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Nos están bombardeando con rayos gamma. Proceden de todas las regiones del espacio, generados por agujeros negros, cuásares, púlsares y otros entes de mal vivir. Sus radiaciones recorren millares de años-luz hasta que llegan a nosotros. Nuestra red de vigilancia planetaria está al límite y necesita voluntarios. ¿Serás tú uno de ellos?

Dicho así parece el principio de una película de serie B, pero resulta que todo es cierto. La FECYT y el IFAE (Instituto de Física de Altas Energías) de Barcelona han combinado sus equipos para presentarnos la iniciativa Cazadores de Rayos Gamma. Podrás seguir el trabajo de Daniel para aprender el uso de los telescopios MAGIC (Major Atmospheric Gamma Imaging Cherenkov), así como el modo de procesar la información, separar señal y ruido, y obtener finalmente los datos de interés científico. Alba te pondrá al día sobre el microcuasar Cygnus X-1, Quim te enseñará cómo aprovechar los rayos gamma para buscar materia oscura, y Leyre pondrá a prueba la teoría de la Relatividad en tus narices.

Una vez hayas aprendido todo sobre los rayos gamma, comienza la observación. Te darán datos reales y tendrás que saber qué hacer con ellos. Si tu trabajo científico mola lo suficiente, podrás participar en el concurso de los Cazadores: una noche de observación mano a mano con ellos, el observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma.

¿Te animas? ¿Sientes como tu ardor científico te llama? ¿Deseas formar parte de la patrulla gamma? Pues ya estás tardando. Tienes un uniforme y una pantalla de observación esperándote en www.cazadoresderayosgamma.com. Contamos contigo, cadete.

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La película El Núcleo (The Core) es al rigor científico lo que Trump a los buenos modales. Lo que en otros casos son licencias creativas aquí se convierten en flagrantes fallos de la Física, algo grave en una película que pretende ser realista y creíble. No me preocuparía si la película se limitase a proporcionarnos un par de horas de diversión y punto, pero su efecto va mucho más lejos.

Discúlpeme si hoy sueno algo quisquilloso, pero es algo que repercute en mi trabajo de profesor. recientemente he comprobado que las concepciones previas que mis alumnos tienen en la cabeza están fuertemente influidas por lo que ven en cine y televisión, y a pesar de mis esfuerzos siguen creyendo que en el espacio no hay gravedad o que un objeto no sometido a fuerzas acabará por pararse. ¿De dónde salen esas ideas? En parte de su experiencia cotidiana, y en parte de películas mal hechas donde la nave espacial se detiene cuando para los motores, como si fuese un petrolero navegando por el océano, o donde los sonidos se propagan en el vacío alegremente.

El Núcleo es una película campeona en lo que respecta a fallos científicos de los gordos, y uno de los más mencionados suele referirse al peso de los astronautas. Como usted sabrá la fuerza de la gravedad es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. En principio, cuanto más nos alejemos de la Tierra menor será esa fuerza, y por tanto menor será nuestro peso. Si se pesa usted en un avión que vuela a 10.000 metros de altitud, su peso habrá disminuido en un 0,03% (no se alegre, volverá a recuperarlos cuando aterrice).

La Ley de Gravitación Universal de Newton, que es la que estamos usando, vale solamente para masas puntuales, pero se puede demostrar que el efecto gravitatorio es el mismo si consideramos que toda la masa de la Tierra se encuentra concentrada en su centro. Eso presupone que nos encontramos en el exterior de la Tierra. ¿Qué ocurre si nos metemos en el interior, como hacen los protagonistas de El Núcleo?

Al entrar en una mina profunda, la montaña que está por encima tira de nosotros hacia arriba, de modo que nuestro peso será algo menor. Cuanto más profundicemos mayor será esa pérdida de peso. En el caso extremo de que lleguemos al centro de la Tierra, las diferentes partes del planeta tirarán de nosotros en todas direcciones, y como resultado nuestro peso será cero. Si nuestros terranautas descienden a miles de kilómetros de profundidad notarían un peso menor.

¿Cuánto de menor? Podemos hacer algunos cálculos sencillos. Un pequeño truquito matemático llamado Teorema de Gauss, que suele usarse mucho para estudiar el campo eléctrico, nos será útil en este caso. Sea R el radio de la Tierra, y digamos que usted se encuentra a una distancia r del centro. Imagínese ahora la esfera de radio r que tiene usted bajo sus pies, y calcule la masa m que contiene. Bien, pues el Teorema de Gauss nos dice que la fuerza gravitatoria será la que ejerce esa esfera de radio r que hay bajo usted; el resto del planeta (todo lo que hay a distancia entre r y R) es como si no existiese.

Eso significa que la fuerza que ejerce la Tierra sobre usted es F=Gmm’/r2 (donde m’ es su propia masa, lector), y por tanto su aceleración gravitatoria es proporcional a m/r2. Parece que la dependencia con el cuadrado inverso de la distancia permanece, pero atención a un detalle: m es la masa de la esfera de radio r, no la masa total de la Tierra. Si suponemos una Tierra homogénea, esa masa m será proporcional al volumen de la esfera, que a su vez es proporcional al radio elevado al cubo. Es decir: a=algo*r3/r2 = algo*r (ese “algo” es una constante de proporcionalidad). La conclusión es que, dentro de nuestro planeta, el peso es directamente proporcional a la distancia al centro.

Ese es el fallo de El Núcleo, y como tal aparece incluso en la Internet Movie Database. Cuando los terranautas salen del manto y llegan al borde del núcleo externo la profundidad es de unos 2.890 kilómetros y su distancia al centro es de 3.480 kilómetros. En ese momento el peso debe ser de 3.480/6.370 = 0,55 veces el de la superficie, con lo que parecen haber adelgazado un 45% Cuando lleguen a su destino, que está más o menos a unos 2.200 kilómetros del centro, su peso habrá caído al 35%, un tercio el valor en la superficie. En esas circunstancias los cuerpos caerían con mayor lentitud, los saltos serían tres veces mayores y los ocupantes de la Virgilio se moverían casi como los astronautas en la Luna. Por el contrario, vemos que se comportan normalmente como si estuviesen en gravedad normal. Tarjeta y expulsión.

La sorprendente verdad, sin embargo, es que el fallo no es tal, y la gravedad que sienten los protagonistas de El Núcleo es casi correcta. El motivo es que hemos simplificado demasiado. Es habitual realizar simplificaciones previas para llegar a una conclusión, y se supone implícitamente que podemos hacerlas sin que el resultado se altere mucho, pero en ocasiones no es así. Los chicos de The Big Bang Theory lo escenifican con el siguiente chiste:

Hay un granjero que tiene gallinas pero no ponen huevos, así que pide a un físico que le ayude. El físico realiza unos cuantos cálculos y le dice ‘tengo la solución, pero sólo funciona con gallinas esféricas y en el vacío’

La broma, claro, es que hemos simplificado tanto que la solución no resulta útil. Un granjero escrupuloso que construyese un gallinero al vacío vería cómo sus gallinas se mueren una tras otra, así que de poner huevos nada; y no les cuento nada del problema de encontrar gallinas esféricas.

La simplificación que hemos hecho nosotros es asimismo incorrecta. Hemos supuesto que la Tierra es homogénea, y como consecuencia la aceleración gravitatoria varía linealmente con la distancia. Lo cierto es que nuestro planeta está dividido en capas, y cuanto más profundizamos mayor es la densidad de éstas. Al salir del manto para penetrar el núcleo dejamos atrás una capa de densidad menor, y al aumentar la densidad la masa de lo que tenemos bajo nuestros pies es también mayor. Resultado: la aceleración gravitatoria es más alta de lo esperado.

Para realizar los cálculos adecuados hemos de tener un modelo que nos indique cuáles son las capas en que podemos dividir la Tierra, su densidad y grosor. Existe un modelo llamado PREM que puede sernos de utilidad para calcular mejores valores de aceleración (línea gruesa continua) y compararlos con la aproximación de “gallina esférica en el vacío” (línea discontinua):

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Como puede verse, durante el viaje por el manto la aceleración gravitatoria incluso aumenta un poco, de modo que los terranautas sentirán que su peso aumenta. La diferencia es de apenas el 10% incluso a 3.000 kilómetros de profundidad. Al pasar del manto al núcleo el tirón gravitatorio comienza a disminuir, pero incluso en el centro del núcleo externo, donde su viaje termina, la gravedad es un 76% del valor inicial, no el 35% de antes.

Una disminución de una cuarta parte en el peso aparente sería algo apreciable, pero no tan evidente como en un alunizaje. Creo que podríamos disculpar a los terranautas por no darse cuenta. A quien no quiero disculpar es al guionista. La Física se ha puesto de su lado en este caso, pero han acertado de pura casualidad.

Y usted, lector, ¿qué opina? ¿Mantenemos la tarjeta roja o la retiramos?

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Decíamos anteayer que yo les había pasado a mis alumnos una prueba de conocimientos previos. Los resultados más sobresalientes ya los comenté en el post anterior, pero al final dije que todavía quedaba viene mi pregunta favorita. Leed y decidid si valió la pena esperar. Ah, y feliz día de fiesta y todo eso.

