Babosa cerebral

Dentro de cien años, leí una vez, los niños se aburrirán en clase estudiando las cosas que hoy nos causan pavor. Y creo que es cierto. De aquí a un siglo nadie sabrá quiénes son esos señores que hoy copan las noticias de los informativos, la prima de riesgo sonará a chiste de época e incluso el terremoto de Italia que ahora nos sobrecoge se convertirán en, como mucho, una nota a pie de página en los manuales de geología.

Si acaso puede que haya una noticia que pase a la historia: el descubrimiento de Próxima b, el exoplanetas más cercano a nuestro Sistema Solar. Puede que de aquí a quinientos años nuestros descendientes lo comparen al desembarco de Colón de 1492, y tal vez se pregunten cuál fue el impacto de la noticia en su época. En Naukas lo hemos petado gracias a Dani y Francis, y en general ha sido la noticia científica del verano.

Hubo una excepción. El día 24, mientras Internet bullía de noticias al respecto, el tratamiento hecho en sus telediarios por TVE, la cadena de televisión supuestamente líder en España, fue de exactamente cero segundos en antena. Estaban demasiado ocupados con un reportaje sobre las papas arrugás. Han tardado casi dos días en prestarle algo de atención, y eso que hay un equipo de españoles en el grupo que hizo el descubrimiento (por cierto: enhorabuena, José Luis). Hasta la Wikipedia ha ido más rápido, por no hablar de exoplanet.eu.

Ese es el nivel de la divulgación científica en la Televisión Española de 2016.

Por supuesto, esto no nos viene de nuevas. Todavía recuerdo cuando falleció Neil Armstrong, el primer hombre en la Luna, el análogo de Colón en el espacio. Me acuerdo que cronometré el tiempo que TVE le dedicó a la noticia en el telediario. Fueron 75 segundos. Por si le parece a usted mucho, le diré que la mitad del tiempo lo gastaron en imágenes de unos americanos atando un lazo a un árbol en señal de recuerdo, y la otra mitad en hablar de Jesús Hermida, que en todos los años de su dilatada carrera parece como si no haya hecho nada digno de mención salvo narrar el primer alunizaje.

Como ya sabréis, el espacio de ciencia que dedican los telediarios de TVE son esos segundos previos al segmento de deportes. La cadena que pagamos de nuestro bolsillo vuelca la ocasional noticia sobre sondas espaciales, el CERN o las ondas gravitacionales, cualquier cosa que tenga vídeos chulos, y si les sobra tiempo entrevistan brevemente a un científico que suele trabajar en Madrid (imagino que por eso de ahorrarse las dietas). Y lo hacen justo cuando los forofos del fútbol y del tenis van al baño, retiran los platos de la mesa y se acomodan en el sillón, para que no se pierdan nada importante.

Sí, a mí también me dan ganas de llorar.

En realidad, todo el panorama de divulgación científica en televisión da pena, por no decir vergüenza ajena. Ya hablé del tema en su momento, con especial atención al programa de Sardá ADN Max, y desde entonces la cosa ha ido cuesta abajo. No hay más que ver programas del tipo Extraterrestres o Misterios Misteriosos, supuestos documentales cuyas tesis no se sostienen pero que se presentan en un formato que hace dudar al espectador. Pues no lo veas, puede que me diga usted. Vale. ¿Y que pasa con toda la gente que sí lo ve, los que no tienen un doctorado en ciencias, quienes ignoran que los círculos de trigo fueron desenmascarados hace décadas, los que aún creen que la alimentación cura el cáncer?

Los científicos y divulgadores hemos asumido una responsabilidad, la de propagar la verdad y desvelar los engaños. Nadie nos paga por ello, pocos nos lo agradecen y algunos sacarían la escopeta si pudiesen, pero seguimos en ello. Creemos firmemente que una buena educación en ciencia y cultura es algo fundamental para evitar engaños al hombre de a pie. No hay más que ver los casos de niños fallecidos porque sus padres se negaron a vacunarlos, o de personas que siguen tratamientos pseudocientíficos (y pagan un alto precio por ello) para darse cuenta lo válido que es eso que dijo alguien de “¿crees que la educación es cara? Prueba con la ignorancia?”

En esta lucha contra la ignorancia las cadenas públicas juegan un papel muy importante. No están tan obsesionadas por los índices de audiencia como elemento de éxito frente a los anunciantes, disponen de grandes medios, son capaces de llevar a cabo proyectos por los que no apostaría una televisión privada, y por supuesto se supone que, como entidades pagadas con dinero del contribuyente, han de contribuir a la mejora de la sociedad y de sus ciudadanos. La PBS ha hecho, y sigue haciendo, algunos de los programas divulgativos de mayor éxito en Estados Unidos, y en cuanto a la BBC creo que no hace falta añadir nada más.

También España tuvo su período de gloria. La serie documental El Hombre y la Tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente, fue rompedora en su género y mantiene el listón muy alto incluso a día de hoy (échenle un vistazo a la versión remasterizada, es espectacular). También fue expositor y refugio de series divulgadoras míticas como Mundo Submarino de Jacques Cousteau o el Cosmos de Carl Sagan.

¿Alguien ha visto alguno de esos documentales en televisión últimamente? La divulgación científica era parte integrante de la programación de TVE. Ahora, por el contrario, parece como si tan sólo la tolerasen a disgusto. Sí, La 2 sigue siendo el último refugio seguro, con documentales que se siguen uno tras otro (si lo permite el deporte, claro), pero pare usted de contar. Fuera de eso, apenas si podemos reseñar proyectos como Órbita Laika, una serie que pusieron en la peor franja horaria que pudieron encontrar. Ahora están preparando una segunda temporada sin casi nadie del equipo original, así que cualquiera sabe cómo saldrá (por si acaso, crucemos los dedos).

Es indudable que alguien odia la ciencia en Televisión Española, y ese alguien tiene poder y longevidad. Peor aún, tiene un montón de dinero de nuestros impuestos. ¿No va siendo hora de que los gestione bien? Paso que Discovery Max emita chorradas porque puedo limitarme a no verlo y, puesto que se mantienen gracias a la publicidad, han de rendir cuentas ante sus anunciantes (¿verdad, gentes de La Noria?); pero tengo derecho a exigir una programación de calidad en TVE. Quiero una cadena pública donde pueda ver ciencia, cultura de verdad (no eso de los toros), donde mis hijos y yo podamos aprender mientras nos quedamos con la boca abierta.

O devuélvame mi parte del dinero que está desperdiciando, señor TVE, y pase usted de mí.

C4_4 - Sistema PSR 1257+12

Acaba de salir publicado mi libro Exoplanetas para la colección Un paseo por el Cosmos de RBA. Uno de los capítulos que escribí para el primer borrador acabó descolgándose del texto final. No quiero que se pierda como lágrimas en la lluvia, así que os lo incluyo a continuación en los siguientes dos artículos (este es el segundo, y aquí está el primero). Tomadlos como un anexo a la Versión del Director. Que lo disfrutéis.

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VIAJAR A LAS ESTRELLAS – Parte 2

Aun con suministros de energía prácticamente infinitos, la velocidad de una nave interestelar estaría limitada en la práctica a una fracción de c. A velocidades tan altas el choque con cualquier fragmento de materia, incluso átomos de hidrógeno, sería catastrófico. Cualquier nave que se enviase a una velocidad superior a unas centésimas de c llegaría a su objetivo totalmente abrasada.

Todo ello restringe el vuelo interestelar a una empresa relativamente lenta, donde incluso el vuelo a las estrellas más cercanas llevaría siglos. Podemos pensar en la posibilidad de enviar primero veloces sondas no tripuladas, enviadas a las estrellas más cercanas con fines de exploración. Tras décadas o siglos de viaje, cartografiarán el sistema estelar y luego saltarán al siguiente. Una sonda avanzada podría utilizar los materiales existentes en el sistema para reparar sus sistemas, y también para construir nuevas sondas. De ese modo una armada de robots creciente en número se expandiría por nuestro entorno galáctico, investigando y enviando información a la Tierra.

Dada la tendencia de nuestra raza por colonizar todo territorio a nuestro alcance, el vuelo tripulado será el siguiente el paso lógico. Por supuesto, ningún ser humano podría soportar un viaje interestelar. Incluso un viaje a la estrella más cercana y a una velocidad del 5% de la de la luz requeriría un tiempo de vuelo cercano a un siglo. Los viajes tipo Star Trek, en los que una tripulación explora enormes distancias en poco tiempo, tendrán que sustituirse por grandes expediciones que se extenderán en el tiempo a lo largo de varias generacionales.

Imaginemos una gran nave espacial lanzada hacia una estrella próxima. Se trata de un gran hábitat en cuyo interior millares de personas nacen, viven y mueren. Muchos de ellos pasarán toda su vida en el interior de esa nave, que para ellos será su único mundo conocido. En cierto modo se asemejarán a las primitivas colonias europeas en América, donde los colonos establecen su vida sin apenas comunicación o ayuda de la metrópoli. En una nave generacional eso será literalmente cierto, puesto que no habrá posibilidad de recibir ayuda material de la Tierra y las comunicaciones se ralentizarán meses, luego años, debido a la extrema lejanía.

