La evaluación única final, otra mala idea

Creo que he suspendido (2)

Septiembre, tiempo de exámenes, de preparación de clases y, sobre todo, de mil papeles. La Universidad, muy boloñesa ella, nos obliga a los profesores a redactar guías docentes, encuestas y todo tipo de pérdidas de tiempo. Qué le vamos a hacer, ya estamos resignados.

El hecho es que, papeleo aparte, yo pienso que Bolonia ha sido una buena idea. Sí, he dicho eso. Por supuesto, no quiero decir con ello que me guste cómo la han planteado, que no sea mejorable; y ojalá al inventor de tanta guía, manual, Verifica, encuesta, informe y aplicación informática le de un ataque de caspa seborreica que no se cure ni llamando a Chuck Norris.

Dicho lo anterior, creo que es bueno que a los profesores nos den un meneíllo en la dirección correcta de vez en cuando. Uno de los puntos en que veo que mejoras es en la evaluación del alumno. Olvidada ya la leyenda urbana de la evaluación continua (que no hay quien la haga, digan lo que digan), los títulos de grado nos permiten al menos distribuir la nota final entre diversas pruebas y hacer una especie de evaluación más o menos continuada.

En las antiguas licenciaturas, la idea era siempre la misma: el examen final va a misa. Sí, hacíamos prácticas de laboratorio, pero la nota no influía mucho en el resultado final. Había que aprobar el final, o de lo contrario no pasabas. Ahora no es así. Los profesores debemos dar una calificación final en virtud a varios elementos de juicio. El examen final sigue siendo importante, por supuesto, pero también contribuye a la calificación final las prácticas de laboratorio, las actividades académicamente dirigidas, los “trabajillos” que le encarguemos a los alumnos y, en general, todo lo que se nos ocurra al respecto.

Lo cual me parece estupendo. En tiempos de la licenciatura me hartaba de decirle a los alumnos que las prácticas eran obligatorias, que si no las haces ni siquiera te podrás presentar a examen. Pues nada, un tercio de los alumnos no asomaba la jeta por el laboratorio ni para decir ahí te pudras. Afortunadamente, luego no iban al examen final, o se limitaban a suspenderlo. Ahora les digo que las prácticas no son obligatorias pero que quien se decida a hacerlas puede conseguir hasta el 20% de la nota global. ¡Y ahora tengo overbooking en el laboratorio! Asiste un porcentaje superior a cuando eran obligatorias. Indudablemente funciona mejor la zanahoria que el palo.

Luego tenemos las “actividades académicamente dirigidas,” que es una forma genérica de decir “bueno, vamos a ver si a esta gente la ponemos a hacer algo interesante.” Ahí podemos hacer muchas cosas, y la idea es no estar tan encorsetados con el temario. Sí, hay que ver la teoría, pero también podemos interesarlos por otras vías. Yo les hago que examinen películas y describan elementos de buena o mala física. Es lo mismo que hago yo en clase, pero ahora son ellos los que tienen que echarle imaginación; y amigo, vaya si se la echan. Puede verlo usted mismo, si le interesa, en este canal de YouTube.

Si le echan un vistazo a mi guía docente para este curso, verán que califico de la siguiente forma:

– 40-60 % por el examen final

– 20-40 % por prácticas de laboratorio

– 5-10 % otros aspectos evaluables

(los números varían de un profesor a otro, pero por ahí van los tiros). Yo llego incluso al extremo de puntuar por asistencia. Sí, como en primaria. Quien vaya asiduamente a clase demuestra interés, y en mi opinión eso debe valer algo. No doy mucha nota por eso (medio punto extra como mucho), pero anima a los estudiantes y les transmite la idea de que ir a clase es algo interesante.

Por supuesto, no todos los profes son tan chachipirulis como yo. Algunos pasan de modernidades y boloñeces, y siguen a piñón fijo con la misma historia un año tras otro. Hay quienes tienen tanto miedo a romper el tabú del examen final que evalúan actividades como las prácticas o los trabajos para tenerlos en cuenta en la nota global, vale, pero con la condición sine qua non de sacar un cinco en el final. Yo me he desmelenado en ese punto, y con que un alumno sume cinco me vale, aunque haya sacado un tres en el examen. No diré que mi método sea mejor o peor, que cada cual ve las cosas a su forma, pero al menos es una forma que tenemos de evaluar al alumno de la forma más completa posible, y de evitar ese mal rollo de jugárselo todo a una carta.