Como creo que los alumnos de ciencias no está muy puestos en eso del método científico, creé hace algún tiempo un curso online (ACME). Este año lo he recomendado a mis alumnos por vez primera, pero no creo que se lo hayan terminado a la vista de la siguiente pregunta: “¿Cuáles de las siguientes disciplinas tienen base científica” (se permiten varias respuestas). He aquí, con una excepción que luego les comentaré, las respuestas:

Homeopatía: 11% sí, 89% no

Psicología: 79% sí, 21% no

Física de partículas: 100% sí

Acupuntura: 21% sí, 79% no

Marxismo: 5% sí, 95% no

Inmunología: 100 sí

Teoría de cuerdas: 74% sí, 26% no

Puede parecer curioso que una cuarta parte no tenga claro que la teoría de cuerdas tiene base científica. Teniendo en cuenta la dificultad de verificación (tanta que algunos abogan por eximir a la TC de la exigencia de comprobación experimental), que llevan medio siglo desarrollándola y que hasta Sheldon Cooper la ha abandonado, resulta razonable que algunos duden. En cuanto a la psicología, tengo a mi esposa matriculada en esa carrera, y si la mitad de lo que me ha contado es cierto, 79% me parece alto.

Me he dejado lo mejor para el final, porque resulta que incluí una respuesta más. ¿Saben cuántos alumnos creen que la astrología es una disciplina científica? Si os digo que el resultado os sorprenderá seguro que os suena al típico enlace “clickbait,” pero juzgad vosotros mismos. El porcentaje de alumnos que incluyó “astrología” en la categoría de ciencia fue… ¡el 79 por ciento! ¡Cuatro de cada cinco!

Sé que en divulgación científica algunas batallas se hacen muy cuesta arriba pero creí que contra la astrología sí que podríamos. Pues no. Y estamos hablando de alumnos de primer curso en una carrera de ciencias. Todavía sin salir de mi asombro, al día siguiente les di la cifra y les pedí aclaraciones, a ver si podían iluminarme un poco. Les pregunté “¿de verdad creéis que la astrología es una ciencia? Eso de los horóscopos, las cartas astrales…” En ese preciso momento los alumnos comenzaron a protestar, ellos no dijeron eso, se referían a otra cosa.

¡Habían confundido la astrología con la astrofísica!

En parte se les puede disculpar. Acostumbrados a tratar con ciencias como la biología, geología, fisiología y demás logías, asumieron que algo que comenzase con “astro” y acabase con “logía” debía ser por fuerza una ciencia respetable. Desafortunadamente, los futurólogos y charlatanes se apropiaron de ese término hace mucho tiempo. A los científicos que estudian el cielo les quedó algo que tuvieron que llamar astronomía, y en cuanto los físicos entraron a saco con sus espectroscopios y demás chismes pasó a llamarse astrofísica. Si mis alumnos no sabían distinguir entre ambas, puede que sea porque no han estado en contacto con el mundo de la astrología y los horóscopos, y en ese caso tanto mejor para ellos. Pero también podemos dar una lectura negativa: quizá hayan estado tan alejados de la astrofísica que no sepan siquiera lo que es.

Y de aquí sacamos otra conclusión: la mujer del César no sólo ser virtuosa sino parecerlo. Muchas veces la apariencia externa supera a la sustancia interna, la forma a la función, y nada mejor para ilustrarlo que la dicotomía astrología-astrofísica. En la actualidad los grupos pseudocientíficos, los charlatanes y en general todos aquellos personajes sin escrúpulos dispuestos a vivir de la credulidad ajena, tiene muy en cuenta este elemento y se lo aplican a rajatabla. Cada vez oímos más hablar de terapias con nombres extraños que no son sino el mismo perro con distinto collar.

Por ejemplo, yo tengo la habilidad de abstraerme cuando estoy pensando en cualquier cosa, y paso de todo el mundo exterior. En otros tiempos mi familia me decía que estaba en las Batuecas; pues bien, hace poco descubrí que eso ahora se llama mindfulness. ¿A que en inglés suena como ese tipo de cosas que enseñan a los ejecutivos en los retiros de empresa? Y no es el único ejemplo:

– El abuso de las vitaminas a cascoporro se conoce como medicina ortomolecular

– La medicina alternativa, esa que no cura pero se atribuye el mérito, ahora se hace llamar medicina complementaria (o integrativa), imagino que por eso de “entre el oncólogo y yo le hemos curado el cáncer, hay mérito para todos”

– La homeopatía, cada vez más desprestigiada por su falta de base científica y de eficacia clínica, llama ahora medicina alopática a la medicina de siempre

– Las terapias que pretenden tratar cuerpo y mente, como la fitoterapia, la terapia de flores de Bach, la acupuntura o la aromaterapia, se consideran a sí mismas medicina holística

– Combinar la agricultura con la astrología nos proporciona la agricultura biodinámica

– La radiestesia, el Feng Shui y similares se agrupan en el término geobiología

– El estudio de dragones, bigfoots, monstros del lago Ness y demás seres fantásticos se llama criptozoología

– Pretender que la apariencia externa de una persona determina su personalidad es ahora fisiognomia

– Las experiencias místicas, trances o otros estados de consciencia alterada se estudian en la llamada psicología transpersonal

– El creacionismo se llama ahora teoría del diseño inteligente, combinando un juego de palabras genial en el inglés original, ya que “design” suele traducirse como “diseño” (lo que sugiere ingeniería y ciencia) pero también significa “designio” (con claras connotaciones bíblicas)

Algunos de los profesionales del ramo han sido rápidos en abrazar términos y formas que suenen a científico. Iker Jiménez, por ejemplo, llevaba años hablando de algunos temas que suenan más o menos a científico, como el tratamiento que en su programa hizo sobre el SIDA o sobre los neutrinos superlumínicos. Su “nave del misterio” está descaradamente… a ver cómo digo esto… inspirada en la Nave de la Imaginación de Carl Sagan; y en los últimos tiempos se le ha notado un marcado cambio de rumbo, desde los temas pseudocientíficos habituales hacia otros que suenen menos “pseudo” y más “científicos”

Fruto de esa deriva ha sido un nuevo programa llamado “Cuarto Milenio Zoom”, que viene a ser algo así como lo mismo de siempre pero con una capa más de pintura. Uno de los temas que tocó allí fue algo que en Naukas hemos tratado hasta la saciedad: ¿hay riesgo en las ondas de los móviles y las redes wifi? Toda la evidencia que hemos visto quienes hemos escrito sobre el tema en Naukas indica que no. Pues Iker parece descononocer el significado de “no es no” Fíjense como se presentaba el episodio:

El programa pondrá el foco en los efectos de los dispositivos electrónicos y las afecciones que pueden causar ¿Estamos expuestos a un peligro del que no somos conscientes? ¿Son estos dispositivos los verdaderos responsables de muchas enfermedades? Estas serán algunas de las preguntas planteadas en la quinta edición de ‘Cuarto Milenio: Zoom’

Puesto que responder “no” reduciría la extensión del programa a treinta segundos, se incluyen los habituales tópicos como incomprensión hacia los afectados, los supuestos intereses económicos y la coletilla de “algunos médicos y científicos defienden que…” Por supuesto no dicen qué porcentaje defiende eso, pero qué mas da, el caso es mostrar polémica.

A la vista de este panorama, no debe extrañarnos que tantas personas caigan en las redes de las pseudociencias. En algunos casos llegan allí huyendo de la ciencia tradicional, pero en otros casos entran creyendo que aquello es ciencia tradicional. El enfermo que, por la causa que sea, no logra curarse en un hospital, puede acabar en manos de un curandero o un acupuntor para curar su cáncer; pero también puede creer que la homeopatía, la medicina ortomolecular o las terapias integrativas son un paso más allá de la medicina tradicional. Con esos nombres ¿cómo van a ser una engañifa?

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Este año estoy desarrollando un proyecto de innovación docente llamado Chesterton, del que os hablaré en otra ocasión. Se trata de un sistema para interaccionar con los alumnos de modo electrónico.

Aunque no se me ocurrió en un principio, tuve la idea de aprovecharlo para hacer un examen a mis alumnos. En realidad no es examen porque no cuenta para la nota, y ni siquiera hay que poner el nombre. Se trata simplemente de una prueba de conocimientos previos. La idea es tener un medio de saber qué grado de preparación tienen mis alumnos cuando llegan a mi asignatura.

Lo cierto es que se trata de algo muy útil. Se supone que tienen los conocimientos reglamentados y aprobados por el Estado, así que sobre el papel todo va muy bien. Cualquier profe de primero de carrera os dirá que la realidad es muy distinta. Muchos de los conocimientos supuestamente aprendidos se les olvidó a los diez minutos del examen, algunos alumnos tienen lagunas de aprendizaje por los motivos que sean, y el resultado es que demasiados de ellos vienen mal preparados a la Universidad.

Ahora mismo les estoy sorprendiendo usando conceptos que creían haber dejado atrás para siempre. Mi frase favorita estos días es del tipo “¿recordáis cuando en el colegio os enseñaron X, lo aprobásteis y creísteis que no lo veríais de nuevo en vuestra vida? Pues ¡sorpresa!…” Y aquí entran cantidad de conceptos que necesitan en mis clases: las propiedades del producto escalar, el significado de la función derivada, las propiedades del ángulo doble. No es que yo sea un sádico, es que realmente hacen falta esas herramientas para aprender Física a nivel universitario.

