplomas elegantes colgados en la pared, entra usted al despacho del médico. Éste se levanta, le ofrece la mano y le da la bienvenida con una sonrisa de oreja a oreja. Le pide que se siente en un cómodo sillón y durante los siguientes cuarenta y cinco minutos usted se explaya. Le relata cómo cree haberse puesto enfermo, le cuenta todos los síntomas, sus dolencias, sus quejas. El médico asiente con la cabeza, le pide que siga hablando, le hace preguntas. Describe los dolores de espalda que tiene desde hace años, el estrés que siente al vivir con su suegra. El médico sigue sonriendo, atiende a todo lo que usted le dice y a continuación le da esperanza, le dice que la vida es bella, que no se preocupe y que todo tiene remedio. Hablando de remedio, le prescribe un tratamiento que se vende en las farmacias y que no tiene efectos secundarios. Usted sale aliviado y confortado por el buen hacer del médico.

Si usted no supiera nada sobre medicina u homeopatía ¿qué médico escogería? ¿El ocupado que apenas tiene tiempo y le da el mismo tratamiento que a los demás, o el simpático y sonriente que ha escuchado la historia de su vida de cabo a rabo? Está claro, creo yo, y esa es la razón por la que los médicos homeópatas son tan populares entre sus pacientes.

Ya me parece oír un rugido de médicos “tradicionales” quejándose de que ellos no son como el médico A, y que si acaso el problema es de la masificación y la escasez de medios. Os aseguro, queridos amigos, que os comprendo perfectamente. He sido paciente, padre de paciente, también tengo médicos en la familia y ni por un momento pretendo insultaros o incomodaros. Por desgracia, vuestros desvelos y dedicación significan poco para el paciente que llega dolorido esperando una curación, o cuando menos un alivio de síntomas.

En el fondo, queremos que la mujer del César parezca virtuosa y nos importa menos que lo sea o no. Eso sí, luego se nota en la factura, porque esa hora de empatía no es en absoluto barata. Puede que el doctor House tenga razón y seamos idiotas.

3) ME CURO PORQUE YA ME IBA TOCANDO, HOMBRE

Ben Goldacre, en su libro Mala Ciencia, describe lo que algunos llaman “la maldición de Sports Illustrated.” Según la creencia popular, siempre que un deportista aparece en la portada de esa revista su carrera está próxima a entrar en desgracia. Hay múltiples ejemplos de esta “maldición” en la Wikipedia. La propia Sports Illustrated ha analizado este efecto gafe, y en una divertida muestra de humor, su portada en enero de 2012 mostraba… un gato negro.

¿Qué es lo que convierte a Sports Illustrated en una revista gafe? En realidad, nada. La “maldición” es un ejemplo clásico de lo que se conoce como regresión a la media. Se trata, sencillamente, de que cualquier situación anormal tiende con el tiempo a volver a la normalidad. Si uno lanza diez veces una moneda al aire y las diez veces sale cara, entonces (suponiendo que no esté trucada) tarde o temprano volverán a salir cruces. La regresión a la media es algo que experimentan los jugadores que están en racha, y también los que están gafados.

Un jugador ha de ser muy bueno para ser considerado para un artículo. Si además de ello tiene una serie de buenas actuaciones, llamará la atención de la revista y los editores de Sports Illustrated querrán que salga en portada. Por supuesto, eso no puede durar eternamente, y tarde o temprano su rendimiento volverá a ser el habitual, bueno pero no extraordinario. De hecho, la buena racha puede ser uno de esos casos de profecía autocumplida: el jugador se siente mimado por los dioses, está en la cima, nadie puede hacerle sombra, su confianza aumenta, sale a jugar pletórico de moral, triunfa. O al contrario: cree estar gafado, se obsesiona con ello, pierde concentración, su juego se resiente y el gafe se confirma.

Muchas enfermedades crónicas está sujetas a ciclos de empeoramiento y mejoría que se repiten una y otra vez. Imaginemos un paciente a quien no parece curar la medicina tradicional. Sufre un episodio de empeoramiento, y a sugerencia de alguien (un familiar, un amigo, un médico) decide probar un remedio homeopático. Peor no va a estar, se dice a sí mismo. El médico alopático muestra su incredulidad, pero sorprendentemente el paciente mejora.

En realidad, se trata de una regresión a la media: el paciente lleva varios días con una “mala racha,” y la tendencia es volver tarde o temprano a un estado de mejoría. Cuando vuelva a empeorar se acordará del preparado homeopático que “le funcionó” la otra vez, y zas, tarde o temprano “funcionará” de nuevo. Al final acabará identificando homeopatía con curación (o cuando menos, alivio de síntomas). Cada vez que mejora es gracias a la homeopatía, y eso significa que “funciona.”

Lo cierto es que, dejando aparte el efecto placebo, la enfermedad sigue su curso de mejora y empeoramiento. Al igual que Sports Illustrated no tiene culpa de la mala racha que acompaña a un deportista, la homeopatía no tiene responsabilidad alguna en la mejoría del paciente, como tampoco la tiene en su empeoramiento.

En el caso de una enfermedad no crónica, el efecto es parecido, con la diferencia de que no hay episodios recurrentes de empeoramiento y mejora. Una persona recurre a ayuda farmacológica cuando los síntomas son más graves, es decir, cuando la enfermedad está en su punto álgido. El paciente se toma homeopatía y acabará mejorando, pero no porque ésta funcione sino por el ciclo natural de la enfermedad. Mientras tanto, el efecto placebo actúa dando la impresión de que hay un mecanismo real de actuación del medicamento homeopático.

4) ME CURO PORQUE ESTOS MEDICAMENTOS SON MUY CAROS

Confunde el necio valor con precio, dijo Antonio Machado. Deberíamos recordar esa máxima cada vez que entramos en una tienda a comprar cualquier objeto. Por lo general, tendemos a valorar algo en función a lo que cuesta, porque para nosotros el coste económico es una medida cuantificada de la dificultad en conseguirlo, que a su vez se supone relacionado con sus cualidades.

En habitual que un vendedor ofrezca dos productos a distinto precio. La diferencia no parece estar relacionada con sus prestaciones, ya que ambos son muy parecidos, así que ¿cuál es el motivo de que uno sea más caro que el otro? El comprador sospecha que hay gato encerrado, y al final acaba comprando el producto de mayor precio porque “vete tú a saber por qué el otro era tan barato.”

