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El pasado día 26, la Fundación Línea directa hizo público un estudio sobre la siniestralidad de nuestros mayores al volante. En contra de lo que los prejuicios parecen decirnos, parece que los mayores de 65 años conducen de forma más prudente. Según ese estudio, “los conductores mayores de 65 años demuestran ser los más seguros. De hecho, registran 4 veces menos accidentalidad que los menores de 25 años” Como causas, se alude a su mayor respeto por las normas (particularmente, por los límites de velocidad), su menor agresividad al conducir y la aceptación de sus propias limitaciones. A pesar de ello, su riesgo de morir en caso de accidente es 2,5 veces superior al del resto de los conductores, fruto sin duda de su mayor vulnerabilidad y fragilidad a esas edades.

La noticia se ha recogido en muchos medios de comunicación, desde RTVE hasta la Revista de la DGT pasando por El Mundo. Una motivación del estudio era comprobar o refutar la creencia de que nuestros abuelos son malos conductores, y a la vista de los datos obtenidos, ayudar a corregir esa falsa percepción social. El problema que yo he encontrado es ese “a la vista de los datos.” ¿Se cumple realmente?

Cuando nos fijamos tan sólo en los accidentados que conducían (excluyendo pasajeros y peatones), podemos ver que, en efecto, el número de los mayores de 65 su número es menor

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Por supuesto, eso puede deberse a que, sencillamente, hay menos mayores conduciendo y por eso sufren menos accidentes. Habría que examinar las cantidades relativas. Bastaría con dividir el número de accidentados por el número de conductores, para cada grupo de edad, para obtener un parámetro más fiable. Y eso es precisamente lo que hicieron. El resultado se mantiene: la siniestralidad relativa sigue siendo mínima para nuestros mayores.

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Estos datos ponen en tela de juicio la opinión de los conductores. Según el estudio, un 30% de los conductores considera peligrosos a los conductores mayores de 65 años, y más de un 70% estará a favor de obligarles a pasar exámenes psicotécnicos anuales; un 11% se decanta directamente por retirarles el carné cumplidos los 65 años. A la vista de los datos, estas medidas parecen injustificadas, fruto de nuestros prejuicios.

El estudio concluye haciendo una serie de recomendaciones para nuestros mayores: aumentar la frecuencia de los controles (cada 2-3 años), acudir al médico anualmente, viajar acompañado y evitar ciertas condiciones de conducción (noche, meteorología adversa, horas punta). Me parecen unas conclusiones razonables, y un buen intento por disipar los prejuicios existentes.

Pero me faltaba un dato que me tenía algo intranquilo. Esos datos son coherentes con un patrón de conducción homogéneo para los conductores de todos los grupos de edad, ¿pero y si no es así? Supongamos, por ejemplo, que los ancianos tiendan a conducir menos kilómetros, o que lo hagan por vías de mayor siniestralidad. En ese caso, el estudio estaría sesgado. A lo mejor lo que pasa no es que los mayores tengan menos siniestros porque conduzcan con mayor prudencia, sino porque conducen menos. De hecho, la propia nota de prensa de la FLD indica que los conductores mayores son conductores más seguros porque ”respetan más los límites de velocidad, no son tan agresivos en la conducción y aceptan mejor sus limitaciones, lo que les hace recorrer menos kilómetros y conducir más por el día” (la negrilla es mía).

He investigado un poco y he descubierto que es muy difícil obtener datos que tengan en cuenta el efecto de variables como el número de kilómetros recorrido, incluso de modo estimativo. También hay problemas al correlacionar kilómetros recorridos y probabilidad de accidente. ¿Es una relación lineal, es decir, si conduzco el triple mis probabilidades de tener un accidente se triplican?

Es perfectamente posible, incluso probable, que los mayores recorren menos kilómetros que personas de otros grupos de edad. En tal caso, tendríamos un caso de anumerismo. A menos que se logre dilucidar ese punto, creo que el estudio de Fundación Línea Directa ha intentado quitar a los ancianos el sambenito de malos conductores usando datos estadísticos de siniestralidad y accidentes, y en mi opinión no lo han conseguido. No digo que no tengan razón, pero falta información para demostrarlo.

En el apartado positivo, sí que hay indicios favorables. Como parte del estudio se realizó una encuesta a más 1.700 conductores. Según ellos, los conductores mayores de 65 años tienen una serie de virtudes tales como prudencia, respeto por los límites (de velocidad, supongo), poca agresividad, mayor experiencia y responsabilidad que otros grupos de edad; y todo eso debe, en justicia, hablar en su favor. También tienen sus defectillos claro: cambios bruscos de carril, frenazos injustificados y poca atención a la señalización.

Aquí entrará la experiencia en carretera de cada uno para poder juzgar estas afirmaciones. Por mi parte, qué quiere que les diga, un abuelo viajando lento y que no usa los intermitentes me preocupa relativamente poco. ¿Saben los que me dan pavor? Esos jovenzuelos veinteañeros que van a tumba abierta por la autovía en su Seat León y que consideran el carril izquierdo como de su propiedad. En cuanto los veo por el espejo retrovisor, ya estoy en Defcon 3.

Yo mismo reconozco que, en mis primeros años de conducir, era un desastre, y solamente mi abuela se atrevía a ponerse de copiloto. Decía que iba segura conmigo. No sé por qué lo diría, pero gracias, abuela. Y muchas gracias, yayo, por recorrer tantísimos kilómetros para llevarnos a los nietos a la playa sin un solo percance, salvo obligarte a poner la misma cinta de audio en cada ocasión. Sólo por eso te mereces un cielo propio.

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Una de las ideas sobre el Universo que más me cuesta procesar es algo conocido como principio antrópico. Básicamente viene a decir que nuestro Universo ha de tener características tales que sean compatibles con la existencia de vida. ¿Por qué? Sencillo: ¡porque estamos aquí!

La idea subyacente es que el principio antrópico puede ayudar a la comprensión de las cosas, ya que limita el alcance de las leyes físicas. Por ejemplo, si mañana encontramos vida basada en el silicio, cualquier teoría que diga que la vida fuera del carbono es imposible tendría que ser descartada. Otro razonamiento similar puede decir que el Universo ha de tener la edad que tiene porque, de otro modo, no habría habido tiempo para formar los átomos, las estrellas, los planetas y la vida. Podríamos aprovecharnos del principio antrópico como fuente experimental de información.

En cierto modo el principio antrópico parece una verdad de perogrullo, pero no es una cuestión baladí, ya que nos hace preguntar por qué el Universo es de forma tal que permite nuestra existencia. ¿Casualidad? ¿Sesgo de observación? Quizá el Universo se crea y se destruye cada billón de años, y en esta ocasión (digamos en el ciclo 1.200.515) resulta que las condiciones para la vida son las justas. También podemos apelar a las hipótesis de los multiversos (tan de moda últimamente) y conjeturar que, de todos los Universos paralelos que existen, hay uno que puede albergar vida y por eso estamos aquí.

Veo algunos problemas al principio antrópico. El primero es típicamente chauvinista: nos hemos creído la vara de medir del Universo. Vale, es necesario un conjunto de condiciones para nuestra existencia; pero también puedo imaginarme seres inteligentes viviendo en una estrella de neutrones y pensando que el Universo ha sido “tuneado” a sus particulares necesidades. O seres gaseosos en la atmósfera de un mundo como Júpiter, felices porque el Universo ha creado elementos ligeros. O delfines superinteligentes en un mundo acuático, debatiendo sobre la imposibilidad de que exista vida en mundos rocosos. Deberíamos extenderlo y llamarlo “principio de entidades inteligentes,” pero eso no quita el problema de que, por el momento, la única entidad inteligente que conocemos somos nosotros mismos.

En segundo lugar, el principio antrópico mal usado se acerca mucho a un argumento religioso en el sentido de que, realmente, no explica nada. Decir “el Universo es como es porque si no, no existiríamos” está incómodamente cerca del relato del Génesis. No proporciona explicación más allá de “esto es lo que hay,” y puede resultar una inconveniente muleta cuando se usa para justificar la falta de fundamento teórico. Por ejemplo, ante la pregunta de por qué la fuerza electromagnética y la gravitatoria son tan diferentes en intensidad, podemos buscar una teoría unificadora que lo explique (lo que es muy difícil) o encogernos de hombros y “deducir” que ha de ser así porque, si no, no existiríamos.

Permítanme un ejemplo. Muchas veces salgo del trabajo y me voy a la parada de autobús para volver a casa. Mientras espero, podría darme por filosofar y preguntarme “¿por qué existe el autobús?” La respuesta “porque yo existo” parece dar a entender que no tengo abuela, pero piénselo un poco. Yo existo en una ciudad donde la gente tiene que moverse de un lado a otro, así que el Ayuntamiento ha creado un servicio de autobuses, los hace circular por la ciudad y permite a mis paisanos (no sólo a mí, claro) viajar cómodamente. En cierto modo la existencia de esos autobuses es condicional a mi (vale, a nuestra) existencia, ya que en un desierto donde no hay ciudades ni gente un servicio de autobuses es inútil.

