Top 5

Ahora que estamos en el temido 2012 de los mayas, veo que muchas webs de temática similar a la mía están compilando su lista de éxitos. Tal vez crean que alguna civilización alienígena podrá, en el futuro, encontrar una copia para saber qué estuvo de moda durante el 2011.

Sea cual sea el motivo, culo veo culo quiero. Señoras, señores y otras entidades conscientes, he aquí lo mejor que este blog ha dado de sí en 2011. Las visitas son hasta el día de hoy, 3 de enero.

1) Por qué no me preocupan los reactores de Japón (88.847 visitas). Lamento no poder apuntarme esta medalla, pero no es más que una traducción de un documento redactado en inglés el 13 de marzo, dos días después del accidente nuclear de Fukushima. En él, el autor postulaba que lo impensable no iba a suceder. Sucedió. Mucho se me ha criticado por este artículo, sobre todo por parte de grupos antinucleares que ahora me reclaman que haga una actualización. Estoy en ello.

2) Lucía Etxeberría, cazada una vez mas (39.325 visitas). Tampoco este es un artículo representativo de Física de Película, escrito cuando el año tocaba a su fin, porque no tiene nada que ver ni con Física ni con películas. Salvo las películas que se monta esta chica, pero esa es otra.

3) Física para mi madre 1 – El reactor nuclear (21.521 visitas). Escrito en plan “servicio público de un profe de Física,” lo escribí para que mi madre se enterara. Vaya si lo hizo. Y mucha más gente. Por supuesto, también hubo bombardeo a nivel por parte de los antinucleares, pero como si quieres arroz. Este artículo fue seguido por otros dos (dos y tres), que ocuparon los lugares 7 y 8 del ránking de éxitos.

4) Por qué la ciencia es importante (por Maya) (13.570 visitas). Otro artículo que no es mío, sino una traducción (menudo año llevas, Arturo). Pero me encanta haberlo incluido en mi blog. Valió la pena sólo por eso.

5) Falso, falso y falso: guía contra la antipiratería (10.220 visitas). No puedo remediarlo, el mundo de las entidades gestoras que Siempre Ganan Algunos Euros me pone de los nervios, y cada vez que les cazo con las manos en la masa, tiro con bala. Ahora el panorama está más liado que nunca, así que voy a tener que escribir un segundo libro sobre el tema. Porque, aprovechando que el Genil pasa por Granada, no pasa nada si hablamos de mi libro.

En lo que respecta a comentarios, los cinco artículos que más han inducido a mis incondicionales (amigos o enemigos) a aporrear el teclado han sido:

1) Por qué no me preocupan los reactores de Japón: 427 comentarios

2) Lucía Etxeberría, cazada una vez mas: 67 comentarios

3) Boiron ahora va por los niños: 97 comentarios

4) Disclaimer nuclear: 64 comentarios

5) Física para mi madre 3 – La situación actual: 61 comentarios

La verdad, ojalá no hubiera hecho este post. Tras revisar los datos anteriores, me he dado cuenta de que la mejor forma de que conseguir gran audiencia (tanto en visitas como en comentarios) consiste en darle leña a alguien, o bien pescar en río revuelto tras una tragedia. Creo que acabo de descubrir el secreto de Telecinco. Y también el secreto de La 2: cúrrate un artículo serio, busca referencias, reflexiona, explica, echa el resto … y te verán cuatro gatos.

En realidad, no me importa. Cuando abrí este blog, estaba poseído por mi alma de profesor que me decía “enseña, Arturo, enseña.” Pronto esos cuatro gatos serán más. Y si no, basta con esperar a ver si los mayas tenían razón. Como acierten, mi último artículo romperá índices de audiencia.

Feliz 2012. De verdad de la buena.

El tiempo en sus manos

Ya estamos en 2012. Si es cierto lo que dicen que los mayas predijeron, lo tenemos crudo. Si es cierto lo que el gobierno nos vaticina, lo tenemos crudo. Dan ganas de coger una máquina del tiempo y saltar a una época futura más benigna. Y eso es exactamente lo que vamos a hacer en este artículo.

Los amantes de la buena ciencia ficción coincidirán conmigo en que El Tiempo en sus Manos, película de 1960 basada en una obra de HG Wells, es un clásico del género. El protagonista, George Wells (protagonizado por Rod Taylor) huye constantemente hacia el futuro, harto de guerras y destrucción, y acaba en una fecha muy lejana: el 12 de octubre del año 802.701. Curiosamente, hace buen tiempo, la temperatura es tan agradable que permite a los humanos vivir en traje veraniego, y la hierba luce verde y lozana. Tal vez la Inglaterra del futuro haya sido víctima del cambio climático. Acaso haya acaecido una nueva era en el planeta.

Pero esas son explicaciones facilonas, que no nos interesan aquí. Es posible que la máquina del tiempo del señor Wells no haya tenido en cuenta los años bisiestos de modo correcto. Vamos a aprovechar para aprender por qué hay años bisiestos. Y segundos bisiestos, que haberlos, haylos.

La traslación de la Tierra alrededor del Sol no se completa en un número entero de años. Un año terrestre dura aproximadamente 365,25 días. Eso significa que, introduciendo un día bisiesto cada cuatro años, tendremos a la Tierra más o menos en el mismo sitio cada año que pase. De no introducir ese día extra, las estaciones irían cambiando de fecha. El año de 365 días, con un bisiesto cada cuatro, forma parte de lo que se conoce como calendario juliano, en honor a Julio César. Es uno de tantos inventos que les debemos a los hacendosos romanos.

Sin embargo, luego llegaron los cristianos. Muy preocupados con la correcta observación de las festividades religiosas, la iglesia estableció que la Pascua se celebrara el primer domingo tras la primera luna llena de primavera. Esa luna, llamada luna pascual, es la primera que sucede tras el equinoccio de primavera. Por eso cada año Semana Santa sucede en fechas distintas.

Pero, con el paso de los siglos, se vio que había un problema. El equinoccio de primavera sucedía cada vez más temprano. El motivo es que el año no dura exactamente 365,25 días, sino un poquito menos. El calendario juliano estaba metiendo demasiados días bisiestos. Eso hace necesaria una corrección adicional.

Al final, se vio que era conveniente modificar el calendario, y eso pasaba por corregir la duración del año. Pero ¿cuánto vale un año? Eso depende de lo que entendamos por año. Si estuviésemos mirando desde el espacio, podríamos considerar el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol, medido desde un marco de referencia fijo. Ese es el llamado año sidéreo. Pero si lo medimos con relación al Sol (que es lo habitual), tenemos que considerar un pequeño error derivado de un fenómeno conocido como precesión de los equinoccios. El resultado, levemente distinto, es lo que se llama año trópico. Como nosotros nos fijamos siempre en el Sol, ese es el año que nos interesa, el que nos dará el intervalo que pasa entre dos equinoccios de primavera y nos permitirá fijar las estaciones.

Resulta que un año trópico tiene una duración de 365,24219 días (24 horas de 3.600 segundos cada uno). Si el año gregoriano tiene una media de 365,25 días (un año de 366 días por cada tres de 365 días), resulta que se adelanta al año trópico en más o menos 0,0078125 días cada año. Eso parece poca cosa, apenas once minutos. Pero once minutos de más en un año significan un día extra cada 128 años. Hacia el siglo XVI, el desfase era de unos diez días respecto al equinoccio de primavera que se había establecido en el Concilio de Nicea del año 325.

Para arreglar el desaguisado, el Papa Gregorio XIII estableció un nuevo sistema: el calendario gregoriano. Para empezar, añadió diez días al calendario para volver a poner las cosas en su sitio y que el equinoccio de primavera volviese al 21 de marzo. En Italia, Portugal y España (los primeros lugares en que se adoptó el calendario gregoriano), la gente se fue a la cama el 4 de octubre de 1582 y se despertó el día siguiente, 15 de octubre. Por motivos políticos y religiosos, otros países lo adoptaron en fechas más tardías: 1628 en Francia, 1752 en Inglaterra, 1918 en Rusia … 1923 en Grecia.

Esto ha dado lugar a algunas curiosidades a lo largo de la Historia. Pongamos el nacimiento de Isaac Newton. La fecha de su nacimiento es el 25 de diciembre, y el propio Sheldon Cooper lo festeja en tal día. Pero Newton nació en 1642, año que en Inglaterra todavía se marcaba según el calendario juliano. De acuerdo con nuestro calendario actual, su nacimiento ocurrió el 4 de enero de 1643. Eso significa que será el próximo cuatro de enero cuando se cumpla el 370º aniversario de su nacimiento.

Otra curiosidad une a dos de los mayores escritores de la historia: el español Miguel de Cervantes Saavedra y el inglés William Shakespeare. Los amantes de la literatura siempre han lamentado la fecha del 23 de abril de 1616, día en que ambos gigantes de las letras fallecieron. Para ser más correctos, parece que Cervantes falleció el 22 y fue enterrado al día siguiente, minucias. Pero, ya lo habrán adivinado, Shakespeare falleció en una fecha del calendario juliano, en tanto que Cervantes abandonó este mundo en pleno calendario gregoriano. Eso significa que Cervantes adelantó a su colega inglés a la tumba por diez días. Resulta muy poético imaginar que, de forma simultánea, el mundo despedía a esas dos grandes figuras … pero no es cierto.

Imagino que este baile de calendarios debe traer de cabeza a los historiadores. Cuando se de una fecha, se debe indicar en qué calendario. Habitualmente, se suele pasar a nuestro actual calendario gregoriano, pero no siempre es así. Por ejemplo, la revolución rusa sucedió en octubre, de acuerdo con los acontecimientos de la noche del 24 al 25. Claro que estaban en 1917, fecha en que Rusia todavía usaba el calendario juliano. Según nuestro cómputo actual, el palacio de invierno de los zares fue realmente tomado el 8 de noviembre. Pero a estas alturas, no vamos a comenzar a llamarlo “revolución de noviembre,” y tampoco veo a Tom Clancy cambiando el nombre de su famosa novela por el de La Caza del Noviembre Rojo.

Curiosidades aparte, y volviendo al asunto de los años bisiestos, el calendario gregoriano incorporó otro cambio en la definición de año bisiesto. Hasta entonces, recordemos, imperaba la norma según la cual los años divisibles por cuatro eran bisiestos. Recordemos que el calendario juliano estaba desfasado en un día por cada 128 años. La norma podría ser, por tanto, “los años múltiplos de 128 no son bisiestos,” y arreglado. Pero se decidió que sería más cómodo hacer números redondos. Se adoptó esta norma: los años que sean múltiplos de cien no serán bisiestos … salvo que sean múltiplos de cuatrocientos, en cuyo caso sí serán bisiestos.

Parece una norma caprichosa, pero no lo es. Vamos a ver cómo arreglan la cuestión. La norma original (un año bisiesto cada cuatro) nos daba un año de 365,25 días en promedio. Al eliminar el carácter bisiesto de los años múltiplos de cien, en promedio le estamos quitando 0,01 días al año, con lo que el año medio pasaría a tener 365,24 días. O dicho de otro modo: si cogemos un siglo y sumamos todos sus días (con un año bisiesto cada cuatro, salvo los múltiplos de cien) nos daría un total de 36524 días.

Ese 364,24 es un valor muy próximo a la duración del año trópico de, recordemos, 365,24219 días de duración. Eso nos daría un día promedio que solamente se diferenciaría del “año gregoriano” en 0,00219 días por año, o sea, un día cada 456 años. Restaurando el carácter de día bisiesto a los años múltiplos de 400, estamos incrementando el valor de un año medio en 1/400 = 0,0025 días. De ese modo, hemos ido modificando la duración del año según esta receta:

Descripción del año bisiesto variación (días) año promedio (días)

“Los años múltiplos de 4…” + 0,25 365,25

“… que no sean múltiplos de 100…” – 0,01 365,24

“… salvo que sean múltiplos de 400” + 0,0025 365,2425

Como pueden ver, esas sencillas normas nos convierten un año promedio (365,2425 días) en casi, casi un año trópico (365,2422 días). La diferencia es de apenas 0,0003 días por año. Eso nos obligará a eliminar un día del calendario dentro de tres milenios. Para entonces, que nuestros descendientes piensen en algo.