En un mundo así, un medicamento homeopático que cueste cincuenta céntimos no tendrá compradores, pero si lleva la etiqueta de 12.95 € se convierte en un artículo valioso. No costoso, sino valioso. Algo debe tener para que le pongan ese precio, pensará el consumidor.

5) ME CURO POR EL TRATAMIENTO CONVENCIONAL

El carácter de complementaria que la medicina homeopatía se otorga a sí misma tiene varias ventajas. Una de ellas viene de la mano del refrán “unos se llevan la fama y otros cardan la lana.” Si la medicina homeopática y la tradicional están actuando juntas mano a mano, ¿cómo podemos saber cuál de ellas es la eficaz? Por supuesto, si sabemos de ensayos clínicos, pruebas farmacológicas y todo eso, podemos responder fácilmente. De otro modo, entran en juego nuestros prejuicios.

Un cáncer no es ninguna broma, e incluso en nuestros días requiere las técnicas médicas más avanzadas de que disponemos. Es necesario acudir a métodos agresivos: quimioterapia, radioterapia, fármacos con efectos secundarios graves. Ahora suponga que el paciente, harto de mareos y vómitos, presta atención a la homeopatía. Le prometen que le aliviará los síntomas, que funciona, y lo mejor de todo, que puede “complementar” el remedio homeopático con la terapia tradicional. No hay que escoger, y no le hará mal, así que ¿por qué no intentarlo? A partir de ahí, si el paciente mejora es gracias a la homeopatía, y si empeora es a pesar de la homeopatía.

Se trata de un juego en el que se no puede perder, ya que se cuentan los éxitos como propios y los fallos como ajenos. Cara gano yo, cruz pierdes tú. Y por supuesto, si se da el caso de que el paciente se cura gracias al tratamiento, el caso se convertirá en una prueba más del “éxito” de la homeopatía.

6) ME CURO PORQUE… PUES NO LO SÉ

El caso de las remisiones espontáneas resulta particularmente interesante. A veces, sencillamente, el paciente se cura sin que nadie sepa por qué. Se suelen barajar cifras de una remisión espontánea por cada 100.000 casos de cáncer, pero se carecen de datos fiables. Un estudio llevado a cabo en 2009 sugiere cifras de uno entre quinientos.

El cáncer (sigamos con ese ejemplo) es una enfermedad que popularmente se considera mortal a menos que se trate. Hasta tal punto nos hemos acostumbrado a esa forma de pensar, que un cáncer que desaparezca sin tratamiento parece poco menos que un milagro; y si el paciente ha sido tratado con medicamentos homeopáticos, se considera como una prueba sólida e irrefutable de que funciona, el argumento definitivo para callar las bocas de los escépticos.

Nada más lejos de la realidad. A veces el cáncer, sencillamente, se va. Puede tratarse de efecto placebo, fallos de diagnóstico, o puede que haya factores en juego que todavía no conocemos. Respecto a qué causa esas remisiones espontáneas, alguna causa habrá. Que no la sepamos no significa que no la haya.

Dicen que la medicina alternativa que demuestra que funciona recibe un nombre diferente: medicina. La homeopatía no es parte de ella, le pese a quien le pese, y no es por presiones de intereses económicos o por conspiraciones oscuras, sino porque no funciona.

Es así de sencillo.

house approves

Apocalipsis zombi

Hace algunos días el senador Carles Mulet preguntó oficialmente sobre los planes que el gobierno de España tiene ante la posibilidad de un apocalipsis zombi. Cansado de que sus preguntas serias no tuviesen contestación, supongo que decidió que, puestos a recibir la callada por respuesta, mejor echarse unas risas.

La respuesta no se hizo esperar. Comienza advirtiendo que, si se entiende por apocalipsis el significado de “fin del mundo” no, no hay protocolos porque pa qué. En cuanto a la otra acepción de “situación catastrófica,” afirma que, por el contrario, hay un sistema global de procedimientos y protocolos para casos de emergencia; lástima que no especificase cuáles son o cómo consultarlos, porque eso hubiera sido información útil.

Por otro lado, el gobierno entiende que zombi es, o bien una persona muerta y reanimada por arte de brujería, en cuyo caso no hay protocolos “dada la dudosa probabilidad de que se produzca semejante circunstancia bajo tales premisas”; o bien es un “atontado, que se comporta como un autómata”, y entonces dicen que el gobierno tiene “diversas líneas de actuación,” aunque duda de que en ese caso se pueda hablar de apocalipsis.

Y ahí queda la cosa, entre chascarrillo y pullas.

Compare el lector con el caso norteamericano. Allí tienen una Oficina de Preparación contra Zombis, o al menos el Centro de Control de Enfermedades (CDC) tiene una web muy completa, con blog, pósters, advertencias y hasta una novela gráfica. ¿Acaso el gobierno de Obama se tomó más en serio la amenaza zombi que el de Rajoy? No lo creo. Lo que sucede es que esa gente tiene más dedos de frente. En pleno auge de los Walking Dead, el CDC se apercibió del filón publicitario y convirtió el rollo zombi en una oportunidad para recordar que “si estás bien equipado para tratar con un apocalipsis zombi, también lo estarás para un huracán, pandemia, terremoto o ataque terrorista,” convirtiendo así a los muertos vivientes en ejemplos vivos para la preparación frente a desastres naturales.

Yo llevo años usando ejemplos de películas y series para enseñar Física en mi Universidad, hacemos seminarios, y a tenor del éxito que he tenido en Naukas Bilbao creo que es una gran idea. Otros compañeros hacen lo mismo, en carreras de ciencias y de letras. El tema zombi ha servido incluso como ejemplo ilustrativos para los modelos de epidemiología, con aplicaciones en enfermedades como el sida o el ébola (ver ejemplos aquí, aquí y aquí).

Creo que, en efecto, el gobierno español tiene razón en que un apocalipsis zombi es un suceso de muy baja probabilidad, pero podían haber aprovechado la oportunidad. Igual de improbable es suponer que el gobierno de EEUU pueda construir una Estrella de la Muerte, y bien que la oficina de Obama convirtió la cuchufleta en una oportunidad para atraer la atención sobre proyectos de investigación civiles. ¿Qué le hubiera costado a nuestro gobierno ponerse un poco las pilas? Como poco, podrían habernos dicho cuáles son los protocolos de actuación en caso de catástrofe.