Ahora bien, ese razonamiento no nos sirve para explicar la génesis del servicio de transporte público, la elección de las líneas de autobús actuales, la termodinámica del motor de explosión, la elección de marca y color para los autobuses, o las condiciones demográficas de una ciudad. Una delegación proveniente desde otra ciudad se quedaría asombrada si mi concejal de Urbanismo se limitase a decirles que tenemos servicio de autobuses porque hay gente que los usa. Ni siquiera serviría para explicar o refutar la existencia de taxis, de conductores de Uber, de vehículos privados o de bicicletas. Esta explicación del Capitán Obvio, en suma, no sirve para explicar nada.

Fíjese el lector que en algunos de los razonamientos que he presentado, la relación de causalidad se invierte. Una cosa es decir “estamos aquí porque el Universo es como es” y otra muy distinta afirmar que “el Universo es como es porque estamos aquí

Como sabrán los que sepan algo de lógica, “A ==> B” y “B ==>A” son dos enunciados distintos, donde uno no se deduce necesariamente del otro, y hay que tener mucho cuidado con no confundirlos (ver mis posts Casualidad y Causalidad I, Casualidad y causalidad II para más información). En el ejemplo anterior sería como partir del argumento egocentrista de que hay servicio de autobuses porque yo existo, y convertirlo en algo del tipo “vivo en esta ciudad porque, en caso contrario, no podría tomar el autobús.”

Hay algunos científicos que han usado el principio antrópico casi en sentido religioso. Según ellos, da la impresión de que nuestro Universo está muy finamente “tuneado” para la vida. Si esta constante fuese un poquito menor, o este proceso nuclear algo menos probable, o tal período de formación estelar hubiese tardado algo más, no estaríamos así. De ahí a sugerir la existencia de un ser superior para explicarlo, no hay más que un paso. Es como el viejo argumento de los creacionistas de “¿cómo es posible que tengamos un instrumento tan perfeccionado cono el ojo salvo que nuestro Creador lo haya querido así?” a un nivel superior.

En el campo de la teoría de cuerdas, el principio antrópico resulta especialmente atractivo por una razón: tienen demasiados universos. Eso de usar un universo de diez dimensiones en lugar de tres da lugar a lo que llaman “compactificación,” una forma de compactar, o plegar, las dimensiones extra. El problema es que no hay una sola forma de hacer eso. Hay muchas. Muchísimas. Multimuchísimas. Ni siquiera los teóricos de cuerdas pueden dar más que una cifra aproximada, pero imagine usted cantidades del orden de 10 elevado a 500. Cada una de esas compactaciones daría lugar a un Universo distinto, con leyes físicas distintas. Imagine usted si pudiésemos descartar todas las que imposibiliten la presencia de vida. Puede que un plexollar de universos no puedan existir por el hecho de que nosotros estamos vivos. Quizá la prueba para la existencia del Universo dentro del marco de la teoría de cuerdas sea nuestra existencia. ¡Si eso no es devolver al Hombre al centro del Universo, no sé qué es!

Uno de los ejemplos más citados para demostrar las ventajas predictivas del principio antrópico trata de la nucleosíntesis del carbono. Las estrellas como nuestro Sol generan su energía a partir de un proceso de fusión: dos núcleos de hidrógeno se combinan para formar un núcleo de helio-4 y energía. En determinadas circunstancias, el helio puede fusionarse para producir núcleos más pesados. Por ejemplo, dos núcleos de helio-4 pueden, en principio, formar un núcleo de berilio-8. El problema es que la reacción no es exotérmicamente favorable, es decir, necesita energía externa para que se produzca. Incluso si suponemos que el interior de una estrella es un buffet libre donde sobra energía, el berilio-8 tiene una vida media extremadamente corta, con lo que volveríamos a tener helio-4. Esto pondría muy cuesta arriba la síntesis de elementos más pesados, como el carbono en el que se basa nuestra vida.

¿Hemos de conformarnos con un Universo poblado con formas de vida basadas en helio? Es evidente que no porque estamos aquí, así que debe haber algún proceso que permita crear el carbono en cantidades adecuadas. En 1950 el astrofísico británico Fred Hoyle postuló la existencia de un proceso de nucleosíntesis llamado triple alfa. A temperaturas superiores a 100 millones de kelvin dos núcleos de helio-4 se fusionan, y justo entonces un tercer núcleo de helio-4 se une al grupo. El resultado es un núcleo de carbono-12.

El problema era que el resultado de fusionar los tres núcleos de helio-4 da una energía superior a la del núcleo de carbono-12. ¿Acaso hay un estado excitado del carbono-12 con mayor energía? Tal vez, pero nadie lo había observado. Hoyle conjeturó que, en efecto, existe tal estado excitado. De ser así, los tres núcleos de helio-4 darán lugar a carbono-12 excitado, que posteriormente liberará energía y acabará en su estado fundamental. Ese estado excitado (“estado de Hoyle”), que fue descubierto experimentalmente algunos años después, permite explicar la existencia de carbono, y a partir de ahí muchos de los restantes elementos pesados.

Se ha citado hasta la saciedad la predicción de Hoyle como ejemplo exitoso del principio antrópico (algunos perversos apuntan que es el único ejemplo exitoso), pero lo cierto es que ese concepto nació en los años setenta. Resulta difícil imaginar cómo pudo Hoyle echar mano de esa idea veinte años antes de ser propuesta; él nunca la mencionó ni la utilizó en su artículo de 1953. No creo que eso importe a los partidarios del principio antrópico. Para ellos la resonancia triple alfa es un ejemplo perfecto de cómo puede usarse el principio antrópico para realizar predicciones en campos todavía a medio explorar. Si es usted religioso, podría incluso ver el fenómeno triple alfa como una prueba de la existencia de Dios, quien en su infinita sabiduría permitió que las condiciones fuesen tales que la producción de carbono, nuestra base de vida, fuese posible.

¿O acaso no? Recientemente Fred Adams y Even Grohs, de la Universidad de Michigan, decidieron intentar jugar a ser Dios, sólo por ver qué pasa. En un curioso artículo publicado en agosto de 2016 se sirvieron de un programa de simulación estelar para averiguar qué sucede cuando jugamos con algunos de los parámetros fundamentales del Universo, particularmente las energía de enlace de los nucleones. Descubrieron que un pequeño tuneado podía impedir la formación de carbono mediante el proceso triple alfa, pero que un cambio aún más pequeño permitiría la creación de berilio, que posteriormente podría dar lugar al carbono.

En este Universo alternativo “tuneado” los científicos verían como natural la obtención de carbono a partir del berilio y el helio, y los fans del principio antrópico esgrimirían argumentos del tipo “si no fuese así no habría forma de conseguir carbono salvo por un hipotético proceso triple alfa unido a un estado resonante que no existe, por lo tanto la fusión de berilio y helio es necesaria para la vida basada en el carbono.”

Esto me permite concluir con la siguiente observación. Suele aludirse al principio antrópico para incidir sobre la importancia de tal o cual constante fundamental individual, de forma que una variación en, digamos, la constante de estructura fina nos impediría existir y etcétera; un ejemplo es el proceso triple alfa. ¿Pero y si variásemos más de una, como en el caso que nos presentaron Adams y Grohs? Un cambio aquí y el proceso triple alfa desaparece; un cambio allí, y el berilio es estable; ambos cambios simultáneos, y seguimos teniendo un montón de carbono.

No digo nada si cambiamos cinco constantes, o un millón. ¿Cuál sería el resultado? ¿Cuántos conjuntos de leyes físicas darían lugar a Universos compatible con vida basada en carbono? Ojalá pudiésemos calcularlo. Quizá descubriríamos que, en cierto modo, nuestra existencia es poco menos que inevitable. Eso tendría gracia.

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Tenía que pasar. La Órbita Laika que tanto queríamos ha cambiado. Bajo la batuta de Goyo Jiménez, el programa tiene nuevo formato y nombre. Ahora se llama “Órbita Laika, la Nueva Generación,” (OL-LNG) en alusión a la serie de Star Trek. De hecho, hay muchas referencias a Star Trek en el nuevo programa. Hasta una de las colaboradoras apareció vestida de uniforme de Star Trek, y el mismísimo Stephen Hawking acabó llevando el emblema del programa, que parece un comunicador de Star Trek. Vale, ya captamos las alusiones.

Después de verlo en directo a las 23:30 horas de la noche en La2 (el maltrato al horario sí que no ha cambiado), y de volver a verlo en Internet, he llegado a una serie de conclusiones. Si les parece les iré comentando los puntos más relevantes que he visto, tanto positivos como negativos. Luego cerraré con mi opinión personal.

LA ESTÉTICA

Lo que mola. El nuevo escenario de OL-LNG es más alegre y brillante que el anterior. Si antes teníamos un ambiente tranquilo y relajado, ahora todo es luz y dinamismo. Antes parecía que estábamos en un sótano o en una buhardilla, hablando en petit comité; ahora parece que vayamos a conquistar el Universo. De hecho el escenario de OL-LNG parece una nave espacial, la gente se teletransporta y la introducción parece un calco de la de Star Trek la Nueva Generación. Por si fuera poco Goyo Jiménez aparece en la primera escena vestido de Jedi, y luego presenta el programa con una camiseta de la Estrella de la Muerte. Tamaña mezcla entre Star Trek y Star Wars es como para que explote Internet entero. En definitiva, tenemos un Órbita Laika más friki, lo que gustará a muchos.