C6_1 - Hábitats espaciales

Los futuros hábitats espaciales podrían estar basados en un modelo similar a los llamados cilindros de O´Neill. La rotación creará un efecto de gravedad artificial y la luz del sol permitirá cultivar alimentos y satisfacer las necesidades de energía. Créditos: Rick Guidice / NASA Ames Space Center

Una nave así es técnicamente imaginable, aunque de existir plantearía graves problemas de índole sociológica. En un entorno cerrado y alejado de la Tierra, ¿como pueden mantenerse las estructuras de mando? ¿Quién decidirá las prioridades, el orden de los trabajos, las remuneraciones, los cargos? Cuando nos encontramos cerca de la Tierra y el viaje es breve, como en el programa lunar Apolo o en la Estación Espacial Internacional, es fácil obtener tripulaciones que acepten las órdenes disciplinadamente. La situación será muy distinta en un entorno autocontenido, tan lejano que la Tierra no puede ejercer un control directo, y tan extendido en el tiempo que los niños de la segunda o tercera generación pueden tener motivaciones menos puras que las de sus predecesores.

Un vistazo a los primeros asentamientos europeos en nuevas tierras, como los españoles o los británicos en América, muestra que la lejanía del poder central conlleva rápidamente caos, tiranía y sedición. Incluso sin ir tan lejos, el comportamiento humano en emplazamientos cerrados (pensemos en las estaciones de la Antártida, por ejemplo) muestra un número de problemas de convivencia que crece con el paso del tiempo: depresión, irritabilidad, hostilidad, formación de bandos enfrentados.

Para evitar los problemas derivados de una posible rebelión a bordo, y de paso para reducir la complejidad técnica de una nave que debe albergar generaciones enteras de humanos vivos, se han propuesto otras alternativas. Una de ellas, muy popular entre los escritores de ciencia-ficción, consiste en someter a la tripulación a un período de animación suspendida, lo que permitiría llevar a largas distancias a una tripulación preparada y motivada evitando los problemas derivados de tener que alimentar y cuidar seres humanos durante generaciones. Una segunda opción, más simple y con menos requisitos de recursos todavía, sustituye la tripulación por un conjunto de embriones congelados. En ambos casos, la tripulación se convierte en mero cargamento y las tareas de pilotaje, exploración y mantenimiento son asumidas por un ordenador avanzado hasta llegar a destino.

Una posibilidad futurista contempla el viaje más rápido que la luz. En principio, la Relatividad General de Einstein permite la posibilidad de viajes superlumínicos en espaciotiempos curvos. Se ha especulado con la posibilidad de que un agujero negro pueda convertirse en un portal hacia otras zonas del espacio. La situación sería similar a la de hormigas en una mesa. Una hormiga que quiera viajar de la cara superior de la mesa a la interior debería recorrer una larga distancia; sin embargo, un agujero en la superficie le permitiría efectuar su camino en mucho menos tiempo. De manera similar, dos agujeros negros conectados entre sí formarían un agujero de gusano, uniendo dos regiones muy lejanas del espacio.

C6_2 - Agujero de gusano

Un agujero de gusano que conectase dos regiones de un espacio bidimensional permitiría a un viajero tomar una ruta más corta (verde). La situación puede extrapolarse a nuestro espacio tridimensional. Créditos: Panzi

El concepto de agujero de gusano se ha utilizado en algunas obras de ciencia-ficción como la novela Contact de Carl Sagan o la película Interstellar de Christopher Nolan, pero aunque se trata de una idea teórica válida acerca de las posibilidades de los viajes superlumínicos nadie lo consideraba como posibilidad práctica real. Los requisitos de energía necesarios para crear un agujero de gusano, su baja estabilidad y la hostilidad de un entorno así para la vida humana lo descartan.

Una alternativa interesante fue propuesta en 1994 por el físico mejicano Miguel Alcubierre. La Relatividad General de Einstein prohíbe que una nave se mueva más rápido que la luz. ¿Pero más rápido con relación a qué? En principio, con relación a su espacio local inmediato. Ahora bien, el espacio puede deformarse debido a la acumulación de masa en sus proximidades. Imaginemos, dijo Alcubierre, que modificamos esa acumulación de masa de tal forma que el espacio se expanda justo detrás de la nave y se comprima justo por delante.

En el modelo de Alcubierre, una burbuja de espacio sería acelerada por la acumulación de masa a su alrededor, y el resultado sería la posibilidad de viajar distancias a mayor velocidad que la luz. No se viola el principio de la Relatividad Especial sobre viajes más veloces que la luz puesto que la nave está en reposo con relación a su burbuja local; es la propia burbuja la que se transporta a velocidad superlumínica, y con ella cualquier objeto que ésta contenga, incluida una nave espacial.

C6_3 - Motor de Alcubierre

El motor de Alcubierre curva el espacio a lo largo de su trayectoria, comprimiendo el espaciotiempo a proa y expandiéndolo a popa. Créditos: Trekky0623

Alcubierre plasmó las posibilidades para el vuelo superlumínico en su artículo original, donde el mecanismo que propone es descrito con un término de la serie de ciencia-ficción Star Trek: motor de curvatura (Warp drive). También reconoció un fallo de su modelo: viola el principio de conservación de la energía. Para producir un efecto de “motor de curvatura” hace falta que la densidad de energía en ciertos lugares se haga negativa. Considerar materia con energía menor que cero puede parecer paradójico, pero dentro del campo de la Mecánica Cuántica existen situaciones en las que el concepto es factible.

Aunque las matemáticas del motor de curvatura están bien establecidas, su aplicación práctica es dudosa. Las primeras estimaciones indicaron que la energía requerida superaría con mucho la existente en el Universo conocido; posteriores reevaluaciones redujeron la cantidad de energía a “sólo” la mitad de la masa de Júpiter, y si la burbuja de espacio se sustituía por un toro (un cuerpo con forma de rosquilla), la cantidad se reduce a la masa de un coche.

La exploración de otros sistemas planetarios constituirá un hito de magnitud sin precedentes en la historia del Hombre; eso si llega finalmente porque no hay garantías de que el salto a las estrellas sea factible. Puede que las dificultades técnicas resulten insalvables o que requieran de un esfuerzo económico e industrial tan enorme que sea en la práctica inviable. Es posible que los demás mundos ya estén colonizados por otras especies. En tal caso, quizá sea más razonable llamar a los vecinos antes de presentarnos en su casa.

C5_3 - Kepler-452 b

Acaba de salir publicado mi libro Exoplanetas para la colección Un paseo por el Cosmos de RBA. Uno de los capítulos que escribí para el primer borrador acabó descolgándose del texto final. No quiero que se pierda como lágrimas en la lluvia, así que os lo incluyo a continuación en los siguientes dos artículos (este es el primero). Tomadlos como un anexo a la Versión del Director. Que lo disfrutéis.

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VIAJAR A LAS ESTRELLAS – Parte 1

Los exoplanetas se encuentran a grandes distancias, mucho más lejos de lo que un ser humano podría viajar. Aun así, los humanos no se resignarán a permanecer confinados en su propio sistema planetario. Las propias leyes de la Física imponen límites a la posibilidad de viajar a otras estrellas, pero hay otras opciones.

Descubrir la existencia y propiedades de mundos extrasolares tiene una gran interés para los científicos. pero su importancia se extiende mucho más allá. Las sociedades humanas, con apenas excepciones, han atendido siempre la llamada a expandirse por todo tipo de territorios en busca de espacio vital. Parece que se trata de algo consustancial al ser humano. Buscamos tierras de cultivo, recursos minerales, puertos naturales, territorios para colonizar, enclaves militares estratégicos. En el proceso algunas naciones prosperan más que otras, pero el resultado general es una expansión de la raza humana.

Hemos colonizado todos los continentes, hemos establecido colonias en la Antártida y en órbita terrestre baja. La siguiente frontera es el espacio. En las últimas décadas hemos desplegado un buen número de sondas interplanetarias, paso previo antes de la exploración tripulada. Ya hay planes para colonizar mundos en nuestro propio sistema solar y para explotar los recursos minerales de asteroides y cometas cercanos. Más cerca de casa, la Luna nos brinda una estación espacial natural en la que podemos extraer recursos como helio-3 y donde podemos establecer bases de exploración.

Tarde o temprano el hombre saldrá de su pequeña isla planetaria y colonizará el archipiélago que forma el Sistema Solar. Después de eso se plantearán dos alternativas: o bien la humanidad se contenta con ocupar su propio sistema planetario y nada más, o bien dará el gran salto a la búsqueda de nuevos mundos en otras estrellas. La primera alternativa es poco probable, dado el impuso natural que tenemos por seguir ampliando horizontes. En cuanto a la segunda, plantea problemas de enorme dificultad.

Resulta difícil comprender la enormidad del espacio entre las estrellas. En tiempos de Felipe II la mayoría de las personas tenían su movilidad limitada a pocos kilómetros por los medios de transporte de la época. El galeón de Filipinas unía dicho archipiélago con la Península una vez al año, recorriendo una distancia mil veces superior a la que una persona podía recorrer a pie o a caballo en un solo día. En la actualidad, la sonda New Horizons se dirige al exterior de nuestro Sistema Solar tras estudiar Plutón, un cuerpo situado a 6.000 millones de kilómetros de la Tierra que tardó nueve años en alcanzar. Es una de las sondas más rápidas jamás lanzadas por el hombre, pero a pesar de eso tardaría unos 300.000 años en llegar a la estrella más cercana a la nuestra. Las distancias interplanetarias se miden en millones de kilómetros, las interestelares se miden en millones de millones.

