Perdón para Alan Turing

Turing

[Este artículo fue publicado el 9/02/2012 con el título “No hay perdón para Alan Turing.” Lo he reproducido y actualizado para incluir los últimos acontecimientos; y también he corregido el título, que ya iba tocando]

Después de sesenta años, el criptoanalista Alan Turing ha sido por fin perdonado. Una petición popular de indulto fue rechazada por el gobierno británico en 2012, pero finalmente la Reina cuyo trono ayudó a preservar le ha concedido el perdón.

Seguro que cualquiera que haya estudiado informática habrá oído hablar de Alan Turing. Quizá no sepan de la vida y milagros de este talento matemático, pero seguro que conocen el test de Turing y la máquina de Turing. Puede que algunos pocos sepan de su papel como criptoanalista durante la Segunda Guerra Mundial. Y muy pocos sabrán en qué circunstancias halló la muerte.

Alan Matheson Turing nació en 1912. Su talento para las matemáticas le permitió graduarse con honores en el King´s College de Londres. Pronto se centró en el conocido como “problema de decisión” (Entscheidungsproblem). Propuesto por el matemático David Hilbert en 1928, este problema consistía en determinar si existe un algoritmo, o cadena de pasos lógicos, que permita determinar si una afirmación es verdadera o falsa; dicho de otro modo. Turing atacó el problema imaginando una máquina calculadora capaz de resolver cualquier problema matemático. Por medio del concepto de máquina (universal) de Turing consiguió demostrar que la respuesta es negativa. No hay máquinas capaces de resolver cualquier problema, y no hay forma de demostrar todas las afirmaciones. Algunas preguntas no tienen respuesta posible.

Turing intentó imaginar cómo podría ser su máquina conceptual, pero la Segunda Guerra Mundial le obligó a posponer su trabajo en ordenadores. Su capacidad matemática le llevó a la Government Code & Cipher School (GC&CS), una instalación secreta del gobierno ubicada en Bletchley Park y pensada para romper los códigos secretos alemanes. Junto a Dilly Knox, comenzó a trabajar en el problema de la máquina Enigma usada por las fuerzas armadas alemanas. En aquellos tiempos, el grupo de criptoanalistas polacos de Marian Rejewski ya había dominado ese tema, pero los ingleses todavía no lo sabían, y el “Tratado de Turing sobre la Enigma” (conocido como “el libro del Profe”) fue el “manual” no oficial sobre cómo destripar los códigos Enigma.

Los logros de Alan Turing en el campo del criptoanálisis son enormes, y nos llevaría mucho tiempo detallarlos. Baste decir que su trabajo fue de enorme importancia. Desarrolló un invento llamado “bomba,” un dispositivo mecánico que permitía obtener las claves Enigma, y dedujo el complicado sistema de indicadores para ajustar la Enigma naval, mucho más difícil que la militar. Incluso en un lugar tan lleno de talento como Bletchley Park, Turing destacada sobre los demás. Era un gigante entre los grandes. La importancia que tenía en aquellos momentos el centro de descifrado queda ejemplarizada con una conocida anécdota. En octubre de 1941, hartos de trabas burocráticas, Turing y otros tres criptoanalistas (Welchman, Alexander y Milner-Barry) puentearon los canales oficiales y enviaron una carta al primer ministro contándole los problemas que estaban teniendo. Churchill, que tenía en muy alta estima a sus “gansos que ponían huevos de oro y nunca cacareaban,” tomó cartas en el asunto, y en un memorándum a su asesor militar dictó una famosa Orden del Día:

Asegúrese de que tengan todo lo que quieran, con prioridad extrema, e infórmeme de que se haya hecho así

… y me permito recordar al lector que, con una guerra en múltiples frentes y la propia supervivencia del país en juego, “prioridad extrema” eran palabras mayores.

Terminada la guerra, Turing se dedicó al diseño de la que sería su “maquina Universal” hecha realidad, el ACE (Automatic Computing Engine). Entre sus muchos logros, encuentro en la Wikipedia que fue él quien desarrolló un método de resolución de matrices denominado “descomposición LU,” y que yo utilizo en mi trabajo de simulación científica (Moe, código fuente).

Pero todos los logros de Turing fueron inútiles para ayudarle en lo que se le venía encima. Resulta que era homosexual, y eso no solamente lo convertía en un peligro de seguridad (por los riesgos de chantaje) sino que en aquella época era ilegal. Los superiores de Turing durante la guerra, o no sabían de su condición, o miraron para otro lado. Pero en 1952, la cosa cambió. En enero, la casa de Turing fue asaltada, y el ladrón resultó ser un amigo Alan Murray, que vivía con Turing. Éste fue a dar parte del robo a la policía, y casi sin darle importancia reconoció que tenía una aventura con el tal Murra. Tal como relata Stephen Budiansky en Battle of Wits, “buscar ladrones era un trabajo duro, pero procesar a gente que entra en la comisaría de policía y ofrece una confesión era fácil.”