Volviendo a mi proyecto, esta semana les pasé un cuestionario por Google Drive y respondieron mediante sus móviles. Como los resultados son anónimos y el test es voluntario, tengo la convicción de que las respuestas representan el estado de sus conocimientos de manera bastante fiable. Tengo los resultados encima de la mesa, y en general la cosa no fue mal del todo. La gran mayoría sabe distinguir una derivada de una integral, tiene claro que el pársec no es una unidad para medir ángulos, recuerdan que el trabajo se mide en julios e incluso se hacen una idea de cuánto mide un campo de fúrbol (bueno, eso se lo expliqué yo la semana anterior, pero al menos lo recuerdan).

Otros conceptos no los tienen tan claros. Uno de ellos es la Primera Ley de Newton. A pesar de que supuestamente se saben lo que dice, no son capaces de aplicarlo al mundo real. Se supone que, según esa Ley, un cuerpo en movimiento seguirá en su mismo estado de movimiento salvo que actúe sobre él una fuerza. A pesar de ello, ante la pregunta de “Todo lo que se mueve ¿tiende a detenerse?” sólo un 16% respondió correctamente (“no, porque no hay nada que lo detenga”). Un asombroso 84% decició que “sí, porque ese es su estado natural” … que era lo que Aristóteles postulaba hace más de dos mil años. En pleno siglo XXI, el viejo griego sigue partiendo la pana.

Precisamente uno de los grupos tenía al día siguiente clase sobre Dinámica, así que me preparé para explicarles bien la Primera Ley de Newton. Hice hincapié en la diferencia entre las concepciones de Aristóteles y Newton, les recalqué que la evidencia cotidiana no es buena guía en este caso, les señalé claramente que, si no actuamos sobre un cuerpo, ese cuerpo seguiría moviéndose igual que antes.

Al final de clase les puse de nuevo a prueba. Les hice una cuestión para que la respondieran mediante un formulario de Google Drive. El enunciado decía: “Si la fuerza que actúa sobre un cuerpo deja de actuar, el cuerpo…” Algo más de la mitad escogieron la respueta correcta (“continúa a velocidad constante”), pero un 41% seguía aferrándose al pensamiento aristoteliano (“se detiene pero tarda algún tiempo en hacerlo”). Más que aristotelianos parecen grouchomarxistas: prefieren hacer caso a sus propios ojos que a mí.

[ACTUALIZACIÓN 10/oct. Mientras este artículo se publicaba, hice lo mismo con el otro grupo de teoría: le expliqué lo que significa la Primera Ley de Newton, les aclaré que la experiencia cotidiana a veces no proporciona resultados tan claros, les hice énfasis en que cuando un cuerpo se deja en paz, sigue a velocidad constante… y luego les sometí a la misma cuestión que el otro grupo: Si la fuerza que actúa sobre un cuerpo deja de actuar, el cuerpo… ¿Acertaron con la respuesta correcta? Sólo el 29% de ellos. Dos de cada tres siguen creyendo que el “cuerpo se detendrá pero tardará algún tiempo en hacerlo” No sé si cortarme las venas o dejármelas largas]

Supongo que este resultado se debe a que los alumnos echaron mano de su sentido común y concluyeron que, como los objetos que ven a su alrededor acaban deteniéndose, eso debe ser lo que sucede siempre. Esto me sugiere dos cosas. La primera: que cosas que consideramos “evidentes” no lo son ni por asomo. Cualquiera que esté bien acostumbrado a la Primera Ley de Newton sabrá que los cuerpos, cuando los dejamos solos, se quedan con su estado de movimiento inalterado; pero nuestra experiencia cotidiana dice fuertemente lo contrario, así que de evidente, nada. La segunda: que debo mejorar la forma en que enseño Dinámica. De las tres Leyes de Newton, la segunda (la famosa F=ma) es la que se lleva el gato al agua. La tercera ley se ve como un fenómeno curioso, y la primera parece poco más que algo de trámite. Es necesario cambiar el chip en esto, y no sólo yo, ya que si me encuentro este problema en clase es porque los chavales lo arrastran desde el colegio. No lo digo por culpar a nadie, sólo quiero señalar el hecho.

Mi prueba de conocimientos previos (PCP) también me ha desvelado algunas ideas equivocadas que duermen en la mente de mis alumnos:

Un objeto que se mueve a mayor velocidad está sometido a una fuerza más intensa, ¿sí o no? La respuesta es que no, al menos no siempre. Se puede alcanzar una alta velocidad mediante la aplicación de una fuerza pequeña pero duradera (como hacen los cohetes iónicos), pero mayor velocidad no implica automáticamente mayor fuerza aplicada. Las respuestas estaban divididas entre el sí (54%) y el no (46%)

En el espacio hay gravedad, ¿sí o no? Esta me dolió más. Se supone que conocen la Ley de Newton de Gravitación Universal, que alcanza a distancias infinitamente grandes, y hasta en Órbita Laika trataron la cuestión. La respuesta correcta, por tanto, es sí. Entonces ¿por qué el 75% de los alumnos responden que no? Porque habrán visto una película o un documental donde aparecen los astronautas flotando en el espacio, y creerán que debe haber algún lugar exento de la acción de la gravedad. En realidad sí que actúa allí, pero puesto que actúa sobre la astronave de igual forma, el resultado es un reposo relativo. Expresiones como “trabajos en ingravidez” o “gravedad cero” son ejemplos de abuso de lenguaje (algo así como decir “el Sol sale por el Este”), pero su utilización habitual incluso en el campo de la divulgación científica lleva a los alumnos a errores.

La fuerza que hace girar los huracanes y el agua en una bañera se llama… (hay varias opciones para elegir). Si hay una fuerza no inercial chula es la de Coriolis, pero al parecer mis alumnos llegaron a la palabra “girar” y pensaron en la fuerza centrípeta, que es la elección del 60% de ellos. Una cuarta parte se decidió por la fuerza centrífuga. Sólo un 15% de ellos respondieron correctamente “fuerza de Coriolis.” No incluyo en ese porcentaje al alumno que respondió “fuerza de Corealis”, que es como se llamó a la fuerza de Coriolis en el famoso episodio de los Simpson en el que se van a Australia. Estaba convencido de que mucha gente sabe de la fuerza de Coriolis por ese episodio, y según veo no iba desencaminado.

La ecuación del período de un péndulo es válida para… (varias opciones). Es importante recordar que cualquier ecuación o teoría solamente vale en determinadas circunstancias restricrivas. El período del péndulo puede obtenerse fácilmente, pero solamente vale para oscilaciones pequeñas. ¿Cuántos alumnos acertaron esta vez? Solamente uno de cada cuatro. Un porcentaje similar creyó que era válido para ángulos menores de 45 grados, y otros tantos se quedaron tranquilos diciendo que servía siempre. Incluso hubo quienes dijeron que era válida para oscilaciones en el aire (es decir, con rozamientos).

Y ahora viene mi pregunta favorita. Pero como soy tan malvado, lo dejaré para el próximo post.

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El pasado día 26, la Fundación Línea directa hizo público un estudio sobre la siniestralidad de nuestros mayores al volante. En contra de lo que los prejuicios parecen decirnos, parece que los mayores de 65 años conducen de forma más prudente. Según ese estudio, “los conductores mayores de 65 años demuestran ser los más seguros. De hecho, registran 4 veces menos accidentalidad que los menores de 25 años” Como causas, se alude a su mayor respeto por las normas (particularmente, por los límites de velocidad), su menor agresividad al conducir y la aceptación de sus propias limitaciones. A pesar de ello, su riesgo de morir en caso de accidente es 2,5 veces superior al del resto de los conductores, fruto sin duda de su mayor vulnerabilidad y fragilidad a esas edades.

La noticia se ha recogido en muchos medios de comunicación, desde RTVE hasta la Revista de la DGT pasando por El Mundo. Una motivación del estudio era comprobar o refutar la creencia de que nuestros abuelos son malos conductores, y a la vista de los datos obtenidos, ayudar a corregir esa falsa percepción social. El problema que yo he encontrado es ese “a la vista de los datos.” ¿Se cumple realmente?

Cuando nos fijamos tan sólo en los accidentados que conducían (excluyendo pasajeros y peatones), podemos ver que, en efecto, el número de los mayores de 65 su número es menor

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Por supuesto, eso puede deberse a que, sencillamente, hay menos mayores conduciendo y por eso sufren menos accidentes. Habría que examinar las cantidades relativas. Bastaría con dividir el número de accidentados por el número de conductores, para cada grupo de edad, para obtener un parámetro más fiable. Y eso es precisamente lo que hicieron. El resultado se mantiene: la siniestralidad relativa sigue siendo mínima para nuestros mayores.

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Estos datos ponen en tela de juicio la opinión de los conductores. Según el estudio, un 30% de los conductores considera peligrosos a los conductores mayores de 65 años, y más de un 70% estará a favor de obligarles a pasar exámenes psicotécnicos anuales; un 11% se decanta directamente por retirarles el carné cumplidos los 65 años. A la vista de los datos, estas medidas parecen injustificadas, fruto de nuestros prejuicios.