Podemos diseñar naves más avanzadas y veloces. La duración de un viaje desde Filipinas hasta España se ha reducido del año que requería en el siglo XVII a apenas un día en la actualidad, y si hubiese incentivos económicos podría hacerse incluso en menos tiempo. El problema es que los viajes espaciales se parecen muy poco a los vuelos de avión. Una nave espacial es como una bola de billar, lanzada con gran precisión para llegar a su objetivo. Los ingenieros espaciales utilizan los planetas como ayuda gravitacional para poder desviar la sonda a donde interese y en el proceso la velocidad puede aumentar, pero ese efecto tiene sus límites.

Intentemos dotar a nuestra nave espacial de un poderoso motor y una gran cantidad de combustible. ¿Viajará así más rápido? La respuesta es sí, pero por desgracia la Física actúa en contra de los viajeros. La única forma que tenemos de propulsarnos está basada en la Tercera Ley de Newton: si queremos avanzar tenemos que dejar algo atrás. Para que una nave espacial avance tiene que llevar algo que pueda arrojar hacia atrás, como los gases de combustión del cohete. Ahora bien, si queremos viajar más rápido la cantidad de combustible necesario aumenta de forma exponencial: duplicar la velocidad requiere mucho más del doble de combustible.

Para aumentar la velocidad de una nave espacial, una de las cosas que pueden hacerse es elevar la velocidad de salida de los gases de combustión. Eso puede lograrse sustituyendo el motor clásico, en el que sustancias químicas reaccionan y salen del cohete a gran velocidad, por un motor iónico donde las partículas cargadas eléctricamente son aceleradas por un campo eléctrico. La velocidad de las partículas expulsadas por el cohete es mucho mayor, y también lo será la velocidad final de la nave.

Los primeros prototipos de motor iónico fueron probados por la NASA en la década de los sesenta y han sido usados con éxito en la sonda Dawn que fue enviada para estudiar los asteroides Vesta y Ceres. El motor iónico que la impulsa por el espacio es muy lento en términos absolutos, y su empuje es tan pequeño que la aceleración que produce es equivalente a pasar de 0 a 100 km/h en cuatro días. A su favor cuenta con una mayor eficiencia que un motor convencional, lo que se traduce en un menor consumo de material de propulsión, y su menor empuje es compensado de sobra por su mayor tiempo de funcionamiento.

Más allá del motor químico o el iónico, un cohete propulsado mediante energía nuclear proporcionaría un empuje muy alto, permitiendo a la nave alcanzar velocidades muy altas. Existen diversos proyectos en los tableros de diseño esperando un apoyo presupuestario masivo para convertirse en alternativas viables. Los actuales viajes de exploración del Sistema Solar no precisan de motores nucleares, pero el salto a las estrellas será una empresa con necesidades muy distintas.

Buscando métodos para mejorar la eficiencia de futuras naves interestelares, los ingenieros han dado con una solución eficaz: no acarrear combustible. Eso se puede hacer de diversas formas. Una opción consiste en desplegar una gigantesca y finísima vela solar, capaz de captar los fotones emitidos por el Sol. Los fotones son partículas que carecen de masa en reposo pero pueden transportar momento lineal, o como se decía antiguamente, “cantidad de movimiento.” Cuando impactan contra una superficie, como la de una vela, pueden transmitir parte de su momento linean a ésta, actuando de forma similar al viento sobre una vela terrestre. También puede usarse la luz de un láser de alta potencia disparado desde el punto de origen del viaje.

Una interesante alternativa, propuesta en los años sesenta por el físico norteamericano Robert Bussard, se basa en el hecho de que el vacío del espacio interestelar no está realmente vacío. Bussard imaginó un gigantesco colector formado por un campo magnético que recogería los átomos de hidrógeno desperdigados por el espacio. Ese hidrógeno podría ser usado como fuente de energía (mediante fusión termonuclear) y como sustancia arrojadiza. La idea cuenta con un serio inconveniente: el hidrógeno que va siendo recogido se encuentra prácticamente en reposo, y al colisionar con la nave crearía en esta un efecto de frenado.

Pero las enormes distancias interestelares hace que incluso los más eficientes y veloces sistemas de propulsión se encuentren con limitaciones impuestas por las propias leyes de la naturaleza. La primera proviene de la Teoría de la Relatividad de Einstein: nada puede viajar más rápido que la luz en el vacío. Se trata de una velocidad tan alta que a escala humana parece infinita porque no suelen abundar los casos en que podamos notar el retardo. Las comunicaciones por radio y televisión en nuestro mundo son prácticamente instantáneas, y los medios de transporte más veloces a nuestra disposición viajan a apenas una fracción de la velocidad de la luz, cuyo valor suele representarse mediante la letra c.

El efecto de c finito comienza a manifestarse en los vuelos interplanetarios. Cuando los ingenieros de la NASA o la ESA controlan una sonda espacial han de asumir que pasarán horas entre la transmisión de una orden y su recepción, lo que dificulta el control desde tierra. Cuando en julio de 2015 la sonda New Horizons pasó por Plutón, la señal de “todo en orden” que envió tardó casi cuatro horas y media en llegar a la Tierra; para entonces la sonda había avanzado casi un cuarto de millón de kilómetros. A tales distancias no se puede establecer una comunicación en tiempo real y por ese motivo la lista de instrucciones de la New Horizons estaba programada de antemano.

La situación empeora al salir del Sistema Solar. La estrella más cercana a nuestro sol, Próxima Centauri, se hallan a unos 4,22 años-luz de nosotros. Incluso viajando a la velocidad de la luz tardaríamos más de cuatro años en llegar a ella. Algunas de las estrellas de nuestros cielos se encuentran mucho más lejos. Polaris, la estrella polar, que indica el Norte a los marineros de nuestros mares, se encuentra a 434 años-luz, lo que significa que la luz que nos llega ahora de ella abandonó su superficie cuando el reinado de Felipe II estaba en su apogeo.

La segunda limitación es de índole matemática. Acelerar un objeto hasta alcanzar una velocidad próxima a la de la luz requiere una gran cantidad de energía. Para llevar una moneda de un euro desde el reposo a una velocidad de 0,9c necesitaríamos todo el suministro energético de una central nuclear durante diez días; la factura rondaría los treinta millones de euros. Y aumentar la velocidad será cada vez más difícil. Un objeto necesita tanta energía para pasar del reposo a una velocidad de 0,9c como para subir esa velocidad de 0,9c a 0,96c. Rozar la velocidad de la luz se hace prohibitivo. Lástima, porque viajar a altísimas velocidades tiene un efecto positivo para los viajeros: el tiempo viaja más despacio para ellos. Un viaje a Próxima Centauri a 0,99c tardaría unos cuatro años según el cómputo de la Tierrra, pero para los viajeros solamente habrían transcurrido siete meses. Se trata del efecto de dilatación temporal descrito por la Relatividad de Einstein.

Botas voladoras - Iron Man

Hace algunos días (gracias a Cintia) me encontré con una curiosa historia. En mayo de 2016 un chico escribió una carta a la AAAS (American Association for the Advancement of Science), una organización norteamericana centrada en la promoción de la ciencia. El chico preguntaba si había alguna forma de conseguir unos zapatos para vola. El CEO de la AAAS es de esa gente que piensa que la ocasión la pintan calva, y aprovechó para responder con una carta que combinaba claridad, esperanza y apoyo. Creo que es bueno compartirla con todos vosotros.

LA CARTA:

Querido científico

¿Puede encontrar una forma de que yo tenga superfuerza para poder volar, o simplemente hacerme volar, o puede hacer unos zapatos para volar y enviármelos para que yo pueda probarlos? Oh, y nunca he hecho una nota para un científico así que esto es del todo nuevo. Sólo quería saber si podía usted hacerlo, que yo creo que sí puede. ¿Puede ser gratis, o puede usted hacerlo por 10 pavos, por favor? Muchas gracias para usted y para mí.

Sinceramente [sin firma]

LA RESPUESTA:

Rush D. Holt, CEO y Editor Ejecutivo de Ciencia

24 mayo 2016

Querido [],

Muchas gracias por tu carta en la que pides nuestra ayuda para darte superfuerza o crear zapatos para volar.

Desde pájaros hasta aviones, todas las cosas que vuelan necesitan una fuerza para impulsarlos en una dirección dada. Se llama empuje. Para darle empuje a un par de zapatos, necesitarías usar cohetes. No obstante, la parte difícil de crear zapatos-cohete es almacenar suficiente combustible para que dure algo más de unos segundos sin que pesen demasiado. No te conozco, pero creo que eres mucho más pesado que un pájaro y haría falta mucho combustible para propulsarte. Y piensa que también tendrías que llevar combustible para impulsar el combustible de los depósitos. Puede que nos guste disfrutar viendo en el cine a Iron Man volando por el mundo, pero por desgracia aún no hemos conseguido ingeniárnoslas para crear un par que funcione.

Puede que algunas personas te digan que es imposible. Sin embargo, la ciencia convierte lo que una vez se consideró imposible en tecnologías que usamos todos los días, como aviones, smartphones, satélites y técnicas médicas que previenen y curan todo tipo de problemas de salud. La gente que vivió hace 300 años nunca pudo haber imaginado la tecnología que tenemos hoy, ¡y quién sabe lo que la gente tendrá dentro de 300 años!

Ya piensas como un científico, porque haces preguntas. Estoy deseando oír buenas noticias de tu parte, y acerca de tí.

Sinceramente, Rush Holt.