Lo que no mola. Soy el tipo de persona que se viste de Cazafantasmas para dar una charla, lo aprovecha en su blog y luego participa en un musical con una camiseta de los Daleks. Hoy les he puesto en clase a mis alumnos una escena de la película Jungla de Cristal 3 para ilustrar la solución de Fermi. En suma, a friki no me tose nadie, así que sonará raro lo que voy a decir pero ahí va: OL-LNG se pasa en referencias frikis. Las alusiones a Star Trek abundan hasta la saciedad, y en general da la impresión de que la gente que ve y disfruta el programa, los amantes de la ciencia, son invariablemente fans de Picard o de Darth Vader, pasan los fines de semana jugando a Dragones y Mazmorras y en general son unos bichos muy raros.

Y no creo que eso sea bueno. La imagen de la ciencia como actividad realizada por gente más rara que un perro verde tiene ya muchos años, por fin está cambiando y de repente zas, vuelta al topicazo. Ver OL-LNG puede dar la impresión de que la gente de ciencia son unos seres asociales y de gustos extraños, gente muy maja pero mejor no los invites a tu fiesta. Por favor, basta ya. Dejen de identificar la pasión por la ciencia con el frikismo mal entendido. ¿O acaso los de letras son todos gente con barba, fuman en pipa y visten de pana con coderas?

GOYO JIMÉNEZ

Lo que mola. Goyo es un buen cómico y monologuista. A mí me ha arrancado abundantes carcajadas con su faceta de “experto en asuntos americanos,” y en la anterior temporada de Órbita Laika (a la que llamaremos “la serie original” o bien OL-LSO), cuando estuvo como invitado, me sorprendió el despliegue de conocimientos en prácticamente todos los temas que se hablaron. O tiene una gran cultura general, o memoriza como pocos. Ambas características son punto a favor para un divulgador.

Lo que no mola. Hay mucha gente que lo compara con Ángel Martín, el anterior presentador, y algunos lo ponen a parir. Vale, no canta y en su lugar hace chascarrillos. Eso es una cuestión de estilo, y creo que tanto vale uno como otro. Quizá los divulgadores “hardcore” echemos de menos el modo callado y tranquilo de Ángel, si bien hay que tener en cuenta que el dinamismo de Goyo puede atraer a seguidores que no hubieran entrado en la antigua Órbita Laika. Eso no es malo. Lo que sí agradecería a Goyo es que dejase de entrometerse con chistes y comentarios supuestamente hilarantes en cada momento de las explicaciones que dan los colaboradores. Recuerdan mucho el estilo de Sardá en ADN Max y, la verdad, no creo que beneficie al programa.

LAS COLABORACIONES

Lo que mola. En general he visto un buen plantel de gente en el primer programa. Tenemos la sección “explícaselo a tu abuela,” que algunos han criticado pero que yo considero un cambio a bien. Se divulga mucho a gente amante de la ciencia, algo así como predicar a conversos; enseñar ciencia a alguien que no tiene base científica es un reto. Juan José Gómez Cadenas estuvo genial mostrando lo que hacen en Canfranc y explicando lo que es un neutrino de Majorana. Lo del CERN es más conocido, pero sigue molando. Los colaboradores del programa (Santi García, matemático; Gloria García, física teórica; Dani Jiménez, físico experimental) estuvieron en general bien tirando a muy bien. Me gustaron sus explicaciones, especialmente la de Gloria.

Lo que no mola. Aparte los chascarrillos de Goyo en mitad de los experimentos o explicaciones, me chirriaron los dientes un par de cosas. Por ejemplo, tener mujeres en el programa es bien, y aparte de Gloria aparecieron dos científicas en el segmento sobre el CERN, ¿pero por qué tienen que presentarlas como “físico teórico”? Hay juezas, hay profesoras, hay ministras… y hay físicas. Yo estoy acostumbrado y me parece de lo más normal, así que ¿por qué aquí no?

Lo que no mola nada, nada, nada. Una cosa que no me gustó, y creo que muchos lectores estarán de acuerdo conmigo, fue la aparición de un personaje que habría que poner en busca y captura interplanetaria: un friki impenitente con ínfulas de Sheldon Cooper (más quisieras, chavalote) que lleva camiseta de Star Trek, saluda diciendo “larga y próspera vida,” lleva gafas y peinado estilo Superman (el de Cristopher Reeve), es irritante y no contribuye absolutamente nada al programa, salvo por eso de dar algo que odiar mucho y por gastar oxígeno. Si la nueva Órbita Laika quiere hacer un nuevo follonero o similar, que lo haga rápido; y si no, que lo teletransporte a un lugar lejano y se olvide de él. Mejor que se lo lleven ya. Por favor.

Lo que quedó feo. En lugar de los supervídeos de infografías a los que estábamos acostumbrados en OL-LSO, ahora hay que contentarse con un vídeo de un minuto. En realidad se trató de un buen vídeo… porque está sacado de MinutePhysics, una excelente web de vídeos divulgativos que os recomiendo. La parte fea es que se han limitado a copiar y pegar. No solamente dejaron los rótulos del vídeo en inglés, ¡es que ni siquiera reconocieron la autoría original! No lo hicieron ni en el vídeo en sí, ni en los títulos de crédito finales. Sólo hubo una alusión en un tuit, y para de contar. Eso es feo. Si usas el trabajo de otro, lo mínimo que has de hacer es reconocer la autoría, es algo de simple decencia. Me parece que alguien no ha entendido todavía el significado de Creative Commons.

COSAS FEAS EN GENERAL

No me apetece ser picajoso y analizar cada segundo del programa, pero hay un par de detalles más que quiero mencionar:

– Los chistes fáciles sobre caca de paloma en el descubrimiento de la radiación cósmica de microondas están ya muy vistos.

– La presencia de esa Siri 9000 – Remedios da pie a muchos chascarrillos, chistes fáciles y demás, pero esto no es el Club de la Comedia. Creo que sobra; o mejor, que la reconviertan y la transformen en algo útil al programa. Eso sí, para perder tiempo va de miedo.

– La app del programa es una novedad que, bien usada, puede mejorar la experiencia del programa. No puedo evaluarla por que la he intentado instalar en mi tablet y se encasquilla, y en mi móvil ni arranca. Vale que no son el último modelo, pero podrían haber depurado mejor los errores, y no soy el único que se ha quejado de eso. De momento le han dado tres estrellas, lo que no es para tirar cohetes, aunque no sé hasta qué punto se trata de gente descontenta por el programa. Es una lástima que una herramienta con tanto valor potencial se quede desaprovechada.

– Hace falta un asesor científico que asesore bien. Durante todo el programa han intercambiado los términos “onda gravitatoria” y “onda gravitacional.” Cuando escribí sobre ellas, allá en 2011, una persona que trabaja en el tema me explicó que el término correcto era “onda gravitacional,” ya que una onda gravitatoria (u onda de gravedad) es otra cosa totalmente distinta. Es decir, ambos términos son correctos pero aluden a fenómenos físicos diferentes, no son intercambiables ni sinónimos (alguien en mi TL de Twitter no parece haberlo entendido). Pues bien, en el programa de Órbita Laika se usan los dos términos indistintamente. Malo es que los colaboradores, físicos ambos, no se hayan dado cuenta, pero son cosas que pasan (no se puede ser experto en todo). Peor es que el asesor científico no se haya percatado tampoco. Y pésimo es que, cuando entrevistes a Stephen Hawking y él hable de “gravitational waves” lo subtitules en español como “ondas gravitatorias.”

– Ya que hablamos de la entrevista a Hawking, da la impresión de que Goyo Jiménez no estuvo realmente en Cambridge y que todo fue un montaje del tipo “yo me grabo poniendo cara de interesante y luego envío a otro para que grabe al entrevistado.” En cuanto a la entrevista, hubo momentos buenos y malos. Preguntar si el descubrimiento de ondas gravitacionales ayudará en el campo de la gravedad cuántica, cuando ambos temas no tienen relación, es otra muestra de que hay que asesorarse bien: preguntar a Hawking “¿Marvel o DC?,” esperar a que éste conteste su desinterés por el tema (“me interesa el hecho científico, no la ciencia ficción”), e insistir con el tema (“¿Star Wars o Star Trek?”) no me parece una forma demasiado brillante de recordar al público que, en efecto, Hawking estuvo en un episodio de Star Trek la Nueva Generación. No me parece que ese segmento tenga más relevancia que poder decir “eh, mirad qué fuerte viene la nueva Órbita Laika, han fichado a Stephen Hawking y todo.”

– El plantel de colaboradores está muy descompensado. Salvo el matemático, todos los que aparecieron colaborando (sea en el plató o en los escenarios de Canfranc y el CERN) son físicos. Como físico, no debería quejarme; como divulgador, creo que la ciencia es algo más que física de partículas y el origen del Universo. En ese sentido, la anterior “tripulación” de Órbita Laika era mucho más variada. Hay que extenderse a más ramas de la ciencia y no seguir machacando siempre con lo mismo, o acabarán aburriendo a las ovejas.