El estudio concluye haciendo una serie de recomendaciones para nuestros mayores: aumentar la frecuencia de los controles (cada 2-3 años), acudir al médico anualmente, viajar acompañado y evitar ciertas condiciones de conducción (noche, meteorología adversa, horas punta). Me parecen unas conclusiones razonables, y un buen intento por disipar los prejuicios existentes.

Pero me faltaba un dato que me tenía algo intranquilo. Esos datos son coherentes con un patrón de conducción homogéneo para los conductores de todos los grupos de edad, ¿pero y si no es así? Supongamos, por ejemplo, que los ancianos tiendan a conducir menos kilómetros, o que lo hagan por vías de mayor siniestralidad. En ese caso, el estudio estaría sesgado. A lo mejor lo que pasa no es que los mayores tengan menos siniestros porque conduzcan con mayor prudencia, sino porque conducen menos. De hecho, la propia nota de prensa de la FLD indica que los conductores mayores son conductores más seguros porque ”respetan más los límites de velocidad, no son tan agresivos en la conducción y aceptan mejor sus limitaciones, lo que les hace recorrer menos kilómetros y conducir más por el día” (la negrilla es mía).

He investigado un poco y he descubierto que es muy difícil obtener datos que tengan en cuenta el efecto de variables como el número de kilómetros recorrido, incluso de modo estimativo. También hay problemas al correlacionar kilómetros recorridos y probabilidad de accidente. ¿Es una relación lineal, es decir, si conduzco el triple mis probabilidades de tener un accidente se triplican?

Es perfectamente posible, incluso probable, que los mayores recorren menos kilómetros que personas de otros grupos de edad. En tal caso, tendríamos un caso de anumerismo. A menos que se logre dilucidar ese punto, creo que el estudio de Fundación Línea Directa ha intentado quitar a los ancianos el sambenito de malos conductores usando datos estadísticos de siniestralidad y accidentes, y en mi opinión no lo han conseguido. No digo que no tengan razón, pero falta información para demostrarlo.

En el apartado positivo, sí que hay indicios favorables. Como parte del estudio se realizó una encuesta a más 1.700 conductores. Según ellos, los conductores mayores de 65 años tienen una serie de virtudes tales como prudencia, respeto por los límites (de velocidad, supongo), poca agresividad, mayor experiencia y responsabilidad que otros grupos de edad; y todo eso debe, en justicia, hablar en su favor. También tienen sus defectillos claro: cambios bruscos de carril, frenazos injustificados y poca atención a la señalización.

Aquí entrará la experiencia en carretera de cada uno para poder juzgar estas afirmaciones. Por mi parte, qué quiere que les diga, un abuelo viajando lento y que no usa los intermitentes me preocupa relativamente poco. ¿Saben los que me dan pavor? Esos jovenzuelos veinteañeros que van a tumba abierta por la autovía en su Seat León y que consideran el carril izquierdo como de su propiedad. En cuanto los veo por el espejo retrovisor, ya estoy en Defcon 3.

Yo mismo reconozco que, en mis primeros años de conducir, era un desastre, y solamente mi abuela se atrevía a ponerse de copiloto. Decía que iba segura conmigo. No sé por qué lo diría, pero gracias, abuela. Y muchas gracias, yayo, por recorrer tantísimos kilómetros para llevarnos a los nietos a la playa sin un solo percance, salvo obligarte a poner la misma cinta de audio en cada ocasión. Sólo por eso te mereces un cielo propio.

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Una de las ideas sobre el Universo que más me cuesta procesar es algo conocido como principio antrópico. Básicamente viene a decir que nuestro Universo ha de tener características tales que sean compatibles con la existencia de vida. ¿Por qué? Sencillo: ¡porque estamos aquí!

La idea subyacente es que el principio antrópico puede ayudar a la comprensión de las cosas, ya que limita el alcance de las leyes físicas. Por ejemplo, si mañana encontramos vida basada en el silicio, cualquier teoría que diga que la vida fuera del carbono es imposible tendría que ser descartada. Otro razonamiento similar puede decir que el Universo ha de tener la edad que tiene porque, de otro modo, no habría habido tiempo para formar los átomos, las estrellas, los planetas y la vida. Podríamos aprovecharnos del principio antrópico como fuente experimental de información.

En cierto modo el principio antrópico parece una verdad de perogrullo, pero no es una cuestión baladí, ya que nos hace preguntar por qué el Universo es de forma tal que permite nuestra existencia. ¿Casualidad? ¿Sesgo de observación? Quizá el Universo se crea y se destruye cada billón de años, y en esta ocasión (digamos en el ciclo 1.200.515) resulta que las condiciones para la vida son las justas. También podemos apelar a las hipótesis de los multiversos (tan de moda últimamente) y conjeturar que, de todos los Universos paralelos que existen, hay uno que puede albergar vida y por eso estamos aquí.

Veo algunos problemas al principio antrópico. El primero es típicamente chauvinista: nos hemos creído la vara de medir del Universo. Vale, es necesario un conjunto de condiciones para nuestra existencia; pero también puedo imaginarme seres inteligentes viviendo en una estrella de neutrones y pensando que el Universo ha sido “tuneado” a sus particulares necesidades. O seres gaseosos en la atmósfera de un mundo como Júpiter, felices porque el Universo ha creado elementos ligeros. O delfines superinteligentes en un mundo acuático, debatiendo sobre la imposibilidad de que exista vida en mundos rocosos. Deberíamos extenderlo y llamarlo “principio de entidades inteligentes,” pero eso no quita el problema de que, por el momento, la única entidad inteligente que conocemos somos nosotros mismos.

En segundo lugar, el principio antrópico mal usado se acerca mucho a un argumento religioso en el sentido de que, realmente, no explica nada. Decir “el Universo es como es porque si no, no existiríamos” está incómodamente cerca del relato del Génesis. No proporciona explicación más allá de “esto es lo que hay,” y puede resultar una inconveniente muleta cuando se usa para justificar la falta de fundamento teórico. Por ejemplo, ante la pregunta de por qué la fuerza electromagnética y la gravitatoria son tan diferentes en intensidad, podemos buscar una teoría unificadora que lo explique (lo que es muy difícil) o encogernos de hombros y “deducir” que ha de ser así porque, si no, no existiríamos.

Permítanme un ejemplo. Muchas veces salgo del trabajo y me voy a la parada de autobús para volver a casa. Mientras espero, podría darme por filosofar y preguntarme “¿por qué existe el autobús?” La respuesta “porque yo existo” parece dar a entender que no tengo abuela, pero piénselo un poco. Yo existo en una ciudad donde la gente tiene que moverse de un lado a otro, así que el Ayuntamiento ha creado un servicio de autobuses, los hace circular por la ciudad y permite a mis paisanos (no sólo a mí, claro) viajar cómodamente. En cierto modo la existencia de esos autobuses es condicional a mi (vale, a nuestra) existencia, ya que en un desierto donde no hay ciudades ni gente un servicio de autobuses es inútil.

Ahora bien, ese razonamiento no nos sirve para explicar la génesis del servicio de transporte público, la elección de las líneas de autobús actuales, la termodinámica del motor de explosión, la elección de marca y color para los autobuses, o las condiciones demográficas de una ciudad. Una delegación proveniente desde otra ciudad se quedaría asombrada si mi concejal de Urbanismo se limitase a decirles que tenemos servicio de autobuses porque hay gente que los usa. Ni siquiera serviría para explicar o refutar la existencia de taxis, de conductores de Uber, de vehículos privados o de bicicletas. Esta explicación del Capitán Obvio, en suma, no sirve para explicar nada.

Fíjese el lector que en algunos de los razonamientos que he presentado, la relación de causalidad se invierte. Una cosa es decir “estamos aquí porque el Universo es como es” y otra muy distinta afirmar que “el Universo es como es porque estamos aquí

Como sabrán los que sepan algo de lógica, “A ==> B” y “B ==>A” son dos enunciados distintos, donde uno no se deduce necesariamente del otro, y hay que tener mucho cuidado con no confundirlos (ver mis posts Casualidad y Causalidad I, Casualidad y causalidad II para más información). En el ejemplo anterior sería como partir del argumento egocentrista de que hay servicio de autobuses porque yo existo, y convertirlo en algo del tipo “vivo en esta ciudad porque, en caso contrario, no podría tomar el autobús.”

Hay algunos científicos que han usado el principio antrópico casi en sentido religioso. Según ellos, da la impresión de que nuestro Universo está muy finamente “tuneado” para la vida. Si esta constante fuese un poquito menor, o este proceso nuclear algo menos probable, o tal período de formación estelar hubiese tardado algo más, no estaríamos así. De ahí a sugerir la existencia de un ser superior para explicarlo, no hay más que un paso. Es como el viejo argumento de los creacionistas de “¿cómo es posible que tengamos un instrumento tan perfeccionado cono el ojo salvo que nuestro Creador lo haya querido así?” a un nivel superior.