Ahora bien, recordemos que teníamos al señor Wells de El Tiempo en sus Manos vagabundeando por el futuro. Un futuro muy lejano, recordemos: cuando paró su máquina, estaba a 12 de octubre de 802.701. Como partió del año 1900, eso significa un total de 800.801 años. Eso significa que esos apenas 0,0003 días por año de desfase entre el año trópico y el año gregoriano se han convertido en un adelanto de 240 días, prácticamente ocho meses. Es decir, la máquina del tiempo de Wells indicaba el 12 de octubre, pero si en el futuro existiese un reloj ajustado con el año trópico, éste marcaría el 10 de febrero. O dicho de otro modo, el señor Wells creería que habían pasado 22 días desde el último equinoccio de otoño, en tanto que la Tierra estaría a 42 días de su próximo equinoccio de primavera.

Así que seguimos teniendo un enigma. ¿Podemos explicarlo sin traer a colación argumentos climáticos? Es posible. Hemos partido del supuesto de que la Tierra da una vuelta en torno a sí misma cada 86400 segundos (un día), y gira en torno al Sol una vez cada 365,2422 días (un año trópico). Pero ¿quién ha dicho que esas cifras van a mantenerse constantes? Los movimientos tectónicos y los efectos de marea están reduciendo la rotación de la Tierra a razón de dos milisegundos por siglo. Esto tiene un efecto curioso en la medición del tiempo actual.

En nuestros días, nuestros relojes están basados en el llamado Tiempo Universal Coordinado (UTC), que se fija por medio de un sistema de relojes atómicos. Pero, debido a las pequeñas diferencias en la rotación de la Tierra que acabo de mencionar, resulta que un día no es exactamente 86.400 segundos. La duración actual de un día solar medio es de unos 86.400,002 segundos. Eso significa que, cada quinientos días aproximadamente, el día solar y el atómico están desfasados por un segundo. Con el objeto de hacer coincidir ambos tiempos (el astronómico y el basado en los relojes atómicos), de vez en cuando se añade un “segundo bisiesto” (leap year) o “segundo intercalar” al final del año. No todos los años tiene un “segundo bisiesto” ya que el ritmo de deceleración del día terrestre es de unos 0,002 segundos por siglo, pero no es una cifra constante. La última vez que hubo que añadir un segundo bisiesto (lo siento, me suena más divertido que eso de “segundo intercalar”) fue en 2008.

Desde 1972, se han añadido un total de 34 segundos, casi a razón de un segundo por año. Puede resultar extraño, ya que hemos dicho que la tierra reduce su día a razón de dos milisegundos por siglo. La explicación se basa en que, incluso si su período de rotación se convirtiese desde hoy en una cantidad perfectamente constante, la variación que ya ha sufrido hace que un día astronómico sea 0,002 segundos más largo que un día de reloj atómico.

Si no lo ha captado a la primera, no se preocupe, a mí me pasó lo mismo. Para entenderlo, supongamos que usted tiene un reloj que atrasa exactamente un segundo por día. Cada día, a cierta hora, tendrá usted que añadir un segundo. Sin embargo, eso no significa que su reloj atrase más deprisa o más despacio. Lo mismo sucede con la Tierra. Al margen de lo que suceda en el futuro, ahora el día solar medio es dos milisegundos más largo que el atómico.

Si el señor Wells tuviese un reloj atómico perfecto en su máquina del tiempo, eso podría introducir un desfase. Cada vez que adelantase un día (86400 segundos) en el futuro, su reloj marcaría 0,002 segundos menos que el reloj astronómico local. O dicho de otro modo, aunque Wells crea que son las doce en punto, el reloj de sol del parque indicaría las 11 horas, 59 minutos y 59,998 segundos. Si salta del 1 de enero de 1900 al 1 de enero de 2000, resultará que en realidad la hora civil serán las 23:58:47. Wells saldrá de su máquina gritando “feliz año nuevo” mientras nosotros todavía estamos oyendo por televisión las explicaciones sobre los cuartos. ¿Y si salta ochocientos mil años? En ese caso, el desfase acumulado sería del orden de casi siete días. El reloj de sol del futuro marcaría no el 12 de octubre, sino el 5.

Pero ojo, eso es para el supuesto de que el día tenga 86400,002 segundos. Eso implica que el reloj astronómico definido por la rotación terrestre ya no va a variar más. Pero no hay motivos para creer eso. Al contrario, los movimientos tectónicos y las fuerzas de marea tenderán a ir ralentizando cada vez más la rotación de la Tierra. Ahora vamos a tener que tener en cuenta dos problemas: que el reloj terrestre ya está desfasado, y además que esa tasa de desfase permanecerá en el futuro. Volviendo al ejemplo de mi reloj, es como si hoy tuviese que adelantar mi reloj un segundo, el mes que viene tres segundos, el año siguiente cinco segundos y medio. Menudo jaleo, ¿no?

Entramos ya en el terreno de las suposiciones, pero suponer es divertido. He creado una hoja de cálculo donde he simulado algunas condiciones. Si suponemos que la rotación de la Tierra se ralentiza a una razón constante de 0,002 segundos por siglo, de aquí al año ochocientos ocho mil y pico habría una diferencia de unos 24 días. Cinco milisegundos al año, y obtenemos un exceso de dos meses. En cualquier caso, no nos ayuda. Recordemos que Wells creía haber llegado el 12 de octubre de 802.701. Debido a la pequeña diferencia entre el año gregoriano y el año trópico, realmente llega el 10 de febrero de ese año. Ahora, la rotación decreciente de la Tierra nos echa esta fecha hacia el pasado unos días, quizá a comienzos de Enero.

Es posible imaginar situaciones que aumenten la tasa de deceleración de la Tierra. En la película de Rod Taylor, el propio protagonista es testigo de una guerra atómica, seguida de erupciones volcánicas. Es posible que todo aquello modificase la rotación de la Tierra, por poco que sea. Pero incluso yo reconozco que está algo cogido por los pelos. La única conclusión razonable es que el señor Wells llegó a un futuro donde los cambios climáticos han cambiado las estaciones. La Inglaterra del año 802.701 es cálida, y además podemos suponer que el clima es así todo el año, ya que de lo contrario los habitantes de la superficie tendrían habitáculos cerrados y acondicionados para el mal tiempo.

Por si acaso, yo les recomiendo no ir tan lejos en su viaje por el tiempo. Con que me saque de este 2012 que se nos viene encima, ya me vale. Porque imagino que su máquina tendrá asiento de copiloto, ¿no? Yo pongo las chuches.

Portada mini CSG

En este 2011 que termina, me llena de orgullo y satisfacción … llegar al 31 de diciembre. La verdad es que el año que viene va a ser para chillar. En tan sólo unos días, me entero de que nuevamente me van a congelar el sueldo (vaya sorpresa), nos cuelan el reglamento de la ley Sinde, el gasto de I+D se va a llevar más de la mitad de todo el recorte del Ministerio de Economía, y mejor no sigo.

2011 ha sido un annus horribilis, y todo tiene pinta de que el 2012 va a hacerle bueno. Pero también hay cosas buenas. Para mí al menos, ha sido un magnífico año 2.0. Animado por un puñado de buena gente, me lancé a escribir en este vuestro blog, que en estos momentos roza las 310.000 visitas. He encontrado un nicho agradable en amazings.es, donde me lo estoy pasando pipa. Pronto cumpliré un año en twitter, donde @elprofedefisica supera los 2.500 seguidores. A todos vosotros, que de algún modo me estáis aguantando en la Red 2.0, os doy las gracias, y espero no haberos defraudado.

Tengo la intención de hacer que 2012 sea un año mejor incluso que 2011, con crisis, sin ella o a pesar de ella, y comenzando por mi ciberespacio personal. Espero que tengáis ganas de más Física de Película, porque tengo el horno a tope. Para empezar, un par de sorpresas. La primera es que, en breve, lanzaré una encuesta para que vosotros escojáis cuál de los artículos de 2011 ha sido vuestro favorito. Podréis también dar vuestra opinión, sugerir nuevos temas,, incluso mandarme jamones (no digitales, por favor).

En segundo lugar, tengo el proyecto de hacer una selección de los mejores artículos de FdP, hacerles un formateo en condiciones y compilarlos. El propósito es hacer un libro electrónico. Quién sabe, si todos los lectores de Kindle son tan ávidos como mi esposa (que no suelta el suyo ni en la ducha), puede que por fin me compre el Bugatti. O el Porsche. O puede que el Bentley … diablos, desde que en Cuatro emiten Top Gear por las mañanas, no me decido.

Pero me estoy desviando del asunto. La cuestión es que los artículos de este blog seguirán en acceso público, libre y gratuito. Pero si te gustaría tener una selección de los mejores en tu Kindle, pronto podrás adquirirlos a un precio razonable. Uno de las ventajas de firmar con Amazon es que una gran parte de los beneficios van directamente a los autores, lo que significa que el precio del libro puede bajar un montón. Vosotros tendréis un buen material de lectura por lo que os cueste un desayuno en un bar, y yo tendré por fin mi Maserati de mis sueños … o el Porsche de … bueno, ya cogéis la onda.

Para inaugurar la sección editorial de FdP, os propongo un libro que, aunque escrito hace cuatro años, está de rabiosa actualidad. Lo escribí para explicar los entresijos del mundo de la propiedad intelectual: derechos de autor, canon digital, sociedades de gestión, leyes restrictivas, todo ese mundo condensado en cien páginas. Es pura casualidad que, justo ayer, el Consejo de Ministros decidiese aprobar el reglamento de la Ley Sinde y poner las cosas un poco más difíciles a los internautas que cumplen la ley.

De forma que os animo a descargaros y disfrutar de mi libro, que se titula Cómo sobrevivir a la SGAE (versión 1.1)

Y si os gusta, me pondré a escribir la actualización 2.0. Mientras tanto, vamos a celebrar (en palabras de Dilbert), “esa idea mágica que dice que un punto aleatorio en el continuo espacio-tiempo es de algún modo especial”. O dicho en castellano asequible: feliz año nuevo.

Lucia Etxebarria

Hoy vais a perdonarme, pero voy a salirme de mi temática habitual.

Algunos de vosotros habréis oído hablar de Lucía Etxebarria, una escritora que hace poco cogió una rabieta y amenazó con dejar de escribir por culpa de la piratería. La autora afirmó en que “dado que he comprobado hoy que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio oficialmente que no voy a volver a publicar libros en una temporada muy larga.” Personalmente opino que puede haber otros motivos. No voy a entrar en ellos, entre otras cosas porque ya hay un excelente artículo de Hernán Casciari que explica el meollo de la cuestión mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, así que cedo ante una pluma superior.

El idilio de amor-odio de Lucía con Internet tiene bastante de lo segundo y menos de lo primero. Ya hace años, la pillaron modificando sus propias páginas en la Wikipedia de forma poco ética e inventándose sus propios trolls. Más recientemente, en febrero de 2010, Enrique Dans escribió una contestación a un artículo de Lucía. Ésta, a su vez, respondió a Enrique Dans con un excelente texto, que al final resultó ser un plagio del psicólogo norteamericano William Ryan.

