La confusión de la luz azul

Por Arturo Quirantes, el 14 noviembre, 2019. Categoría(s): Anumerismo • Divulgación ✎ 3
Pez y luz azul
¿Que la luz azul mata? Vaya, y yo sin saberlo37

Ayer un tuitero reenvió un artículo de El País (sección moda) que me ha llamado la atención por su anumerismo y falta de rigor. Se titula “¿Perjudica la luz azul al aspecto de tu piel?”, y ya el subtítulo nos indica de qué van los tiros:

Luz azul: así demacras tu piel pasando muchas horas frente al móvil. O cómo la industria cosmética desarrolla fórmulas para el cuidado del rostro adaptándose a los nuevos hábitos tecnológicos y la emergencia climática

Se trata de un artículo con la clásica estructura de “tienes un problema, y te vamos a dar la solución”. En este caso, el problema es que las tablets y móviles emiten luz azul, que supuestamente es perjudicial para la piel. Por supuesto, al final aparece la solución en la forma de cremas protectoras especiales y –supongo- caras.

No voy a entrar en si esas cremas sirven para algo, o cuáles son los efectos de la luz azul sobre la piel, porque no sé del asunto. Pero sí sé de números y algo de Física, de modo que puedo evaluar lo que dicen al respecto.

El artículo de El País aparece bajo la etiqueta “cambio climático”, y ya en el subtítulo aparece el término “amenaza climática”, que asusta y llama la atención al mismo tiempo. Curiosamente, lo que viene después no tiene nada que ver con el cambio climático. Bueno, sí, hay una relación muy sutil: el artículo habla de que “en la era previa a la sociedad mediatizada y de la emergencia climática”, no había problema en exponerse a la región azul de la radiación lumínica del sol. También podríamos decir que eso era el caso en la era previa a la liberación de la mujer, a la caída del imperio austrohúngaro o a la victoria electoral de Vox, pongamos por caso. Es decir, no tiene nada que ver, pero dicho así tiene más gancho.

El problema que nos plantean es que supuestamente ahora vemos mucha más luz azul, debido a nuestros dispositivos electrónicos, de modo que las cosas han cambiado respecto a la era pre-móvil. Para que no parezca que la luz azul se inventó ayer, recuerdan que el sol ya nos envía un buen montón de luz azul. Según el artículo, y cito:

Esta radiación (la luz azul) del espectro lumínico, la que se sitúa entre los 380 y los 500 nanómetros, vendría a ser un 30% de la radiación que el sol emite entre las nueve de la mañana y las ocho de la tarde

Como soy un culo inquieto, y resulta que tengo una hoja Excel con los datos de radiación del Sol, hago mis cálculos para ver si es cierto, y me sale un porcentaje del 15%, apenas la mitad. Algo falla.

Segundo intento: vamos a mejorar el modelo. He supuesto la radiación solar correspondiente a un cuerpo negro de 5800 Kelvins. El problema es que parte de esa radiación es bloqueada por la atmósfera. En esta gráfica se puede ver:

La línea amarilla representa la radiación solar para las diversas longitudes de onda que llega a la atmósfera, y la roja es la que alcanza la superficie terrestre. Como puede verse, hay zonas en las que la línea roja está muy por debajo de la amarilla, y eso corresponde a absorción debida a gases como el vapor de agua, el dióxido de carbono o el oxígeno/ozono.

De acuerdo, intentémoslo de nuevo. Para los datos de la línea roja (la luz que realmente llega al suelo) me he basado en datos estándar, que muy convenientemente nos han empaquetado en una hoja de cálculo (aquí). Vuelvo a hacer cuentas… y el porcentaje es ahora del 17%. Apenas ha cambiado. ¡No, espera! A lo mejor hay que calcular la radiación del cuerpo negro para una temperatura de 5250 Kelvins, como aparece en la gráfica. ¿Mejoran los cálculos? No, ya que ahora el porcentaje de luz azul baja al 12%

Lo único que se me ocurre es que el artículo se refiera al porcentaje de luz azul con relación a la luz visible. Yo he tomado todo el espectro, incluido el ultravioleta y el infrarrojo. Vale, pues divido la intensidad de la luz azul (380-500 nm según el artículo) por la intensidad total en luz visible (380-750 nm), y ahora me sale un porcentaje del 30% como dice el artículo; estrictamente hablando, obtengo entre el 32% y el 35% según cuanto detalle queramos añadir al modelo, pero ya vamos bien. Anumerismo salvado… por los pelos.

El artículo de El País no es un “paper” científico en una revista del primer cuartil, pero deberíamos exigir cierto rigor, ya que está destinado a un público que por lo general tiene conocimientos generales e incompletos de ciencia. No es correcto hablar de “un 30% de la radiación que el sol emite entre las nueve de la mañana y las ocho de la tarde” sino de “un 30% de la luz visible que el sol emite”; y por cierto, podemos tachar el resto, ya que estamos hablando de un porcentaje y eso no va a depender de las horas de luz emitidas al cabo del día… salvo que quieran corregir los datos por el efecto de la altura del sol, la refracción y cosas así, que no creo.

Peor, sin embargo, es cómo lo plantean en el tuit de anuncio. Fíjense bien:

¡Y esto sí que está mal dicho! Porque así expresado parece como si la tanda de luz azul que recibimos por las pantallas igual al 30% de la radiación solar. Imagínense un día de verano, con la cantidad de luz que recibimos; incluso el 30% es una buena cifra. Parece como si pudiésemos ponernos morenos con la luz del móvil. ¿Verdad que da susto?