¿Y qué delito había cometido Alan Turing? Indecencia mayor, un delito reflejado en la ley penal de entonces. No importaba que fuese una ley de la era victoriana (1885, nada menos). En lugar de molestarse en buscar al ladrón, Turing se convirtió en la víctima. El gobierno británico tardó poco en retirarle la acreditación de seguridad, en un movimiento que recuerda vagamente al de Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, apartado de su cargo tras la guerra por pretendidas simpatías comunistas. Turing fue retirado de su trabajo con ordenadores, se le prohibió continuar sus labores de consultoría con el GCHQ (Government Communications HeadQuarters, sucesor del GC&CS), y solamente se libró de una condena de dos años de cárcel a cambio de someterse a una terapia hormonal (un modo de castración química, en realidad). Tras dos años de profunda depresión, el 7 de junio de 1954 mordió una manzana impregnada en cianuro y se suicidó. Tenía cuarenta y dos años.

El hombre que en 1999 fue escogido por la revista Time como una de las cien personas más importantes del siglo XX hizo una contribución invalorable al esfuerzo de guerra aliado. Su nombre es mítico en el mundo de la informática, y 2012 ha sido declarado Año de Alan Turing en Inglaterra. A pesar de ello, seguía pesando sobre él la losa de esa condena por “indecencia mayor.” El 10 de septiembre de 2009, tras una campaña pública, el primer ministro Gordon Brown realizó una declaración de disculpa:

Su tratamiento fue, por supuesto, de lo más injusto, y me alegro de tener esta oportunidad para decir lo profundamente que lamento lo que le ocurrió … Es gracias a … gente como Alan Turing que los horrores del Holocausto y de la guerra total son parte de la historia de Europa, y no de su presente. En nombre del gobierno británico, y de todos aquellos que viven libres gracias al trabajo de Alan, me siento orgulloso de decir: lo sentimos, se merecía usted algo mejor

Pero a pesar de ello, mucha gente consideraba que Alan Turing debía ser reivindicado de forma más formal, mediante un indulto póstumo. Parece lo mismo, pero hay matices importantes. Una disculpa (apology) era una forma de decir “perdón, le tratamos mal” y un indulto (pardon) es algo así como “usted no hizo nada malo.” Cuando llegó la disculpa de Gordon Brown, hubo quien pensó que había que pedir disculpas a Turing por lo mal que lo trataron, pero que realmente se le condenó por una ley vigente en su epoca.

En 2012, una petición de indulto fue admitida a trámite en la Cámara de los Lores, y aunque estaba apoyada por personalidades como Stephen Hawking, acabó siendo rechazada por el gobierno británico. Los motivos aducidos por el ministro de Estado fueron estos:

No se consideró un indulto póstumo, ya que Alan Turing fue condenado por lo que en aquel tiempo era una ofensa penal. Debía haber sabido que su delito era contra la ley y que sería procesado. Es trágico que Alan Turing fuera condenado por un delito que ahora parece tanto cruel como absurdo, particularmente si tenemos en cuenta su sobresaliente contribución al esfuerzo de guerra. Sin embargo, la ley de aquellos tiempos exigía un procesamiento, y la política al respecto ha sido siempre aceptar que tales condenas tuvieron lugar, en lugar de intentar alterar el contexto histórico

Lo triste del asunto es que, técnicamente, el señor Lord tiene razón. Turing fue juzgado y condenado por leyes vigentes en aquel momento. Pero según ese razonamiento, también deberíamos aceptar la validez el Holocausto judío porque era legal según las leyes alemanas de la época. Todavía tenemos los españoles el sambenito de bárbaros incivilizados por la herencia de la Inquisición … que también actuó legalmente en su momento. Que una ley sea legítima no la hace necesariamente justa.

Alan Turing continuó oficialmente condenado por indecencia mayor. Hasta ahora. En una sorprendente maniobra que ha cogido desprevenido a todo el mundo, la Reina Isabel acaba de concederle el perdón. La expresión oficial es “gracia y clemencia” (Grace and Mercy), una prerrogativa real muy raramente utilizada; tanto es así que Turing es la cuarta persona en ser perdonada en todo el reinado de Isabel. Este acto de perdón resulta más insólito, ya que según explica The Independent, “el perdón suele otorgarse cuando la persona es inocente del delito y cuando hay una petición hecha por alguien interesado, como un miembro de la familia. El perdón de Turing ha sido concedido sin que se cumpliera ninguna de esas condiciones.

Incluso con tal extraordinaria medida, hay quienes no están satisfechos. La gente de The Register recuerda que miles de personas fueron condenadas bajo la misma ley que Turing, incluyendo al famoso escritor Oscar Wilde. Hay quien va más lejos y piensa que debió ser Alan Turing quien perdonase a Inglaterra, no al revés. Pero considerando que el ilustre matemático no está disponible para conocer su opinión, quizá sea llevar las cosas demasiado lejos.

Lo importante es que la reina Isabel II, que ascendió al trono apenas un año antes del fallecimiento de Turing, ha cerrado por fin esa deuda que tanto ella como su reino contrayeron con él. Y lo ha hecho con un perdón real firmado el 24 de diciembre. Que el espíritu navideño acompañe a Alan Turing y a todos lo que nos alegramos por él. Feliz Navidad, maestro Turing.


2 Comentarios

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AnonymousAnonymous

Eso del indulto es para los culpables. En cuanto a Turing, ya nada se puede hacer por él. En cuanto a otros afectados por la ley, que todavía estén vivos, les podría corresponder la aplicación retroactiva de la ley penal más favorable.

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