Pero nada, hay quien no se entera. Hace poco tuvimos movida gorda en el Consejo de Departamento. Cuando ya teníamos nuestros sistemas de evaluación listos y en funcionamiento, la Universidad de Granada, en la que trabajo, nos sale con algo llamado evaluación única final (EUF). Por lo visto, hay quien cree que el alumno tiene derecho a jugárselo todo a una carta, justo lo que siempre han luchado por evitar. No sé quién ni por qué, pero por lo visto es una decisión a nivel nacional. Por lo que alguien me contó, parece que alguien esgrimió ese “derecho” (lo pongo entre comillas porque no lo veo como tal derecho), pleiteó y ganó. Y ahora tenemos que arrastrar este rescoldo decimonónico.

La Normativa de Evaluación de la UGR lo pone bien claro: solamente podrán acogerse los alumnos que tengan problemas laborales, de salud, discapacidad u otras causas debidamente justificadas. Esta evaluación se hará “en un solo acto académico,” en el que se incluirá todas las pruebas necesarias para acreditar que el estudiante ha alcanzado las competencias descritas en la guía docente, bla, bla.

No me gusta. Lo digo así de claro. Y muchos otros profesores están de acuerdo conmigo. Volver a la prueba única para evaluarlos a todos, en pleno siglo XXI y con Bolonia por todos lados, es en mi opinión una regresión al siglo XIX.

Por otro lado, los criterios de la EUF no están nada claros. A despecho de las referencias a problemas de salud, discapacidad u otros, es el profesor quien debe juzgar eso. O eso creo, porque la Normativa de mi Uni no está clara en ese punto. En cualquier caso, tendremos alumnos que abusarán del sistema. Ya saben, los que no están por la labor de ir a clase o al laboratorio cuando les toca, prefieren irse de juerga, y a la hora de la verdad pondrán como excusa que tienen a su abuelito enfermo, cuando lo que pasa es que no tienen ganas de tanto trabajo, seminario, y en definitiva, de currarse la asignatura. Mejor seguir con el examen único, como en bachillerato. Si me sale bien, me quito la asignatura entera de un plumazo; si no, puedo llorar en casa y quejarme de que el profe me tiene manía, que el examen lo han puesto muy difícil, y ya si eso lo intentaré en la próxima convocatoria.

Puede que usted, lector, piense que la EUF es una buena idea, y que le vendrá muy bien a los alumnos que tengan problemas para ir a clase, por ejemplo porque tengan trabajo a esas horas. A eso le tengo que rebatir con los siguientes argumentos. En primer lugar, la EUF no se ha diseñado con el bienestar de los alumnos en mente; la han montado para evitarse un juicio, o para cumplir uno que hayan perdido. No sé cuál es el caso exacto, pero le aseguro que yo no he oído hablar de ese tipo de prueba hasta que nos trajeron la Normativa al Departamento. No nos han consultado, no nos han permitido opinar o poner nuestra experiencia al servicio de las cosas bien hechas. Alguien se ha descolgado con ese engendro, y ahora nos toca a los profes apechugar.

En segundo lugar, ¿cómo demonios voy yo a evaluar a un alumno en un solo acto académico, es decir, en una sola tacada? El examen teórico es fácil: preguntas, cuestiones y fuera. Otra cosa es el laboratorio de prácticas. Sé que hay compañeros que hacen exámenes de prácticas. Yo siempre he visto eso un absurdo, porque las prácticas son prácticas por definición, por eso se llaman prácticas. Hay cosas que no se aprenden más que poniéndose a hacerlas. En los exámenes de conducir, ¿cómo es la prueba práctica? Exacto: uno se sube en un coche y demuestra que sabe llevarlo. Si careces de reflejos o no sabes orientar bien el retrovisor, la única forma de comprobarlo es frente al volante.

Ahora tendré a un alumno que no ha pasado por el laboratorio de prácticas porque no le da la gana, y resulta que tengo que idear una prueba que me garantice que sabe manejarse en el laboratorio. Tendré que llevármelo allí y que haga una práctica, porque no se me ocurre otra cosa. Por supuesto, tendrá que ser una práctica sencilla, no le dará tiempo a hacer el informe escrito, y por supuesto no aprenderá nada en el proceso.

Y respecto a los otros alumnos, los que han hecho varias sesiones y rellenado sus correspondientes informes semana tras semana, ¿qué cara se les pondrá cuando vean que su compañero se ha saltado todo eso y ha sido evaluado en pocos minutos? Se sentirán estafados. Se correrá la voz, y el año que viene me dirán que las prácticas las haga Rita la cantaora. Y no solo las prácticas sino cualquier actividad académicamente dirigida, trabajos de seminario (cosa que les puede llevar semanas), salidas al campo, conferencias; todo eso lo verán como trabajo perdido. Si su compañero puede escaquearse de ello, ¿por qué no nosotros? Vuelta a la prueba única, a jugarse el futuro a la carta más alta, y a tomar por saco con lo poco que hay bueno en los títulos de grado.