APÉNDICE. La carta del chaval, identificado como Drayden Walker, desencadenó una campaña en la que personas de todo el mundo compartieron sus primeras experiencias con la ciencia y la tecnología bajo los hashtag #ThinkLikeAScientist (“piensa como un científico”) y #ThinkLikeAnEngineer (“piensa como un ingeniero”). Algunos de los miembros de la AASC compartieron su primer contacto con la ciencia y la ingeniería: el Discovery Channel, un lanzamiento del transbordador, un columpio, una mascota, una feria científica del colegio. Mi favorito es el de la chica que, con cinco años, decidió usar aceite de cocina para ver si podía deslizarse más deprisa por el tobogán. Su conclusión: “no lo recomiendo

¿Y tú, amigo lector? ¿Cuál fue tu primera vez?

Arroz dorado

Traducción de la carta que un grupo de galardonados con el premio Nobel ha dirigido contra la multinacional ecologista Greenpeace, con relación a los organismos modificados genéticamente. La carta original en inglés puede leerse aquí, y hay versión en francés aquí.

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A los dirigentes de Greenpeace, las Naciones Unidas y los gobiernos de todo el mundo

El Programa de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas ha resaltado que la producción de alimentos, piensos y fibras necesitará duplicarse para el 2050 para satisfacer la demanda de una población global creciente. Las organizaciones opuestas a las técnicas modernas de cruce de plantas, con Greenpeace a la cabeza, han negado repetidamente estos hechos y se han opuesto a las innovaciones biotecnológicas en la agricultura. Han representado incorrectamente los riesgos, beneficios e impacto de éstas, y han apoyado la destrucción criminal de pruebas de campo y proyectos de investigación aprobados.

Urgimos a Greenpeace y a sus seguidores a que reexaminen la experiencia de los granjeros y consumidores del mundo con relación a cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología, a que reconozcan los descubrimientos de las instituciones con autoridad científica y de las agencias reguladoras, y que abandonen su campaña contra los “OMG” [Organismos Modificados Genéticamente] en general y contra el Arroz Dorado en particular.

Las agencias científicas y reguladoras por todo el mundo han hallado, de forma repetida y consistente, que los cultivos y alimentos mejorados mediante la biotecnología son tan seguros como, si no más seguros que, los que se derivan de otros métodos de producción. Nunca ha habido ni un solo caso confirmado de repercusión negativa, sobre la salud para humanos o animales, debido a su consumo. Se ha mostrado repetidamente que el impacto ambiental ha sido menos dañino al medio ambiente, así como una mejora en la diversidad global.

Greenpeace ha encabezado la oposición al Arroz Dorado, el cual tiene el potencial de reducir o eliminar gran parte de las muertes y enfermedades causadas por deficiencia en vitamina A (VAD), que tiene el máximo impacto en los pueblos más pobres de África y el Sureste de Asia. La Organización Mundial de la Salud estima que 250 millones de personas sufren de VAD, incluyendo el 40 por ciento de los niños menores de cinco años en el mundo en desarrollo. Basándose en estadísticas de UNICEF, un total de uno a dos millones de muertes evitables suceden anualmente como resultado de VAD, puesto que compromete al sistema inmunitario, exponiendo a los bebés y niños a un gran peligro. El VAD en sí mismo es la causa principal de la ceguera infantil en todo el mundo, afectando a entre 250.000 y 500.000 niños cada año. La mitad de ellos fallecen 12 meses después de perder la vista. HACEMOS UN LLAMAMIENTO A GREENPEACE a que cese y desista de su campaña contra el Arroz Dorado en particular, y contra los cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología en general;

HACEMOS UN LLAMAMIENTO A LOS GOBIERNOS DEL MUNDO para que rechacen la campaña de Greenpeace contra el Arroz Dorado en particular, y contra los cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología en general; y para que hagan todo lo que esté en su mano para oponerse a las acciones de Greenpeace y para acelerar el acceso de los granjeros a todas las herramientas de la biología moderna, especialmente semillas mejoradas mediante biotecnología. La oposición basada en la emoción y el dogma, en contradicción con los datos, debe cesar. ¿Cuántas personas pobres del mundo deben morir antes de que consideremos esto un “crimen contra la humanidad”?

Sinceramente, (lista de firmantes)

Harry(Artículo presentado al concurso Jot Down Ciencia 2016)

El Universo apenas tenía un suspiro de vida cuando Harry adquirió consciencia. Para entonces ya se había perdido algunos de los capítulos más fascinantes del pasado.

El período de tiempo transcurrido desde el big bang, aquella extraordinaria explosión que lo creó todo a partir de nada, se había caracterizado por unas condiciones extremas. Primero fue el llamado tiempo de Planck, un instante durante el cual nadie sabrá nunca qué sucedió exactamente, un misterio oculto sin remisión.

Más adelante el Universo comenzó a cobrar forma. La gran fuerza única que lo regía todo se desgajó en cuatro fuerzas básicas. Nunca desde entonces se han encontrado unidas en armonía la gravedad, el electromagnetismo y las dos fuerzas nucleares. A continuación, en una fracción de tiempo más parecida a un instante que a otra cosa, las fronteras de lo conocido se extendieron a una velocidad casi inimaginable en un proceso bautizado mucho tiempo después con el nombre de inflación.

En aquellos tiempos el Universo era demasiado denso y caliente para contener nada que no fuese energía pura, pero pronto las condiciones permitieron la existencia de otros moradores. Los primeros que aparecieron fueron los quarks, diminutas subpartículas que con el tiempo formarían estrellas y galaxias. De momento, sin embargo, tenían problemas más acuciantes. Sus enemigos, los antiquarks, también habían hecho su aparición y no estaban dispuestos a compartir territorio con ellos. Una guerra quark-antiquark, tan intensa como breve, acabó con la victoria de los quarks. Solamente había sobrevivido uno de cada mil millones, pero gracias a ello el Universo era suyo.

Pronto el ambiente de aquel furioso Universo primitivo permitió a los quarks organizarse en entidades llamadas hadrones. O al menos intentarlo, porque no había forma de reunirlos en paz y su vida era corta. Finalmente apareció un barión estable, una combinación particular de tres quarks con una vida casi eterna que llamamos protón.

Harry era el primer protón del Universo. Había muchos más como él, y con el tiempo fueron formando estructuras más complejas. Cuando aparecieron los electrones, cada uno de ellos se emparejó con un protón creando con ello un átomo de hidrógeno, y en ocasiones dos átomos se fusionaban entre sí para formar un átomo de helio. Otras veces un electrón chocaba violentamente contra un protón, y el resultado era una nueva partícula llamada neutrón. Algunos neutrones se quedaban dentro de un núcleo atómico y allí se quedaban, como un gato que ha encontrado un lugar cálido frente a la chimenea y ronronea contento; otros vagaban libres por el espacio y, pasados unos minutos, se desintegraban.

Harry nunca perdió su identidad para convertirse en neutrón, pero tanto él como sus compañeros rigieron el Universo como señores indiscutibles hasta que los fotones lograron liberarse. Eso sucedió a los 370.000 años de edad del Universo, aproximadamente, cuando la sopa de materia y energía que lo formaba todo se volvió transparente. Desde ese momento los fotones pudieron viajar por el espacio con libertad.

Harry fue testigo de cómo los fotones se zafaron del dominio de la materia, pero tampoco le importó mucho. Un día la materia logró la hazaña de crear más fotones. Fue tan simple como convocar suficientes protones y electrones en una región del espacio, tantos que su atracción gravitatoria los forzó a generar reacciones termonucleares. Nacieron las estrellas. Luego se agruparon en galaxias, en cúmulos, en supercúmulos. Algunas estrellas se agotaron y dejaron de producir energía, otras acabaron sus vidas en gigantescas explosiones. Nubes formadas con elementos más pesados fueron mezclándose con el hidrógeno ya existente, y con el tiempo formaron nuevas estrellas.

Harry saltaba de un lugar a otro, formando parte de agrupaciones cada vez más fantásticas. Un día, después de miles de millones de años formando parte de una gigantesca masa de gas, una estrella supernova lo lanzó al espacio. Para entonces formaba parte de un átomo de oro. Con el tiempo llegó a otro sistema estelar y acabó integrándose en un nuevo mundo.

Dadas las características del átomo del que formaba parte, el destino de Harry debería haber sido hundirse hasta el núcleo del planeta, quedarse allí durante un enorme período de tiempo y tal vez acabar sus días formando parte de una estrella moribunda, pero resulta que llegó tarde a la formación del planeta y eso marcó la diferencia. El átomo del que formaba parte se hundió en la corteza del planeta. Las fuerzas tectónicas lo llevaron de un lugar a otro y lo mezclaron con otras sustancias, siempre en movimiento, siempre activo. Otros átomos se combinaron entre sí mediante reacciones químicas para dar nuevos productos, pero el oro es muy especial para algunas cosas y no lo hizo.

Llegó el día en el que Harry abandonó su morada subterránea. El planeta del que formaba parte se encontraba en condiciones de generar vida, y un día surgieron criaturas inteligentes. Eran torpes, ineficaces, nadie hubiera apostado por ellos. En su deseo por perdurar, aquellas criaturas decidieron construir un objeto y lanzarlo al espacio. Concluyeron que el oro era la sustancia ideal para esa misión, y por ese motivo tomaron una pequeña parte del oro que habían extraído de las profundidades de la tierra para otros propósitos, le dieron forma de disco, adosaron éste a un propulsor químico y lo lanzaron al espacio.

Pasó el tiempo. Mil años se convirtieron en un millón, y luego en mil millones, y luego en más. La raza de criaturas desapareció de la historia, su planeta fue barrido y su estrella se apagó. El disco es la única prueba de que una vez, en un lugar que ya no existe, vivieron unas seres que suspiraron por ser algo más. Ninguna otro ser inteligente, ninguna raza alienígena lo encontrará jamás, perdido en la oscura inmensidad del espacio, pero en el fondo eso no importa ya que la mera existencia del disco es una prueba de su éxito.