Queda muy bonito eso de copiar y pegar, en lugar de pensar y escribir. Es más rápido, más descansado, y por supuesto mucho menos cansado. Ya le costó en 2006 una indemnización de 3.000 euros para evitar una demanda civil por apropiación, en lo que ella calificó como “un error material.” Antes, en 2001, la revista Interviú la acusó de plagiar al poeta leonés Antonio Colinas, Premio Nacional de Literatura, así como de copypastear (intertextualizar, dice ella) párrafos enteros de Nación Prozac para su novela Amor, Prozac y dudas.

Ahora, la señora Etxebarria vuelve a las andadas. Resulta que uno de los motivos por los que, según ella, puede realizar tantas actividades (se refiere a estar en Twitter y Facebook, escribir, hacer entrevistas y todo eso) es porque es superdotada intelectual, con un CI de 162. Personalmente, no tengo ningún motivo para dudar del CI de Lucía Etxebarria. Si ella dice que tiene un CI de 162, me vale. Eso sí, me llama la atención el hecho de que ella piense que un CI alto te permite realizar todas las tareas pendientes, cuidar de los niños, escribir libros y responder entrevistas. Mi CI no tiene nada que envidiarle al de ella, y les aseguro que no doy abasto con la casa, el trabajo y los niños; mucho me temo que esté confundiendo superdotación con hiperactividad. Se me hace cuesta arriba que una persona tan inteligente crea en la astrología (se declara “sagitario con ascendente sagitario y con la luna en sagitario,” nada menos), pero cada cual baja las escaleras como quiere.

No, el problema está en otra parte. Esta es la última pregunta de la entrevista que Lucía concedió el pasado 11 de noviembre para el blog ¡Edítame!:

[Pregunta]: … ¿Eres hiperactiva o te organizas muy, muy bien? ¿O ambas cosas?

[Respuesta]: Soy una mujer organizada, pero, sobre todo, además tengo un CI de 162, es decir, que si me comparas con una computadora proceso a mayor velocidad de lo normal. “Oficialmente” eres superdotado si tu cociente de inteligencia es superior a 130. Un superdotado es un ser humano implicado por sus características propias en una situación difícil, que puede llegar a conocer un sufrimiento dolorosamente profundo, porque las personas como yo no pueden hacer cosas que otras personas consideran normales. Nos adaptamos mal a los trabajos en equipo, a los trabajos de oficina, a las reglas. No podemos evitar innovar y cuestionar. Somos interiormente efervescentes, bullicioso, caóticos…, todo un volcán en erupción de pensamientos, ideas, proyectos, inquietudes, emociones… La mayoría de las personas no son así. No son ni mejores ni peores que yo; simplemente son diferentes, su ritmo interno de vida es por naturaleza más sosegado. Así las cosas, es normal que se acabe por denominar a mi modo natural de operar como “hiperactividad” o “alta capacidad”, y entiendo que te sorprenda. Hasta hace poco ni siquiera mencionaba el tema porque la gente no suele entenderlo. Ahora, existen muchos grupos de apoyo y mucha más información que antes sobre y para niños y adultos de altas capacidades. Lo cuento por si alguien lee esto y es padre de un niño así, o sabe o sospecha que ese es su problema, porque muchas veces se diagnostica como “hiperactivo” a los niños de altas capacidades, y no tiene que ver.

Esta entrevista se publicó en Internet con fecha 6 noviembre 2011. Unas palabras muy bonitas. Lástima que no sean suyas. Al menos, no las que he resaltado en negrilla, porque esas tiene dueño. Si no me he equivocado, pertenecen a Ramón Fernández García de Zúñiga, a quien se atribuye la autoría en este blog. Una rápida búsqueda en Google muestra que ese artículo aparece ya en un artículo llamado adultos superdotados, fechado el 16 de agosto de 2010. Su autora, una psicopedagoga llamada Rocío Guerra González, al menos tiene la decencia de reconocer que “Este pequeño artículo hace años que lo encontré en internet… y no tuve la precaución de apuntar la fuente (error de novata, que era por aquellos tiempos)

Como contraste, Lucía Etxebarria se sirve una generosa porción de lo que le apetece, incluidos puntos suspensivos y comillas, y por supuesto se ha vuelto a olvidar detalles como poner cualquier tipo de referencia, pie de página o reconocimiento al autor legítimo. A estas alturas, ya no sé si es que lleva los copypasteos insertados en el ADN, es demasiado vaga para pensar por su cuenta o, sencillamente, se cree tan lista que realmente piensa que no la van a pillar esta vez. Allá cada cual con su moral. El problema, Lucía, es que si después vas por ahí diciendo que en España no se lleva ser honesto, quedas fatal.

Homeopaticilina

Recientemente, Amazings se hizo eco de la polémica generada por la organización de un nuevo Curso universitario de Especialización en Homeopatía. El contenido y temática de dicho curso, impartido en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) bajo la dirección académica de D. Gregorio Tiberio López y Dª Inmaculada Vega Ortega, del Departamento de Ciencias de la Salud de la UPNA, constituye algo preocupante.

El motivo es sencillo: la homeopatía es una técnica que, en más de cien años, no ha logrado convencer a la comunidad científica acerca de su funcionamiento o validez. No se conoce su modo de actuación. Sus principios físicos, químicos o médicos son desconocidos. Y, lo más grave, los estudios epidemiológicos han sido incapaz hasta la fecha de demostrar su eficacia. Me permito señalarles al respecto los siguientes elementos de juicio:

– Un meta-estudio publicado en el British Medical Journal en 1991 sobre la homeopatía afirmó que “no es suficiente para establecer conclusiones definitivas por la baja calidad metodológica de los ensayos y por el papel desconocido que ha podido jugar el sesgo de las publicaciones”

– Meta-estudios similares publicados en la prestigiosa revista médica Lancet en 1997 y 2005 arrojaban resultados similar. El primero mostraba que un conjunto de estudios homeopáticos publicados hasta la fecha apenas mostraba una efectividad mayor que la debida al efecto placebo. El segundo estudio de Lancet en 2005 es aún más tajante: “No hemos encontrado, de esos estudios, pruebas suficientes de que la homeopatía sea claramente eficaz para ninguna condición clínica.”

– En 2010, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico, tras evaluar las pruebas científicas existentes, recomendó dejar de financiar la homeopatía con cargo al sistema público de salud, llegando a sugerir que se incluya en el etiquetado de los remedios homeopáticos la advertencia de que en ensayos clínicos controlados no han demostrado más eficacia que un placebo. La British Medical Association del Reino Unido ha llegado a calificar oficialmente a la homeopatía como “disparate.”

El cúmulo de evidencias al respecto de la falta de efectividad de los productos homeopáticos ha propiciado la creación de campañas como la que, en estos momentos, se lleva a cabo por medio de la plataforma de actuación electrónica actuable.es contra dicho curso. No me repetiré reproduciendo de nuevo los argumentos que aparecen en esa petición.

Sí creo que ustedes, personas que afirman sinceramente que “a mí me funciona,” y usted, estimado lector, deben ser informados sobre la última evidencia aparecida al respecto. Se trata de un informe oficial titulado “Análisis de Situación de las Terapias Naturales”, realizado por un grupo de expertos que incluye personal del Instituto Carlos III, el Ministerio de Educación y diversas Comunidades Autónomas. Su origen fue un acuerdo de la Comisión de Sanidad y Consumo del Congreso de los Diputados, que el 11 de diciembre de 2007 aprobó una Proposición No de Ley para crear un grupo de trabajo que examinase la situación de las terapias no convencionales, con vistas a su futura regulación de las llamadas terapias naturales. La industria homeopática aplaudió la medida, quizá con la esperanza de que los productos homeopáticos fuesen cubiertos por la sanidad pública, tal y como sucede en el Reino Unido.

El Informe, recientemente hecho público, examinó diversos aspectos de esas terapias, incluyendo la evaluación de los estudios clínicos existentes en la actualidad. Los resultados, en lo que respecta a la homeopatía, revelan una total falta de eficacia en todos los tratamientos estudiados más allá de su posible utilidad como placebo:

– Influenza: “Los resultados iniciales son prometedores, pero no son lo suficientemente sólidos como para recomendar su uso como tratamiento de primera línea.

– Cáncer: “La homeopatía no reduce la severidad o la frecuencia de los síntomas menopáusicos en supervivientes de cáncer de mama … no hay suficiente evidencia para su utilización en estos pacientes

– Osteoartritis: “No hay pruebas suficientes para recomendar su utilización como método de inducción

– Asma crónico: “No se dispone de pruebas suficientes para evaluar de forma fiable el papel de la homeopatía en el asma

– Depresión: “Todos los ensayos de la revisión eran de baja calidad metodológica, por lo que la evidencia existente hasta el momento es limitada

– Cólico del lactante: “No se encontró suficiente evidencia para determinar su eficacia

Añade el Informe que “los sesgos metodológicos que prevalecen en la mayoría de los estudios publicados hacen que las revisiones no emitan recomendaciones de uso basadas en la evidencia.” Y concluye lo siguiente:

A partir de los resultados y conclusiones de las revisiones sistemáticas publicadas, no se puede emitir ninguna recomendación basada en la evidencia que pueda influir en las decisiones clínicas sobre su uso. En general, las revisiones realizadas concluyen que la homeopatía no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta, los resultados de los ensayos clínicos disponibles son muy contradictorios y resulta difícil interpretar que los resultados favorables encontrados en algunos ensayos sean diferenciables del efecto placebo.

En tales circunstancias, ¿por qué continuar defendiendo lo indefendible? En mi opinión, la respuesta es muy sencilla, y seguro que usted también se la está imaginando: porque lo indefendible da dinero. Y daría mucho más si la homeopatía fuese avalada de algún modo por estudios científicos. Es por ese motivo que los laboratorios homeopáticos patrocinan a diversas Universidades españolas mediante la creación de cátedras (Zaragoza) o la impartición de Cursos (UPNA). La componente económica de estos cursos es un factor nada desdeñable para Universidades que en estos momentos se debaten en la crisis económica que a todos nos afecta. Apoyados por una Organización Médica Colegiada que avala la homeopatía como “acto médico” (si bien se cuida muy mucho de no entrar en su efectividad como terapia clínica), un Informe favorable, o siquiera neutro, procedente de un grupo de expertos sería la última pieza necesaria para que la homeopatía se convierta en España en un gran negocio, de efectos dudosos salvo los puramente económicos, de forma similar a como sucedió en otros países desarrollados.

Pero la evidencia científica disponible nos recuerda que los métodos homeopáticos no tienen más ventajas que, si acaso, las derivadas del efecto placebo. Y si bien el Informe reconoce que la ausencia de demostración de su eficacia no debe ser considerada siempre como sinónimo de ineficacia, yo debo discrepar de tal afirmación. En palabras de Carl Sagan, de cuya muerte se cumplen hoy quince años, “las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.”

Este estándar de Sagan está siendo despreciado en la Universidad Pública de Navarra. Básicamente, están dando cobertura institucional y respetabilidad a una práctica médica desacreditada, ineficaz y criticada en todos sus aspectos. Yo entiendo perfectamente que también las universidades públicas deben estar pasando apuros económicos. Esta misma mañana, recibí un e-mail del decano de mi facultad (Ciencias, Granada) informando a todos los profesores que este año no recibiremos el tradicional detalle navideño de la Facultad; el dinero ahorrado se invertirá en adecentar nuestra Aula Magna, que buena falta le hace a la pobre. Pero vender productos o procedimientos que, esencialmente, no sirven dejan en entredicho la reputación académica de una Universidad. Muchas no lo hacen, para su crédito. Esperemos que el rector de la Universidad Pública de Navarra reconsidere su decisión de mantener los Cursos de Especialización en Homeopatía. No hay ningún descrédito en reconocer una mala decisión, pero sí lo hay en mantenerla contra viento y marea. Tengo por seguro que cualquier beneficio económico que la UPNA consiga será tan sólo a corto plazo. En última instancia, lo único que habrán conseguido será que les regalen la pala con la que se están enterrando poco a poco. [Este artículo se originó a partir de una carta enviada por el autor al rector de la Universidad Pública de Navarra, D. Julio Lafuente López]

Médico homeópata

Mi último artículo sobre la homeopatía tiene ya cerca de un centenar de comentarios. Aunque leo todos los comentarios a mis artículos, por lo general no entro al trapo. De ese modo limito las guerras de trolls, evito las confrontaciones personales y dejo ocasión a mis lectores para responder.