Eso sí, a la que alguien le pregunte por las meigas, lo mismo nuestro gallego presidente sale por fin a la palestra y nos confirma que haberlas, haylas. O no.

Radio bomba nuclear 0

En la primera parte, describí someramente cómo el radio de destrucción de un arma nuclear varía aproximadamente con su potencia explosiva elevada a 1/3. Vamos a afinar un poco más.

Antes, una cuestión de detalle. En la primera parte hablé del rendimiento de un arma calificándola como “potencia explosiva.” Ciertamente no es la potencia entendida como energía por unidad de tiempo. En inglés se suele usar la palabra “yield”, que se traduce como rendimiento. Ese término tiene diversas acepciones (en termodinámica, por ejemplo, es un cociente adimensional), y no me gusta aquí usar expresiones como energía o trabajo, así que me quedaré con la palabra potencia tal y como la DRAE describe en su primera acepción: capacidad para ejecutar algo o producir un efecto. Y sigamos adelante.

Estimar el efecto destructivo de un arma nuclear es algo complejo porque depende de muchas variables, como la altura de la detonación, la orografía del terreno, el tipo de blanco (no es lo mismo una ciudad que un silo de misiles) y suma y sigue; igual que tampoco son iguales los efectos inmediatos que los prolongados (lluvia radiactiva, invierno nuclear, destrucción de la capa de ozono y los ecosistemas, hambrunas, plagas, etc) Voy a simplificar y a centrarme en los tres modos principales que tienen las armas nucleares para matar gente de forma directa e inmediata:

1) Radiación: un estallido de rayos gamma, X, partículas alfa, beta y neutrones. Sus efectos no se deben tanto a la destrucción directa del ADN como a la creación de radicales libres que perturban el equilibrio químico de las células. Los diferentes tipos de radiación tienen propiedades pero a efectos de destrucción general vamos a agruparlos en el mismo saco. Constituyen en 5% de la energía liberada.

2) Onda de choque. El aire, muy caliente y comprimido, produce una onda de presión que destruye edificios, personas y en general todo lo que se ponga por delante. Cuando la onda de choque llega a la superficie, rebota y se lleva una gran cantidad de material radiactivo hacia arriba, produciendo la característica nube en forma de hongo. En caso de que la explosión sea de superficie los efectos son menores pero la cantidad de residuos radiactivos es mucho mayor. Representa el 50-60% de la energía liberada (el porcentaje disminuye conforme la potencia explosiva aumenta).

3) Efectos térmicos. La energía transmitida a la atmósfera se extiende en forma de radiación térmica. Los efectos básicos sobre el ser humano son ceguera y quemaduras. Si la explosión tiene lugar sobre una zona inflamable (como una ciudad), los fuegos resultantes se unen e intensifican, dando lugar al fenómeno llamado tormenta de fuego. Supone el 35-45% de la energía (aumentando para bombas más grandes).

Estos tres efectos se extienden a una distancia variable. La onda de choque, básicamente energía cinética, forma una zona letal con un volumen proporcional a la potencia explosiva; por tanto, el radio letal es proporcional a la potencia elevada a 1/3. La onda de radiación térmica, a la que el aire es transparente, decae en teoría con la inversa del cuadrado de la distancia (r elevado a 0,5; en la práctica el exponente es algo menor, del orden de 0,4). En cuanto a la región de radiación letal, también debería cambiar con el cuadrado inverso de la distancia, como la radiación térmica, pero es absorbida por el aire y decae más rápidamente, como r elevado a 0,2.

Por debajo de un kilotón de potencia los tres efectos son similares, y a grandes valores de potencia prevalece el efecto térmico, después el de onda de choque, y solamente a corta distancia la radiación es mortal. Los viejos del lugar recordarán el pollo que se montó en los años ochenta con el despliegue de la llamada bomba de neutrones, un arma de bajo rendimiento cuya letalidad se debía sobre todo a la radiación (se diseñaron para detener concentraciones de tanques soviéticos sin destruir demasiado los alrededores). En el extremo opuesto, las grandes bombas de hidrógeno de los cincuenta y los sesenta tenían efectos térmicos que superaban los cincuenta kilómetros.

Ya podemos hacer números. Para ello, definiremos tres radios letales (radiación, onda de choque y efecto térmico) de la forma r = a*P^b, donde P es la potencia explosiva en kilotones, r el radio en kilómetros, y (a,b) son coeficientes. Supondremos las siguientes condiciones de letalidad:

– Radiación: a=0,7 b=0,19 produce una dosis de 5 Sievert (o 500 rem), correspondiente a 50-90% de muertes.

– Onda de choque: a=0,71, b=0,33 genera una onda de sobrepresión de 1/3 atmósfera, suficiente para destruir la mayoría de edificios no reforzados y matar a buena parte de la

– Efecto térmico: a=0,67, b=0,41 produce quemaduras de tercer grado, mortales sin tratamiento.

Radio bomba nuclear 1

Estos datos los he obtenido de aquí, y hay una interesante aplicación que las usa. Se llama Nukemap, y permite combinar esa información para ver gráficamente el resultado de una detonación nuclear en Google Maps. Vamos a probarla con el área de Nueva York. Los círculos verde, azul y naranja marcan los radios letales correspondientes a los efectos de radiación, onda de choque y térmico, respectivamente.

Marchando un pepino de veinte megatones sobre Central Park:

Radio bomba nuclear 2

Ahora sustituyámosla por bombas de un megatón. En el artículo anterior dije que, puesto que el radio aumenta con la potencia elevada a 1/3, una bomba de 20 megatones sería 20^(1/3) = 2,71 veces más potente que una de un megatón, y cubriría un área 20^(2/3) = 7,37 veces mayor. Ahora hay que tener en cuenta el efecto térmico, que aumenta como la potencia elevada a 0,41; eso significa que el radio mortal de la bomba de 20 megatones será 20^0,41=3,4 veces superior, y el área de destrucción será 20^0,82 =11,7 veces superior a la de un megatón.