Oculto en el interior de un átomo de oro, dentro de un objeto creado incontables años atrás por una raza tan testaruda como soñadora, Harry ha vuelto al espacio. Su viaje continúa, pero ahora tiene algo más que consciencia. Tiene una misión.

Barney-stinson-reto-aceptado(Actualizado con fecha 16/6/16; ver final del artículo)

En abril de este año escribí un artículo titulado Informe Pelícano: Bioo, la maceta que te carga el móvil acerca de un producto de la empresa Bioo que supuestamente permite usar una maceta para cargar el móvil. En resumen, los números no me cuadran y tengo fuertes dudas sobre la viabilidad del concepto.

Eso no ha impedido a esa empresa obtener la financiación que necesitaba vía crowfunding (y sobrados, porque han recaudado seis veces su objetivo inicial), ganar premios, conseguir mucha publicidad y seguir adelante con sus proyectos. Mientras tanto yo pasé a otros asuntos. Hasta hoy.

Resulta que estaba yo tan tranquilo a punto de bajarme del autobús cuando recibo un tuit de Chantal Marín, jefa de márketing de Bioo, acusándome de no haber construido nada, y menos una start-up. Debí haber chuleado de mis logros, pero soy así de humilde y paso. Aun así le contesté, y ella a mí, y una cosa llevó a otra…

Chantal_bioo_01Chantal_bioo_02

… y me he comprometido a comprobar la veracidad de las afirmaciones de Bioo. Voy a recibir alguno de sus productos, lo analizaré y sacaré mis conclusiones. Por supuesto, compartiré todo lo que averigüe con vosotros, y me reafirmo en que estoy dispuesto a desdecirme públicamente si resulto estar equivocado.

Hoy es seis de junio. Permanezcan a la escucha, amigos.

ACTUALIZACIÓN 8/6/2016. Parece que el reto se complica.@ChantalMarinB, la CM de Bioo, acaba de bloquearme

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y además de eso…

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…resulta que tengo que comprar los productos de Bioo para poder analizarlos. Considerando que a estas alturas lo único que se puede hacer es un “pre-order,” que la web de la empresa no dice nada sobre precios o plazos de entrega, y que tengo mejores cosas que hacer con mi dinero que respaldar en un proyecto en el que no creo, esperaré a que alguien me lo regale para mi cumpleaños. Aunque la verdad, prefiero una PS4.

ACTUALIZACIÓN 16/6/2016. El día 10 recibí un email de Bioo.tech en el que se disculpaban por el comportamiento de Chantal Marin, quien ha dejado de ser directora de márketing de la empresa. La señorita Marín ha blindado su cuenta de Twitter, y parece que se ha centrado HoodooPro, una empresa que ayuda a financiarse a las compañías emergentes (start-ups) y donde ella aparece como fundadora y consejera delegada. Bioo.tech se pone a mi disposición para cualquier aclaración en su oficina de Barcelona; el problema es que me pilla algo lejos de Granada. En cuanto al desafío, ni una palabra.

En otro orden de cosas, Bioo.tech anunció ayer mismo que ha decidido abandonar la campaña de captación de fondos y devolver el dinero a los donantes. El motivo que aducen es problemas con dos de los suministradores. “Para solventar el problema necesitaríamos una inyección de capital directa para poder compensarlo… se ha hecho inviable económicamente” puede leerse en su página de Facebook. Imagino que se refieren a la planta cargadora de móvil, porque al mismo tiempo mantienen su compromiso con la fabricación del “panel Bioo para autoconsumo,” que esperan comenzar a fabricar hacia septiembre de este año.

Veremos qué sucede después del verano. Mientras tanto, hay algo que no entiendo: ¿cómo es posible que el proyecto sea económicamente inviable si, según afirma la propia Bioo.tech, han recaudado seis veces más de lo que pedían en un principio?

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Móviles y tumores

La noticia está en el aire: los móviles producen tumores. Este parece ser el resultado de un riguroso estudio llevado a cabo durante dos años por el gobierno norteamericano en ratas de laboratorio bajo condiciones controladas. Los principales medios de comunicación norteamericanos se han hecho eco de la noticia. Después de años y años de estudios y polémicas, parece como si finalmente los detractores de los móviles tuviesen razón.

Al menos eso parece a primera vista. Un vistazo detenido al artículo nos cuenta una historia diferente, y es preciso detenerse en los detalles para poder evaluar el verdadero impacto del estudio. Es lo que voy a intentar aquí. Póngase cómodo y preste atención, porque esto es importante.

EL EXPERIMENTO

El artículo es el primero de una serie dentro del Programa Nacional de Toxicología (NTP) de Estados Unidos sobre los efectos de la radiación de radiofrecuencia (a frecuencias de móvil) en roedores, y se centra en dos tipos particulares de tumores en ratas: los gliomas malignos del cerebro y los schwannomas del corazón. Los gliomas, por lo que he leído, son un tipo de neoplasia (masa o tumor anormal del tejido), y en cuanto a los schwannomas, son tumores que suelen ser benignos, pero que en un 1% de los casos son malignos. Como verán, no soy médico y carezco de conocimientos sobre el tema más allá de lo que veo en la Wikipedia. No importa, con tal de saber qué es lo que están buscando los investigadores.

Las ratas fueron sometidas a radiación de radiofrecuencia (RF) con una frecuencia de 900 MHz, la banda usada en muchos países del mundo (hay otro estudio con ratones sometidos a 1900 MHz, a publicar en el futuro). La dosis recibida por las ratas se midió con la cantidad llamada SAR (Specific Absorption Rate, o Tasa de Absorción Específica), que indica la cantidad de energía recibida por unidad de tiempo y de masa de tejido, y suele medirse en vatios por kilogramo. Se hicieron grupos de 90 ratas cada uno, y esos grupos recibieron dosis SAR de 1,5, 3 y 6 W/kg, con un cuarto grupo de control que no recibió dosis alguna. Las ratas pasaron toda su vida bajo radiaciones, incluso durante su estado fetal.

Antes de continuar debo poner las cosas en perspectiva y aclarar que las dosis SAR son bastante más elevadas que lo habitual en humanos. Los valores máximos permitidos son de 1,6 W/kg en EEUU y 2 W/kg en la UE, y eso para el móvil pegado a la oreja. Las ratas son sometidas a intervalos de 10 minutos de radiación y 10 minutos de descanso, durante un total de 18 horas diarias; esto es, como si estuviesen con el móvil pegado a la oreja durante nueve horas de funcionamiento continuo, siete días a las semana, durante casi dos años. Si los ratones fuesen humanos tendrían las orejas desgastadas por tanto uso de móvil. Es evidente que el estudio intenta representar un uso más allá de lo habitual, en busca de posibles tendencias.

Un detalle interesante consiste en que el estudio simula dos tipos de tecnología móvil: la GSM, muy usada en casi todo el mundo, y la CDMA, bastante extendida en países como EEUU. Esto es importante, ya que ambas difieren en aspectos técnicos importantes. Interesa especialmente el hecho de que la SAR es la tasa máxima permitida, pero al parecer el sistema GSM usa niveles altos de potencia con mayor asiduidad que el CDMA. Es decir, ambos chillan menos de lo permitido, pero el GSM habla más alto durante más tiempo. Eso debería tener una incidencia sobre las tasas de absorción acumuladas reales, y en teoría haría que la tecnología GSM fuese más peligrosa (o menos inocua) que la CDMA.

LOS RESULTADOS

Se observó una reducción en el peso de las camadas durante la gestación y la lactancia, efecto que desapareció conforme avanzaba la lactancia. Extrañamente las diferencias fueron menores en el caso de GSM que en el de CDMA, lo que no tiene mucho sentido causal, ya que si la radiación RF fuese la responsable no se entiende por qué tiene mayor efecto en el caso en que la emisión de radiación es menor (CDMA).

Otro resultado extraño es el hecho de que la tasa de supervivencia fue mayor en el grupo de control que en de los sometidos a RF para el caso GSM. Respecto al CDMA, los resultados varían según sexo y potencia: la supervivencia era mayor en las ratas macho, y también en las hembras sometidas a la tasa SAR máxima (6 W/kg), con respecto al grupo de control. Podríamos sentirnos tentados a concluir que la radiación de los móviles aumente la tasa de supervivencia, pero evidentemente correlación no implica causalidad, así que no caeremos en esa trampa. Con todo, la menor supervivencia de los ratones machos de control es un detalle importante, crucial diría yo, como veremos más adelante.

Vamos con los números. El artículo estudia dos tipos de lesiones: las graves (gliomas malignos del cerebro y schwannomas del corazón), y las llamadas hiperplasias, agrupaciones de células menos densas. Vamos a fijarnos aquí en las graves. La siguiente tabla muestran los datos, para ratas macho y hembras, del número de lesiones en función de la tasa de absorción SAR. Se incluyen también los datos del grupo de control. En todos los casos, el número de ratas por grupo es de noventa.

