¿Qué recuerdas de clase de ciencias?

Por Arturo Quirantes, el 28 febrero, 2020. Categoría(s): Ciencia ✎ 7
Clase de matemáticas en Futurama
Atentos, chicos, que luego esto os hará falta…

Llevo un tiempo sospechando que las lagunas que traen mis alumnos a clase son mares interiores. Resulta especialmente doloroso en matemáticas, que usamos masivamente en Ciencias como herramienta. Como no sé lo que saben, me paso un tiempo precioso en clase de Física dando repaso de álgebra vectorial, derivación, integrales… y por ciertas aportaciones que he leído por Twitter, dudo de que algunos de esos temas los hayan visto siquiera.

Para intentar paliar el problema, he pensado: bueno, ¿por qué no pregunto por ahí? Y esto es lo que estoy haciendo en este preciso momento.¿Qué recuerdas de matemáticas, amigo lector?

Como me resulta lento procesar vuestros comentarios, he agilizado los trámites por medio de un documento de Google Docs. Se trata de unas pocas preguntas sencillas sobre aspectos de matemática preuniversitaria que habréis visto (o puede que no).

Os pido, pues, vuestra ayuda en este tema. Podéis contestar todos, gentes de ciencias y de humanidades; de secundaria, bachillerato, universidad. No tenéis más que abrir el enlace que os incluyo a continuación:

¿QUÉ RECUERDAS DE CLASE DE CIENCIAS?

Los datos son anónimos, y aunque no proporcionaré acceso directo a ellos sí que quiero hacer una entrada de blog con los resultados.

A ver qué me encuentro.

Gracias a todos de antemano. AQ.



7 Comentarios

  1. Resulta curioso que la encuesta muestre que son 4 páginas, y en la primera ocasión muestre unicamente las páginas 1, 2 y 4, y pensando que había un error la hice nuevamente y esta vez mostrase las páginas 1, 3 y 4.

  2. 1Recuerdo que los profesores siempre abrían curso dejando claro qué conocimientos teníamos que traer mascados de cursos anteriores, que ellos mismos habían impartido y en los que no habíamos dado esos temas. ¿Amnésicos o jetas?
    2Recuerdo que jamás hubo examen que se pudiese aprobar (suficientillo siquiera) sabiendo a la perfección el contenido de libro de texto y lo que los profesores denominaban apuntes y ejercicios. Su » trabajo base» de documentación» nos era insuficiente ante sus propios exámenes.
    3Recuerdo que tras una licenciatura de cinco cursos en ciencias, con carga de prácticas (y buenas pelas que subía la matrícula) no se nos capacitó para ninguna (estrictamente comprobado por BOE´s y consultas a Ministerio y Colegio oficial) de las atribuciones profesionales legalmente reconocidas. Incluso para ser profesor en secundaria se nos imponían hueros cursos de aptitud psicopedagógica fuera de programa. ¿Dejación de funciones? de la Universidad o de sus profesores y cátedros.
    Si, a la larga solo permanecen los buenos recuerdos.

  3. Quirantes, supongo que otro tema donde hay lagunas es en la historia de la física. Un error habitual que tiene un sesgo identitario o regionalista afecta al recordatorio histórico y técnico del principio de inercia. Es habitual que los comentadores anglosajones minusvaloren los hallazgos fundacionales de Galileo y Descartes acerca del principio de inercia. Una excepción a ese ninguneo la constituye Thomas S. Kuhn que, en su obra “La revolución copernicana”, describe esta cuestión de un modo objetivo.

    Según el profesor Kuhn fueron Galileo y Descartes los primeros en establecer con base científica el principio de inercia. Este avance despejó el camino para postular una relación causal entre la caída de los cuerpos en la superficie terrestre y la caída de los planetas en torno al sol. Kuhn duda si otorgarle a Hooke o a Newton la paternidad de la ley de la gravedad pero no duda en considerar muy probable que Hooke y Newton siguiesen la idea cartesiana que estipulaba que el mecanismo de las caídas en la superficie terrestre y las caídas planetarias es el mismo.

    Más allá de la hagiografía anglosajona se encuentran autores importantes que estudiaron la inercia, la gravedad y las leyes del movimiento. A saber: Copérnico, Kepler, Bruno, Borelli, Galileo, Descartes, Huygens.

  4. Quirantes, permíteme añadir esta nota sobre un tema que me parece relevante y que requiere algunos matices. Me refiero al uso del lenguaje retorizante para rechazar las tesis y conjeturas de la física teórica y experimental. Un ejemplo lo tenemos en los debates de algunas cuestiones: las sutilezas de la mecánica cuántica aún sin explicar, la teoría de cuerdas, la conjetura de los universos múltiples, la mecánica de los agujeros negros.

    En algunos foros de ciencia de habla inglesa se utiliza el término “unscientific” para rechazar o ridiculizar las tesis y conjeturas que no se ajustan al mainstream. El término en cuestión no tiene traducción literal al español porque “incientífico” no parece inteligible. Mejor traducir por no científico o paracientífico. El adjetivo exótico aplicado a ciertas propuestas ha caído en desuso por la creciente beligerancia que se observa en las polémicas que atañen a la física. Se prefiere una retórica más agresiva y reduccionista.