– Y, aunque ya no tiene remedio, lo tengo que decir: echar a todos los colaboradores de la anterior Órbita Laika es feo a nivel “pegar a un padre con un calcetín sudado.” RTVE ha entrado aquí como elefante en cacharrería, aprovechando que tiene los derechos del programa (como mínimo del título), y eso no me gusta nada. De darles un buen horario, mejor ni hablamos. Eso es más bien de llorar.

CONCLUSIÓN PERSONAL

Si la “serie original” de Órbita Laika me encantó en su momento, el intento de ADN Max era de penaitl y expulsión. Órbita Laika la Nueva Generación parece estar a mitad de camino entre ambas. Puede que atraiga mayor audiencia, y sobre todo, que esa audiencia sea distinta a la anterior, lo que es algo bueno. Con todo, creo que el programa necesita más de una corrección. ¿Harán los cambios necesarios para que mejore y se convierta en una serie divulgadora de calidad? Dudo que los hagan, así que la situación será más bien la del Halcón Milenario esquivando meteoritos: pilota bien y saldrás vivo de esta, comete un fallo y estás frito. Veremos cómo evoluciona el asunto.

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Acabo de aterrizar en casa y todavía no me he recuperado del subidón del último Naukas Bilbao. Quienes no hayáis podido asistir tenéis todas las intervenciones en la web de Euskal Telebista, que nos hacen el streaming y nos sacan guapetones. En lo que a mí me toca, me lo he pasado a lo grande con mi actuación como cazafantasmas, que podéis ver aquí en todo su esplendor.

En mi charla hablé de los rayos N, una clase de radiaciones que algunos creyeron haber descubierto a comienzos del siglo XX y que finalmente resultaron no existir. Una de las cosas que llamó la atención a algunos de los asistentes fue la historia del llamado exceso difotónico a 750 GeV. Resumiendo, resulta que los científicos del CERN creyeron haber descubierto una nueva partícula tras examinar un conjunto de experimentos de colisión nuclear a finales de 2015.

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Ese pico en la región de 750 GeV (puntos negros) parecía no coincidir con las predicciones teóricas (línea roja). ¿Qué era aquello? Una posible explicación era la existencia de una nueva partícula, provisionalmente llamada digamma. Pero también era posible que fuese una fluctuación estadística, un reflejo que nos confunde.

Para distinguir una partícula real de un fantasma los físicos de partículas, cautos ellos, se atienen a la “regla de las cinco sigmas.” La idea básica es conseguir que la probabilidad de que el descubrimiento sea auténtico sea superior al 99,9995 % Esa cifra no es arbitraria, y para entenderla os remito a este artículo donde lo explico en relación con el famoso bosón de Higgs. En aquel caso, los físicos teóricos se mordieron las uñas hasta que los experimentales consiguieron superar la barrera de las cinco sigmas, lo que se hizo público en julio de 2012.

Como nos dice la Wikipedia (no hace falta ir mucho más lejos), los experimentos llevados a cabo hasta finales de 2015 arrojaban una significación estadística de 3,4 – 3,9 sigmas para la partícula digamma. Hacía falta continuar haciendo pruebas y comprobando datos antes de aceptarla como partícula real.

Lo llamativo del asunto es que, mientras los experimentales hacían sus cálculos, los teóricos no se limitaron a esperar los resultados. Al contrario, comenzaron a publicar artículos como churros. Sólo durante el diciembre de 2015, se publicaron un total de 150 artículos. El número continuó ascendiendo hasta los quinientos y pico, cifra que alcanzó en agosto, y que se estancó desde entonces. El motivo es que finalmente se llegó a la conclusión de que la partícula digamma no existe. Los cazafantasmas llegaron, vieron y le patearon el culo.

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De haberse confirmado el descubrimiento, la partícula digamma podía haber puesto en entredicho el Modelo Estándar, que es lo mejor que tenemos hasta el momento para explicar el zoo de partículas que puebla el Universo. Francis Villatoro, nuestro flamante (y bien merecido) premio Tesla 2016, nos brinda un buen ejemplo de artículo en que se liga la nueva partícula con la teoría de cuerdas. Como él mismo escribe, “(el exceso a 750 GeV) ha aportado mucho a la física. Muchas ideas que estaban en el aire, pero que nadie se atrevía a desplegar, han aparecido en estos artículos.” Y si Francis lo dice, que nadie lo dude.

A toro pasado, sin embargo, eso de publicar quinientos “papers” sobre una partícula que nadie sabía si existía realmente no suena muy elegante. Por mucho que pueda tener ventajas marginales, me suena como justificar el programa espacial porque inventaron el teflón, el velero y la naranjada en polvo (oh wait!). Los teóricos que se lanzaron a publicar en primer lugar consiguieron artículos con gran número de citas, en tanto que quienes decidieron sentarse y esperar confirmación se han quedado con un palmo de narices. Vale, al que madruga Feynman lo ayuda, y el pájaro madrugador se lleva el gusano al agua y todo eso, pero noto aquí una premura en publicar que más bien parece fruto de la presión del publish or perish; o del aburrimiento, vaya usted a saber.

Resulta curioso el mundo de la física de partículas. Hay períodos de tiempo en los que no pasa nada, y de repente las cosas avanzan que es una barbaridad. Como ejemplo, Alessandro Strumia, de la Universidad de Pisa, se atrevió a escribir un artículo-sumario sobre el exceso de 750 GeV. La primera versión fue enviada el 30 de mayo a arXiv (sólo la bibliografía hasta ese momento ocupaban seis páginas), y terminaba con las palabras “el exceso de difotones puede ser cualquier cosa, incluyendo nada.”

En su actualización del 6 de agosto, Strumia añadió una corrección no carente de humor: “la discusión anterior es una amplificación desproporcionada de una fluctuación cuántica: no hay exceso de difotones a 750 GeV presentes en los primeros de los nuevos datos 2016 del LHC, lo que confirma el Modelo Standardissimo y la mala reputación del símbolo digamma F.

Pero yo reiré el último. Como dije en mi charla sobre los rayos N, es muy útil tener un escuadrón de cazafantasmas de guardia vigilando por si las moscas. Ahora leo el artículo de Strumia por vez primera, y veo que ya en mayo advirtió de la precariedad de lo que escribía con estas palabras: “los nuevos datos decidirán si F [el símbolo para la partícula digamma] alcanzará el h escalar del SM [Modelo Estándar] en el Grupo de Datos de Partículas, o si F se unirá a los rayos N en el cementerio de anomalías.”

A ver cómo supero esto en Naukas Bilbao 2017.

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YouTube sigue intentando colgarme el sanbenito de pirata.

¿Por qué? Aún no me lo han dicho, pero aparentemente no se han leído nuestra Ley de Propiedad Intelectual.

Como ya comenté hace un par de años, cuando subes un vídeo a YouTube se revisa para comprobar que no has infringido derechos propiedad intelectual de nadie. Me parece bien. Lo que no mola es que la reclamación viene directamente de los titulares de derechos, y ante ellos tienes que justificarse; YouTube se limite a pasar el recado sin molestarse en averiguar si la reclamación es o no válida. Eso hace que, en cualquier momento, te pueda llegar un “Copyright Claim” del que tienes que defenderte y que nunca sabes cómo acabará.

Yo he tomado fragmentos de vídeos de terceros para un par de proyectos docentes propios, el último un curso online (tipo MOOC) sobre método científico y escepticismo. Si os interesa, se llama ACME (Anumerismo, Ciencia, Método y Escepticismo), y los vídeos están aquí. Es gratis, no tiene aspecto lucrativo alguno y de hecho me ha costado bastante de mi tiempo libre, pero creo que vale la pena; lo que no me ha evitado más de una docena de reclamaciones por violaciones de copyright.

El esquema siempre es el mismo. Primero me bloquean el vídeo; luego me envían el “Copyright claim” en el que por supuesto, no te acusan de pirata directamente y se limitan a hablar de “coincidencias con contenidos de tercero” (a buen entendedor pocas palabras bastan). Por supuesto, hay una forma de reclamar, y eso es lo que he hecho siempre. Resulta que, según entiendo, la Ley de Propiedad Intelectual tiene una excepción a la que puedo acogerme, y siempre lo he planteado así:

Este vídeo forma parte de un curso online sobre método científico y está autorizado por la legislación española (Ley de Propiedad Intelectual Artículo 32.1: Citas y reseñas e ilustración con fines educativos o de investigación científica):

“Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico”

En todos los casos (salvo dos que acabo de impugnar y tengo pendientes) mis reclamaciones se han saldado con éxito. Eso sí, no vayan a creerse que me dan la razón porque la tengo, o que reconocen que la ley me ampara. Generalmente se salen con la tangente con explicaciones del tipo “¡Buenas noticias! Su disputa no fue revisada en 30 días, así que la reclamación de copyright sobre el vídeo de YouTube ha sido retirada.” Me lo creería si no fuese porque en ocasiones lo recibía pocas horas después de hecha la impugnación, de modo que eso de 30 días no me lo creo ni borracho. Mi récord personal está en 2 horas y 24 minutos entre el aviso de de copyright y su resolución “no revisada en 30 días.”