Uno de los últimos comentarios me ha parecido lo bastante interesante para hacer una excepción. Firmado bajo el nick de gargolak, alguien que por lo que comenta parece que es médico, y que ha recetado medicamentos homeopáticos. Extrañamente, su comentario no aparece en el artículo, ha desaparecido por motivos que desconozco. Afortunadamente, siempre recibo por e-mail una copia de todos los comentarios, así que al menos dispongo de ella para que no se pierda.

Creo que contra-argumentar a sus comentarios puede ser una forma eficaz de poner en evidencia algunas falacias sobre la homeopatía. Procedo, en primer lugar, a insertar sus comentarios, sin más modificación que separarlos en párrafos para una lectura más cómoda:

Hay muchos datos legales que estais utilizando en los que os patináis todos ( a favor y en contra) el pensamiento critico ha de contar con datos objetivos y no hemos de tener un prejuicio previo. La decisión de un padre de elegir con que prefiere tratar a su hijo es lógica, pero te acercas al tema con un prejuicio admitido hacia los medicamentos homeopáticos sin haberlos probado y los rechazas y haces demagogia sobre ellos. Eso no es muy justo. No se conoce aun cual es el mecanismo de accion de los medicamentos homeopáticos, pero si se tienen estudios de eficacia Clinica con niveles de eficacia alta que demuestran eficacia Clinica sobre placebo. Yo os reto a demostrarme cual es el medicanismo de acción del paracetamol, y en cambio nadie duda de su eficacia. Un dato que das y que me sorprende en una persona que contrasta su informacion.

Las cátedras en todas las universidades las pagan los laboratorios, son acuerdos científicos de colaboración . Un comité ético supervisa todas las acciones, En Zaragoza existen otras 30 cátedras pagadas si, por lilly, bayer oGSK para lo mismo, para investigar y publicar los resultados. Así suena distinto no? Haber si puedo buscar una tesis doctoral muy bien documentada sobre todos los elementos legales de estos medicamentos tan útiles. La química no puede explicarlo todo, es verdad que lo de la memoria del agua es un despropósito , simplemente aun no se sabe cual es su mecanismo de acción pero todo llegara.

Por cierto, os equivocáis cuando decir que no pasan los mismos requisitos que los medicamentos no homeopáticos. Están perfectamente regulados, se venden exclusivamente en farmacias, tienen trazabiludad y fármaco vigilancia, Están financiados en países muy avanzados ( en Inglaterra intentaron quitar la financiación y no pudieron). Mas de 4000 medicos la recomiendan en centros públicos ( hospitales, urgencias, centros de salud, etc….). En veterinaria se utilizan con éxito clínico. Millones de pacientes la usan y la repiten en sus tratamientos, es imparable.

La radioterapia tiene efectos fisiológicos y no se ve. La tierra tambien fue plana y los escépticos falsos sin un pensamiento critico verdadero tambien lo negaban y lo hacían de buena fe, pero a veces hay que probar las cosas en uno mismo y sin prejuicios para tener criterio. Yo he probado los medicamentos homeopáticos y si, funcionan, igual que funciona el paracetamol y tantas otras cosas que aun no sabemos como funcionan de verdad. Admiro a quien mantiene su criterio con sus hijos. Yo en mi caso personal he conocido experiencias muy graves con el uso de medicamentos no homeopáticos . Y por eso no invito a los demás a que no los utilicen. Muchos medicos escépticos verdaderos, compañeros míos, han comenzado probando los medicamentos homeopáticos como placebos, y han podido comprobar su eficacia hasta terminar formando se en alguna universidad con un curso acreditado.

Otro tema interesante es lo de poner una receta en el blog, y la persona que pregunta si una receta con un medicamento homeopático es denunciable. Pues no. No es denunciable. Podéis preguntarlo en cualquier colegio de medicos ( que por cierto muchos de ellos tienen una división de medicos acreditados como homeópatas). Mi discurso no es para convencer a nadie de que utilice los med. Homeopáticos , es un alegato para que nos dejen en paz a los medicos que queremos utilizar una herramienta mas para que sus pacientes se curen, y si al paciente no le gusta que sea libre de solicitar otro tratamiento como el autor del post ha hecho.

Hasta aquí, el comentario del lector. Paso ahora a desarrollar mi contra-argumentación. Intentaré no ser demasiado pesado.

“La decisión de un padre de elegir con que prefiere tratar a su hijo es lógica, pero te acercas al tema con un prejuicio admitido hacia los medicamentos homeopáticos sin haberlos probado y los rechazas y haces demagogia sobre ellos. Eso no es muy justo.”

Debo rechazar tal acusación. Mi rechazo a los medicamentos homeopáticos no se debe a prejuicios, sino a una evidencia científica abrumadora respecto a su inutilidad. Sin entrar en el tema de los estudios epidemiológicos todavía, desde un punto de vista meramente físico los mecanismos de la homeopatía son absurdos, como ya comenté en su día.

“No se conoce aun cual es el mecanismo de accion de los medicamentos homeopáticos, pero si se tienen estudios de eficacia Clinica con niveles de eficacia alta que demuestran eficacia Clinica sobre placebo.”

En efecto, no se conoce el mecanismo, y un siglo de investigación ha dado resultado negativo hasta el momento. Ese hecho, por sí sólo, debería alertarnos sobre la pretendida eficacia de los remedios homeopáticos. En cuanto a su eficacia clínica, es relativamente fácil mostrar resultados aparentemente positivos en revistas con un sesgo pro-homeopático, cuando se es pro-homeópata. Sin embargo, un meta-estudio (estudio que evalúa otros estudios) publicado en el British Medical Journal en 1991 afirmó que “no es suficiente para establecer conclusiones definitivas por la baja calidad metodológica de los ensayos y por el papel desconocido que ha podido jugar el sesgo de las publicaciones” Meta-estudios similares publicados en la prestigiosa revista médica Lancet en 1997 y 2005 arrojaban resultados similar. El de 1997 mostraba que un conjunto de estudios homeopáticos publicados hasta la fecha apenas mostraba una efectividad mayor que la debida al efecto placebo [según el cual, los pacientes mejoran aunque los medicamentos sean ineficaces]. El segundo estudio de Lancet en 2005 es aún más tajante: “No hemos encontrado, de esos estudios, pruebas suficientes de que la homeopatía sea claramente eficaz para ninguna condición clínica.” Pueden verse otros meta-estudios en esta web.

“Yo os reto a demostrarme cual es el medicanismo de acción del paracetamol, y en cambio nadie duda de su eficacia. Un dato que das y que me sorprende en una persona que contrasta su informacion.”

Aunque yo no mencioné el paracetamol, en efecto parece que se desconoce su mecanismo exacto. Sin embargo, se ha venido usando desde hace medio siglo con éxito. Y no me refiero solamente al típico “pues a mí me funciona,” sino que, como todos los medicamentos, vino precedido por años de investigación, pruebas y todas las condiciones de las agencias del medicamento de numerosos países. En cualquier caso, los argumentos del tipo “bueno, esto no tendrá lógica, pero tampoco eso otro” me parecen bastante poco sólidos. Siguiendo esa línea de pensamiento lógico, las cartas astrológicas deberían ser aceptadas porque nadie conoce todavía la composición exacta de la materia oscura.

“Las cátedras en todas las universidades las pagan los laboratorios, son acuerdos científicos de colaboración . Un comité ético supervisa todas las acciones, En Zaragoza existen otras 30 cátedras pagadas si, por lilly, bayer oGSK para lo mismo, para investigar y publicar los resultados. Así suena distinto no? Haber si puedo buscar una tesis doctoral muy bien documentada sobre todos los elementos legales de estos medicamentos tan útiles.”

En absoluto, y ya conocía ese dato. Con todo, y por mucho que a algunos no les guste, el hecho es que los laboratorios farmacéuticos usan el método científico, el ensayo y error, y cumplen las estrictas regulaciones sobre medicamentos. No veo ninguna lógica en equiparar su modo de actuar con el de unos llamados laboratorios homeopáticos que, básicamente, embotellan agua y excipientes sin ningún valor curativo demostrado científicamente, y los venden luego a precio de tinta de impresora, del mismo modo que no vería lógico que una universidad aceptase dinero de Iker Jiménez para fundar una cátedra de astrología. Y por cierto, señor médico, haber a ver si encuentro una tesis doctoral, o tesina, o algo que se le parezca, que estudie medicamentos homeopáticos usando correctamente el método científico.

“La química no puede explicarlo todo, es verdad que lo de la memoria del agua es un despropósito, simplemente aun no se sabe cual es su mecanismo de acción pero todo llegara.”

Bien, señores, ya lo han oído. Podemos creer cualquier disparate y defenderlo, sin importar que tenga o no lógica o razonamiento alguno, y al diablo con el método científico. Que todo llegará.

“Por cierto, os equivocáis cuando decir que no pasan los mismos requisitos que los medicamentos no homeopáticos. Están perfectamente regulados, se venden exclusivamente en farmacias, tienen trazabiludad y fármaco vigilancia.”

¡Meeeec! Respuesta equivocada. Los medicamentos homeopáticos se rigen por una norma distinta a la de los demás medicamentos, con distintos requisitos y diferente regulación. El Real Decreto 2208/1994 establece unas condiciones, bastante benignas, para los medicamentos homeopáticos sin indicación terapéutica aprobada. Esto va en consonancia con la Directiva 92/73/CEE, que afirma cosas como “Considerando que, dadas las especiales características de dichos medicamentos [homeopáticos], como son la débil concentración de principios activos y las dificultades para aplicarles la metodología estadísticas convencional sobre ensayos clínicos, parece conveniente establecer un procedimiento de registro simplificado especial para los medicamentos homeopáticos tradicionales que se comercialicen sin una indicación terapéutica…” (el subrayado es mío). Es decir, la “perfecta regulación” pasa por algo así como “es muy difícil saber si sirven para algo, pero si no dañan al ser humano, autorícese, da igual que sirva o no.”

En cuanto a los que sí tengan indicación homeopática, afirma que “la evaluación de los ensayos farmacológicos, toxicológicos y clínicos de los medicamentos presentados a registro se hará teniendo en cuenta su naturaleza homeopática.” Si esas últimas palabras esconden dificultades para aplicar la “metodología estadística convencional,” es decir, que no se puede probar su eficacia como en el caso de un medicamento tradicional, ¿qué garantías son esas?

Y por último, que se venda en farmacia no es en absoluto garantía de nada. La venta en farmacia de productos sin receta no es más que una decisión de márketing. Un médico debería saber eso mejor que nadie.

“Están financiados en países muy avanzados ( en Inglaterra intentaron quitar la financiación y no pudieron).”

Cierto es que en el Reino Unido se financia con cargo a la sanidad pública, pero el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes ha recomendado que se deje de hacer tal práctica, y la British Medical Association ha calificado la homeopatía como disparate. Si ese país mantiene la homeopatía en el sistema nacional de salud, ciertamente que no ha sido siguiendo los dictámenes científicos de los organismos más cualificados. En ese y otros países avanzados, la homeopatía está siendo criticada con cada vez más dureza.

“Mas de 4000 medicos la recomiendan en centros públicos (hospitales, urgencias, centros de salud, etc….). En veterinaria se utilizan con éxito clínico. Millones de pacientes la usan y la repiten en sus tratamientos, es imparable.”