Lesiones cerebrales (gliomas malignos)
SAR: Control 1,5 W/kg 3 W/kg 6 W/kg
Machos (GSM) 0 3 3 2
Machos (CDMA) 0 0 0 3
Hembras (GSM) 0 0 0 1
Hembras (CDMA) 0 2 0 0

Lesiones en corazón (schwannomas)
SAR: Control 1,5 W/kg 3 W/kg 6 W/kg
Machos (GSM) 0 2 1 5
Machos (CDMA) 0 2 3 6
Hembras (GSM) 0 0 2 0
Hembras (CDMA) 0 2 0 2

Según estos datos, las ratas macho parecen más propensas a lesiones que las hembras. Recordemos que el sistema GSM usa mayores niveles de potencia media, así que cabría esperar peores resultados en ese caso; pero en el caso de los gliomas cerebrales parece justo al revés, la tecnología GSM parece más dañina que la CDMA. En el caso de los schwannomas, parece que la CDMA sí muestra más lesiones, aunque por escasa diferencia. Mientras tanto, el grupo de control no parece estar afectado en absoluto: cero lesiones tanto para machos como para hembras.

¿Significa eso que la radiación de los móviles causa lesiones? No necesariamente. Los datos dicen más, y es importante leer la letra pequeña. Vamos allá.

EL CASO DE LOS MACHOS

Como vemos, el caso de las ratas macho es interesante, y se va a poner mejor. En lo relativo a los schwannomas del corazón, la explicación puede ser tan sencilla como pura casualidad. Resulta que esas lesiones están presentes en el sistema nervioso periférico, no solamente en el corazón. Por dicho motivo los investigadores también buscaron schwannomas en la cabeza, el cuello y otros lugares (lo que llamaremos “otros”). Cuando esos “otros” se tienen en cuenta, el panorama cambia tanto para machos como para hembras:

Lesiones en corazón (schwannomas) – MACHOS
SAR: Control 1,5 W/kg 3 W/kg 6 W/kg
Corazón (GSM) 0 2 1 5
Otros (GSM) 3 1 4 2
Total (GSM) 3 3 5 7
Corazón (CDMA) 0 2 3 6
Otros (CDMA) 3 2 1 1
Total (CDMA) 3 4 4 7

Lesiones en corazón (schwannomas) – HEMBRAS
SAR: Control 1,5 W/kg 3 W/kg 6 W/kg
Corazón (GSM) 0 0 2 0
Otros (GSM) 4 1 3 1
Total (GSM) 4 1 5 1
Corazón (CDMA) 0 2 0 2
Otros (CDMA) 4 0 2 2
Total (CDMA) 4 2 2 4

Ahora las hembras dejan de tener valores tan bajos de schwannomas, y ambos sistemas (GSM y CDMA) parecen actuar de modo similar. Pero la diferencia más significativa está en que el grupo de control ya no es inmune, con tasas de lesiones comparables o superiores a las de muchos de los grupos irradiados. De repente, la dicotomía “con radiofrecuencia aparecen lesiones, sin radiofrecuencia no” deja de existir.

OJO A LOS MACHOS DE CONTROL

La existencia de casos de lesiones en el caso de los schwannomas totales (no sólo en el caso del corazón) en el grupo de control no debería sorprender; al revés, el nivel cero de lesiones que tenemos en los demás casos resulta extraño. El motivo es que en otros estudios del Programa Nacional de Toxicología (NTP), la incidencia de los casos en el grupo de control es diferente. Para glioma maligno se han dado estudios con casos de lesiones en control entre 0% y 2% (promedio de 0,18%) para hembras, y de entre 0 y 8% (promedio 2,0%) para machos. Para los schwannomas, de nuevo se observa una mayor tasa de lesiones en grupos de control de experimentos pasados con machos: 0-6% (promedio 1,3%), frente a 0-4% (promedio 0,6%) para hembras. Esto representa la incidencia natural de las lesiones, sin radiaciones o ninguna otra causa.

Pero de todos modos ¿por qué el estudio que nos ocupa hoy no contiene un solo caso de lesión en el grupo de control (ver tabla primera)? Bueno, puede ser por pura estadística. O porque, a fin de cuentas, estamos redondeando (no puede aparecer lesiones en 0,4 ratas). O porque, sencillamente, las ratas se mueren. Los datos sobre esas tasas de supervivencia no se dan salvo para las ratas macho del grupo de control: 28%.

Este dato es bastante más pequeño que el de otros estudios similares con ratas, en los que sobrevivían entre el 24% y el 72% de las ratas macho de control. ¿Y eso es relevante? Sí, debido a un efecto observado en el artículo. Resulta que la mayoría de las lesiones (gliomas y schwannomas) aparecieron en las últimas semanas del estudio. Ahora bien, es evidente que las ratas que las desarrollaron estaban vivas. Como hubo mucha mortalidad entre las ratas macho del grupo de control, no sabemos si alguna de ellas hubiera desarrollado una lesión de haber vivido hasta el final del estudio. En el caso de que las ratas del grupo de control fueren inmortales (al menos, durante los dos años del estudio) la supervivencia de ese grupo de ratas hubiera sido mayor, aumentarían las probabilidades de que alguna desarrollase lesiones.

¿Y no afectaría también a las ratas hembras de control, y a todas las ratas de los grupos irradiados? Pues sí, pero la supervivencia de esos grupos fue mayor, y además muy similar entre sí (lo sabemos porque uno de los revisores menciona una tabla, que finalmente no se ha incluido en el artículo, donde aparecen esos datos). Creo que resulta significativo el detalle de que las ratas hembra, que tienen una supervivencia similar para el grupo de control y para los irradiados, también muestre tasas de lesiones mucho menores.

En cualquier caso, se puede corregir este efecto de supervivencia limitada (extrapolando los datos para el caso de ratones inmortales), y de hecho los autores del estudio lo hicieron, pero solamente para los casos de ratones macho irradiados, en los que parecía verse una significación estadística. Para los ratones hembra no hicieron correcciones, porque no parecía haber una tendencia significativa. En el caso de los grupos de control, no harían más que multiplicar la tasa de lesiones por un factor de corrección, y si esa tasa de lesiones es cero… bueno, cualquier número por cero es igual a cero.

CONCLUSIONES Y DUDAS

A la vista de sus datos, los investigadores concluyen que las lesiones antedichas en las ratas macho “se considera que probablemente son el resultado de la exposición a la radiación de radiofrecuencia modulada mediante GSM o CDMA,” con una mayor confianza en la asociación radiación-lesiones en el caso del corazón que en la del cerebro. No se observaron efectos biológicos significativos en las ratas hembra.

¿Significa eso que los chicos debemos tirar nuestros móviles, o al menos alejarlos del corazón? Personalmente no lo creo. En mi opinión, habría que aclarar como mínimo los detalles relativos a la supervivencia de las ratas macho en el grupo de control y en los de irradiación. Es muy fácil que ese grupo de ratas haya sido sometido inadvertidamente a condiciones ambientales diferentes, afectando su tasa de supervivencia. De ser así, este estudio pasará a la historia como el típico caso de experimento complejo que al final se va al garete por un detalle idiota (como paso con el caso de los neutrinos superlumínicos, que finalmente resultó ser un cable mal conectado). Sobre todo, hay que esperar a que el estudio esté completo. Recordemos que este trabajo se centra en el caso de ratas, y solamente considera lesiones en el corazón y el cerebro.

También quisiera saber por la duración del experimento. Uno de los revisores preguntó por qué la duración del experimento fue de 90 semanas en lugar de 104 (dos años completos). En su respuesta, los autores del estudio dijeron que la duración final fue de “10 semanas” Hay un hueco tras el 10, así que están hablando de cien semanas y pico. Por algún motivo, sea porque lo hayan ocultado o por fallos en el borrador, ese “pico” queda desconocido. Y que los resultados dependen vitalmente de la duración del experimento porque resulta que la mayoría de las lesiones aparecieron cerca del final.

Según los datos presentados por los propios investigadores, para la semana 90 se habían dado solamente cinco casos de lesiones por schwannoma en el corazón (y ninguno de glioma cerebral maligno). Incluso en fecha tan avanzada como la semana 103 solamente se habían dado 13 casos de schwannoma y glioma maligno, pero en las tres últimas semanas aparecieron nada menos que 26 casos, (¡dos tercios del total!), entre los cuales se incluyen dos de cada tres caso aparecidos en el grupo de mayor tasa SAR (6 W/kg).

Y justo en ese momento se da el estudio por terminado. Creo que debería aclararse qué pasó en esas tres últimas semanas tan estadísticamente anómalas. Seguro que hay explicaciones inocentes y perfectamente válidas para ello, pero no las sabemos. Y otra cosa que me llama la atención: ¿por qué se decidió acabar el estudio en ese momento? Si yo fuese investigador y, después de dos años tranquilos, observara cómo se multiplican los casos en tres semanas, lo último que haría sería cerrar el chiringuito. Como mínimo esperaría un par de meses más, a ver si se trata de una fluctuación estadística o si realmente las ratas tienen un dispositivo de autodestrucción celular que se activa a los dos años.

No soy el único que tiene sus dudas con relación a este estudio. Aunque los revisores del artículo coinciden en que ha sido escrito de forma correcta, honrada y científica, algunos expresan sus reticencias con relación a la posibilidad de falsos positivos, a la extrañamente baja supervivencia de los machos en el grupo de control, o a posibles fallos en la elección de los ratones para los diversos grupos.

Otros divulgadores se han expresado al respecto. En el momento de escribir estas líneas no sé lo que han escrito. Me he abstenido deliberadamente para no verme influido por sus argumentos. Ahora, casi acabado este post, voy a echarles un vistazo, y también le recomiendo a ustedes que lo hagan.