Ahora el conflicto ha alcanzado un nuevo nivel. El 1 de agosto YouTube me bloqueó el vídeo “1.4 El mundo de Beakman – Método Científico” (enlace, aunque no sé si podréis verlo). Impugné el bloqueo, como hago normalmente, y una semana después YouTube me advirtió de que “Después de revisar su disputa, BBTV_SonyPictures ha decidido que la reclamación de copyright de ellos sigue siendo válida.” Fíjense en cómo YouTube se lava las manos y deja a SonyPictures hacer de juez y jurado. Por supuesto, ni una explicación fuera de este kafkiano mensaje:

Puede que el propietario del copyright esté en desacuerdo con la disputa; o puede que la razón dada por vd. para disputar la reclamación sea insuficiente o inválida.

Todo por un vídeo grabado de la televisión hace 20 años y que, hasta donde yo sé, nunca ha sido reemitido o comercializado en España para venta o alquiler. Oh, sí, seguro que los pobrecitos titulares de derechos estarán destrozados por todo el perjuicio económico que les estoy causando.

Así las cosas, ¿qué puedo hacer yo? Existe la posibilidad de apelar la resolución. El problema es que serán los titulares SonyPictures quienes vuelvan a juzgar el asunto, y si fallan en mi contra tendré una mención desfavorable en mi cuenta (tres menciones y me cierran la cuenta). A pesar de ello, sigo adelante. No me da la gana que se crean que quien calla otorga. Por lo que valga, aquí va mi apelación:

Como dije en su momento, mi reclamación se basa en el artículo 32.1 de la vigente Ley de Propiedad Intelectual de España, que permite incluir fragmentos de obras ajenas en la propia (en este caso, el video en litigio en el curso online ACME MOOC), puesto que

– Se trata de obras ya divulgadas

– Su inclusión se hace a título de análisis y juicio crítico (en este caso, el uso del método científico en un ejemplo particular)

Deseo añadir lo siguiente:

1) El vídeo en litigio tiene un valor comercial prácticamente nulo en España, toda vez que se emitió por televisión una sola vez a comienzos de los años noventa, y hasta donde alcanza mi conocimiento nunca ha sido vendido o alquilado en España, por lo que no genera beneficios a sus titulares. Por mi parte, el uso de ese material en el curso online ACME MOOC es a título no lucrativo, y no genera beneficios directos o indirectos de ninguna clase.

2) Considero que no es el titular de derechos el más capacitado para juzgar la validez de una impugnación, por ser juez y parte. Aun en caso de que sí, en esta ocasión dicho titular se ha negado a explicar o justificar los motivos de su decisión, ni ha indicado cuál es la legislación aplicable. Como parte en el proceso, solicito y exijo que tal información se me haga explícita.

3) Finalmente, deseo dejar constancia mi protesta por el tratamiento que se ha hecho a los vídeos que conforman mi curso online ACME MOOC. Al menos quince de ellos han sufrido reclamaciones de violación de derechos, y en todos los casos han sido sobreseídos, pero resulta molesto tener que estar defendiéndose y planteando los mismos argumentos una y otra vez. La situación ha llegado al punto de que he recibido una notificación de bloqueo, y 24 horas después una del tipo “Good news! Your dispute wasn’t reviewed within 30 days, so the copyright claim on your YouTube video has now been released” ¿Treinta días en 24 horas? ¿Me están llamando idiota en la cara?

Les ruego que solucionen este problema de una vez, y si por el contrario no me quieren como usuario limítense a decírmelo a la cara. Donde no me quieren no me quedo, pero basta ya de abusos, por favor. Saludos. AQ.”

Si la aceptan, genial; si no, que les den, pensé cuando lo escribí. Pues resulta que acaba de llegarme el dictamen de YouTube:

¡Buenas noticias! Su disputa no ha sido revisada en 30 días, así que la reclamación sobre su vídeo de YouTube ha sido levantada

Para quien no tenga experiencia con ellos, esa es la forma que tiene YouTube de decir “vale, tiene usted razón, pero no le vamos a decir que tiene usted razón.” En esta ocasión sí que se han esperado 30 días, casi al segundo. ¿Pero creen que han aprendido? ¡No! Mientras esperaba el dictamen, me envían otro aviso de impugnación rechazada, con su correspondiente advertencia de que si apelo y pierdo, mi cuenta podría recibir un aviso. Pues nada, a apelar de nuevo.

Esto parece el día de la marmota. Hatajo de cansinos.

ACTUALIZACIÓN (7/10): YouTube ha tenido a bien volver a considerar que, en el fondo, no soy un asqueroso pirata robapelículas. Resulta reconfortante ver que además me han hecho caso en otra cosa: ahora esperan 30 días para absolverme. No, si lo mismo un día descubren que soy un tío majo y todo.

Babosa cerebral

Dentro de cien años, leí una vez, los niños se aburrirán en clase estudiando las cosas que hoy nos causan pavor. Y creo que es cierto. De aquí a un siglo nadie sabrá quiénes son esos señores que hoy copan las noticias de los informativos, la prima de riesgo sonará a chiste de época e incluso el terremoto de Italia que ahora nos sobrecoge se convertirán en, como mucho, una nota a pie de página en los manuales de geología.

Si acaso puede que haya una noticia que pase a la historia: el descubrimiento de Próxima b, el exoplanetas más cercano a nuestro Sistema Solar. Puede que de aquí a quinientos años nuestros descendientes lo comparen al desembarco de Colón de 1492, y tal vez se pregunten cuál fue el impacto de la noticia en su época. En Naukas lo hemos petado gracias a Dani y Francis, y en general ha sido la noticia científica del verano.

Hubo una excepción. El día 24, mientras Internet bullía de noticias al respecto, el tratamiento hecho en sus telediarios por TVE, la cadena de televisión supuestamente líder en España, fue de exactamente cero segundos en antena. Estaban demasiado ocupados con un reportaje sobre las papas arrugás. Han tardado casi dos días en prestarle algo de atención, y eso que hay un equipo de españoles en el grupo que hizo el descubrimiento (por cierto: enhorabuena, José Luis). Hasta la Wikipedia ha ido más rápido, por no hablar de exoplanet.eu.

Ese es el nivel de la divulgación científica en la Televisión Española de 2016.

Por supuesto, esto no nos viene de nuevas. Todavía recuerdo cuando falleció Neil Armstrong, el primer hombre en la Luna, el análogo de Colón en el espacio. Me acuerdo que cronometré el tiempo que TVE le dedicó a la noticia en el telediario. Fueron 75 segundos. Por si le parece a usted mucho, le diré que la mitad del tiempo lo gastaron en imágenes de unos americanos atando un lazo a un árbol en señal de recuerdo, y la otra mitad en hablar de Jesús Hermida, que en todos los años de su dilatada carrera parece como si no haya hecho nada digno de mención salvo narrar el primer alunizaje.

Como ya sabréis, el espacio de ciencia que dedican los telediarios de TVE son esos segundos previos al segmento de deportes. La cadena que pagamos de nuestro bolsillo vuelca la ocasional noticia sobre sondas espaciales, el CERN o las ondas gravitacionales, cualquier cosa que tenga vídeos chulos, y si les sobra tiempo entrevistan brevemente a un científico que suele trabajar en Madrid (imagino que por eso de ahorrarse las dietas). Y lo hacen justo cuando los forofos del fútbol y del tenis van al baño, retiran los platos de la mesa y se acomodan en el sillón, para que no se pierdan nada importante.

Sí, a mí también me dan ganas de llorar.

En realidad, todo el panorama de divulgación científica en televisión da pena, por no decir vergüenza ajena. Ya hablé del tema en su momento, con especial atención al programa de Sardá ADN Max, y desde entonces la cosa ha ido cuesta abajo. No hay más que ver programas del tipo Extraterrestres o Misterios Misteriosos, supuestos documentales cuyas tesis no se sostienen pero que se presentan en un formato que hace dudar al espectador. Pues no lo veas, puede que me diga usted. Vale. ¿Y que pasa con toda la gente que sí lo ve, los que no tienen un doctorado en ciencias, quienes ignoran que los círculos de trigo fueron desenmascarados hace décadas, los que aún creen que la alimentación cura el cáncer?

Los científicos y divulgadores hemos asumido una responsabilidad, la de propagar la verdad y desvelar los engaños. Nadie nos paga por ello, pocos nos lo agradecen y algunos sacarían la escopeta si pudiesen, pero seguimos en ello. Creemos firmemente que una buena educación en ciencia y cultura es algo fundamental para evitar engaños al hombre de a pie. No hay más que ver los casos de niños fallecidos porque sus padres se negaron a vacunarlos, o de personas que siguen tratamientos pseudocientíficos (y pagan un alto precio por ello) para darse cuenta lo válido que es eso que dijo alguien de “¿crees que la educación es cara? Prueba con la ignorancia?”

En esta lucha contra la ignorancia las cadenas públicas juegan un papel muy importante. No están tan obsesionadas por los índices de audiencia como elemento de éxito frente a los anunciantes, disponen de grandes medios, son capaces de llevar a cabo proyectos por los que no apostaría una televisión privada, y por supuesto se supone que, como entidades pagadas con dinero del contribuyente, han de contribuir a la mejora de la sociedad y de sus ciudadanos. La PBS ha hecho, y sigue haciendo, algunos de los programas divulgativos de mayor éxito en Estados Unidos, y en cuanto a la BBC creo que no hace falta añadir nada más.