Veamos qué podemos hacer con 12 explosiones de un megatón:

Radio bomba nuclear 3

Como ven, me ha bastado con nueve (he dejado el círculo exterior de la bomba de 20 megatones como comparación). He aprovechado para diseminar mis bombas en las regiones urbanas, y con lo que me ahorro en incendiar bosques tengo para eliminar todo Nueva York, incluyendo Long Island, y aún me queda para devastar Nueva Jersey. La flexibilidad de poder destruir objetivos alejados, junto con la economía derivada del factor de escala, se combinan en contra de las bombas grandes.

Jueguen con Nukemap todo lo que quieran, o con esta web que simula una regla de cálculo antigua (ah, el encanto de los cincuenta), pero no se les ocurra ordenar un lanzamiento real (eso es por si alguien que yo me sé está leyendo esto). Por cierto, Alex Wellerstein ha incluido un mapa con algunas de las más de cien millones de detonaciones nucleares simuladas hasta ahora por los internautas. Helo aquí:

Mapa bombas nucleares

No hay duda de que somos unos sádicos (simulados, eso sí). Lo que no entiendo es ¿a qué viene esa obsesión por bombardear la línea del ecuador? Ah, ya, las bombas sobrantes. Vale.

Agua y acuiferos

¿Quieres sabes si los grandes acuíferos del mundo se están quedando secos? Vete al espacio.

Desde hace décadas la órbita terrestre es un lugar idóneo para controlar el ciclo de agua de nuestro planeta. No es sólo el Meteosat avisándonos si va a llover esta Semana Santa o no, sino que otros satélites especializados rastrean el vapor de agua de las nubes, las precipitaciones, los intercambios de energía entre el océano y la atmósfera, y en general todo tipo de datos que permite a los científicos saber qué pasa con el líquido vital que nos sustenta (la cerveza no, el agua).

Hace algunos años la NASA y la agencia espacial alemana desarrollaron la misión GRACE (Gravity Recovery And Climate Experiment). Dos pequeños satélites, lanzados en 2002, conformaron un gravímetro de extraordinaria precisión. Cualquier variación en las condiciones del suelo, como la presencia de grandes montañas, alteraba la órbita de los satélites en cantidades muy pequeñas que se podían medir con precisión. De ese modo, durante los años que estuvieron en órbita, lograron realizar un mapa gravimétrico de la superficie terrestre, tan detallado que pueden incluso notarse diferencias gravitacionales debidas a los cambios de grosos del hielo ártico o el paso de huracanes.

Durante los quince años que duró la misión GRACE se han podido determinar variaciones gravitacionales que pueden asociarse al aumento o disminución de la masa de agua oculta en los grandes acuíferos. Hace dos años, un grupo de investigadores de la Universidad de California-Irvine publicó resultados basados en el período 2003-2013. Para su estudio se fijaron en los 37 grandes acuíferos acordados en el programa WHYMAP de la UNESCO, que contienen la mayor cantidad de agua subterránea. No se trata de pequeños acuíferos como los que pueda haber en la sierra cercana, y de hecho el único que aparece en la Unión Europea es el acuífero de París, que se extiende por el norte de Francia.

Los investigadores utilizaron una cantidad llamada tasa RGS (Renewable Groundwater Stress) que mide la rapidez con la que los acuíferos ganan o pierden agua tanto por motivos naturales como antropogénicos. Un acuífero muy “estresado” es el que pierde agua por extracción más rápido de lo que puede recuperar por procesos naturales, lo que da medida del impacto de la actividad humana. Por supuesto hay que tener en cuenta factores como el tipo de vegetación sobre los acuíferos, la cantidad de agua que se repone en forma de lluvia, etc.

Los autores mostraron un ejemplo: la cuenca del Ganges-Brahmaputra, que engloba Bangladesh y el norte de la India, una de las regiones más densamente pobladas del mundo. Tomaron las variaciones de agua medida por GRACE, les restaron las estimaciones de agua absorbida por el terreno y por las plantas, la acumulada en pantanos y en forma de nieve, y el resultado fue una variación anual decreciente. El efecto era equivalente a si la precipitación hubiese disminuido una media de casi 20 litros por metro cuadrado al año. Para recuperar su nivel de 2003 tendría que llover un total de 200 litros por metro cuadrado más en toda la región. Esto ya se sabía por las mediciones en tierra, pero GRACE ha permitido ver esas variaciones a escala temporal detallada, mes a mes, día a día.

Hay otras regiones que salen peor paradas. El acuífero de Arabia, que se extiende bajo gran parte de Arabia Saudí y partes de Jordania, Siria e Irak, está siendo explotado de tal forma que necesitaría casi 100 litros por metro cuadrado para recuperarse, prácticamente el doble de lo que llueve ahora en la mayor parte de la región. Otras regiones desérticas donde se extrae agua de los acuíferos más rápido de lo que se recarga se extienden por buena parte de África: Argelia, Libia, Egipto, Sudán del Sur.

Existen zonas en las que, a pesar de que llueve de forma abundante, los acuíferos no se recargan lo suficiente para compensar las pérdidas de la actividad humana. Además de la ya mencionada del Ganges-Brahmaputra podemos citar los acuíferos de París (norte de Francia), Rusia (casi toda la que hay al este de los Urales), Atlántico-Golfo (toda la zona costera atlántica norteamericana al sur de Filadelfia), el valle central de California y la costa norte de China, otra zona de gran densidad de población. El acuífero norteamericano de Ogallala ha actuado como un pantano gigante desde comienzos de siglo, permitiendo con ello soportar un prolongado período de sequía, y aunque los datos de GRACE parecen indicar que no ha perdido mucho agua otro estudio indica una pérdida severa, con lo que la cosa no está clara.

En total, 21 de los 37 grandes acuíferos del mundo están perdiendo agua más rápido de lo que pueden reemplazarla. Y lo que es peor, los datos de GRACE nos permiten saber cuánta agua se pierde o se gana en los acuíferos, pero no cuánta queda. Las estimaciones varían fuertemente, y los autores del estudio anterior hicieron sus propios números. Las fuentes de incertidumbre son tan grandes que la cuenca del Ganges-Brahmaputra, mencionada antes, puede perder el 90% de sus reservas en un período de tiempo de entre 10 y 10.000 años.