Finalmente, permítanme desmontar el argumento de que la EUF solucionará la papeleta a los alumnos con problemas de movilidad, salud, bla, bla y más bla. En este punto, voy a hablarles con la experiencia de veinte años largos frente a la pizarra. Cada año, casi sin excepción, la primera semana me llegan varios alumnos con problemas de todo tipo. Este lamenta muchísimo no poder venir a clase porque está trabajando; ese tiene problemas con el horario de prácticas; aquel de allí perderá dos semanas porque lo van a operar; el de más allá todavía no sabe si le aceptarán el cambio de grupo.

Bien, pues créanme si les digo que jamás, y digo JAMÁS, se me ha planteado un problema que no pudiésemos resolver entre ellos y yo. Que un compañero te tome los apuntes mientras estás enfermo; tranquilo, no pasa nada si no vienes los martes; vamos a ver en qué grupo de prácticas de tarde te meto si no puedes venir al de mañana; ven a mis clases y si no te conceden el cambio de grupo hablaremos con el otro profesor y lo arreglamos. En cierta ocasión, llegué al extremo de hacer un examen especial en el hospital, para un alumno que estaba convaleciente de una operación. Aprobó.

Que no me vengan con tonterías. La evaluación única final no es más que una solución en busca de un problema inexistente. Por eso los departamentos ponen tantas pegas. En mi Uni, hay que pedirlo en las dos primeras semanas del curso; al menos hasta que llegue uno de esos alumnos que tarda mes y medio en matricularse (que a veces pasa), decida ejercer su derecho, vea que se le ha pasado la fecha, proteste alegando indefensión, monte el pollo y lo gane.

Al final pasará esto con la EUF, si es que no está pasando ya: la boicotearemos. Pondremos condiciones difíciles para acceder a ella, el examen será duro, habrá restricciones temporales. Los alumnos recibirán el mensaje alto y claro: no nos jodas. ¿Problema resuelto? No. Los profesores no deberíamos ir en plan duro para disuadir a los alumnos de seguir esa senda. Sencillamente, no debería existir esa opción. Ya que nos han montado la gran movida para que seamos europeos y estupendillos, ¡déjennos serlo! No nos monten un mundo feliz con pruebas parciales, evaluaciones integrales, calificaciones a la americana, y luego nos impongan una solución caduca que no encaja ni con cola en los planes actuales.

Y sobre todo, dejen de volvernos locos. ¿Quieren que seamos “uropeos”? ¿Quieren que volvamos a los arcaicos métodos del pasado? Decídanse de una maldita vez, y déjennos hacer nuestro trabajo en paz. No es mucho pedir. Ah, ya, que es Wert. Vale.


3 Comentarios

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Angel

A nosotros (Extremadura) no nos han dicho nada de esto por lo que “nacional” no debe ser. En cualquier caso, una mala idea porque, además de lo que has argumentado, esa “prueba” debería tener la seriedad suficiente como para ser equivalente a todas las demás. Y eso, si el alumno ha pasado de todo, será imposible de superar.

Yomes

Como buen alumno de la Universidad de Granada, no puedo evitar sentirme identificado con muchos de los casos que presenta, y éste no es una excepción… aunque discrepo con la diferencia entre los planes antiguos y los basados en el Bolonia.
En mi Escuela siempre ha habido profesores que hacían exámenes parciales (tanto cuatrimestrales como “parcialillos”) y un final de recuperación; los que sólo hacían el final; los que valoraban las prácticas para aprobar, sólo para subir nota o simplemente obligatorias (incluso optativas sin valor alguno en la evaluación); los que exigían asistencia, o la valoran, o les daba igual… y ahora, con el nuevo plan, lo único que ha cambiado es que los parciales cuatrimestrales son finales. Punto.
Ah, también había alguna asignatura en la que las prácticas son el único medio de evaluación… y el examen final obligatorio era imposible de aprobar, precisamente para que nadie osara solicitarlo (y para que quien lo solicitase no tuviera más remedio que repetir y hacer sus prácticas). Eso tampoco ha cambiado…

Christian Kell

Has oido hablar de los “exámenes imposibles”? pues eso, “una única prueba”, significa que ha de ser en un solo acto… dejame decirte uqe una vez, estando estudiando, un porfesor nos ofreciií (sí, como suen) la posibilidad de hacer un examen con todo el material de apoyo que quisiéramos disponible, libros, apuntes, portátiles… (tiempo limitado como cualquier examen, eso sí). También nos aseguró que depositaría una plantilla de respuestas y valoración del examen ante notario y que no iba aprobarlo ni el Tato… y todo ciñéndose a la normativa al respecto.

Por supuesto, dijimos que preferíamos los examenes sin apuntes ni nada, como siempre, papel y boli y listo.

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