También España tuvo su período de gloria. La serie documental El Hombre y la Tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente, fue rompedora en su género y mantiene el listón muy alto incluso a día de hoy (échenle un vistazo a la versión remasterizada, es espectacular). También fue expositor y refugio de series divulgadoras míticas como Mundo Submarino de Jacques Cousteau o el Cosmos de Carl Sagan.

¿Alguien ha visto alguno de esos documentales en televisión últimamente? La divulgación científica era parte integrante de la programación de TVE. Ahora, por el contrario, parece como si tan sólo la tolerasen a disgusto. Sí, La 2 sigue siendo el último refugio seguro, con documentales que se siguen uno tras otro (si lo permite el deporte, claro), pero pare usted de contar. Fuera de eso, apenas si podemos reseñar proyectos como Órbita Laika, una serie que pusieron en la peor franja horaria que pudieron encontrar. Ahora están preparando una segunda temporada sin casi nadie del equipo original, así que cualquiera sabe cómo saldrá (por si acaso, crucemos los dedos).

Es indudable que alguien odia la ciencia en Televisión Española, y ese alguien tiene poder y longevidad. Peor aún, tiene un montón de dinero de nuestros impuestos. ¿No va siendo hora de que los gestione bien? Paso que Discovery Max emita chorradas porque puedo limitarme a no verlo y, puesto que se mantienen gracias a la publicidad, han de rendir cuentas ante sus anunciantes (¿verdad, gentes de La Noria?); pero tengo derecho a exigir una programación de calidad en TVE. Quiero una cadena pública donde pueda ver ciencia, cultura de verdad (no eso de los toros), donde mis hijos y yo podamos aprender mientras nos quedamos con la boca abierta.

O devuélvame mi parte del dinero que está desperdiciando, señor TVE, y pase usted de mí.

C4_4 - Sistema PSR 1257+12

Acaba de salir publicado mi libro Exoplanetas para la colección Un paseo por el Cosmos de RBA. Uno de los capítulos que escribí para el primer borrador acabó descolgándose del texto final. No quiero que se pierda como lágrimas en la lluvia, así que os lo incluyo a continuación en los siguientes dos artículos (este es el segundo, y aquí está el primero). Tomadlos como un anexo a la Versión del Director. Que lo disfrutéis.

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VIAJAR A LAS ESTRELLAS – Parte 2

Aun con suministros de energía prácticamente infinitos, la velocidad de una nave interestelar estaría limitada en la práctica a una fracción de c. A velocidades tan altas el choque con cualquier fragmento de materia, incluso átomos de hidrógeno, sería catastrófico. Cualquier nave que se enviase a una velocidad superior a unas centésimas de c llegaría a su objetivo totalmente abrasada.

Todo ello restringe el vuelo interestelar a una empresa relativamente lenta, donde incluso el vuelo a las estrellas más cercanas llevaría siglos. Podemos pensar en la posibilidad de enviar primero veloces sondas no tripuladas, enviadas a las estrellas más cercanas con fines de exploración. Tras décadas o siglos de viaje, cartografiarán el sistema estelar y luego saltarán al siguiente. Una sonda avanzada podría utilizar los materiales existentes en el sistema para reparar sus sistemas, y también para construir nuevas sondas. De ese modo una armada de robots creciente en número se expandiría por nuestro entorno galáctico, investigando y enviando información a la Tierra.

Dada la tendencia de nuestra raza por colonizar todo territorio a nuestro alcance, el vuelo tripulado será el siguiente el paso lógico. Por supuesto, ningún ser humano podría soportar un viaje interestelar. Incluso un viaje a la estrella más cercana y a una velocidad del 5% de la de la luz requeriría un tiempo de vuelo cercano a un siglo. Los viajes tipo Star Trek, en los que una tripulación explora enormes distancias en poco tiempo, tendrán que sustituirse por grandes expediciones que se extenderán en el tiempo a lo largo de varias generacionales.

Imaginemos una gran nave espacial lanzada hacia una estrella próxima. Se trata de un gran hábitat en cuyo interior millares de personas nacen, viven y mueren. Muchos de ellos pasarán toda su vida en el interior de esa nave, que para ellos será su único mundo conocido. En cierto modo se asemejarán a las primitivas colonias europeas en América, donde los colonos establecen su vida sin apenas comunicación o ayuda de la metrópoli. En una nave generacional eso será literalmente cierto, puesto que no habrá posibilidad de recibir ayuda material de la Tierra y las comunicaciones se ralentizarán meses, luego años, debido a la extrema lejanía.

C6_1 - Hábitats espaciales

Los futuros hábitats espaciales podrían estar basados en un modelo similar a los llamados cilindros de O´Neill. La rotación creará un efecto de gravedad artificial y la luz del sol permitirá cultivar alimentos y satisfacer las necesidades de energía. Créditos: Rick Guidice / NASA Ames Space Center

Una nave así es técnicamente imaginable, aunque de existir plantearía graves problemas de índole sociológica. En un entorno cerrado y alejado de la Tierra, ¿como pueden mantenerse las estructuras de mando? ¿Quién decidirá las prioridades, el orden de los trabajos, las remuneraciones, los cargos? Cuando nos encontramos cerca de la Tierra y el viaje es breve, como en el programa lunar Apolo o en la Estación Espacial Internacional, es fácil obtener tripulaciones que acepten las órdenes disciplinadamente. La situación será muy distinta en un entorno autocontenido, tan lejano que la Tierra no puede ejercer un control directo, y tan extendido en el tiempo que los niños de la segunda o tercera generación pueden tener motivaciones menos puras que las de sus predecesores.

Un vistazo a los primeros asentamientos europeos en nuevas tierras, como los españoles o los británicos en América, muestra que la lejanía del poder central conlleva rápidamente caos, tiranía y sedición. Incluso sin ir tan lejos, el comportamiento humano en emplazamientos cerrados (pensemos en las estaciones de la Antártida, por ejemplo) muestra un número de problemas de convivencia que crece con el paso del tiempo: depresión, irritabilidad, hostilidad, formación de bandos enfrentados.

Para evitar los problemas derivados de una posible rebelión a bordo, y de paso para reducir la complejidad técnica de una nave que debe albergar generaciones enteras de humanos vivos, se han propuesto otras alternativas. Una de ellas, muy popular entre los escritores de ciencia-ficción, consiste en someter a la tripulación a un período de animación suspendida, lo que permitiría llevar a largas distancias a una tripulación preparada y motivada evitando los problemas derivados de tener que alimentar y cuidar seres humanos durante generaciones. Una segunda opción, más simple y con menos requisitos de recursos todavía, sustituye la tripulación por un conjunto de embriones congelados. En ambos casos, la tripulación se convierte en mero cargamento y las tareas de pilotaje, exploración y mantenimiento son asumidas por un ordenador avanzado hasta llegar a destino.

Una posibilidad futurista contempla el viaje más rápido que la luz. En principio, la Relatividad General de Einstein permite la posibilidad de viajes superlumínicos en espaciotiempos curvos. Se ha especulado con la posibilidad de que un agujero negro pueda convertirse en un portal hacia otras zonas del espacio. La situación sería similar a la de hormigas en una mesa. Una hormiga que quiera viajar de la cara superior de la mesa a la interior debería recorrer una larga distancia; sin embargo, un agujero en la superficie le permitiría efectuar su camino en mucho menos tiempo. De manera similar, dos agujeros negros conectados entre sí formarían un agujero de gusano, uniendo dos regiones muy lejanas del espacio.

C6_2 - Agujero de gusano

Un agujero de gusano que conectase dos regiones de un espacio bidimensional permitiría a un viajero tomar una ruta más corta (verde). La situación puede extrapolarse a nuestro espacio tridimensional. Créditos: Panzi

El concepto de agujero de gusano se ha utilizado en algunas obras de ciencia-ficción como la novela Contact de Carl Sagan o la película Interstellar de Christopher Nolan, pero aunque se trata de una idea teórica válida acerca de las posibilidades de los viajes superlumínicos nadie lo consideraba como posibilidad práctica real. Los requisitos de energía necesarios para crear un agujero de gusano, su baja estabilidad y la hostilidad de un entorno así para la vida humana lo descartan.

Una alternativa interesante fue propuesta en 1994 por el físico mejicano Miguel Alcubierre. La Relatividad General de Einstein prohíbe que una nave se mueva más rápido que la luz. ¿Pero más rápido con relación a qué? En principio, con relación a su espacio local inmediato. Ahora bien, el espacio puede deformarse debido a la acumulación de masa en sus proximidades. Imaginemos, dijo Alcubierre, que modificamos esa acumulación de masa de tal forma que el espacio se expanda justo detrás de la nave y se comprima justo por delante.

En el modelo de Alcubierre, una burbuja de espacio sería acelerada por la acumulación de masa a su alrededor, y el resultado sería la posibilidad de viajar distancias a mayor velocidad que la luz. No se viola el principio de la Relatividad Especial sobre viajes más veloces que la luz puesto que la nave está en reposo con relación a su burbuja local; es la propia burbuja la que se transporta a velocidad superlumínica, y con ella cualquier objeto que ésta contenga, incluida una nave espacial.