No pretendo hacer simplificaciones bobas, pero es evidente que si el agua escasea los problemas se multiplican. Algunos de los acuíferos actualmente sobreexplotados yacen por debajo de estados de facto fallidos como Siria, Irak y Libia; otros resultan críticos para sostener la calidad de vida de centenares de millones de personas en África y Asia, y son en ocasiones motor de migraciones en masa. Una evaluación correcta del ciclo del agua de los acuíferos ayudará a planificar las actividades humanas de forma más responsable, más eficiente y, como está ahora de moda decir, más sostenible.

Y eso convierte esta historia en una respuesta zasca estándar a los habituales tertulianos del “¿por qué gastar tanto dinero en el espacio habiendo tantas necesidades en tierra?”

Bomba H

Cuando Hiroshima y Nagasaki quedaron arrasadas por las bombas atómicas, el mundo no le prestó mayor atención. Otras ciudades como Dresde o Tokio habían sufrido bombardeos igual de devastadores, y después de cinco años de feroz guerra fueron sólo una cadena más en el eslabón. En la posguerra, sin embargo, quedó claro que la nueva arma cambiaba el panorama futuro de la guerra. Ya no sería necesario enviar un millar de aviones para bombardear una ciudad o una región industrial, ya que con un solo avión bastaría; y con los nuevos cohetes intercontinentales en desarrollo, ni eso.

A pesar de los horrores que nos causa Hiroshima, un hecho a tener en cuenta es que, si bien esas armas podían borrar del mapa una ciudad de tamaño medio, ni siquiera esos engendros nucleares podían destruir del todo una gran ciudad como Nueva York o Moscú. El rendimiento de las bombas atómicas de uranio y plutonio era limitado, y aunque producirían graves daños al centro de una gran ciudad harían falta varias de ellas para destruir toda una región metropolitana o una cuenta industrial.

Llegó entonces la bomba de hidrógeno. Mucha gente la considera como una bomba atómica más gorda, pero es mucho más que eso. Significó un salto cualitativo de varios órdenes de magnitud. Una bomba de hidrógeno es a una bomba atómica lo que una bomba atómica es a una bomba convencional. La bomba Zar, detonada por la URSS, fue tan potente que siguen habiendo dudas sobre su rendimiento real, pero su potencia explosiva se cifra en varios miles de veces la de la bomba de Hiroshima.

Prácticamente no hay límite al poder destructor de una bomba de hidrógeno, y por eso en los años cincuenta y sesenta se desarrollaron bombas enormes, capaces de destruir la ciudad más grande. También podían destruir objetivos militares endurecidos como los silos de misiles enemigos a pesar de que la precisión de las armas nucleares era bastante pobre. Con una potencia semejante, ya no importaba que la bomba errase el blanco en cinco kilómetros.

Con el tiempo la tecnología mejoró y las bombas dejaron de crecer en potencia. Los motivos son sencillos de entender. El aumento en la precisión de los misiles y el uso de la tecnología de ojivas múltiples (MIRV) hicieron innecesario el uso de bombas grandes para batir los objetivos. En el caso de un bombardeo sobre una región extensa, digamos una concentración de cuarteles en un valle, es más eficaz enviar una bomba pequeña hacia cada cuartel que un único y gran pepino para barrerlo todo. O bien podríamos lanzar ojivas MIRV a la periferia de una ciudad para destruir los objetivos militares circundantes (aeropuertos, base navales, arsenales) sin atacar la cuidad en sí.

Pero incluso para el bombardeo sobre una ciudad es preferible usar varias bombas pequeñas que una grande, y el motivo es matemático: factor de escala. Cuando cambia el tamaño de un objeto, algunas propiedades varían de forma diferente a otras. El ejemplo típico es el de las patas de un animal. Si un científico loco aumentase diez veces el tamaño de una hormiga tendría un bicho con una volumen mil veces mayor pero sus patas tendrían una superficie de contacto sólo cien veces mayor, por lo que acabaría cayendo a tierra bajo su propio peso.

Supongamos en primera aproximación que el efecto de un arma nuclear es devastar un cierto volumen de espacio, de modo que ese volumen es aproximadamente proporcional a la potencia explosiva. Eso significa que el radio de destrucción es proporcional a la raíz cúbica de la potencia, y la superficie destruida es proporcional la potencia elevada a la potencia 2/3. Es decir, si la potencia se duplica el radio letal sólo se hace (2)^(2/3) = 1,26 veces mayor, y la superficie destruida aumenta en un factor (2)^(2/3)=1,6.

Supongamos que el Kremlin construye una bomba nuclear de un megatón, capaz de destruirlo todo en 10 kilómetros de radio. Eso nos daría un área de 314 kilómetros cuadrado. Ahora tomemos un arma de veinte megatones. El nuevo radio letal sería de 10 km * (20)^(1/3) = 27 kilómetros. La superficie destruida sería de 314*(20)^(2/3) = 2.314 kilómetros cuadrado.

Sin embargo, esa misma destrucción se lograría usando 2.314/314 = 7 (y pico) bombas de un megatón. Y ahí está el detalle. Siete bombas de un megatón producen el mismo efecto destructivo que una de veinte megatones, así que la realidad de los números se impone. Además de las diversas ventajas propiamente militares, resulta que las bombas nucleares de gran tamaño sólo son un desperdicio de material en lo que respecta a sus resultados si las comparamos con armas pequeñas.

Por eso la evolución de las armas nucleares ha sido la misma en todos los países que la poseen. Primero, la bomba atómica; luego, la de hidrógeno; después aumentamos la precisión de los misiles y los dotamos de ojivas múltiples; finalmente reducimos su potencia hasta el punto en que pueden destruir los objetivos asignados (como búnkeres y silos protegidos). En ocasiones, por ejemplo para fijar los límites de los arsenales en los tratados de limitación de armamento nuclear, se tenía en cuenta no tanto la potencia explosiva como el llamado “megatonaje equivalente,” igual a la potencia explosiva elevada a la potencia 2/3, que es una medida de los efectos destructores.

En la actualidad las ojivas norteamericanas W87 de sus misiles ICBM tienen una potencia de unos 500 kilotones, y las W88 de los submarinos Trident II son aún menores, inferiores a los 100 kilotones, en tanto que los rusos tienen ojivas de similar rendimiento (500-800 kilotones para sus ICBM, 50-100 para los SLBM). El arsenal nuclear mundial sigue siendo terrorífico, pero ha decaído mucho en término de ojivas activas y de potencia explosiva. Los factores de escala tienen su parte del mérito.