En el campo de la teoría de cuerdas, el principio antrópico resulta especialmente atractivo por una razón: tienen demasiados universos. Eso de usar un universo de diez dimensiones en lugar de tres da lugar a lo que llaman “compactificación,” una forma de compactar, o plegar, las dimensiones extra. El problema es que no hay una sola forma de hacer eso. Hay muchas. Muchísimas. Multimuchísimas. Ni siquiera los teóricos de cuerdas pueden dar más que una cifra aproximada, pero imagine usted cantidades del orden de 10 elevado a 500. Cada una de esas compactaciones daría lugar a un Universo distinto, con leyes físicas distintas. Imagine usted si pudiésemos descartar todas las que imposibiliten la presencia de vida. Puede que un plexollar de universos no puedan existir por el hecho de que nosotros estamos vivos. Quizá la prueba para la existencia del Universo dentro del marco de la teoría de cuerdas sea nuestra existencia. ¡Si eso no es devolver al Hombre al centro del Universo, no sé qué es!

Uno de los ejemplos más citados para demostrar las ventajas predictivas del principio antrópico trata de la nucleosíntesis del carbono. Las estrellas como nuestro Sol generan su energía a partir de un proceso de fusión: dos núcleos de hidrógeno se combinan para formar un núcleo de helio-4 y energía. En determinadas circunstancias, el helio puede fusionarse para producir núcleos más pesados. Por ejemplo, dos núcleos de helio-4 pueden, en principio, formar un núcleo de berilio-8. El problema es que la reacción no es exotérmicamente favorable, es decir, necesita energía externa para que se produzca. Incluso si suponemos que el interior de una estrella es un buffet libre donde sobra energía, el berilio-8 tiene una vida media extremadamente corta, con lo que volveríamos a tener helio-4. Esto pondría muy cuesta arriba la síntesis de elementos más pesados, como el carbono en el que se basa nuestra vida.

¿Hemos de conformarnos con un Universo poblado con formas de vida basadas en helio? Es evidente que no porque estamos aquí, así que debe haber algún proceso que permita crear el carbono en cantidades adecuadas. En 1950 el astrofísico británico Fred Hoyle postuló la existencia de un proceso de nucleosíntesis llamado triple alfa. A temperaturas superiores a 100 millones de kelvin dos núcleos de helio-4 se fusionan, y justo entonces un tercer núcleo de helio-4 se une al grupo. El resultado es un núcleo de carbono-12.

El problema era que el resultado de fusionar los tres núcleos de helio-4 da una energía superior a la del núcleo de carbono-12. ¿Acaso hay un estado excitado del carbono-12 con mayor energía? Tal vez, pero nadie lo había observado. Hoyle conjeturó que, en efecto, existe tal estado excitado. De ser así, los tres núcleos de helio-4 darán lugar a carbono-12 excitado, que posteriormente liberará energía y acabará en su estado fundamental. Ese estado excitado (“estado de Hoyle”), que fue descubierto experimentalmente algunos años después, permite explicar la existencia de carbono, y a partir de ahí muchos de los restantes elementos pesados.

Se ha citado hasta la saciedad la predicción de Hoyle como ejemplo exitoso del principio antrópico (algunos perversos apuntan que es el único ejemplo exitoso), pero lo cierto es que ese concepto nació en los años setenta. Resulta difícil imaginar cómo pudo Hoyle echar mano de esa idea veinte años antes de ser propuesta; él nunca la mencionó ni la utilizó en su artículo de 1953. No creo que eso importe a los partidarios del principio antrópico. Para ellos la resonancia triple alfa es un ejemplo perfecto de cómo puede usarse el principio antrópico para realizar predicciones en campos todavía a medio explorar. Si es usted religioso, podría incluso ver el fenómeno triple alfa como una prueba de la existencia de Dios, quien en su infinita sabiduría permitió que las condiciones fuesen tales que la producción de carbono, nuestra base de vida, fuese posible.

¿O acaso no? Recientemente Fred Adams y Even Grohs, de la Universidad de Michigan, decidieron intentar jugar a ser Dios, sólo por ver qué pasa. En un curioso artículo publicado en agosto de 2016 se sirvieron de un programa de simulación estelar para averiguar qué sucede cuando jugamos con algunos de los parámetros fundamentales del Universo, particularmente las energía de enlace de los nucleones. Descubrieron que un pequeño tuneado podía impedir la formación de carbono mediante el proceso triple alfa, pero que un cambio aún más pequeño permitiría la creación de berilio, que posteriormente podría dar lugar al carbono.

En este Universo alternativo “tuneado” los científicos verían como natural la obtención de carbono a partir del berilio y el helio, y los fans del principio antrópico esgrimirían argumentos del tipo “si no fuese así no habría forma de conseguir carbono salvo por un hipotético proceso triple alfa unido a un estado resonante que no existe, por lo tanto la fusión de berilio y helio es necesaria para la vida basada en el carbono.”

Esto me permite concluir con la siguiente observación. Suele aludirse al principio antrópico para incidir sobre la importancia de tal o cual constante fundamental individual, de forma que una variación en, digamos, la constante de estructura fina nos impediría existir y etcétera; un ejemplo es el proceso triple alfa. ¿Pero y si variásemos más de una, como en el caso que nos presentaron Adams y Grohs? Un cambio aquí y el proceso triple alfa desaparece; un cambio allí, y el berilio es estable; ambos cambios simultáneos, y seguimos teniendo un montón de carbono.

No digo nada si cambiamos cinco constantes, o un millón. ¿Cuál sería el resultado? ¿Cuántos conjuntos de leyes físicas darían lugar a Universos compatible con vida basada en carbono? Ojalá pudiésemos calcularlo. Quizá descubriríamos que, en cierto modo, nuestra existencia es poco menos que inevitable. Eso tendría gracia.

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Tenía que pasar. La Órbita Laika que tanto queríamos ha cambiado. Bajo la batuta de Goyo Jiménez, el programa tiene nuevo formato y nombre. Ahora se llama “Órbita Laika, la Nueva Generación,” (OL-LNG) en alusión a la serie de Star Trek. De hecho, hay muchas referencias a Star Trek en el nuevo programa. Hasta una de las colaboradoras apareció vestida de uniforme de Star Trek, y el mismísimo Stephen Hawking acabó llevando el emblema del programa, que parece un comunicador de Star Trek. Vale, ya captamos las alusiones.

Después de verlo en directo a las 23:30 horas de la noche en La2 (el maltrato al horario sí que no ha cambiado), y de volver a verlo en Internet, he llegado a una serie de conclusiones. Si les parece les iré comentando los puntos más relevantes que he visto, tanto positivos como negativos. Luego cerraré con mi opinión personal.

LA ESTÉTICA

Lo que mola. El nuevo escenario de OL-LNG es más alegre y brillante que el anterior. Si antes teníamos un ambiente tranquilo y relajado, ahora todo es luz y dinamismo. Antes parecía que estábamos en un sótano o en una buhardilla, hablando en petit comité; ahora parece que vayamos a conquistar el Universo. De hecho el escenario de OL-LNG parece una nave espacial, la gente se teletransporta y la introducción parece un calco de la de Star Trek la Nueva Generación. Por si fuera poco Goyo Jiménez aparece en la primera escena vestido de Jedi, y luego presenta el programa con una camiseta de la Estrella de la Muerte. Tamaña mezcla entre Star Trek y Star Wars es como para que explote Internet entero. En definitiva, tenemos un Órbita Laika más friki, lo que gustará a muchos.

Lo que no mola. Soy el tipo de persona que se viste de Cazafantasmas para dar una charla, lo aprovecha en su blog y luego participa en un musical con una camiseta de los Daleks. Hoy les he puesto en clase a mis alumnos una escena de la película Jungla de Cristal 3 para ilustrar la solución de Fermi. En suma, a friki no me tose nadie, así que sonará raro lo que voy a decir pero ahí va: OL-LNG se pasa en referencias frikis. Las alusiones a Star Trek abundan hasta la saciedad, y en general da la impresión de que la gente que ve y disfruta el programa, los amantes de la ciencia, son invariablemente fans de Picard o de Darth Vader, pasan los fines de semana jugando a Dragones y Mazmorras y en general son unos bichos muy raros.

Y no creo que eso sea bueno. La imagen de la ciencia como actividad realizada por gente más rara que un perro verde tiene ya muchos años, por fin está cambiando y de repente zas, vuelta al topicazo. Ver OL-LNG puede dar la impresión de que la gente de ciencia son unos seres asociales y de gustos extraños, gente muy maja pero mejor no los invites a tu fiesta. Por favor, basta ya. Dejen de identificar la pasión por la ciencia con el frikismo mal entendido. ¿O acaso los de letras son todos gente con barba, fuman en pipa y visten de pana con coderas?

GOYO JIMÉNEZ

Lo que mola. Goyo es un buen cómico y monologuista. A mí me ha arrancado abundantes carcajadas con su faceta de “experto en asuntos americanos,” y en la anterior temporada de Órbita Laika (a la que llamaremos “la serie original” o bien OL-LSO), cuando estuvo como invitado, me sorprendió el despliegue de conocimientos en prácticamente todos los temas que se hablaron. O tiene una gran cultura general, o memoriza como pocos. Ambas características son punto a favor para un divulgador.