Pues no se peine los pelos, que se los voy a volver a poner de punta. Bueno, yo no, el artículo. Fíjese, amigo lector, en esta perla:

Un 37% de la radiación de un fluorescente pequeño es luz azul, las luces LED blancas emiten un 35% de luz azul, el porcentaje de esta luz emitida por la pantalla del móvil, de una tablet o de una televisión sí que es la más alta y asciende al 40%

Esto, al menos, no es responsabilidad del articulista, ya que lo han extraído de una nota de prensa sobre el 47 Congreso Nacional de la AEDV (Asociación Española de Dermatología y Venereología), que es de donde viene también la perla esa del 30% de la luz azul.

Vamos a ver, acepto que una luz LED emita un porcentaje determinado de luz azul; no lo veo muy claro porque hay mil tipos de luz LED blanca (no hay más que pasarse por los lineales de Leroy Merlín y ver cuántos modelos distintos tienen), pero vale, tomamos una bombilla concreta y estimamos el porcentaje, vale. ¿Pero para una pantalla de móvil? Eso, digo yo, dependerá de qué estemos reproduciendo en la pantalla; no es lo mismo estar viendo un artículo periodístico que una peli de Marvel. La articulista de El País podría aprender mucho de esta entrada de cuidatuvista.com, donde un optometrista explica el problema mucho mejor, incluyendo gráficas y enlaces a estudios científicos.

Pero lo peor es que los datos no son comparables porque los niveles de intensidad son distintos. Que el porcentaje de luz azul de una pantalla sea del 40% frente al 30% de la luz solar no va a hacer que la cara se nos cuartee mientras leemos un artículo interesante (como este), ya que la cantidad total de luz azul de la pantalla es mucho menor que en el caso de la luz solar. Es como preocuparse por el contenido en mercurio de los alimentos y preguntarse si es mejor tomar caballa que atún: peso por peso es mejor la caballa, pero si vas a sustituir un filete de atún por cien kilos de caballa lo mismo no haces buen negocio.

Podríamos seguir, pero creo que han captado la idea. Aquí no hay mucha ciencia seria. Sencillamente se han juntado el hambre con las ganas de comer, es decir: un periodista con bajos conocimientos científicos que tiene que rellenar con contenido que atraiga al lector, y una asociación interesada (dermatólogos en este caso) que desea publicidad para sus asuntos y emite una nota de prensa llena de puedes y tal vez.

Hay evidencias de que la luz azul puede ser sea un factor de riesgo para nuestra salud por su influencia en nuestro sistema hormonal, que a su vez influye en algunos tipos de cáncer. Ese es el motivo por el que las tablets y móviles actuales tienen opciones para reducir la luz azul emitida antes de dormir (os recomiendo que la activéis). Menos cierto parece que la luz azul sea perjudicial para nuestros ojos (ese tema ya lo traté en el pasado aquí y aquí). Ahora tenemos una nueva amenaza potencial para nuestra salud, y para nuestro aspecto, de modo que se juntan salud y estética, una combinación ganadora para vender productos, y aquí tenemos la publicidad camuflada de noticia (eso no lo digo yo, lo dice el aviso de “contenido patrocinado” que hay al final del artículo de El País).

Puede que el congreso de la AEDV esa interesante, puede que debatan de forma científica y seria, puede que estén genuinamente interesados en averiguar si la luz azul de las pantallas afectan negativamente a nuestra piel. Eso es lo que dicen y yo no tengo motivos para suponer lo contrario; pero esta forma de comunicarse con la sociedad, y sobre todo con la prensa, deja bastante que desear por la confusión que genera, por los fallos argumentativos y por la tendencia a conducir al lectora una conclusión basada en la incertidumbre y el miedo. A menos que sea ese precisamente el efecto que pretendan conseguir, cosa que yo no voy a afirmar porque vivo muy tranquilo sin demandas judiciales y no quiero romper la racha.



3 Comentarios

  1. Buenas, la hora sí importa, por efecto de la atmósfera, en el amanecer primero hay un tiempo donde predomina el azul (la “hora azul” que dicen los fotógrafos, aunque no dura una hora), luego pasa al dorado (la hora dorada) y progresivamente se va a acercando a la luz blanca que se da en el mediodía, la cual como composición de frecuencias que es, también incluye la azul.

    En el atardecer ocurre igual pero al revés, primero hora dorada y luego azul. Nuestro cerebro hace un balance de blancos automático, por ello nos parece ver luz blanca a cualquier hora del día excepto atardecer y amanecer, pero el color va variando, se puede apreciar en las cámaras fotográficas.

    Aún así, yo el principal problema lo veo en que los estudios alarmistas de la luz azul, no es que sean el culmen de la metodología científica.

  2. Sobre este tema escribió hace pocos días Jose Ramón Alonso. Neurobiólogo y que seguramente conocerás de Naukas.
    El efecto que han visto los estudios realizados es en el ciclo circadiano. Porque aunque la cantidad de luz es menor, somos lo suficientemente sensibles para que nos afecte. En su entrada detalla más datos y referencias.
    No es algo nuevo que para una vivienda por la noche la luz más adecuada es la llamada luz cálida de 2700 K en habitaciones y salón donde vamos a estar relajados y no trabajando. La luz fría de 4000 o 6500 K la recomiendan para cocinas y baños, que es donde vamos a estar activos.
    Lo que cuenta Jose Ramón parece razonable.
    https://jralonso.es/2019/11/04/perjudican-las-pantallas-nuestra-salud/
    Sobre este tema también hay polémica por la luz de las farolas.
    https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-09-17/led-iluminacion-melatonina-contaminacion-luminica_2228027/

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Por Arturo Quirantes, publicado el 14 noviembre, 2019
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