Cazafantasmas

Como ochentero de pro, Cazafantasnas me parece una de las películas más representativas del cine de los 80 en término de originalidad, banda sonora y personajes interesantes. La premisa es original: un grupo de científicos expertos en lo paranormal hacen un equipo para eliminar fantasmas. Al contrario que en otros films sobre fantasmas, en esta ocasión las armas no son encantamientos o pociones sino ciencia y tecnología. Los investigadores desarrollan herramientas para detectar a los fantasmas, los atacan con colisionadores a positrones y los almacenan en dispositivos mecánicos.

El reparto es de primera y nos pone el certifrikómetro al límite de la escala. Tenemos al doctor Peter Venkman, el caradura líder de equipo, interpretado por Bill Murray, a quien vimos en otras frikadas como Atrapado en el Tiempo (por cierto, propongo una somanta de collejas a quienquiera que se le ocurrió cambiar el título original de El Día de la Marmota) y que luego se interpretó a sí mismo en la desternillante Bienvenidos a Zombieland. El doctor Raymond Stantz, alegre y amistoso, viene de la mano del actor Dan Aykroyd, quien también apareció en Mi Novia es una Extraterrestre con la explosiva Kim Basinger. Egon Spengler, el cerebro de los cazafantasmas, es el típico científico medio chiflado al que da vida Harold Ramis (quien, por cierto, también dirigió Atrapado en el Tiempo).

Rick Moranis, que da vida a uno de los personajes secundarios, es de sobra conocido por películas como Cariño he Encogido a los Niños, Los Picapiedra y Spaceballs (que ya certifiké en su momento). Por su parte, parece que a William Atherton, el burócrata de la EPA, le cayó bien el papel de malote estúpido, ya que lo repitió en Escuela de Genios y en dos pelís de la serie Jungla de Cristal. ¿Y cómo podríamos olvidarnos de ella? Me refiero al contrapunto femenino Dana Barrett, interpretado por la enorme Sigourney Weaver, la reina del universo Alien… quien también protagonizó otra película: Héroes fuera de Órbita, otra película certifrikada.

Puede que lo que voy a decir a continuación te resulte sorprendente, lector, pero resulta que Cazafantasmas (y a partir de ahora me refiero al clásico de 1984) es en mi opinión una de las mejores películas para mostrar el funcionamiento de la ciencia. Es una de la que utilizo en mi proyecto Física de Película en clase, y con el tiempo he ido descubriendo cada vez más ejemplos sobre el método científico. No sólo me refiero a violaciones de las leyes de Newton o a electromagnetismo, sino a apartados relacionados con el método científico que no suelen mencionarse en las carreras de ciencias.

Lo que voy a esbozar a continuación son algunos de los elementos que aumentan el frikivalor de esa película. Algunos los extraeré de mi último libro si no les importa. ¿Listos? Pues adelante, y no os importe cruzar los rayos.

Mediciones en ciencia. La ciencia es sobre todo cuantitativa, lo que implica poder realizar medidas de cantidades observables. En Cazafantasmas los investigadores hablan de velocidades de ionización y de valencias psicoquinéticas, realizan grabaciones con lentes ultravioleta, recogen muestras y se entusiasman cuando logran efectuar contacto físico con los entes ectoplásmicos (vamos, cuando un fantasma moquea al doctor Peter Venkman). Como resultado, los investigadores concluyen que podrían zurrarles (espiritualmente hablando), y a partir de ahí pasar a cazar fantasmas es sólo cuestión de tiempo.

Ojo con los charlatanes. En una de las primeras escenas, Venkman efectúa un experimento de clarividencia con dos estudiantes, quienes han de averiguar el dibujo de una carta oculta. Uno de los dos estudiantes, una chica rubia y guapa, saca una puntuación muy alta, lo que aparentemente sorprende al investigador. Por supuesto, esa sorpresa no es tal, y el espectador es testigo de cómo Venkman falsea el experimento para impresionar a la chica.

No es de extrañar que el decano les eche a patadas de la Universidad. Aunque en la película aparece como el típico burócrata corto de miras y de escasa imaginación, lo cierto es que está cumpliendo con su responsabilidad oficial: “creemos que el propósito de la Ciencia es el de servir a la Humanidad, y usted parece considerar la Ciencia como una forma de embaucar, de engañar.” En este caso los charlatanes acaban teniendo razón, pero por desgracia no suele ser el caso, y en el mundo real suelen ser gente que se beneficia de la ignorancia ajena en su propio beneficio. Quienes me hayan seguido en mi blog sabrán de mi repugna a usar la Universidad como coladero de charlatanes, así que ojalá hubiera más decanos como ese en nuestro sistema académico, capaces de tomar decisiones difíciles sin esconder la cabeza bajo el ala.

La navaja de Occam. Llegada la hora de establecer hipótesis, los cazafantasmas recurren al principio conocido como navaja de Occam, según el cual la explicación más verosímil suele ser la más sencilla. Un burócrata federal se niega a creer la teoría de los fantasmas, y en su lugar ofrece una explicación alternativa en base a gases neuroquímicos que provocan alucinaciones; es decir, para él los cazafantasmas no son más que un hatajo de timadores.

Se trata de una conjetura plausible, y a tenor de la cantidad de pseuocientíficos que proliferan en el mundo real suena como la explicación más plausible en un primer momento. Para su desgracia, la hipótesis de los fantasmas se mantiene. La evidencia observacional es, sencillamente, demasiado amplia para descartarla: los fantasmas proliferan por toda la ciudad, el jefe de bomberos es incapaz de explicarlos en base a humos y luces, la policía no encuentra pruebas de fraude y los testimonios expertos se acumulan. Y es que la navaja de Occam constituye un buen punto de partida, pero sólo eso, y como toda hipótesis ha de someterse al peso de las pruebas o ser descartada.

Los fantasmas nos ofrecen ejemplos adicionales de la navaja de Occam. Al comienzo del film suceden hechos extraños en la biblioteca pública de la ciudad. En el sótano se ha formado una pila de libros amontonados de forma perfecta. Uno de los cazafantasmas lo interpreta como suceso paranormal, pero el doctor Venkman saca a relucir la navaja (la de Occam) y sarcásticamente replica “tienes razón, ningún ser humano amontonaría los libros así.