Con el debido respeto hacia esos millones de pacientes, también hay mucha gente que consulta el horóscopo y cree en los adivinos. Y el mero hecho de que tantos médicos recomienden tratamientos de eficacia no demostrada y sin ninguna base científica no dice, ciertamente, mucho en su favor; salvo, en todo caso, si lo hacen como efecto placebo, en cuyo caso quizá les venga mejor una dosis de vitaminas o un caramelo de regaliz. Solamente puedo recalcar lo que he comentado en casos similares: coman mierda, un billón de moscas no pueden estar equivocadas. ¿También es imparable la coprofagia?

“La radioterapia tiene efectos fisiológicos y no se ve.” La radioterapia tiene base científica y clínica, y aunque los rayos X no se ven, como físico yo le aseguro que existen, pueden detectarse y sus propiedades son perfectamente conocidas. Espero que no sugiera usted que, puesto que las ondas de radio no se ven, ya no podremos usar los móviles.

“La tierra tambien fue plana y los escépticos falsos sin un pensamiento critico verdadero tambien lo negaban y lo hacían de buena fe”

Incorrecto. Los únicos que se atrevían a decir que la tierra no era plana debían tener muy buenos argumentos, un temple poco común y ganas de meterse en líos con el poder establecido. Los escépticos falsos seguían la corriente, bien por miedo, bien por ignorancia, bien porque “a mi cuñado le funciona.”

“pero a veces hay que probar las cosas en uno mismo y sin prejuicios para tener criterio. Yo he probado los medicamentos homeopáticos y si, funcionan, igual que funciona el paracetamol y tantas otras cosas que aun no sabemos como funcionan de verdad.”

A la vista de la escasez de resultados científicamente probados, no tengo más remedio que exigirle pruebas. Los argumentos del tipo “hice esto, y se me fue el dolor” son tan poco consistentes como acientíficos.

“Admiro a quien mantiene su criterio con sus hijos. Yo en mi caso personal he conocido experiencias muy graves con el uso de medicamentos no homeopáticos. Y por eso no invito a los demás a que no los utilicen. Muchos medicos escépticos verdaderos, compañeros míos, han comenzado probando los medicamentos homeopáticos como placebos, y han podido comprobar su eficacia hasta terminar formando se en alguna universidad con un curso acreditado.”

Usted me disculpará, pero lo habitual en nuestros días es que tras esos “cursos acreditados” haya un grupo de médicos homeópatas que organizan un curso sin más intervención de la Universidad que prestar su nombre y su imagen, y cobrar su parte. En cuanto a la experiencia de sus compañeros, deberían saber que la diferencia entre la eficacia real y el efecto placebo requiere de un estudio cuidadoso y riguroso con experimentos de doble ciego. Unas cuantas experiencias personales subjetivas no sirven, y la Organización Médica Colegiada jamás ha reconocido que la homeopatía resulte eficaz en el tratamiento de enfermedades de ningún tipo.

“Otro tema interesante es lo de poner una receta en el blog, y la persona que pregunta si una receta con un medicamento homeopático es denunciable. Pues no. No es denunciable.”

Pues sí, es denunciable. Quizá no ante un juez, pero sí ante la opinión pública. Gente como yo, convencida de que la homeopatía no es una práctica científica probada, cree que tales prácticas han de ser hechas públicas; y “vender la moto” de la homeopatía a una persona que espera profesionalidad de un médico es, como poco, censurable moralmente.

“Podéis preguntarlo en cualquier colegio de medicos ( que por cierto muchos de ellos tienen una división de medicos acreditados como homeópatas).” Efectivamente, hay médicos acreditados como homeópatas. Eso se remonta a diciembre de 2009, cuando la Organización Médica Colegiada reconoció el ejercicio de la homeopatía como acto médico. La OMC afirma que, como acto médico, la homeopatía solamente puede ser realizada por un médico acreditado, e incluso tiene un Área para las Relaciones con las Terapias Médicas no Convencionales. Sin embargo, hay algo que los defensores de la homeopatía olvidan decir. Algo que tienen en común el Comunicado de la OMC, el Real Decreto 2208/1994 que regula el tratamiento de medicamentos homeopático, el Informe del Consejo de Europa de 1999 sobre las medicinas no convencionales, y hasta la Directiva 92/73/CEE sobre medicamentos homeopáticos. Y lo que tienen en común es esto: en todos esos documentos y leyes no hay ni una sola línea que afirme, apoye o incluso sugiera que la homeopatía funcione. Todos esos textos legales se limitan a partir de la premisa de que la homeopatía existe; que la gente la usa; y que por tanto hay que legislarla, acreditarla y regularla. Ni una palabra sobre su eficacia. Es como si los astrofísicos de este país, indiferentes sobre si la astrología funciona o no (que no) decidiesen regularla para evitar el intrusismo, algo que intenté plasmar con ironía en este artículo.

Visto lo visto, habría que agradecerle al presidente de la OMC, Juan José Rodríguez Sendín, su franqueza. En una sesión de preguntas y respuestas con internautas en el diario El País, el señor Rodríguez afirmó lo siguiente: “Para que una práctica alternativa sea admitida tiene que demostrar con bases científicas suficientes que funciona. Nosotros lo hemos admitido porque antes de realizar una terapia cualquiera, precisa un diagnóstico hecho por un médico: previo a un tratamiento tiene que haber un diagnóstico; y para diagnosticar una enfermedad es preciso ser médico. Cuando decimos que cualquier terapia alternativa o no alternativa, lo que decimos es que es preciso que el diagnóstico lo haga un médico, otra cosa es que luego la terapia funcione más o menos: el diagnóstico y la terapia son cosas diferentes” (la negrilla es mía).

Es decir, el propio presidente de la OMC reconoce que les da igual que la homeopatía funcione o no, con tal de que la ejerza un médico. Mal estamos si al órgano colegiado de los médicos le preocupa más el intrusismo profesional que la capacidad curativa de un acto médico. “Mi discurso no es para convencer a nadie de que utilice los med. Homeopáticos , es un alegato para que nos dejen en paz a los medicos que queremos utilizar una herramienta mas para que sus pacientes se curen, y si al paciente no le gusta que sea libre de solicitar otro tratamiento como el autor del post ha hecho.”

Eso último es una falacia, y usted como médico debería saberlo. Una persona es legalmente libre de solicitar otro tratamiento, hasta ahí estamos de acuerdo. Pero ¿qué es lo cree una persona cuando entra en la consulta de un médico? Pues cree que ese aspecto de persona seria, esa bata y ese estetoscopio, esa pared tachonada de títulos enmarcados, los libros de medicina y el armario del instrumental, todo ello habilita al médico para dar una opinión sólida basada en su experiencia y sus conocimientos. Como resultado, los pacientes tienden a aceptar que, como mínimo, el médico sabe lo que dice, y que hará lo mejor en pro del enfermo.

Enfrentarse al médico y ejercer la libertad de solicitar otro tratamiento es algo que en la mayoría de los casos no se plantea un españolito medio. Y si una persona no sabe lo que es la homeopatía, o tiene sus dudas, y ve que ese señor que sabe tanto de medicina la considera una práctica aceptable, tenderá a aceptarlo. La búsqueda de la verdad en lo relativo a la homeopatía resulta inútil si nuestro interlocutor puede espetarnos algo como “mi médico de toda la vida dice que la homeopatía funciona ¿qué, acaso sabes tú más de medicina que un médico.”

No, señores médicos, ustedes no pueden lavarse las manos y desentenderse de su responsabilidad moral (no digo ya de la profesional). Recetar productos que no sirven está mal. Hacer creer a la gente que los remedios homeopáticos funcionan cuando está demostrado científicamente que no funcionan está mal. Engañar a los pacientes con placebos, no, con falsos placebos, está mal. Coleccionar títulos inútiles de cursos poco serios para dárselas de profesionales homeopáticos serios está mal. Y arriesgar en el proceso la respetabilidad social de su profesión está mal. Si luego la gente les pierde el respeto no se quejen, porque la tumba se la están cavando ustedes ahora.

El Núcleo

OJO: Spoilers

Una de las cosas con las que cuentan los malos guionistas de Hollywood para dárnosla con queso es nuestro desconocimiento sobre ciencia. Reconozco que me pierdo con el ADN, los aminoácidos, los péptidos y los ribosomas, así que cuando sale un científico capaz de convertirse en un duende verde o un hombre araña a base de terapia genética, no puedo más que poner cara de bobo y creérmelo todo.

En la serie The Big Bang Theory, los protagonistas están constantemente inmersos en verborrea científica. Hablan de teoría de cuerdas, bosones, materia oscura y demás rarezas. Pero tienen a su favor el hecho de que absolutamente todo lo que dicen tiene sentido científico. Hay un profesor de Física que se encarga de ello. No, no soy yo, es David Salzberg, y tiene hasta su propio blog sobre la serie.

Hay otros que, por el contrario, no hacen el menor intento por dar credibilidad a la verborrea científica que sueltan. Un buen ejemplo lo tenemos en El Núcleo (The Core). En realidad, tenemos ahí un montón de buenos ejemplos. Ya comenté esta película para hablar del momento angular. Ahora, vamos a ver algo sobre el campo magnético y las microondas. Prepárense para ser sofritos por mis rayos mortales.

La idea subyacente a la película, recuerdo, es la repentina parada del núcleo externo de la Tierra. Dicho núcleo, al estar formado por hierro fundido en rotación, produce un campo magnético. Si se para, el campo magnético desaparece, la vida en la Tierra se extinguirá, bla, bla. Para convencernos de lo terrible que sería la situación, juegan con los conceptos de la siguiente forma:

1) El núcleo de la Tierra produce un campo EM (electromagnético)

2) Ese campo nos escuda contra los rayos cósmicos y las microondas

3) Las microondas calientan el agua

4) Conclusión: sin el escudo EM, los microondas asesinos asolarán la superficie terrestre.

Parece que está de moda asimilar las microondas a una muerte terrible y agónica. También en la película 2012 decían que los neutrinos estaban calentando el centro de la Tierra “como un microondas.” A ver quién lo niega, después de haberse quemado la lengua con un tazón de leche demasiado caliente. Para sazonar tan apocalíptico razonamiento, los cerebritos de El Núcleo nos muestran lo que supuestamente sucedería en caso de carecer de escudo EM: palomas desorientadas, marcapasos inutilizados, chispazos, ciudades asoladas por la radiación de microondas, supertormentas. El científico engolado pronostica:

Nuestro campo EM nos protege de los vientos solares, que son una mezcla letal de partículas radiactivas y microondas. Cuando ese escudo fracase, las microondas provocarán, literalmente, la cocción del planeta.

Terrible, ¿verdad? Pero no se preocupen, eso no va a suceder. Y no será por los desvelos de los terranautas, sino porque el profe de Física ya está con la tarjeta roja levantada. El problema fundamental consiste en creerse tres premisas que no son ciertas:

– que un campo electromagnético es igual que un campo magnético

– que un campo electromagnético puede bloquearse con un escudo electromagnético – que los campos EM nos protegen contra radiaciones nocivas como las microondas.

Es cierto que la Tierra tiene un campo magnético debido a su rotación, y sirve para desviar las partículas cargadas que provienen, por ejemplo, del Sol. Esas partículas se encauzan hacia los polos magnéticos del planeta, y al chocar con las moléculas de la atmósfera producen ese hermoso fenómeno conocido como aurora boreal. Pero esas partículas ni son radiactivas, ni son letales. Y, por supuesto, ese campo magnético es totalmente ineficaz contra ondas electromagnéticas de cualquier clase.