C6_3 - Motor de Alcubierre

El motor de Alcubierre curva el espacio a lo largo de su trayectoria, comprimiendo el espaciotiempo a proa y expandiéndolo a popa. Créditos: Trekky0623

Alcubierre plasmó las posibilidades para el vuelo superlumínico en su artículo original, donde el mecanismo que propone es descrito con un término de la serie de ciencia-ficción Star Trek: motor de curvatura (Warp drive). También reconoció un fallo de su modelo: viola el principio de conservación de la energía. Para producir un efecto de “motor de curvatura” hace falta que la densidad de energía en ciertos lugares se haga negativa. Considerar materia con energía menor que cero puede parecer paradójico, pero dentro del campo de la Mecánica Cuántica existen situaciones en las que el concepto es factible.

Aunque las matemáticas del motor de curvatura están bien establecidas, su aplicación práctica es dudosa. Las primeras estimaciones indicaron que la energía requerida superaría con mucho la existente en el Universo conocido; posteriores reevaluaciones redujeron la cantidad de energía a “sólo” la mitad de la masa de Júpiter, y si la burbuja de espacio se sustituía por un toro (un cuerpo con forma de rosquilla), la cantidad se reduce a la masa de un coche.

La exploración de otros sistemas planetarios constituirá un hito de magnitud sin precedentes en la historia del Hombre; eso si llega finalmente porque no hay garantías de que el salto a las estrellas sea factible. Puede que las dificultades técnicas resulten insalvables o que requieran de un esfuerzo económico e industrial tan enorme que sea en la práctica inviable. Es posible que los demás mundos ya estén colonizados por otras especies. En tal caso, quizá sea más razonable llamar a los vecinos antes de presentarnos en su casa.

C5_3 - Kepler-452 b

Acaba de salir publicado mi libro Exoplanetas para la colección Un paseo por el Cosmos de RBA. Uno de los capítulos que escribí para el primer borrador acabó descolgándose del texto final. No quiero que se pierda como lágrimas en la lluvia, así que os lo incluyo a continuación en los siguientes dos artículos (este es el primero). Tomadlos como un anexo a la Versión del Director. Que lo disfrutéis.

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VIAJAR A LAS ESTRELLAS – Parte 1

Los exoplanetas se encuentran a grandes distancias, mucho más lejos de lo que un ser humano podría viajar. Aun así, los humanos no se resignarán a permanecer confinados en su propio sistema planetario. Las propias leyes de la Física imponen límites a la posibilidad de viajar a otras estrellas, pero hay otras opciones.

Descubrir la existencia y propiedades de mundos extrasolares tiene una gran interés para los científicos. pero su importancia se extiende mucho más allá. Las sociedades humanas, con apenas excepciones, han atendido siempre la llamada a expandirse por todo tipo de territorios en busca de espacio vital. Parece que se trata de algo consustancial al ser humano. Buscamos tierras de cultivo, recursos minerales, puertos naturales, territorios para colonizar, enclaves militares estratégicos. En el proceso algunas naciones prosperan más que otras, pero el resultado general es una expansión de la raza humana.

Hemos colonizado todos los continentes, hemos establecido colonias en la Antártida y en órbita terrestre baja. La siguiente frontera es el espacio. En las últimas décadas hemos desplegado un buen número de sondas interplanetarias, paso previo antes de la exploración tripulada. Ya hay planes para colonizar mundos en nuestro propio sistema solar y para explotar los recursos minerales de asteroides y cometas cercanos. Más cerca de casa, la Luna nos brinda una estación espacial natural en la que podemos extraer recursos como helio-3 y donde podemos establecer bases de exploración.

Tarde o temprano el hombre saldrá de su pequeña isla planetaria y colonizará el archipiélago que forma el Sistema Solar. Después de eso se plantearán dos alternativas: o bien la humanidad se contenta con ocupar su propio sistema planetario y nada más, o bien dará el gran salto a la búsqueda de nuevos mundos en otras estrellas. La primera alternativa es poco probable, dado el impuso natural que tenemos por seguir ampliando horizontes. En cuanto a la segunda, plantea problemas de enorme dificultad.

Resulta difícil comprender la enormidad del espacio entre las estrellas. En tiempos de Felipe II la mayoría de las personas tenían su movilidad limitada a pocos kilómetros por los medios de transporte de la época. El galeón de Filipinas unía dicho archipiélago con la Península una vez al año, recorriendo una distancia mil veces superior a la que una persona podía recorrer a pie o a caballo en un solo día. En la actualidad, la sonda New Horizons se dirige al exterior de nuestro Sistema Solar tras estudiar Plutón, un cuerpo situado a 6.000 millones de kilómetros de la Tierra que tardó nueve años en alcanzar. Es una de las sondas más rápidas jamás lanzadas por el hombre, pero a pesar de eso tardaría unos 300.000 años en llegar a la estrella más cercana a la nuestra. Las distancias interplanetarias se miden en millones de kilómetros, las interestelares se miden en millones de millones.

Podemos diseñar naves más avanzadas y veloces. La duración de un viaje desde Filipinas hasta España se ha reducido del año que requería en el siglo XVII a apenas un día en la actualidad, y si hubiese incentivos económicos podría hacerse incluso en menos tiempo. El problema es que los viajes espaciales se parecen muy poco a los vuelos de avión. Una nave espacial es como una bola de billar, lanzada con gran precisión para llegar a su objetivo. Los ingenieros espaciales utilizan los planetas como ayuda gravitacional para poder desviar la sonda a donde interese y en el proceso la velocidad puede aumentar, pero ese efecto tiene sus límites.

Intentemos dotar a nuestra nave espacial de un poderoso motor y una gran cantidad de combustible. ¿Viajará así más rápido? La respuesta es sí, pero por desgracia la Física actúa en contra de los viajeros. La única forma que tenemos de propulsarnos está basada en la Tercera Ley de Newton: si queremos avanzar tenemos que dejar algo atrás. Para que una nave espacial avance tiene que llevar algo que pueda arrojar hacia atrás, como los gases de combustión del cohete. Ahora bien, si queremos viajar más rápido la cantidad de combustible necesario aumenta de forma exponencial: duplicar la velocidad requiere mucho más del doble de combustible.

Para aumentar la velocidad de una nave espacial, una de las cosas que pueden hacerse es elevar la velocidad de salida de los gases de combustión. Eso puede lograrse sustituyendo el motor clásico, en el que sustancias químicas reaccionan y salen del cohete a gran velocidad, por un motor iónico donde las partículas cargadas eléctricamente son aceleradas por un campo eléctrico. La velocidad de las partículas expulsadas por el cohete es mucho mayor, y también lo será la velocidad final de la nave.

Los primeros prototipos de motor iónico fueron probados por la NASA en la década de los sesenta y han sido usados con éxito en la sonda Dawn que fue enviada para estudiar los asteroides Vesta y Ceres. El motor iónico que la impulsa por el espacio es muy lento en términos absolutos, y su empuje es tan pequeño que la aceleración que produce es equivalente a pasar de 0 a 100 km/h en cuatro días. A su favor cuenta con una mayor eficiencia que un motor convencional, lo que se traduce en un menor consumo de material de propulsión, y su menor empuje es compensado de sobra por su mayor tiempo de funcionamiento.

Más allá del motor químico o el iónico, un cohete propulsado mediante energía nuclear proporcionaría un empuje muy alto, permitiendo a la nave alcanzar velocidades muy altas. Existen diversos proyectos en los tableros de diseño esperando un apoyo presupuestario masivo para convertirse en alternativas viables. Los actuales viajes de exploración del Sistema Solar no precisan de motores nucleares, pero el salto a las estrellas será una empresa con necesidades muy distintas.

Buscando métodos para mejorar la eficiencia de futuras naves interestelares, los ingenieros han dado con una solución eficaz: no acarrear combustible. Eso se puede hacer de diversas formas. Una opción consiste en desplegar una gigantesca y finísima vela solar, capaz de captar los fotones emitidos por el Sol. Los fotones son partículas que carecen de masa en reposo pero pueden transportar momento lineal, o como se decía antiguamente, “cantidad de movimiento.” Cuando impactan contra una superficie, como la de una vela, pueden transmitir parte de su momento linean a ésta, actuando de forma similar al viento sobre una vela terrestre. También puede usarse la luz de un láser de alta potencia disparado desde el punto de origen del viaje.

Una interesante alternativa, propuesta en los años sesenta por el físico norteamericano Robert Bussard, se basa en el hecho de que el vacío del espacio interestelar no está realmente vacío. Bussard imaginó un gigantesco colector formado por un campo magnético que recogería los átomos de hidrógeno desperdigados por el espacio. Ese hidrógeno podría ser usado como fuente de energía (mediante fusión termonuclear) y como sustancia arrojadiza. La idea cuenta con un serio inconveniente: el hidrógeno que va siendo recogido se encuentra prácticamente en reposo, y al colisionar con la nave crearía en esta un efecto de frenado.

Pero las enormes distancias interestelares hace que incluso los más eficientes y veloces sistemas de propulsión se encuentren con limitaciones impuestas por las propias leyes de la naturaleza. La primera proviene de la Teoría de la Relatividad de Einstein: nada puede viajar más rápido que la luz en el vacío. Se trata de una velocidad tan alta que a escala humana parece infinita porque no suelen abundar los casos en que podamos notar el retardo. Las comunicaciones por radio y televisión en nuestro mundo son prácticamente instantáneas, y los medios de transporte más veloces a nuestra disposición viajan a apenas una fracción de la velocidad de la luz, cuyo valor suele representarse mediante la letra c.