    Cuando una propuesta sospechosa de no ser científica se descalifica de plano, con rotundidad apriorística, observamos una retórica que pretende ser axiomática, Aristóteles argumentó con acierto que la retórica tiene un carácter persuasivo y emocional. Así, el discurso del orador y el escritor se dirige a conmover a sus destinatarios suscitando reacciones de placer, agradecimiento, odio, miedo, etc. Pero aplicar los procedimientos de la retórica clásica a los desarrollos teóricos y experimentales de la física tiene dificultades. Por ejemplo, el lenguaje formal y axiomático de la matemática obedece a sus propias reglas. El axioma es un instrumento lógico que se basa en una premisa plausible de ser verdadera y de esta premisa se infieren otras proposiciones para obtener una conclusión coherente con el axioma.

    Sin embargo, en la moderna teoría de modelos un axioma es solo una asunción, y en modo alguno se considera que la verdad o falsedad de los axiomas dependa del sentido intuitivo que se le pueda atribuir, o se recurre a que puedan ser autoevidentes. Esto quiere decir que calificar de no científico o paracientífico a modelos, hipótesis y conjeturas alternativos es contradictorio. Es decir, en esa operación de eliminación del modelo alternativo se hace un uso retorizante y no científico del lenguaje. Hay modelos alternativos erróneos como el terraplanismo cuya refutación exige el manejo del lenguaje formal y axiomático, de otra manera resulta imposible refutarlo. Aquí el uso retorizante del lenguaje esgrimido por los terraplanistas es incongruente con el lenguaje matemático de la física. Esto no tiene nada que ver con la tesis de los universos múltiples que posee un sustrato teórico y matemático plausible de ser verdadero.

    Los argumentos de los objetores de la conjetura de los universos múltiples se resumen en dos oraciones que predican lo mismo: no es científico defender la existencia de lo que no observamos y por consiguiente no es necesario añadir nuevas hipótesis al modelo vigente. Se acude al principio de simplicidad que debe regir el acontecer de la teoría física y a la vez se efectúa la defensa subjetivista, sesgada, del método científico. El uso retorizante del argumento científico ante la conjetura inesperada se muestra cerrado en el espacio y el tiempo y acotado a uno o varios enunciados que no responden al desafío de la novedad. Así, las oraciones arriba citadas son enunciativas o explicativas del modelo vigente, no añaden novedad alguna y terminan siendo redundantes. Insistir en lo ya sabido es repetición, la redundancia impide el acceso a otra perspectiva. Se produce un doble bloqueo que esteriliza la reforma del modelo desde dentro y también se blinda ante las propuestas externas divergentes al modelo vigente.

    Obsérvese el nosotros mayestático de la oración “no es científico defender la existencia de lo que no observamos”. Ese nosotros que tiene vocación universalista alude a la corriente dominante, pero en un punto tangencial al mainstream hay propuestas que no se enmarcan en la corriente dominante y por tanto son incongruentes respecto de los argumentos de los defensores del modelo imperante. Que una hipótesis sea parcial o totalmente incongruente respecto del modelo convencional no la debilita ya que las teorías científicas están sujetas a modificación y mejora. Con frecuencia la hipótesis alternativa mejora el esquema anterior.

    Según Wikipedia, la tipología del tópico retórico incluye varios elementos: persona, cosa, lugar, instrumento, causa, modo, tiempo, etc. Fijémonos en el elemento tiempo. El predicado de las oraciones citadas propone un límite epistémico y experimental que determina que lo que no se observa no es materia de investigación. El tiempo se clausura en una fórmula lingüística que asegura que no se produzcan intromisiones epistémicas que agrieten el modelo vigente. Esta congelación del tiempo no parece científica porque impide las aproximaciones heurísticas y experimentales a una cuestión que se expulsa fuera del tiempo y en consecuencia no es accesible a la investigación.

    Por el contrario, un grupo de matemáticos y físicos piensan que los universos múltiples son plausibles. En defensa de su posición exponen fórmulas bien desarrolladas que poseen consistencia lógica y matemática. Podrán estar equivocados pero al menos merecen la oportunidad de desarrollar sus hipótesis. En mi opinión, un físico hace mal en decir a sus colegas lo que han de especular, matematizar, programar o testear. No es aconsejable rechazar de modo apriorista tal o cual hipótesis interponiendo objeciones estéticas y retóricas que en definitiva son particulares.

    Ese modo de proceder hubiese imposibilitado el giro astronómico copernicano y kepleriano. Copérnico y Kepler añadieron una tesis novedosa. Demostraron que aquello que no observamos existe, que la Tierra se desplaza alrededor del sol del mismo modo que la luna se mueve en torno al planeta. Ptolemaicos y aristotélicos protestaron, arguyeron que no había necesidad de añadir hipótesis nuevas al modelo astronómico imperante.

    El punto copernicano consistió en invertir el esquema, una observación simple que postulaba que la Tierra gira alrededor del sol. Esta sencilla observación derrumbó como un castillo de naipes el edificio ptolemaico, añadir la hipótesis nueva es decisivo para abrir otros caminos de investigación. Es un soplo de aire fresco, pone a prueba la flexibilidad mental de la comunidad de la física y resulta un estimulante de la investigación.

    Que la conjetura multiversal resulte errónea no dependerá del uso axiomático del lenguaje común ni de la sensibilidad estética del discrepante. Dependerá del desarrollo de la investigación en condiciones de igualdad académica y mediática con los proyectos que tengan el consentimiento del mainstream. Resulta llamativo que los investigadores que se consideran críticos de la corriente principal giren con pasmosa facilidad a posiciones conservadoras que dañan la creatividad de sus colegas.

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Por Arturo Quirantes, publicado el 28 febrero, 2020
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