A pesar de la invasión del periodismo de “copia, pega, repite” que nos rodea, me alegra ver que algunos medios de comunicación serios se paran a reflexionar. El Washington Post es tajante: “Lo primero es lo primero, nadie ha demostrado que los móviles causan cáncer, nadie ha demostrado que los móviles causan cáncer” y apunta a problemas como la inusual tasa cero de lesiones en las ratas de control o la extraña inmunidad que parecen tener las ratas hembra. Buzzfeed se pregunta cómo es posible que las ratas macho de control sobrevivan menos que las de los grupos irradiados. En un interesante hilo de Twitter, Stefen Christensen examina los posibles fallos del estudio y concluye: “Salvo que un baño de radio[frecuencia] que dure una vida te haga vivir más, la conclusión es clara, las ratas fueron tratadas de forma distinta,” en alusión nuevamente al enigma de las ratas macho de control. También les recomiendo lectura aquí y aquí.

Lo triste del asunto es que un esfuerzo serio y honrado de varios años va a ser alegremente utilizado por los grupos antimóviles como prueba definitiva de que tenían razón y que debemos protegernos por el bien de nuestra salud (ejem). No ayudará el hecho de que buena parte de los medios de comunicación tiende a centrarse en lo sensacional y no suele prestar atención a detalles como los que usted, lector, se ha molestado en leer aquí. Y el proceso científico de verificación, corrección de errores y publicación trabajará en favor de los antimóviles. Si el artículo queda como está, tienen la prueba; si, como consecuencia del proceso de revisión, los datos son corregidos o el artículo es retirado, lo aducirán como “prueba” de manipulación en una campaña de conspiración y ocultamiento.

A la vista de todo lo anterior, creo que este estudio, por riguroso que parezca haber sido hecho, contiene fallos que pueden dar por tierra con cualquier conclusión al respecto, y que hay que esperar, como mínimo, a que acaba el proceso de revisión del artículo (ha sido sometido a revisores, pero aún no ha sido enviado a una revista científica con “peer-review”) para opinar, y mejor aún si esperamos al estudio con ratones. Hasta entonces corremos el riesgo de extraer conclusiones erróneas.

Esa es mi conclusión, una opinión personal a fin de cuentas pero basada en los conocimientos científicos que he aprendido a lo largo de media vida.

Por supuesto, podría estar equivocado.

Spaceballs

¿Que hoy es el Día del Orgullo Friki? Pues ya tardamos en certifrikar una buena película para celebrarlo.

Mi elección de hoy es una parodia de La Guerra de las Galaxias. Hace tiempo, mucho tiempo, en una Internet muy lejana, cuando los foros de debate se regían por el blanco y negro, yo formaba parte de uno que trataba sobre la saga de George Lucas (me refiero a la primera trilogía). Aprendí que el conjunto de material “canon,” lo que diríamos la verdad verdadera del universo Star Wars, incluía las tres películas, unas pocas novelas y una extraña película que no encajaba en la cronología ni con calzador pero que era objeto de culto. Se trataba de Spaceballs, la Loca Historia de las Galaxias, dirigida en 1987 por Mel Brooks.

Quizá sea porque Spaceballs era una buena parodia de la primera película, quizá sea porque parecía que iba a ser la última película del universo Star Wars (en aquellos años nadie se imaginaba que Lucas perpetraría el Episodio I), tal vez sea porque Mel Brooks es un gran cineasta cómico, o probablemente por la gran densidad de frikadas que contiene, el hecho es que me encanta esa película. Spaceballs viene a ser como el Episodio IV a estilo Aterriza como Puedas.

Estos son algunos de los motivos por los que me declaro un “pelota espacial” irreductible:

ALUSIONES AL EPISODIO IV (y lo siento, pero no pienso llamarlo “Una Nueva Esperanza” ni bajo tortura de la Inquisición). Como buena parodia, las hay por todas partes. Tenemos la nave SuperSpaceball 1 que es más larga que un día sin pan, la princesa Vespa, el pícaro Lonestar pilotando un montón de chatarra y acompañado de su propio felpudo con patas, están los soldados imperiales, el malvado de traje y casco oscuro, el maestro Yoda (perdón, aquí se llama Yogurt) que domina los secretos de la Suerte, el mafioso Pizza el Hutt, el mundo amante de la paz, una especie de Jawas cantando la música de los enanitos de Walt Disney por el desierto, y hasta el largo letrero inicial leído por la extraordinaria voz de Constantino Romero. No tenemos Estrella de la Muerte, pero lo compensamos con el desastroso presidente Pol, que también se da una buena mano en estropearlo todo.

Por supuesto, el argumento viene a ser el mismo: princesa secuestrada, pícaro al rescate, irrupción en la guarida del señor oscuro, huída, ocultación, enfrentamiento final, revelación sorpresa, victoria, todos felices y tal pascual. La fórmula es tan buena que acaban de repetirla en el Episodio VII, así que ¿por qué cambiarla? Todo antes que aguantar más chorradas sobre los midiclorianos y el bloqueo comercial.

EL GUIÑO AL MERCHANDISING. Érase una vez, mis pequeñuelos, una era lejana en la que los beneficios de una película provenían de la venta de entradas, algunos carteles y puede que la edición en vídeo años después. George Lucas lo cambió todo, renunciando a su sueldo de director a cambio de los derechos de mercaderías. Ahora las películas se hacen pensando en el merchandising, que a menudo genera más beneficios que la propia exhibición y la venta en DVD.

Mel Brooks también parodió eso, y a lo largo de Spaceballs aparece todo tipo de productos de la película, desde el papel higiénico hasta las sábanas pasando por vajilla o cereales para el desayuno. El propio Brooks, interpretando a Yogurt, lo explica: “Le ponemos el nombre de la película a todo. Mercaderías, propaganda, de donde salen las verdaderas ganancias de la película

Por si no quedó bien claro que es es una película y van a lo de la pasta, Brooks metió una pulla más: cuando los protagonistas están a punto de despedirse, Yogurt (también interpretado por Brooks) afirma que “quién sabe, si Dios quiere volveremos a vernos en Spaceballs Segunda Parte, a la Búsqueda de Más Dinero.”

Me encantaría comprar el lanzallamas Spaceballs para mis sobrinos pero no es posible. Según IMDB, George Lucas permitió que su película fuese parodiada sin piedad, pero puso como condición que Spaceballs no produjera nada de merchandising. Resulta irónico que una película que anunciaba directamente sus mercancías no pueda venderlas, y Hollywood tuvo que esperar hasta Toy Story para volver a tener una oportunidad similar.

JUEGOS DE PALABRAS. Ya saben que siempre se pierden cosas durante la traducción, pero podemos recordar aquí unas cuantas. El nombre del presidente en la versión inglesa es Skroob, anagrama de Brooks (quien también interpreta a ese personaje) y palabra que suena fonéticamente similar a “screw,” algo así como “que te den.” En español lo convirtieron en Pol, quizá para que sus subordinados lo puedan saludar como “gili, Pol.” La Suerte es, como la dije, Schwartz, que significa Negro en alemán, y según leo era el apellido del representante legal de Brooks, lo que le daba nuevo significado a la frase “que el Schwartz te acompañe.” Y por si se le pasa por alto, cuando Lonestar interfiere el radar enemigo con un bote de mermelada es porque ambas palabras (el verbo inteferir y el sustantivo mermelada) se traducen en inglés como Jam. De nada.

LA LUCHA CONTRA LA PIRATERÍA. Cuando los Spaceballs pierden de vista a los buenos, lo mejor que se le ocurre al comandante es acudir a la videoteca de la nave, que contiene todas las películas de Mel Brooks… incluyendo la propia Spaceballs. Sí, lo han oído bien. Casco Oscuro se queda de una pieza mientras el comandante se lo explica:

“- ¿Cómo puede haber un vídeo de La Loca Historia de las Galaxias si no hemos terminado el rodaje?

– Es cierto señor, pero el mercado del vídeo pirata va en aumento. Vídeo instantáneo, antes de que se acabe la película están en las tiendas”

¿Creía usted, amigo friki, que la piratería y el top manta son cosa de hoy? Pues toma dos tazas.

LA CUARTA PARED. Hay directores de cine expertos en hacer creer al público que están en una película, pero Brooks riza el rizo y se lleva el escenario de rodaje a casa del espectador. Durante la lucha final a sable láser, Casco Oscuro falla su ataque y acaba cargándose ¡a un miembro del equipo de rodaje! Y encima dice que ha sido el otro, el muy cobarde. En otra ocasión, cuando los soldados imperiales creen haber capturado a todos los buenos, resulta que no son ellos sino sus dobles de acción. He visto muchas películas donde el protagonista se libra milagrosamente de ser capturado, pero creo que este caso supera a todos los demás en imaginación. Porque se trata de echarle imaginación y olvidar que se trata de una película, incluso si el propio director te lo está gritando a la cara una y otra vez.

ALIENS Y MÁS ALIENS. Casi al final, nuestro héroe Lonestar y su amiguete Mog paran en un bar de carretera espacial. En un rincón se encuentra un grupo de personas sospechosamente similares a la tripulación de la Nostromo, la nave de la película Alien el Octavo Pasajero. De repente a uno de ellos le entran convulsiones y le sale una criatura tipo alien del estómago. El tipo mira el bicho y susurra espantado “oh no, otra vez no.” Se trata del actor John Hurt, quien también apareció en el reparto de Alien… era el tío al que le salía el bicho por la tripa. Parece que le gustó la escena y Brooks le dio la oportunidad de hacer doblete.