El efecto de c finito comienza a manifestarse en los vuelos interplanetarios. Cuando los ingenieros de la NASA o la ESA controlan una sonda espacial han de asumir que pasarán horas entre la transmisión de una orden y su recepción, lo que dificulta el control desde tierra. Cuando en julio de 2015 la sonda New Horizons pasó por Plutón, la señal de “todo en orden” que envió tardó casi cuatro horas y media en llegar a la Tierra; para entonces la sonda había avanzado casi un cuarto de millón de kilómetros. A tales distancias no se puede establecer una comunicación en tiempo real y por ese motivo la lista de instrucciones de la New Horizons estaba programada de antemano.

La situación empeora al salir del Sistema Solar. La estrella más cercana a nuestro sol, Próxima Centauri, se hallan a unos 4,22 años-luz de nosotros. Incluso viajando a la velocidad de la luz tardaríamos más de cuatro años en llegar a ella. Algunas de las estrellas de nuestros cielos se encuentran mucho más lejos. Polaris, la estrella polar, que indica el Norte a los marineros de nuestros mares, se encuentra a 434 años-luz, lo que significa que la luz que nos llega ahora de ella abandonó su superficie cuando el reinado de Felipe II estaba en su apogeo.

La segunda limitación es de índole matemática. Acelerar un objeto hasta alcanzar una velocidad próxima a la de la luz requiere una gran cantidad de energía. Para llevar una moneda de un euro desde el reposo a una velocidad de 0,9c necesitaríamos todo el suministro energético de una central nuclear durante diez días; la factura rondaría los treinta millones de euros. Y aumentar la velocidad será cada vez más difícil. Un objeto necesita tanta energía para pasar del reposo a una velocidad de 0,9c como para subir esa velocidad de 0,9c a 0,96c. Rozar la velocidad de la luz se hace prohibitivo. Lástima, porque viajar a altísimas velocidades tiene un efecto positivo para los viajeros: el tiempo viaja más despacio para ellos. Un viaje a Próxima Centauri a 0,99c tardaría unos cuatro años según el cómputo de la Tierrra, pero para los viajeros solamente habrían transcurrido siete meses. Se trata del efecto de dilatación temporal descrito por la Relatividad de Einstein.

Botas voladoras - Iron Man

Hace algunos días (gracias a Cintia) me encontré con una curiosa historia. En mayo de 2016 un chico escribió una carta a la AAAS (American Association for the Advancement of Science), una organización norteamericana centrada en la promoción de la ciencia. El chico preguntaba si había alguna forma de conseguir unos zapatos para vola. El CEO de la AAAS es de esa gente que piensa que la ocasión la pintan calva, y aprovechó para responder con una carta que combinaba claridad, esperanza y apoyo. Creo que es bueno compartirla con todos vosotros.

LA CARTA:

Querido científico

¿Puede encontrar una forma de que yo tenga superfuerza para poder volar, o simplemente hacerme volar, o puede hacer unos zapatos para volar y enviármelos para que yo pueda probarlos? Oh, y nunca he hecho una nota para un científico así que esto es del todo nuevo. Sólo quería saber si podía usted hacerlo, que yo creo que sí puede. ¿Puede ser gratis, o puede usted hacerlo por 10 pavos, por favor? Muchas gracias para usted y para mí.

Sinceramente [sin firma]

LA RESPUESTA:

Rush D. Holt, CEO y Editor Ejecutivo de Ciencia

24 mayo 2016

Querido [],

Muchas gracias por tu carta en la que pides nuestra ayuda para darte superfuerza o crear zapatos para volar.

Desde pájaros hasta aviones, todas las cosas que vuelan necesitan una fuerza para impulsarlos en una dirección dada. Se llama empuje. Para darle empuje a un par de zapatos, necesitarías usar cohetes. No obstante, la parte difícil de crear zapatos-cohete es almacenar suficiente combustible para que dure algo más de unos segundos sin que pesen demasiado. No te conozco, pero creo que eres mucho más pesado que un pájaro y haría falta mucho combustible para propulsarte. Y piensa que también tendrías que llevar combustible para impulsar el combustible de los depósitos. Puede que nos guste disfrutar viendo en el cine a Iron Man volando por el mundo, pero por desgracia aún no hemos conseguido ingeniárnoslas para crear un par que funcione.

Puede que algunas personas te digan que es imposible. Sin embargo, la ciencia convierte lo que una vez se consideró imposible en tecnologías que usamos todos los días, como aviones, smartphones, satélites y técnicas médicas que previenen y curan todo tipo de problemas de salud. La gente que vivió hace 300 años nunca pudo haber imaginado la tecnología que tenemos hoy, ¡y quién sabe lo que la gente tendrá dentro de 300 años!

Ya piensas como un científico, porque haces preguntas. Estoy deseando oír buenas noticias de tu parte, y acerca de tí.

Sinceramente, Rush Holt.

APÉNDICE. La carta del chaval, identificado como Drayden Walker, desencadenó una campaña en la que personas de todo el mundo compartieron sus primeras experiencias con la ciencia y la tecnología bajo los hashtag #ThinkLikeAScientist (“piensa como un científico”) y #ThinkLikeAnEngineer (“piensa como un ingeniero”). Algunos de los miembros de la AASC compartieron su primer contacto con la ciencia y la ingeniería: el Discovery Channel, un lanzamiento del transbordador, un columpio, una mascota, una feria científica del colegio. Mi favorito es el de la chica que, con cinco años, decidió usar aceite de cocina para ver si podía deslizarse más deprisa por el tobogán. Su conclusión: “no lo recomiendo

¿Y tú, amigo lector? ¿Cuál fue tu primera vez?

Arroz dorado

Traducción de la carta que un grupo de galardonados con el premio Nobel ha dirigido contra la multinacional ecologista Greenpeace, con relación a los organismos modificados genéticamente. La carta original en inglés puede leerse aquí, y hay versión en francés aquí.

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A los dirigentes de Greenpeace, las Naciones Unidas y los gobiernos de todo el mundo

El Programa de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas ha resaltado que la producción de alimentos, piensos y fibras necesitará duplicarse para el 2050 para satisfacer la demanda de una población global creciente. Las organizaciones opuestas a las técnicas modernas de cruce de plantas, con Greenpeace a la cabeza, han negado repetidamente estos hechos y se han opuesto a las innovaciones biotecnológicas en la agricultura. Han representado incorrectamente los riesgos, beneficios e impacto de éstas, y han apoyado la destrucción criminal de pruebas de campo y proyectos de investigación aprobados.

Urgimos a Greenpeace y a sus seguidores a que reexaminen la experiencia de los granjeros y consumidores del mundo con relación a cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología, a que reconozcan los descubrimientos de las instituciones con autoridad científica y de las agencias reguladoras, y que abandonen su campaña contra los “OMG” [Organismos Modificados Genéticamente] en general y contra el Arroz Dorado en particular.

Las agencias científicas y reguladoras por todo el mundo han hallado, de forma repetida y consistente, que los cultivos y alimentos mejorados mediante la biotecnología son tan seguros como, si no más seguros que, los que se derivan de otros métodos de producción. Nunca ha habido ni un solo caso confirmado de repercusión negativa, sobre la salud para humanos o animales, debido a su consumo. Se ha mostrado repetidamente que el impacto ambiental ha sido menos dañino al medio ambiente, así como una mejora en la diversidad global.

Greenpeace ha encabezado la oposición al Arroz Dorado, el cual tiene el potencial de reducir o eliminar gran parte de las muertes y enfermedades causadas por deficiencia en vitamina A (VAD), que tiene el máximo impacto en los pueblos más pobres de África y el Sureste de Asia. La Organización Mundial de la Salud estima que 250 millones de personas sufren de VAD, incluyendo el 40 por ciento de los niños menores de cinco años en el mundo en desarrollo. Basándose en estadísticas de UNICEF, un total de uno a dos millones de muertes evitables suceden anualmente como resultado de VAD, puesto que compromete al sistema inmunitario, exponiendo a los bebés y niños a un gran peligro. El VAD en sí mismo es la causa principal de la ceguera infantil en todo el mundo, afectando a entre 250.000 y 500.000 niños cada año. La mitad de ellos fallecen 12 meses después de perder la vista. HACEMOS UN LLAMAMIENTO A GREENPEACE a que cese y desista de su campaña contra el Arroz Dorado en particular, y contra los cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología en general;

HACEMOS UN LLAMAMIENTO A LOS GOBIERNOS DEL MUNDO para que rechacen la campaña de Greenpeace contra el Arroz Dorado en particular, y contra los cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología en general; y para que hagan todo lo que esté en su mano para oponerse a las acciones de Greenpeace y para acelerar el acceso de los granjeros a todas las herramientas de la biología moderna, especialmente semillas mejoradas mediante biotecnología. La oposición basada en la emoción y el dogma, en contradicción con los datos, debe cesar. ¿Cuántas personas pobres del mundo deben morir antes de que consideremos esto un “crimen contra la humanidad”?

Sinceramente, (lista de firmantes)