Lo que no mola. Hay mucha gente que lo compara con Ángel Martín, el anterior presentador, y algunos lo ponen a parir. Vale, no canta y en su lugar hace chascarrillos. Eso es una cuestión de estilo, y creo que tanto vale uno como otro. Quizá los divulgadores “hardcore” echemos de menos el modo callado y tranquilo de Ángel, si bien hay que tener en cuenta que el dinamismo de Goyo puede atraer a seguidores que no hubieran entrado en la antigua Órbita Laika. Eso no es malo. Lo que sí agradecería a Goyo es que dejase de entrometerse con chistes y comentarios supuestamente hilarantes en cada momento de las explicaciones que dan los colaboradores. Recuerdan mucho el estilo de Sardá en ADN Max y, la verdad, no creo que beneficie al programa.

LAS COLABORACIONES

Lo que mola. En general he visto un buen plantel de gente en el primer programa. Tenemos la sección “explícaselo a tu abuela,” que algunos han criticado pero que yo considero un cambio a bien. Se divulga mucho a gente amante de la ciencia, algo así como predicar a conversos; enseñar ciencia a alguien que no tiene base científica es un reto. Juan José Gómez Cadenas estuvo genial mostrando lo que hacen en Canfranc y explicando lo que es un neutrino de Majorana. Lo del CERN es más conocido, pero sigue molando. Los colaboradores del programa (Santi García, matemático; Gloria García, física teórica; Dani Jiménez, físico experimental) estuvieron en general bien tirando a muy bien. Me gustaron sus explicaciones, especialmente la de Gloria.

Lo que no mola. Aparte los chascarrillos de Goyo en mitad de los experimentos o explicaciones, me chirriaron los dientes un par de cosas. Por ejemplo, tener mujeres en el programa es bien, y aparte de Gloria aparecieron dos científicas en el segmento sobre el CERN, ¿pero por qué tienen que presentarlas como “físico teórico”? Hay juezas, hay profesoras, hay ministras… y hay físicas. Yo estoy acostumbrado y me parece de lo más normal, así que ¿por qué aquí no?

Lo que no mola nada, nada, nada. Una cosa que no me gustó, y creo que muchos lectores estarán de acuerdo conmigo, fue la aparición de un personaje que habría que poner en busca y captura interplanetaria: un friki impenitente con ínfulas de Sheldon Cooper (más quisieras, chavalote) que lleva camiseta de Star Trek, saluda diciendo “larga y próspera vida,” lleva gafas y peinado estilo Superman (el de Cristopher Reeve), es irritante y no contribuye absolutamente nada al programa, salvo por eso de dar algo que odiar mucho y por gastar oxígeno. Si la nueva Órbita Laika quiere hacer un nuevo follonero o similar, que lo haga rápido; y si no, que lo teletransporte a un lugar lejano y se olvide de él. Mejor que se lo lleven ya. Por favor.

Lo que quedó feo. En lugar de los supervídeos de infografías a los que estábamos acostumbrados en OL-LSO, ahora hay que contentarse con un vídeo de un minuto. En realidad se trató de un buen vídeo… porque está sacado de MinutePhysics, una excelente web de vídeos divulgativos que os recomiendo. La parte fea es que se han limitado a copiar y pegar. No solamente dejaron los rótulos del vídeo en inglés, ¡es que ni siquiera reconocieron la autoría original! No lo hicieron ni en el vídeo en sí, ni en los títulos de crédito finales. Sólo hubo una alusión en un tuit, y para de contar. Eso es feo. Si usas el trabajo de otro, lo mínimo que has de hacer es reconocer la autoría, es algo de simple decencia. Me parece que alguien no ha entendido todavía el significado de Creative Commons.

COSAS FEAS EN GENERAL

No me apetece ser picajoso y analizar cada segundo del programa, pero hay un par de detalles más que quiero mencionar:

– Los chistes fáciles sobre caca de paloma en el descubrimiento de la radiación cósmica de microondas están ya muy vistos.

– La presencia de esa Siri 9000 – Remedios da pie a muchos chascarrillos, chistes fáciles y demás, pero esto no es el Club de la Comedia. Creo que sobra; o mejor, que la reconviertan y la transformen en algo útil al programa. Eso sí, para perder tiempo va de miedo.

– La app del programa es una novedad que, bien usada, puede mejorar la experiencia del programa. No puedo evaluarla por que la he intentado instalar en mi tablet y se encasquilla, y en mi móvil ni arranca. Vale que no son el último modelo, pero podrían haber depurado mejor los errores, y no soy el único que se ha quejado de eso. De momento le han dado tres estrellas, lo que no es para tirar cohetes, aunque no sé hasta qué punto se trata de gente descontenta por el programa. Es una lástima que una herramienta con tanto valor potencial se quede desaprovechada.

– Hace falta un asesor científico que asesore bien. Durante todo el programa han intercambiado los términos “onda gravitatoria” y “onda gravitacional.” Cuando escribí sobre ellas, allá en 2011, una persona que trabaja en el tema me explicó que el término correcto era “onda gravitacional,” ya que una onda gravitatoria (u onda de gravedad) es otra cosa totalmente distinta. Es decir, ambos términos son correctos pero aluden a fenómenos físicos diferentes, no son intercambiables ni sinónimos (alguien en mi TL de Twitter no parece haberlo entendido). Pues bien, en el programa de Órbita Laika se usan los dos términos indistintamente. Malo es que los colaboradores, físicos ambos, no se hayan dado cuenta, pero son cosas que pasan (no se puede ser experto en todo). Peor es que el asesor científico no se haya percatado tampoco. Y pésimo es que, cuando entrevistes a Stephen Hawking y él hable de “gravitational waves” lo subtitules en español como “ondas gravitatorias.”

– Ya que hablamos de la entrevista a Hawking, da la impresión de que Goyo Jiménez no estuvo realmente en Cambridge y que todo fue un montaje del tipo “yo me grabo poniendo cara de interesante y luego envío a otro para que grabe al entrevistado.” En cuanto a la entrevista, hubo momentos buenos y malos. Preguntar si el descubrimiento de ondas gravitacionales ayudará en el campo de la gravedad cuántica, cuando ambos temas no tienen relación, es otra muestra de que hay que asesorarse bien: preguntar a Hawking “¿Marvel o DC?,” esperar a que éste conteste su desinterés por el tema (“me interesa el hecho científico, no la ciencia ficción”), e insistir con el tema (“¿Star Wars o Star Trek?”) no me parece una forma demasiado brillante de recordar al público que, en efecto, Hawking estuvo en un episodio de Star Trek la Nueva Generación. No me parece que ese segmento tenga más relevancia que poder decir “eh, mirad qué fuerte viene la nueva Órbita Laika, han fichado a Stephen Hawking y todo.”

– El plantel de colaboradores está muy descompensado. Salvo el matemático, todos los que aparecieron colaborando (sea en el plató o en los escenarios de Canfranc y el CERN) son físicos. Como físico, no debería quejarme; como divulgador, creo que la ciencia es algo más que física de partículas y el origen del Universo. En ese sentido, la anterior “tripulación” de Órbita Laika era mucho más variada. Hay que extenderse a más ramas de la ciencia y no seguir machacando siempre con lo mismo, o acabarán aburriendo a las ovejas.

– Y, aunque ya no tiene remedio, lo tengo que decir: echar a todos los colaboradores de la anterior Órbita Laika es feo a nivel “pegar a un padre con un calcetín sudado.” RTVE ha entrado aquí como elefante en cacharrería, aprovechando que tiene los derechos del programa (como mínimo del título), y eso no me gusta nada. De darles un buen horario, mejor ni hablamos. Eso es más bien de llorar.

CONCLUSIÓN PERSONAL

Si la “serie original” de Órbita Laika me encantó en su momento, el intento de ADN Max era de penaitl y expulsión. Órbita Laika la Nueva Generación parece estar a mitad de camino entre ambas. Puede que atraiga mayor audiencia, y sobre todo, que esa audiencia sea distinta a la anterior, lo que es algo bueno. Con todo, creo que el programa necesita más de una corrección. ¿Harán los cambios necesarios para que mejore y se convierta en una serie divulgadora de calidad? Dudo que los hagan, así que la situación será más bien la del Halcón Milenario esquivando meteoritos: pilota bien y saldrás vivo de esta, comete un fallo y estás frito. Veremos cómo evoluciona el asunto.

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Acabo de aterrizar en casa y todavía no me he recuperado del subidón del último Naukas Bilbao. Quienes no hayáis podido asistir tenéis todas las intervenciones en la web de Euskal Telebista, que nos hacen el streaming y nos sacan guapetones. En lo que a mí me toca, me lo he pasado a lo grande con mi actuación como cazafantasmas, que podéis ver aquí en todo su esplendor.

En mi charla hablé de los rayos N, una clase de radiaciones que algunos creyeron haber descubierto a comienzos del siglo XX y que finalmente resultaron no existir. Una de las cosas que llamó la atención a algunos de los asistentes fue la historia del llamado exceso difotónico a 750 GeV. Resumiendo, resulta que los científicos del CERN creyeron haber descubierto una nueva partícula tras examinar un conjunto de experimentos de colisión nuclear a finales de 2015.