En segundo lugar, no existen escudos EM. Al menos, no del tipo que se describe en la película. Vale, el plomo absorbe los rayos X, un paraguas nos protege contra el sol y una jaula de Faraday puede blindarnos contra los campos de radiofrecuencia. Pero no hay “escudos electromagnéticos” a estilo Star Trek, y menos de microondas. Ninguna capa sustentada por campos magnéticos nos protege de nada. Imagino que los guionistas sabían, o intuían, o leyeron una vez en alguna parte, que la capa de ozono protege contra los rayos ultravioleta. Se trata de un proceso químico: las moléculas de oxígeno absorben esa radiación y se recombinan en moléculas de ozono. No tiene absolutamente nada que ver con los campos magnéticos, pero puestos a inventarse tonterías, ¿por qué no lo del escudo EM? En cuanto a los microondas en sí, sin duda existen dentro del espectro de radiación solar, pero ni de lejos producirán esa cocción que vemos en la película. El motivo fundamental es que el porcentaje de energía en infrarrojos y microondas provenientes del Sol es muy pequeño. Fíjense en este gráfico:

La línea amarilla representa la radiación solar para las diversas longitudes de onda que llega a la atmósfera, y la roja es la que alcanza la superficie terrestre. Como verán, en la zona del visible es donde nuestro astro rey emite la mayor parte de su potencia electromagnética. En el infrarrojo (zona de la derecha), dicha potencia disminuye rápidamente. Véase cómo hay regiones del espectro que son bloqueadas por la atmósfera terrestre. Por ejemplo, en la zona sobre los 1400 nm (nanómetros) apenas hay rojo, lo que significa que casi nada de esa radiación llega a la superficie de la Tierra. Pero eso NO se debe a ningún escudo electromagnético, sino a las moléculas de la atmósfera; en este caso, a las de vapor de agua.

Lo que habitualmente denominamos “microondas” son radiaciones electromagnéticas con una longitud de onda en torno a los milímetros. Un milímetro son un millón de nanómetros, así que tendríamos que prolongar esa gráfica muchísimo para ver cuánta radiación de microondas llega a la Tierra, y nos daría una cantidad pequeñísima. El efecto de los hornos microondas, esos que nos calientan la leche en pocos segundos, no se debe tanto a su potencia como a su longitud de onda. Ciertamente, debe producir energía en cantidad suficiente para que la leche se caliente. Pero su efectividad se debe a la frecuencia de esos microondas: unos 2,45 GHz, o lo que es lo mismo, una longitud de onda de unos doce centímetros. A esa frecuencia, se produce un fenómeno de resonancia vibración en las moléculas de agua, que les hace absorber esa radiación eficazmente y convertirla en energía cinética; esto es, en calor.

[ACTUALIZACIÓN 1/9/2012: También yo caí en el tópico de la resonancia en los hornos microondas. No es correcto. Si les interesa, he aquí una sencilla explicación]

El porcentaje de radiación solar que se recibe en forma de microondas es pequeñísimo, del orden de billonésimas partes respecto a la luz visible. Si no fuese así, no podríamos usar nuestros móviles, ya que emiten en frecuencias del rango de las microondas. De hecho, los astrofísicos sudan la gota gorda para detectar las microondas. Tienen que instalar sus aparatos en altas montañas (donde hay poco vapor de agua), o bien lanzar satélites al espacio.

Así que es bueno para nosotros que el Sol emita tan poco en microondas, y además la atmósfera terrestre actúa como escudo natural. Pero claro, si fuese así la película sería un muermo. Así que se sacan de la manga la ecuación “magnetismo = campo EM = todos cocidos como huevos” para poder justificar los fenómenos que suceden a continuación. Uno de ellos es la destrucción de San Francisco. La escena tiene una alta densidad de tópicos por fotograma. Comienza con el típico hacker adolescente repelente, de esos que te piratean el móvil mirándolo fijamente. Separa la vista del ordenador, mira a su alrededor con ojos de cordero degollado y anuncia que las “microondas invisibles” (¡como si hubiese microondas visibles!) han encontrado una ruptura en los escudos.

Y en efecto, como un rayo mortal romulano, un haz de microondas supuestamente invisibles hace impacto en la atmósfera y perforan un agujero que nos hace exclamar “¡más potencia a los escudos!”. Pero el señor Scott está de vacaciones. De inmediato, las hojas caen de los árboles y los peces mueren cocidos en el agua. Como un mensajero del desastre, una columna de agua en ebullición se dirige directamente hacia el Golden Gate. Tan intenso haz de energía provoca quemaduras inmediatas, calienta el asfalto hasta reventar los neumáticos de los coches, derrite los gruesos cables del puente y los parte en cuestión de segundos. Realmente parece un rayo de la muerte, pero en ningún caso puede ser un haz de microondas provenientes del Sol.

Para rematar la faena, fíjense en el insulto final a las leyes de la Física. El Golden Gate es lo que se denomina un puente colgante. La estructura central “cuelga” de un conjunto de cables que se sujetan a dos grandes columnas, una a cada lado del puente. Para evitar que las columnas se comben hacia el centro, otros cables las sujetan a la orilla. La situación es similar a si usted, lector, estuviese tirando de dos cuerdas en sentidos opuestos. Está en una situación de equilibrio. Pero si una de esas cuerdas se rompiese, tendería a caer hacia la otra cuerda. Según ese razonamiento, si la zona central del Golden Gate desaparece, la columna tenderá a combarse al extremo opuesto, es decir, hacia la orilla, donde los cables intactos siguen tirando. Las columnas tendrían que inclinarse hacia afuera, ¿verdad? Pues fíjense en el siguiente fotograma:

Como pueden ver, el vano central del Golden Gate ya no existe, los cables de la derecha deberían tirar de la columna hacia la orilla … ¡pero la columna se inclina hacia el lado contrario! Si ni tan siquiera prestan atención a los detalles más simples, ¿cómo esperan luego haber hecho una obra maestra?
¡Ah! Una cosilla más. El campo magnético terrestre ha aparecido y desaparecido muchas veces en la historia de la Tierra. Y no ha pasado nada. Ni rayos mortales, ni supertormentas, ni nada. Duerman tranquilos.

Astrofísica alternativa, también conocida como astrología

Acabo de recibir esta iniciativa por parte de un grupo de catedráticos de astrofísica de España que, de momento, desea mantenerse en el anonimato. Como miembro de la comunidad científica española, acepto el encargo de hacerlo público. Sé que puede resultar extraño que un científico físico se haga eco de este llamamiento, pero creo que esta iniciativa es sincera y merece nuestra atención. Ruego la máxima difusión. Gracias.

A lo largo de los siglos, los astrólogos examinaban el cielo para desentrañar los misterios de la naturaleza y adaptarla a las actividades del hombre, siguiendo una serie de protocolos no muy diferentes a los de la ciencia actual. Se trata de una actividad milenaria que intenta desentrañar los secretos del Cosmos desde la misma existencia del Hombre.

Durante todo ese tiempo, la ciencia ahora considerada oficial se ha nutrido del conocimiento de la astrología: Tycho Brahe, Kepler, Moss o el propio Newton se reconocieron públicamente como astrólogos antes que como astrónomos. Aztecas y mayas se basaron en la astrología para confeccionar calendarios y realizar predicciones planetarias que rivalizan en precisión con las de la ciencia actual. El científico norteamericano Carl Sagan, a menudo etiquetado como escéptico, nos narra la experiencia de nuestros antepasados:

El Sol y las estrellas controlaban las estaciones, los alimentos, el calor. La Luna controlaba las mareas, los ciclos de vida de muchos animales, y quizás el período menstrual (La raíz de la palabra ‘Luna’) humano -de central importancia para una especie apasionada, dedicada intensamente a tener hijos- . Nuestros antepasados nómadas debieron sentir cierta afinidad por los planetas… si todos los demás cuerpos del cielo ejercían un efecto real sobre la vida humana, ¿qué influencia tendrían los planetas sobre nosotros?” (Cosmos, capítulo III).

Pese a tener un trasfondo social e histórico superior al de cualquier otra disciplina del saber humano, la ciencia oficial, pretendiendo tener todas las respuestas de un modo incontestable, ha relegado la práctica de la astrología a apenas un entretenimiento de mentes débiles que no hay que tomar en consideración.

Y sin embargo, y pese a tales pretensiones, la astrología continúa formando parte de las creencias para una gran parte de la población. Los cambios introducidos en nuestra sociedad (emigraciones, nueva configuración social, ruptura de las creencias y valores establecidos, acceso a otras formas de cultura) ha generado una demanda por parte de innumerables personas que recurren a las predicciones astrológicas cuando la ciencia oficial se muestra incapaz de responder a sus interrogantes. A veces caen en manos de charlatanes que hacen un doble perjuicio a la credibilidad de la astrología y a la reputación e imagen de los buenos y preparados profesionales.

En pleno siglo de la ciencia y del culto a la tecnología, el número de creyentes en la astrología supera al número de estudiantes de ciencias de todas las universidades del mundo. Hay más creyentes en la astrología que científicos en nuestra sociedad. Ese dato por sí solo debería abrirnos los ojos a la necesidad de regular, tanto a nivel nacional como comunitario, una actividad cuya repercusión social es innegable. Los creyentes en técnicas astrológicas crecen en importancia en Occidente, y reclaman la atención y el reconocimiento oficial de una ciencia que responde a una demanda social.

Creemos firmemente que una regulación de las actividades astrológicas en todas sus vertientes (cartas astrales, consultas telefónicas, horóscopos, asesoramiento energético, etc.) sería beneficioso para la sociedad. Valoramos muy positivamente la reciente propuesta por parte de la Universidad de Zaragoza-Girona para la creación de una Cátedra de Astrología y Astronomía, que esperamos llegue a buen término. En dicha Cátedra se incluirán estudios de investigación astrológica, confección de horóscopos homologados, cursos de formación continuada para profesionales, concesión de premios y becas, documentos, eventos y acciones de divulgación que permita acercar estas técnicas a la sociedad y a los profesionales.

A tenor de lo anteriormente expuesto, el recientemente creado Grupo de Astrofísica Oficial y Alternativa (GAOA), en atención a las necesidades de regulación oficial de las técnicas astrológicas, acuerda por unanimidad y hace público el siguiente

COMUNICADO SOBRE EL RECONOCIMIENTO DEL EJERCICIO DE LA ASTROLOGÍA COMO ACTIVIDAD CIENTÍFICA

Es una realidad social la progresiva implantación de la Astrología como método de estudio alternativo del Universo y el Cosmos, pero, con excesiva frecuencia, realizada por charlatanes o personas sin ninguna, o en el mejor de los casos, una mínima formación técnica.

El GAOA asume el papel que le corresponde en defensa de la sociedad y de la salud de los ciudadanos, partiendo de la premisa fundamental de que toda actividad de investigación natural, convencional o no, es en sí misma una ACTIVIDAD CIENTÍFICA que precisa de una investigación previa, un estudio teórico y una aplicación de la misma, y que debe ser realizada, necesaria y obligatoriamente, por una persona cualificada y legalmente autorizada para ello. Es decir, un CIENTÍFICO.

Independientemente de sus resultados, todas las actividades realizadas en torno a las creencias astrológicas de una persona son entendidas como actividades científicas. Según la legislación, para realizar una actividad científica es imprescindible un marco de conocimientos acreditado que sólo posee un científico reconocido.

El científico, más concretamente, el astrofísico, está formado en Astrología Tradicional y Moderna, y sólo su DICTAMEN y, dentro de este, un estudio crítico, va a proporcionar al ciudadano la garantía necesaria de un correcto enfoque metodológico, evitando, sobre todo, el error por omisión y la demora en el estudio preciso de los fenómenos naturales que puedan afectarle. Ello en contraposición a las personas que ejercen este tipo de prácticas sin titulación, sin formación suficiente, sin control y sin ninguna garantía.