Cuestiona todo. Cuando Dana Barrett (Sigourney Weaver) acude a los cazafantasmas se encuentra con un riguroso interrogatorio. Algo molesta, se queja “claro que digo la verdad, ¿quién demonios iba a inventar una historia como esa”, a lo que Venkman responde “algunos quieren llamar la atención, otros no son más que chalados que pasan por aquí y entran.” ¿No están hartos de oír testimonios milagrosos? Yo sí, la verdad. Es bueno recordar que, sea una curación o una observación de ovnis, los testigos son humanos y tienen muchos motivos para falsear la verdad: ignorancia, miedo, codicia, afán de notoriedad; no importa lo majo que parezca quien nos esté hablando, queremos poder verificarlo. Por mucho que los propios cazafantasmas salgan anunciándose por televisión diciendo “nosotros sí le vamos a creer,” no darán un paso sin verificarlo.

Busca referencias. Cuando los cazafantasmas se pusieron a trabajar en el caso Barrett, enseguida acudieron a fuentes bibliográficas, catálogos y demás. ¿Qué su piso parece que está encantado? Pues se van al registro público, consiguen los planos e investigan la vida y milagros del arquitecto del edificio.

Apóyate en analogías. La ciencia utiliza mucho las analogías para poder explicar sucesos complejos en base a comparaciones más simples y conocidos. El modelo del átomo planetario, en el que los electrones giran en torno a un núcleo atómico como los planetas en torno al Sol, es sencillo y fácil de entender; también es incorrecto (el modelo cuántico real es más complejo), pero a pesar de ello se sigue utilizando como primera aproximación. En la actualidad la hipótesis más utilizada en física teórica se denomina “teoría de cuerdas,” y su nombre ya resulta lo bastante descriptivo.

La analogía permite al doctor Spengler explicar al cazafantasmas recién llegado los acontecimientos sucedidos en Nueva York durante los últimos días, en los que la frecuencia de los avistamientos espectrales ha aumentado sin control. Forzado a cuantificar su afirmación de que se aproxima algo grande, Spengler usa una analogía:

Digamos que este bizcochito representa la cantidad normal de energía psicoquinética en el área de Nueva York. Según la muestra recogida esta mañana, el bizcochito sería de doce metros de largo y pesaría unos 250 kilos

– Ley de inercia. Pocas veces se presta la atención debida a la primera ley de Newton, esa que esencialmente nos dice lo que pasa cuando no pasa nada. Los chicos del mono gris se enzarzan en una lucha por atrapar su primer fantasma en un salón de un hotel. En un momento dado necesitan hacer sitio para colocar su trampa antifantasmas, y para ello necesitan apartar las mesas. El doctor Venkman se acerca a una de las mesas, primorosamente decoradas, la mira e interrumpe a sus compañeros para satisfacer un anhelo. “Siempre he querido hacer esto,” dice mientras retira el mantel de un tirón. ¿El resultado? “¡Las flores no se han caído!” Estrictamente hablando el experimento no ha sido totalmente exitoso ya que algunos vasos se han volcado; pero podemos ver claramente cómo el mantel ha dejado en pie algunos de los elementos puestos en la mesa.

Algo tiene el agua cuando la bendicen, y algo tiene Cazafantasmas para que siga siendo buena. Otra cosa es la secuela Cazafantasmas 2 (1989), que por desgracia quedó muy por debajo de la original. Para eso me quedo con la nueva Cazafantasmas (2016). A pesar de lo mucho que se le ha criticado creo que es una digna sucesora y que está bastante bien llevada; y eso lo dice alguien que, por lo general, suele renegar de secuelas, remakes y demás variantes del género “saquemos más pasta a esta idea.” Cierto que no está a la altura de la original, pero ya sabíamos de antemano que no lo estaría por un sencillo motivo: la original es insuperable. Y por eso le concedo la máxima calificación de frikismo, algo que sólo había hecho con Godzilla y Blade Runner.

Y ahora vuelve a verla, y como dije en el último Naukas Bilbao: no pasa nada si cruzáis los rayos, pero nunca dejéis que se os crucen los cables. Porque si eso sucede, ¿a quién vas a llamar?

Nota de calidad certifrikada: 10

Odile Fernández

Nuevamente los charlatanes entran en la UGR. Esta vez usan una puerta diferente.

Habitualmente las pseudociencias se cuelan en las instituciones universitarias mediante cátedras o cursos de todo tipo. Hemos visto intentos de entrar por la puerta principal, bien mediante cátedras (ver caso Boiron-UniZAR), bien por medio de cursos conjuntos co-organizados en centros de estudios o fundaciones universitarias (ej. Reiki-URJC). Yo ya he visto en mi Universidad una charla de antitransgénicos y he tenido un curso de verano con todo tipo de buenrrolloterapias. En ese último caso la Rectora estaba recién llegada en su puesto, y a pesar de algunas manifestaciones de apoyo a la homeopatía que hizo durante su campaña electoral, acordé concederle el beneficio de la duda.

Ahora volvemos a las andadas. El motivo es la impartición de una charla de Odile Fernández titulada “Mi vivencia ante el cáncer: alimentación y estilo de vida”, prevista para mañana jueves 23 de marzo en el Aula Magna de la antigua Facultad de Medicina.

No voy a extenderme en explicaciones, así que me limitaré a copypastear de una de mis anteriores entradas de blog:

“Odile Fernández [es] una médico que vive y trabaja en Granada. Fernández sobrevivió a un cáncer (de ovario tipo IV) en 2010. Dependiendo de dónde lea usted, ella afirma que su curación fue obra de la quimio y la alimentación, un milagro muy currado o influyó todo. El caso es que, tras beneficiarse de los procedimientos de la ciencia médica convencional, atribuye su salvación… a la alimentación. Al menos, esa es la idea que lleva años vendiendo. Literalmente vendiendo. No sólo aboga por una alimentación sana para reducir el riesgo de cáncer (lo que es lógico y razonable) sino que afirma que sus recetas anticáncer son útiles incluso cuando ya se ha contraído la dolencia: “Mi deseo es que [mis recetas] te ayuden si tienes cáncer o alguna otra enfermedad relacionada con la alimentación,” afirma ella misma en la web que publicita sus libros anticáncer.”