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Ese pico en la región de 750 GeV (puntos negros) parecía no coincidir con las predicciones teóricas (línea roja). ¿Qué era aquello? Una posible explicación era la existencia de una nueva partícula, provisionalmente llamada digamma. Pero también era posible que fuese una fluctuación estadística, un reflejo que nos confunde.

Para distinguir una partícula real de un fantasma los físicos de partículas, cautos ellos, se atienen a la “regla de las cinco sigmas.” La idea básica es conseguir que la probabilidad de que el descubrimiento sea auténtico sea superior al 99,9995 % Esa cifra no es arbitraria, y para entenderla os remito a este artículo donde lo explico en relación con el famoso bosón de Higgs. En aquel caso, los físicos teóricos se mordieron las uñas hasta que los experimentales consiguieron superar la barrera de las cinco sigmas, lo que se hizo público en julio de 2012.

Como nos dice la Wikipedia (no hace falta ir mucho más lejos), los experimentos llevados a cabo hasta finales de 2015 arrojaban una significación estadística de 3,4 – 3,9 sigmas para la partícula digamma. Hacía falta continuar haciendo pruebas y comprobando datos antes de aceptarla como partícula real.

Lo llamativo del asunto es que, mientras los experimentales hacían sus cálculos, los teóricos no se limitaron a esperar los resultados. Al contrario, comenzaron a publicar artículos como churros. Sólo durante el diciembre de 2015, se publicaron un total de 150 artículos. El número continuó ascendiendo hasta los quinientos y pico, cifra que alcanzó en agosto, y que se estancó desde entonces. El motivo es que finalmente se llegó a la conclusión de que la partícula digamma no existe. Los cazafantasmas llegaron, vieron y le patearon el culo.

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De haberse confirmado el descubrimiento, la partícula digamma podía haber puesto en entredicho el Modelo Estándar, que es lo mejor que tenemos hasta el momento para explicar el zoo de partículas que puebla el Universo. Francis Villatoro, nuestro flamante (y bien merecido) premio Tesla 2016, nos brinda un buen ejemplo de artículo en que se liga la nueva partícula con la teoría de cuerdas. Como él mismo escribe, “(el exceso a 750 GeV) ha aportado mucho a la física. Muchas ideas que estaban en el aire, pero que nadie se atrevía a desplegar, han aparecido en estos artículos.” Y si Francis lo dice, que nadie lo dude.

A toro pasado, sin embargo, eso de publicar quinientos “papers” sobre una partícula que nadie sabía si existía realmente no suena muy elegante. Por mucho que pueda tener ventajas marginales, me suena como justificar el programa espacial porque inventaron el teflón, el velero y la naranjada en polvo (oh wait!). Los teóricos que se lanzaron a publicar en primer lugar consiguieron artículos con gran número de citas, en tanto que quienes decidieron sentarse y esperar confirmación se han quedado con un palmo de narices. Vale, al que madruga Feynman lo ayuda, y el pájaro madrugador se lleva el gusano al agua y todo eso, pero noto aquí una premura en publicar que más bien parece fruto de la presión del publish or perish; o del aburrimiento, vaya usted a saber.

Resulta curioso el mundo de la física de partículas. Hay períodos de tiempo en los que no pasa nada, y de repente las cosas avanzan que es una barbaridad. Como ejemplo, Alessandro Strumia, de la Universidad de Pisa, se atrevió a escribir un artículo-sumario sobre el exceso de 750 GeV. La primera versión fue enviada el 30 de mayo a arXiv (sólo la bibliografía hasta ese momento ocupaban seis páginas), y terminaba con las palabras “el exceso de difotones puede ser cualquier cosa, incluyendo nada.”

En su actualización del 6 de agosto, Strumia añadió una corrección no carente de humor: “la discusión anterior es una amplificación desproporcionada de una fluctuación cuántica: no hay exceso de difotones a 750 GeV presentes en los primeros de los nuevos datos 2016 del LHC, lo que confirma el Modelo Standardissimo y la mala reputación del símbolo digamma F.

Pero yo reiré el último. Como dije en mi charla sobre los rayos N, es muy útil tener un escuadrón de cazafantasmas de guardia vigilando por si las moscas. Ahora leo el artículo de Strumia por vez primera, y veo que ya en mayo advirtió de la precariedad de lo que escribía con estas palabras: “los nuevos datos decidirán si F [el símbolo para la partícula digamma] alcanzará el h escalar del SM [Modelo Estándar] en el Grupo de Datos de Partículas, o si F se unirá a los rayos N en el cementerio de anomalías.”

A ver cómo supero esto en Naukas Bilbao 2017.

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YouTube sigue intentando colgarme el sanbenito de pirata.

¿Por qué? Aún no me lo han dicho, pero aparentemente no se han leído nuestra Ley de Propiedad Intelectual.

Como ya comenté hace un par de años, cuando subes un vídeo a YouTube se revisa para comprobar que no has infringido derechos propiedad intelectual de nadie. Me parece bien. Lo que no mola es que la reclamación viene directamente de los titulares de derechos, y ante ellos tienes que justificarse; YouTube se limite a pasar el recado sin molestarse en averiguar si la reclamación es o no válida. Eso hace que, en cualquier momento, te pueda llegar un “Copyright Claim” del que tienes que defenderte y que nunca sabes cómo acabará.

Yo he tomado fragmentos de vídeos de terceros para un par de proyectos docentes propios, el último un curso online (tipo MOOC) sobre método científico y escepticismo. Si os interesa, se llama ACME (Anumerismo, Ciencia, Método y Escepticismo), y los vídeos están aquí. Es gratis, no tiene aspecto lucrativo alguno y de hecho me ha costado bastante de mi tiempo libre, pero creo que vale la pena; lo que no me ha evitado más de una docena de reclamaciones por violaciones de copyright.

El esquema siempre es el mismo. Primero me bloquean el vídeo; luego me envían el “Copyright claim” en el que por supuesto, no te acusan de pirata directamente y se limitan a hablar de “coincidencias con contenidos de tercero” (a buen entendedor pocas palabras bastan). Por supuesto, hay una forma de reclamar, y eso es lo que he hecho siempre. Resulta que, según entiendo, la Ley de Propiedad Intelectual tiene una excepción a la que puedo acogerme, y siempre lo he planteado así:

Este vídeo forma parte de un curso online sobre método científico y está autorizado por la legislación española (Ley de Propiedad Intelectual Artículo 32.1: Citas y reseñas e ilustración con fines educativos o de investigación científica):

“Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico”

En todos los casos (salvo dos que acabo de impugnar y tengo pendientes) mis reclamaciones se han saldado con éxito. Eso sí, no vayan a creerse que me dan la razón porque la tengo, o que reconocen que la ley me ampara. Generalmente se salen con la tangente con explicaciones del tipo “¡Buenas noticias! Su disputa no fue revisada en 30 días, así que la reclamación de copyright sobre el vídeo de YouTube ha sido retirada.” Me lo creería si no fuese porque en ocasiones lo recibía pocas horas después de hecha la impugnación, de modo que eso de 30 días no me lo creo ni borracho. Mi récord personal está en 2 horas y 24 minutos entre el aviso de de copyright y su resolución “no revisada en 30 días.”

Ahora el conflicto ha alcanzado un nuevo nivel. El 1 de agosto YouTube me bloqueó el vídeo “1.4 El mundo de Beakman – Método Científico” (enlace, aunque no sé si podréis verlo). Impugné el bloqueo, como hago normalmente, y una semana después YouTube me advirtió de que “Después de revisar su disputa, BBTV_SonyPictures ha decidido que la reclamación de copyright de ellos sigue siendo válida.” Fíjense en cómo YouTube se lava las manos y deja a SonyPictures hacer de juez y jurado. Por supuesto, ni una explicación fuera de este kafkiano mensaje:

Puede que el propietario del copyright esté en desacuerdo con la disputa; o puede que la razón dada por vd. para disputar la reclamación sea insuficiente o inválida.

Todo por un vídeo grabado de la televisión hace 20 años y que, hasta donde yo sé, nunca ha sido reemitido o comercializado en España para venta o alquiler. Oh, sí, seguro que los pobrecitos titulares de derechos estarán destrozados por todo el perjuicio económico que les estoy causando.

Así las cosas, ¿qué puedo hacer yo? Existe la posibilidad de apelar la resolución. El problema es que serán los titulares SonyPictures quienes vuelvan a juzgar el asunto, y si fallan en mi contra tendré una mención desfavorable en mi cuenta (tres menciones y me cierran la cuenta). A pesar de ello, sigo adelante. No me da la gana que se crean que quien calla otorga. Por lo que valga, aquí va mi apelación:

Como dije en su momento, mi reclamación se basa en el artículo 32.1 de la vigente Ley de Propiedad Intelectual de España, que permite incluir fragmentos de obras ajenas en la propia (en este caso, el video en litigio en el curso online ACME MOOC), puesto que

– Se trata de obras ya divulgadas

– Su inclusión se hace a título de análisis y juicio crítico (en este caso, el uso del método científico en un ejemplo particular)

Deseo añadir lo siguiente:

1) El vídeo en litigio tiene un valor comercial prácticamente nulo en España, toda vez que se emitió por televisión una sola vez a comienzos de los años noventa, y hasta donde alcanza mi conocimiento nunca ha sido vendido o alquilado en España, por lo que no genera beneficios a sus titulares. Por mi parte, el uso de ese material en el curso online ACME MOOC es a título no lucrativo, y no genera beneficios directos o indirectos de ninguna clase.