La Astrología, al igual que otras Ciencias Alternativas, sobre la que persisten “profundas incertidumbres,” aunque aceptada en el acervo científico de muchos países, debe estar sometida a los mismos CRITERIOS ÉTICOS Y CIENTÍFICOS

Conscientes de la necesidad de regulación del ejercicio de este tipo de procedimientos científicos alternativos, consideramos que los Colegios Oficiales de Astrofísicos de cada Comunidad deberían iniciar la creación de Áreas de Conocimiento en estas materias con el fin de establecer un registro de científicos que ejercen en este campo.

Dichas Áreas de Conocimiento deberán definir un baremo de méritos, consensuado y unificado, que tenga validez en toda España. Con esto no se pretende otorgar diplomaturas ni especialidades, sino acreditar el conocimiento de las técnicas alternativas de Astrología Clásica y Moderna y otorgar un Visado Acreditativo.

ANEXO: Referencias y Documentación.

Comunicado de la GAOA sobre el reconocimiento del ejercicio de la Astrología como Actividad Científica (Nota de Prensa)

Informe del Consejo de Europa sobre la situación de la Astronomía no Convenciona en Europa (11 julio 1999)

Astronomía Alternativa y Astrofísica no Convencional (GAOA, Serie de Documentos Especiales, Documento XII)

En estudio la Cátedra Boiron de Investigación, Docencia y Divulgación de la Astrología y Astrofísicas Alternativas (Documentos Universidad de Zarazoga-Girona)

Índice de producción científica en Aragón (435 artículos publicados y 2.483 citas sobre Astrología; Heraldo de Aragón

NOTA FINAL DE ARTURO QUIRANTES. Por si acaso has notado algo extraño en el anterior comunicado: enhorabuena, has acertado. La perorata que acabas de leer es obra mía únicamente y está basada, en ocasiones de forma literal, en el “Comunicado sobre el reconocimiento del ejercicio de la homeopatía como acto médico” de la OMC, así como en otros documentos relacionada con el tema. No existe la GAOA, ni los Colegios de Astrofísicos, ni la Cátedra de Astrología y Astronomía, ni la Universidad de Zaragoza-Girona. Que yo sepa.

Observando el cielo

Inauguro esta sección, dedicada a los pequeños cerebros inquietos de este país, con una breve guía para potenciales regaladores que no saben cómo acertar con un peque que esté interesado por la astronomía. O con una peque que esté interesada por la astronomía. O con un adulto que esté interesado por la astronomía.

No es necesario que el interfecto sea un apasionado del tema, que se haya visto Cosmos media docena de veces, o que se conozca el nombre de todos los personajes de Star Trek. La observación del cielo es algo muy agradable, y quienes hayáis salido al campo en verano lo habréis notado. Desafortunadamente, nuestras sobreiluminadas ciudades cada vez nos permiten menos posibilidades de disfrutar el firmamento. Pero sigue habiendo muchos rincones donde podemos ver el mismo cielo estrellado que acompañó a la Humanidad desde el principio. Realmente, no creo que los Neandertales o los Austrolopitecus hayan mirado el cielo de forma distinta a nosotros, al menos en lo que a quedarse con la boca abierta se refiere.

Como estamos en Física de Película, le recordaré la película Deep Impact. Comienza con un grupo de adolescentes observando el cielo con sus telescopios. Si podéis echar mano a esa película, os la recomiendo. No sólo es buena desde el punto de vista físico, sino que nos servirá para ilustrar este artículo.

Muy bien, ya está usted convencido, adulto comprador de regalos. Va a descubrir el Universo para el peque. Ahora es cuando surgen las dudas sobre qué comprar, dónde, cuánto me va a costar, y sobre todo, de qué va a servir si luego se cansa de mirar al cielo. Vamos poco a poco. Lo primero es decidir qué instrumento de observación será el más adecuado. Yo he sido aficionado a la astronomía durante muchos años, así que permítame compartir ni experiencia con usted.

Sorprendentemente, puede que su mejor elección sea un buen par de prismáticos. Aunque parezcan poca cosa frente a los telescopios y sus centenares de aumentos, unos prismáticos son un instrumento de observación astronómica muy adecuado. Su menor aumento significa que, en comparación con un telescopio, permiten ver regiones mayores del cielo. Si aparece un cometa, o quiere ver la Vía Láctea en verano, los telescopios solamente le permitirán ver un pequeño fragmento, pero los prismáticos nos proporcionan una imagen panorámica del conjunto. Por poca potencia que tenga, nos acerca millares de estrellas, galaxias, cúmulos globulares, satélites artificiales, etc. Es ligero, compacto, fácil de llevar. Y si el niño se cansa de ellos, siempre pueden usarse para observación diurna, ya sea en el campo o en la ciudad.

¿Qué cualidades deben tener unos prismáticos? En primer lugar, asegúrese de que sean cómodos y sólidos. Un instrumento mal fabricado, endeble o quebradizo será una segura fuente de frustraciones, así que hágame caso y huya como de la peste de esos cachivaches de plástico barato. Cójalos con la mano, vea que se sujeten bien a ellas, siéntase cómodos con ellos. Compruebe que se pueden abrir y cerrar, de forma que puedan adaptarse tanto a los ojos y manos de un adulto como a los de un niño.

Seguidamente, fíjese en las lentes, especialmente en las lentes objetivo (las grandes, por donde entra la luz). Si ve su propio reflejo nítido y brillante, malo, eso significa que se refleja mucha luz en el objetivo. Los buenos prismáticos tienen un recubrimiento antirreflejante, gracias al cual casi toda la luz que entra en el objetivo sale por el ocular hasta el ojo. Si ve usted que el reflejo del objetivo es de color azulado, amarillento o violáceo, significa que tiene un buen recubrimiento. No regatee en esto, porque en observación astronómica hay que aprovechar toda la luz que llega de las estrellas. No podrá verlas bien si las lentes le han robado parte de esa luz, o peor aún, si las lentes producen imágenes adicionales por falta de un buen recubrimiento.

Luego vienen las características ópticas. ¿Cuántos aumentos? ¿Qué tamaño? En principio, el parámetro más importante en unos prismáticos es el diámetro del objetivo. A mayor diámetro, mayor cantidad de fotones, lo que se traduce en mayor número de estrellas, más detalles en lo que estamos viendo, mejor en general. Pero el diámetro tiene un límite práctico: si es excesivo, los prismáticos serán demasiado voluminosos para sujetarlos. Sólo hay una excepción: si sirve usted en la Armada y le dan unos prismáticos como estos.

Después del diámetro de abertura, el parámetro más importante es el aumento. Erróneamente se suele pensar que, cuanto mayor aumento, mejor. Es el tipo de personas que suele hablar de “telescopios muy potentes,” como si fuesen piezas de artillería. Cuanto mayor sea el aumento, mayor será también el temblor que inevitablemente transmitirán las manos a los prismáticos. Mejor unos de cinco aumentos que podamos sujetar bien, en vez de unos de veinte aumentos que, a los pocos segundos de cogerlos, ya están temblando en sus manos. Pero incluso con un pulso de hierro, un número excesivo de aumentos es desaconsejable más allá de cierto punto. Más aumentos le permitirá ver las cosas más grandes, pero el campo de visión será menor, es decir, solamente podrá ver una pequeña región del cielo. Lo que es peor, si la misma imagen la aumentamos más, su brillo será menor. Acabaremos viendo un fragmento del cielo muy pequeño y con poca luz.

¿La receta del profe? En los prismáticos aparecen números del tipo 10×50 o 20×70. El primer número indica los aumentos, el segundo nos da el diámetro del objetivo en milímetros. El truco consiste en dividir el número grande por el pequeño: si el cociente es igual o mayor que cinco, entonces nuestros prismáticos valen para observación astronómica. Unos prismáticos de 7×50 o de 10×50 irán muy bien, y recomiendo ambos tamaños. Si se trata de un regalo para un niño, mejor los de 7×50, porque serán más pequeños y fáciles tanto de transportar como (muy importante) de sujetar.

El diámetro del ocular de los prismáticos debería ser del orden de 40-60 milímetros. Más grandes, y tendremos un objeto pesado y difícil de manejar. Diámetros menores tampoco son muy útiles, porque apenas entrará luz en el instrumento (por ejemplo, los binoculares de ópera, que tienen un diámetro pequeño pero funcionan en ambientes bien iluminados).

Si es para un niño que no tiene ningún otro instrumento de observación, unos buenos prismáticos serán la mejor elección. Como dije antes, incluso si se cansa de ver estrellas, podrá usarla para ver pájaros o paisajes. Pero supongamos a que nuestro pequeño Carl Sagan ya se les ha quedado pequeños. ¿Qué nos recomienda, profe?

Antes de empezar de hablar del tema, unas cuantas advertencias serias si no quiere que su regalo resulte un desastre:

1) Cuando vaya a cualquier tienda y vea las cajas de los telescopios, donde aparecen imágenes de nebulosas y galaxias espectaculares, no les haga el menor caso. Esas imágenes han sido tomadas en observatorios profesionales. Un fabricante honrado al menos indicará la procedencia de las fotografías; si lee usted algo del tipo “HST,” por ejemplo, sepa que la imagen proviene … ¡del Telescopio Espacial Hubble! Lo que se vea a través del telescopio se parecerá a esas fotos como un huevo a una castaña. No deje que le den gato por liebre.

2) Desconfíe también de esas afirmaciones sobre los centenares de aumentos que tiene el telescopio. En teoría, un buen telescopio con un buen ocular pueden lograr aumentos de, digamos, 300-400 aumentos. Pero eso es, repito, para un buen telescopio con una buena montura y en condiciones atmosféricas muy buenas. Por lo general, las turbulencias atmosféricas le impedirán una buena visión, y por lo general imponen un límite de unos 1.000 aumentos en condiciones perfectas. Peor aún, el telescopio que tendrá usted a la vista puede que sea un instrumento con lentes de escasa calidad. No le sorprenda que ocular sea ¡una lente de plástico!. En ese caso, olvídese de ver bien con más de cien aumentos, no digo ya cuatrocientos o mil. Si ve usted que el telescopio tiene una montura altacimutal, es decir, que puede girar en un eje vertical y otro horizontal, es que no está pensado como instrumento astronómico. Lo mejor es una montura ecuatorial: uno de los ejes está orientado según la latitud local, de forma que para seguir el movimiento aparente de una estrella basta con mover el otro eje.

3) Es imprescindible, repito, imprescindible, y a riesgo de sonar pesado me repetiré, imprescindible contar con una montura sólida. Si está usted viendo una imagen aumentada cien veces, imagínese cómo le afectará cualquier movimiento de su telescopio. Una mala montura, y cualquier vibración moverá su campo de visión. No es agradable estar viendo una zona del cielo que se mueve una y otra vez cada vez que usted toca el telescopio, lo ajusta, o simplemente mueve los pies. Si el telescopio carece de una montura sólida, salga corriendo.

Vamos a ver qué tipo de telescopio es adecuado para ver el cielo. No preste atención a esos instrumentos que parecen telescopios pero son poco más que catalejos para visión diurna. En astronomía hay tres parámetros clave: diámetro, diámetro, diámetro. Cuanto mayor sea la abertura de un telescopio, mayor será la cantidad de luz que entrará, igual que dijimos antes en el caso de los prismáticos.

El aumento total depende no sólo del telescopio en sí, sino del ocular por el que vamos a mirar. Un telescopio bueno de aficionado le permitirá unos cuantos centenares de aumentos. Eso sí, no se obsesione con los aumentos, hay veces en que pocos aumentos son mejor que muchos. Por lo general, en un telescopio pondrá algo así como “distancia focal: 2000 mm.” Esa es la distancia focal del objetivo. Dividiendo ese número por la distancia focal del ocular tendremos los aumentos. Los oculares más pequeños tienen focales de unos cinco milímetros, lo que nos dará un máximo de 2000/5 = 400 aumentos. Aumentos mayores exigen mayores distancias focales … y cielos excepcionalmente limpios.