En efecto, su planteamiento básico es que la alimentación permite curarte un cáncer cuando ya lo has contraído. Si le interesa puede ampliar información en estas entradas de Scientia, Qué Mal puede Hacer, Lista de la Vergüenza, esmateria, Magonia, Hablando de Ciencia… y puede seguir usted googleando todo lo que quiera.

¿Quién le ha abierto la puerta a Odile Fernández en la UGR? Pues un Proyecto de Innovación Docente llamado PID Madrasa. Está compuesto por profesores de diversos departamentos universitarios (Historia de la Ciencia y Anatomía Patológica, Medicina, Antropología Social y otros) y pretende “instaurar una pedagogía innovadora con enfoque multidisciplinar para reflexionar sobre la construcción de saberes desde la diversidad de formas de pensamiento y de las expresiones cotidianas en torno a la salud y la enfermedad.” Se presentan con la idea de “explorar las narrativas contemporáneas sobre la salud y la enfermedad, adentrándonos en los espacios corales donde las voces y los discursos se encuentran, se encrespan o se complementan.”

Suena muy bonito, muy holístico y todo eso, y en principio no parece haber problema. Por eso me llamó la atención que alguien se escudase en un PID para traer a Odile Fernández a dar una charla, sobre todo cuando ella misma se presenta con palabras como estas:

El tratar el cáncer de manera holística combinando quimioterapia con alimentación y afrontando la enfermedad de una forma positiva obraron el milagro. El problema del cáncer de ovario es el alto riesgo de recidiva, así que aquí sigo, nutriendo mi mente y mi cuerpo para que el cáncer y yo nos hayamos despedido para siempre. Me siento feliz, plena de salud y he vuelto a ser madre.”

El PID Madrasa, por su parte, lo justifica como un “un coloquio compartido entre la comunidad universitaria y la ciudadanía en torno a la cuestión del autocuidado de base vivencial y el activismo ante la enfermedad

Como ya digo, me llevo muy bien con los de Innovación Docente y por eso, hace algunos días, les advertí del problema de dejar a alguien como Odile Fernández hablar en un aula universitaria, con el beneplácito implícito de la UGR; con copia para la Rectora y otros interesados. Me respondieron que no procedía la cancelación del curso, y se apoyaron en un curioso tecnicismo: como la presentación de la charla afirma que “se abordará el cáncer “de manera holística combinando quimioterapia con alimentación,” Innovación Docente considera que la alimentación no se establece como sustitutivo de los tratamientos médicos sino como algo que ayuda; así pues, el curso no se cancela.

Lo que estaría bien si fuese verdad, porque la propia Odile Fernández afirma que el cáncer se cura con una alimentación adecuada; el truco de “combinando” es el mismo que el de utiliza la llamada medicina integrativa (o complementaria), según el cual la medicina alternativa cura junto con la tradicional. De ese modo, si el paciente se cura lo hará gracias a la terapia alternativa, y si muere lo hará a pesar de la terapia alternativa.

Por su parte, el Rectorado ha echado balones fuera con argumentos semejantes. Según la respuesta que recoge el diario IDEAL, el PID Madrasa se aprobó siguiendo los procedimientos habituales, y tiene un informe favorable de la DEVA (Dirección de Evaluación y Acreditación de la Agencia Andaluza del Conocimiento), así que ellos no son nadie para prohibir la charla: “desde el momento en el que la actividad cuenta con el respaldo de un proyecto de innovación docente y de los departamentos firmantes, son éstos los responsables de sus contenidos

Para que la cosa quede clara: yo mismo he participado en siete PIDs, seis como coordinador. He sufrido las evaluaciones de la ANECA, y creo que puedo redactar un PID con los ojos cerrados. Y en efecto, se puede hacer un proyecto holístico, chachipiruli y todo eso, así que no dudo de que Madrasa esté debidamente autorizado. Eso no está bajo discusión. Lo que se debate es la conveniencia de que alguien como Odile Fernández entre en escena, imparta una de sus charlas de buen rollo y se haga publicidad gratuita para vender más libros. Es como si yo aprovechase mi último proyecto (en el que uso Twitter como herramienta docente) para enviar mensajes sobre el último vuelo Carrero Blanco. Seguro que la Universidad no le gustaría ni pizca. Pues esto es lo mismo.

Hace tan sólo una semanas, la UGR cambió su logotipo corporativo, incluido el “pollo” que nos representa. Lástima que no hayan cambiado otros hábitos como el de esconder la cabeza bajo el ala y eludir responsabilidades. Al final el Rectorado no interviene, Innovación Docente no interviene y nadie remotamente interesado en que la Universidad de Granada sea un centro de excelencia académica interviene. Sólo estamos unos pocos, trabajando en nuestro tiempo libre por hacer que la excelencia sea algo más que palabras en un papel. Vale.

Penny y Leonard 1

[The Big Bang Theory, episodio 8×22 “La graduación de la transmisión”]

…sabéis, he escrito todo un discurso sobre cómo el instituto te prepara y es un sitio maravilloso, pero yo lo odiaba. Puede que el instituto sea genial si tienes esta cara

Penny y Leonard 2

pero yo sentía como que no existía en ese instituto. Y ahora que lo pienso, me imagino que muchos sentís lo mismo, así que lo que resta de mi discurso va por los chicos invisibles.

Puede que no encajes, o puede que seas el niño más bajito del instituto, o el más pesado, o el más raro, puede que vayas a graduarte y nunca hayas besado a una chica. Por cierto, [yo] a los 19, y Geraldine Coco, dondequiera que estés ¡gracias!

Puede que no tengas amigos, pero ¿sabes qué? ¡No pasa nada! Mientras todos los chicos populares están por ahí haciendo… bueno, no se qué hacían, porque nunca me llevaban. Lo que digo es que, al dedicar tanto tiempo a estar solo montando ordenadores, o ensayando con el chelo, lo que haces es convertirte en alguien interesante. Y cuando la gente por fin se fije en ti se encontrarán con alguien más guay de lo que se creían.

Y para aquellos que sí habéis sido populares en el instituto: se acabó, lo siento.

Gracias, y enhorabuena.