2) Considero que no es el titular de derechos el más capacitado para juzgar la validez de una impugnación, por ser juez y parte. Aun en caso de que sí, en esta ocasión dicho titular se ha negado a explicar o justificar los motivos de su decisión, ni ha indicado cuál es la legislación aplicable. Como parte en el proceso, solicito y exijo que tal información se me haga explícita.

3) Finalmente, deseo dejar constancia mi protesta por el tratamiento que se ha hecho a los vídeos que conforman mi curso online ACME MOOC. Al menos quince de ellos han sufrido reclamaciones de violación de derechos, y en todos los casos han sido sobreseídos, pero resulta molesto tener que estar defendiéndose y planteando los mismos argumentos una y otra vez. La situación ha llegado al punto de que he recibido una notificación de bloqueo, y 24 horas después una del tipo “Good news! Your dispute wasn’t reviewed within 30 days, so the copyright claim on your YouTube video has now been released” ¿Treinta días en 24 horas? ¿Me están llamando idiota en la cara?

Les ruego que solucionen este problema de una vez, y si por el contrario no me quieren como usuario limítense a decírmelo a la cara. Donde no me quieren no me quedo, pero basta ya de abusos, por favor. Saludos. AQ.”

Si la aceptan, genial; si no, que les den, pensé cuando lo escribí. Pues resulta que acaba de llegarme el dictamen de YouTube:

¡Buenas noticias! Su disputa no ha sido revisada en 30 días, así que la reclamación sobre su vídeo de YouTube ha sido levantada

Para quien no tenga experiencia con ellos, esa es la forma que tiene YouTube de decir “vale, tiene usted razón, pero no le vamos a decir que tiene usted razón.” En esta ocasión sí que se han esperado 30 días, casi al segundo. ¿Pero creen que han aprendido? ¡No! Mientras esperaba el dictamen, me envían otro aviso de impugnación rechazada, con su correspondiente advertencia de que si apelo y pierdo, mi cuenta podría recibir un aviso. Pues nada, a apelar de nuevo.

Esto parece el día de la marmota. Hatajo de cansinos.

ACTUALIZACIÓN (7/10): YouTube ha tenido a bien volver a considerar que, en el fondo, no soy un asqueroso pirata robapelículas. Resulta reconfortante ver que además me han hecho caso en otra cosa: ahora esperan 30 días para absolverme. No, si lo mismo un día descubren que soy un tío majo y todo.

Babosa cerebral

Dentro de cien años, leí una vez, los niños se aburrirán en clase estudiando las cosas que hoy nos causan pavor. Y creo que es cierto. De aquí a un siglo nadie sabrá quiénes son esos señores que hoy copan las noticias de los informativos, la prima de riesgo sonará a chiste de época e incluso el terremoto de Italia que ahora nos sobrecoge se convertirán en, como mucho, una nota a pie de página en los manuales de geología.

Si acaso puede que haya una noticia que pase a la historia: el descubrimiento de Próxima b, el exoplanetas más cercano a nuestro Sistema Solar. Puede que de aquí a quinientos años nuestros descendientes lo comparen al desembarco de Colón de 1492, y tal vez se pregunten cuál fue el impacto de la noticia en su época. En Naukas lo hemos petado gracias a Dani y Francis, y en general ha sido la noticia científica del verano.

Hubo una excepción. El día 24, mientras Internet bullía de noticias al respecto, el tratamiento hecho en sus telediarios por TVE, la cadena de televisión supuestamente líder en España, fue de exactamente cero segundos en antena. Estaban demasiado ocupados con un reportaje sobre las papas arrugás. Han tardado casi dos días en prestarle algo de atención, y eso que hay un equipo de españoles en el grupo que hizo el descubrimiento (por cierto: enhorabuena, José Luis). Hasta la Wikipedia ha ido más rápido, por no hablar de exoplanet.eu.

Ese es el nivel de la divulgación científica en la Televisión Española de 2016.

Por supuesto, esto no nos viene de nuevas. Todavía recuerdo cuando falleció Neil Armstrong, el primer hombre en la Luna, el análogo de Colón en el espacio. Me acuerdo que cronometré el tiempo que TVE le dedicó a la noticia en el telediario. Fueron 75 segundos. Por si le parece a usted mucho, le diré que la mitad del tiempo lo gastaron en imágenes de unos americanos atando un lazo a un árbol en señal de recuerdo, y la otra mitad en hablar de Jesús Hermida, que en todos los años de su dilatada carrera parece como si no haya hecho nada digno de mención salvo narrar el primer alunizaje.

Como ya sabréis, el espacio de ciencia que dedican los telediarios de TVE son esos segundos previos al segmento de deportes. La cadena que pagamos de nuestro bolsillo vuelca la ocasional noticia sobre sondas espaciales, el CERN o las ondas gravitacionales, cualquier cosa que tenga vídeos chulos, y si les sobra tiempo entrevistan brevemente a un científico que suele trabajar en Madrid (imagino que por eso de ahorrarse las dietas). Y lo hacen justo cuando los forofos del fútbol y del tenis van al baño, retiran los platos de la mesa y se acomodan en el sillón, para que no se pierdan nada importante.

Sí, a mí también me dan ganas de llorar.

En realidad, todo el panorama de divulgación científica en televisión da pena, por no decir vergüenza ajena. Ya hablé del tema en su momento, con especial atención al programa de Sardá ADN Max, y desde entonces la cosa ha ido cuesta abajo. No hay más que ver programas del tipo Extraterrestres o Misterios Misteriosos, supuestos documentales cuyas tesis no se sostienen pero que se presentan en un formato que hace dudar al espectador. Pues no lo veas, puede que me diga usted. Vale. ¿Y que pasa con toda la gente que sí lo ve, los que no tienen un doctorado en ciencias, quienes ignoran que los círculos de trigo fueron desenmascarados hace décadas, los que aún creen que la alimentación cura el cáncer?

Los científicos y divulgadores hemos asumido una responsabilidad, la de propagar la verdad y desvelar los engaños. Nadie nos paga por ello, pocos nos lo agradecen y algunos sacarían la escopeta si pudiesen, pero seguimos en ello. Creemos firmemente que una buena educación en ciencia y cultura es algo fundamental para evitar engaños al hombre de a pie. No hay más que ver los casos de niños fallecidos porque sus padres se negaron a vacunarlos, o de personas que siguen tratamientos pseudocientíficos (y pagan un alto precio por ello) para darse cuenta lo válido que es eso que dijo alguien de “¿crees que la educación es cara? Prueba con la ignorancia?”

En esta lucha contra la ignorancia las cadenas públicas juegan un papel muy importante. No están tan obsesionadas por los índices de audiencia como elemento de éxito frente a los anunciantes, disponen de grandes medios, son capaces de llevar a cabo proyectos por los que no apostaría una televisión privada, y por supuesto se supone que, como entidades pagadas con dinero del contribuyente, han de contribuir a la mejora de la sociedad y de sus ciudadanos. La PBS ha hecho, y sigue haciendo, algunos de los programas divulgativos de mayor éxito en Estados Unidos, y en cuanto a la BBC creo que no hace falta añadir nada más.

También España tuvo su período de gloria. La serie documental El Hombre y la Tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente, fue rompedora en su género y mantiene el listón muy alto incluso a día de hoy (échenle un vistazo a la versión remasterizada, es espectacular). También fue expositor y refugio de series divulgadoras míticas como Mundo Submarino de Jacques Cousteau o el Cosmos de Carl Sagan.

¿Alguien ha visto alguno de esos documentales en televisión últimamente? La divulgación científica era parte integrante de la programación de TVE. Ahora, por el contrario, parece como si tan sólo la tolerasen a disgusto. Sí, La 2 sigue siendo el último refugio seguro, con documentales que se siguen uno tras otro (si lo permite el deporte, claro), pero pare usted de contar. Fuera de eso, apenas si podemos reseñar proyectos como Órbita Laika, una serie que pusieron en la peor franja horaria que pudieron encontrar. Ahora están preparando una segunda temporada sin casi nadie del equipo original, así que cualquiera sabe cómo saldrá (por si acaso, crucemos los dedos).

Es indudable que alguien odia la ciencia en Televisión Española, y ese alguien tiene poder y longevidad. Peor aún, tiene un montón de dinero de nuestros impuestos. ¿No va siendo hora de que los gestione bien? Paso que Discovery Max emita chorradas porque puedo limitarme a no verlo y, puesto que se mantienen gracias a la publicidad, han de rendir cuentas ante sus anunciantes (¿verdad, gentes de La Noria?); pero tengo derecho a exigir una programación de calidad en TVE. Quiero una cadena pública donde pueda ver ciencia, cultura de verdad (no eso de los toros), donde mis hijos y yo podamos aprender mientras nos quedamos con la boca abierta.

O devuélvame mi parte del dinero que está desperdiciando, señor TVE, y pase usted de mí.