En general, hay dos tipos de telescopios: refractores y reflectores. La diferencia está en los elementos que reciben la luz (los objetivos). En el caso de los refractores son lentes; en el de los reflectores, espejos.

Vean una escena de Deep Impact donde aparecen los dos tipos de telescopios:

La chica, a la derecha, está usando un telescopio refractor. El funcionamiento es el que hemos visto muchas veces: la luz entra por la parte superior (el objetivo) y sale por la inferior (el ocular). Sin embargo, el profe de la izquierda está mirando no por un extremo, sino por un lateral. En este caso, la luz llega hasta el extremo inferior del telescopio, donde un espejo cóncavo devuelve la luz por donde ha venido. Justo antes de salir del telescopio, un pequeño espejo refleja la luz hacia la izquierda, donde está el ocular y el observador. Este tipo de instrumento se llama telescopio newtoniano.

Un tercer tipo, llamado reflector Schmidt-Cassegrain, viene a ser un híbrido de los dos. La luz entra a través de una lente (en el caso del Cassegrain a secas, una placa de vidrio), rebota en un espejo primario, vuelve a la parte superior del tubo, y un segundo espejo (secundario) devuelve la luz a su trayectoria original. Un agujero en el espejo primario permite salir la luz, que llega finalmente al ocular. Casi mejor copypasteo de la Wikipedia, y lo verán mejor:

A estas alturas debe usted estar harto de tanta zarandaja, así que voy a ir concretando:

– Los refractores son de tubo cerrado, lo que minimiza los problemas de visión derivados de las turbulencias de aire dentro del propio telescopio. Como resultado, nos dan las imágenes más nítidas. Eso los hace insuperables para, por ejemplo, la observación de planetas, o para astrofotografía. Su mayor inconveniente es el precio: para un diámetro de objetivo dado, son muchos más caros que los reflectores.

– Los reflectores newtonianos son la opción más económica. Proporcionan buena relación calidad-precio y son útiles para todo tipo de observaciones. No darán imágenes tan nítidas como los refractores, pero en general van bien, y sólo un avezado astrónomo aficionado notará la diferencia.

– Los reflectores Schmidt-Cassegrain (y similares) son más caros que los newtonianos, pero no tanto como los refractores. Su geometría los hace más cortos (y, por tanto, más manejables) que los otros en términos de distancia focal, lo que viene muy bien a la hora de transportarlos hasta la zona de observación. Tienen una calidad de imagen casi comparable a la de los refractores.

Si puede usted permitírselo, y ve que el niño está a la altura (le gusta realmente la observación celeste), un reflector Cassegrain (o Schmidt-Cassegrain) de 15-20 centímetros de diámetro de objetivo. Es el preferido por los astrónomos aficionados, un cacharro serio, y no sale barato. Si no lo ve usted muy claro, y prefiere jugar a lo seguro con un buen telescopio a un precio razonable, un reflector newtoniano de 10 centímetros de objetivo es, en mi opinión, la elección ideal.

Cualquiera que haya sido su elección, recuerde que un telescopio puede ser bueno o barato, pero no las dos cosas. En esto no se puede ahorrar. Si quiere un telescopio en condiciones, rásquese el bolsillo. No crea eso de que incluso un telescopio barato servirá para la tarea. Si la tarea es quedar bien dándole al niño una caja impresionante con bonitas fotografías de galaxias impresas en su exterior, enhorabuena, misión cumplida. Pero recuerde que también lo está condenando a la frustración. Hay pocas cosas más decepcionantes que intentar descubrir el cielo a través de un telescopio inadecuado, y luego no hay dinero que arregle eso. Si no está por la labor, vale, hágale un favor al niño y lléveselo a Port Aventura, al cine, a comprar juguetes de Lego, a escalar el Himalaya. Lo que quiera. Pero nunca, nunca, NUNCA LE DÉ UN TELESCOPIO BARATO. ¿Ha quedado claro? ¡Nunca! ¡Ni aunque Mariano Rajoy le prometa un ministerio!

Si el presupuesto no le llega para un telescopio, su mejor elección es un buen par de prismáticos. Luego vendrá el jaleo de los complementos, pero no se caliente la cabeza, deje que el niño (y el bolsillo de su padre) se ocupen de eso. Si realmente le pica el gusanillo de la astronomía, ya se buscará la vida. Por lo general, cada telescopio vendrá con un par de oculares, y no necesitará más accesorios. Lo que necesite lo irá demandando, como la típica libreta de notas, la linterna cubierta de celofán rojo (permite ver sin destruir la acomodación del ojo a la oscuridad).

En cualquier caso, cualquiera sea su elección, el kit de pequeño astrónomo estará incompleto sin dos elementos fundamentales. El primero es el buscador de estrellas.

Es un pequeño planisferio celeste, extraordinariamente útil, que permite orientarse en el firmamento. Se gira según el día del año y la hora local, y nos muestra la posición y orientación de las principales estrellas del cielo. El modelo que les muestro en la fotografía debe ser particularmente bueno, porque cuando yo era pequeño me regalaron uno, y todavía lo tengo en perfecto estado.

El buscador de estrellas te orienta, pero poco más. Es necesario contar con una buena guía de estrellas, algo así como un mapa de carreteras, pero en galáctico. No sé cuál recomendarles, porque hay muchas y muy buenas. Por lo que pueda valer, la que yo usaba años ha era la Guía de Estrellas y Planetas de los Hemisferios Norte y Sur, de Jay M. Pasachoff (bueno, en realidad, era de Donald H. Menzel; luego se convirtió en la de Menzel y Pasachoff; después fue la guía de Pasachoff y Menzel, y al final Menzel murió y Pasachoff se quedó el chiringuito). Contiene información sobre todo lo que se puede ver con prismáticos o un pequeño telescopio, incluida una serie de reproducciones detalladas de los hemisferios norte y sur, mapas de la luna, posiciones de los planetas, etc.

¿Y si el presupuesto ni siquiera le da para unos prismáticos decentes? Pues en ese caso, videos. Búsquese una buena colección de videos divulgativos. Ahora mismo, Brian Cox está partiendo la pana en la BBC con sus colecciones Wonders of the Solar System y Wonders of the Universe. El venerable Cosmos, de Carl Sagan, puede ser algo espeso para las mentes infantiles, y queda algo desfasado en este siglo; pero sigue siendo una elección de primera categoría, algo así como regalar una colección de éxitos de los Beatles. Y si no, libros. Esa guía de estrellas que le comenté antes (la de Pasachoff, o cualquier otra) puede ser una buena “excusa” para que el enano comience a descubrir el Universo. Hay cantidad de libros con imágenes espectaculares del espacio.

Pero, por favor, haga algo original. Vaya más allá de los típicos regalitos de plástico ultracaro de Bob Esponja o los Gormiti. La astronomía es algo espectacular, los niños están esperando que se la ofrezcamos. Y si no lo hacemos nosotros, ¿qué les quedará? ¿La Noria 2021?

Homeopatía y niño

Física de película lleva una temporada denunciando, y apoyando a los que denuncian públicamente, todos aquellos intentos por vender pseudociencia (o nocienciaenabsoluto) a peso de oro. Entre otras cosas, hablé sobre la homeopatía. Le he dedicado dos posts. El primero, cuando le di un repaso a cierto blog de farmacia, y la segunda para intentar explicar y alertar sobre la homeopatía.

En estos días he aprendido mucho sobre el mundo de la homeopatía y lo que se mueve detrás. Iba a lanzar una andanada al respecto. Luego pensé en dejarlo para mejor ocasión, que tengo muchas cosas en cartera. Pero no se puede ser bueno. La homeopatía está ampliando sus horizontes, y no solamente vende soluciones (por llamarlas de algún modo) a los adultos … sino que ahora también la están tomando con los niños. Una idea genial: a fin de cuentas, nada mejor que coger a los futuros consumidores a edad temprana.

Algo debí haber sospechado el pasado día 7, cuando vi y tuiteé este bonito cartel que adornaba el escaparate de una farmacia de Granada:

Que majo el enano, ¿verdad? Pues resulta que, después de un fin de semana en el campo, mi Arturito (edad: 10 años) pilla el típico trancazo. Mi esposa se lo lleva a nuestro centro de salud, y lo ve el pediatra … no diré “de toda la vida” pero casi, un tipo amable tirando a encantador. No diré su nombre, ni el de la clínica, por no perjudicarles. Lo interesante del caso es que, tras las recetas de siempre, escribe algo más en el tratamiento. Véanlo aquí, con bolígrafo:

Coffea Tosta es un preparado homeopático. Se lo sugirió el médico a mi esposa para que el niño pueda dormir tranquilo. Ella, que me tiene calado, se abstuvo de comprárselo. Bien por mi Belén. Por supuesto, ese producto entrará en mi casa por encima de mi cadáver. Pero ya puestos, indagué un poco sobre ese Coffea Tosta. Con ese nombre, parece algo salido del Starbucks más cercano. Resulta que, en efecto, el Coffea (Tosta y Cruda, que hay dos) tiene como elemento homeopático el café. La dosis que nos recomendaron para nuestro hijo es la 30CH, un grado de dilución que, como ya comenté, es aproximadamente equivalente a disolver una sola molécula en todos los océanos de la Tierra.

Coffea Tosta es un producto que fabrican diversas empresas. En España, la más habitual (al menos, la que yo he encontrado más a menudo por Internet) es fabricada y vendida por Laboratorios Boiron. Sí, esos laboratorios Boiron. Los mismos que han comprado alquilado patrocinado una cátedra en la Universidad de Zaragoza por el módico precio de 26.000 euros al año (presupuestos UZ 2011, pag. 43). Los mismos que se muestran tan simpáticos con los que saben contar.

Rebuscando en la propia web de Boiron España, me encuentro con una referencia al Coffea Tosta en esta obra titulada Homeopatía y estrés, escrita por el doctor Eloy Echeverría Muñoz . Que un doctor en medicina se avenga a apoyar la homeopatía de forma tan explícita resulta casi inevitable si echamos un vistazo a su perfil en la web http://www.prescribohomeopatia.com (ya hablaré de esa web otro día). Allí, el doctor Echeverría se nos presenta como Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra y Especialista en Homeopatía por la Universidad de Valladolid. Tiene otro título que yo todavía no capto: Director Docente del CEDH (Centro de Enseñanza y Desarrollo de la Homeopatía).

Si echamos un vistazo a la página web del doctor Echevarría, veremos que nos habla de la Medicina Integrativa, que “implica utilizar conjuntamente tratamientos de la Medicina Convencional y de la Medicina Natural (alternativas terapéuticas complementarias, como técnicas de acupuntura u homeopatía” En primera plana, nuestro sonriente galeno con el habitual estetoscopio al cuello, y una familia feliz al fondo.

Como ven, estamos rodeados. No solamente tenemos cursos de homeopatía por aquí y cátedra de homeopatía por allá, sino que cada vez más médicos nos juran por sus niños que la homeopatía es buena, que no tiene efectos secundarios (tampoco primarios, pero eso se lo callan), y que en definitiva es algo estupendo.

Estupendo sí que lo es. Para los bolsillos de médicos y farmacéuticos. Tan sólo Boiron tiene un valor en bolsa que roza los quinientos millones de euros en Francia. Con el dineral que mueven, los temores del público al copago sanitario y la incredulidad que tiene cada vez más gente respecto a la farmacopea y la farmacia “convencional,” creo que solamente estamos viendo la punta del iceberg. O puede que no. Según este gráfico, Boiron ha perdido casi un tercio de su valor bursátil desde septiembre pasado. ¿Saben algo los enfants de la patrie que todavía no nos han contado? Es posible. Aun así, sus beneficios bastan para “patrocinar” muchas cátedras.

Por mi parte, les espero con la vara desenfundada. Intenten acercarse a mis hijos, señores de Boiron, y verán la que monto.