MÁS Y MÁS. Sin ánimo de ser exhaustivo, ni mucho menos de reventar la película a base de spoilers, me limitaré a decir que hay bastantes más guiños y referencias frikis a lo largo de la película, desde la escena final de El Planeta de los Simios hasta Transformers pasando por El Mago de Oz. Dando muestras de sublime troleo, Brooks no se corta en meter incluso referencias de Star Trek en su parodia de Star Wars: el presidente es teletransportado por un tal “Snotty” mientras su subordinado Casco Oscuro pasa de factor warp y lanza la nave a “velocidad absurda,” y el propio Lonestar intenta la pinza vulcaniana contra un guardia spaceball. Y tenía un par de frikadas más pero mejor me callo y dejo que las disfrute usted.

Y el caso es que me han entrado una ganas locas de volver a verla, así que voy a celebrar el día del orgullo friki como Cthulhu manda. Todos en alerta, cierren el circo, evacúen el zoológico… ¡preparados para velocidad absurda!

Nota de calidad certifrikada: 8

Remedios de homeopathy

La fundación de la homeopatía suele atribuirse a Samuel Hahnemann, médico alemán del siglo XVIII. Si bien no podemos tener claro que él fundara sus principios, fue quien los popularizó, y en general se le considera como el padre de la homeopatía.

De acuerdo con sus biógrafos… oh vale, a quién quiero engañar, lo tomé de la Wikipedia. Christian Friedrich Samuel Hahnemann nació en Meissen (entonces electorado de Sajonia, actual Alemania) en 1755. Fue médico, químico, y durante un tiempo estuvo haciendo de aprendiz en la farmacia de su suegro. Hacia 1784, Hahnemann había abandonado el ejercicio de la medicina, por considerarlo un esfuerzo inútil y contraproducente. No podemos censurarlo. En el siglo XVIII el término “ciencia médica” era más bien un contrasentido. Los médicos hablaban de principios vitales, recetaban sangrías para casi todo, y en general sus técnicas y sus medicamentos nos pondrían los pelos de punta en nuestro siglo XXI.

Mientras traducía una obra del escocés William Cullen, aprendió que la quina (la corteza del árbol del quino) era eficaz para combatir el paludismo. Llevado de su curiosidad, Hahnemann decidió probar los efectos de la quina en sí mismo, y notó que eran muy similares a los síntomas de los afectados por el paludismo. Esto le hizo concluir que, si algo causaba un conjunto de síntomas en un individuo sano, ese mismo algo puede curar a una persona enferma que presente ese mismo conjunto de síntomas. Esa fue la génesis del principio fundamental de la homeopatía: simila similibus curantur (lo semejante se cura con lo semejante). La propia palabra homeopatía proviene de los términos homois (similar) y pathos (sufrimiento).

Ahora sabemos que la causa del paludismo es un parásito llamado plasmodium, transmitido principalmente por picaduras de mosquito, en tanto que la quina es un tipo de alcaloide. No hay motivo para pensar que haya similitud en ambos agentes, salvo por los síntomas. En la época de Hahnemann, sin embargo, el de similitud era un principio cuando menos razonable. Desde tiempos antiguos se sabe que una persona podía inmunizarse contra ciertos venenos a base de ingerir cantidades pequeñas de éste. En nuestros días, las vacunas protegen a un individuo gracias a una inyección de los mismos microorganismos responsables de la enfermedad. Por supuesto, ahora lo hacemos porque conocemos el mecanismo subyacente a la vacunación, y hubo que hacer muchas pruebas para demostrar su efectividad.

Además de adoptar el principio de “lo similar cura lo similar,” la homeopatía se basa en ir más allá de los síntomas que van apareciendo, y por ello se persigue un tratamiento integral e individualizado. Los síntomas son un reflejo de un proceso interno no observable, una especie de “fuerza vital” que no puede ser cuantificada por la ciencia; de ahí la importancia de hacer un seguimiento del paciente y de ejercer una atención más allá de los pocos minutos que un médico tradicional emplea en oír al paciente, comprobar los síntomas y decidir el medicamento a recetar.

(En la actualidad también se utilizan sustancias homeopáticas en veterinaria, lo que plantea una duda. Hahnemann habló de la “fuerza vital” aplicada al tratamiento y curación en seres humanos, pero no afirmó explícitamente que estuviese restringida a ellos. Existe, por tanto, una controversia sobre si esa fuerza vital existe en otros seres vivos, y por tanto, si la homeopatía funciona en animales y plantas. Hay partidarios de ambas tesis).

Hahnemann, convencido de su tesis, la desarrolló en los siguiente años. Con objeto de no perjudicar al enfermo, diluyó las muestras de las sustancias que probaba. Sorprendentemente, una sustancia altamente diluida parecía ser tan eficaz como en estado concentrado, a condición de que hubiera sido sometida a un proceso de agitación. A estos procesos los denominó potenciación (dilución) y sucusión (agitación).

Es decir, la elaboración de un preparado homeopático se basa en estos sencillos pasos:

1) Se toma una sustancia que tenga efectos similares a los de una enfermedad o dolencia

2) Se diluye o mezcla con otras sustancias inocuas (generalmente, agua o lactosa)

3) Se agita vigorosamente

4) Se tira la mayor parte del preparado

5) Vuélvase al paso 2, hasta que se consiga una solución lo bastante diluida para no causar daños al organismo

Como ve, en la preparación de sustancias homeopáticas prima lo sencillo, y de hecho, es el proceso que hoy día continúan usando las industrias homeopáticas (existen ligeras variantes, como puede ver usted en p. ej. esta web sobre homeopatía).

Hahnemann comenzó a utilizar su nueva técnica en 1792. Tome usted un libro de historia, y comprobará que el continente europeo tenía cosas más importantes en qué pensar, como revoluciones, guerras civiles, invasiones, etc. Sin embargo, sus teorías fueron comprobadas por él mismo, y posteriormente puestas por escrito. Tras las guerras napoleónicas, la práctica homeopática se extendió a diversos países.

En España comenzó a difundirse hacia 1821. Ocho años después, María Cristina de Borbón, prometida del rey Fernando VII, llegó a España acompañada por su médico, con notable experiencia en homeopatía. En 1832, Prudencio Querol se convierte en el primer médico español que utilizó públicamente la homeopatía, y en 1845 se fundó la Sociedad Hahnemanniana Matritense, primera asociación sobre esta terapéutica en España. El lector interesado en la historia de la homeopatía en España puede consultar el Libro Blanco de la Homeopatía, redactado por la Cátedra Boiron de Homeopatía (Universidad de Zaragoza).

A comienzos del siglo XX, sin embargo, la homeopatía entró en una época de vacas flacas. Las técnicas médicas y farmacéuticas científicas se desarrollaron y aumentaron su eficacia cada vez más, y la homeopatía comenzó a convertirse en algo que se heredaba de padres a hijos en lugar de atraer nuevos miembros por convicción. Tampoco ayudó, por supuesto, el que no hubiese una corriente única de pensamiento en el mundo homeopático, y las revueltas internas abundaban.

Según el Libro Blanco, “La Guerra Civil de 1936 condicionó nuestra historia en todos los ámbitos, marcando un punto de inflexión en la evolución de la sociedad, la cultura y la ciencia… durante la época de la posguerra, por razones diversas, algunas de posible índole política, aun cuando la homeopatía nunca fue prohibida por el régimen… fueron escasos los médicos que continuaron practicando la homeopatía.” También contribuyó la extensión del seguro de enfermedad, con consultas médicas y medicamentos gratuitos.

Con la vuelta a la democracia, la homeopatía disfrutó de un renacimiento en nuestro país. El clima de libertad en la nueva España democrática de los años setenta se unió a la corriente hippy de la época para potenciar un resurgimiento de las terapias naturales alternativas a la medicina clásica tradicional. En la actualidad se autoclasifican en el campo de las terapias “complementarias,” indicando con ello que no deben entenderse como competencia de la medicina convencional.

En la actualidad, según fuentes del sector, casi un cuarto de millón de médicos de todo el mundo utilizan terapias homeopáticas sobre más de 300 millones de pacientes. El país donde se utiliza más profusamente es Francia, país donde Hahnemann vivió sus últimos años, y donde radica la mayor multinacional de productos farmacéuticos del mundo, Boiron. Otros países donde la homeopatía disfruta de un fuerte arraigo son Reino Unido, Alemania, Bélgica y Suiza; en este última país, la homeopatía fue aceptada mediante referéndum popular en mayo de 2009.

En España, la Ley del Medicamento de 1990 incluyó en su artículo 54 una referencia a los medicamentos homeopáticos, cuya regulación fue hecha mediante Real Decreto en 1994. Dicha Ley fue actualizada por la 29/2006, con una nueva regulación de autorización en virtud del RD 1345/2007, todo ello en consonancia con la Directiva Europea 2004/27/CE. En julio de 2008, la Organización Médica Colegial reconoció explícitamente la homeopatía como acto médico.

Más recientemente, Boiron firmó un acuerdo con la Universidad de Zaragoza para crear la Cátedra Boiron de investigación, docencia y divulgación de la homeopatía. Dicha cátedra funciona desde finales de 2010, y recientemente logró uno de sus objetivos: la redacción del Libro Blanco sobre Homeopatía.

En resumen, parece que la homeopatía goza de muy buena salud. Está ampliamente difundida, cada vez se dispensa en mayor número de farmacias, no tiene efectos nocivos y puede obtenerse sin receta.

¿Qué podría salir mal?

[Extraído del libro “¿Homeopatia? Va a ser que no” Si quieres leer más, aquí tienes el libro completo. Sí, gratis]