Interferencia

Si lo que cuenta la prensa en estos momentos es cierto, Osama bin Laden ha muerto. Un equipo de comandos ha entrado en su casa, equipados (imagino) con lo último en inteligencia electrónica, mientras alguien capta la escena desde un satélite. No habrá sido muy similar a lo que imaginan los cineastas. Durante los últimos años, cualquier película que se precie cuenta con imágenes por satélite que ayudan a tener controlado el campamento de los malos, facilitando así la tarea del inevitable equipo de asalto.

Una de esas películas, Estado de Sitio, me produce escalofríos cada vez que la veo por su carácter profético. Filmada en 1998, narra un escenario muy similar al de Septiembre de 2001. Un jeque, sospechosamente parecido a bin Laden, es secuestrado en las arenas del desierto. Como respuesta, un grupo terrorista tras otro desencadena atentados terroristas en Nueva York. El Gobierno de Estados Unidos, desbordado, no tiene mejor idea que poner al ejército al mando, y el general de aspecto duro y mirada implacable (Bruce Willis) se lanza a la captura del enemigo como un elefante en una cacharrería: torturas, espionaje, detenciones masivas, un Guantánamo improvisado en un estadio. El agente del FBI (Denzel Washington) intenta desesperadamente detener tanto a los terroristas como los desmanes del ejército. En una de las escenas cumbre, en una sala de interrogatorios, usa estas proféticas palabras:

¿Y si ni siquiera quieren al jeque? ¿Se le ha ocurrido eso? ¿Y si lo que en realidad quieren es vernos hacinar a críos en estadios, tal como lo hacemos, y poner soldados en las calles, y que los americanos se miren con recelo; amañar la ley, reducir la Constitución en pedazitos? Porque si le torturamos, general, si hacemos eso, todo por lo que hemos sangrado, y peleado, y muerto, se habrá acabado. De hecho, ya han ganado

Proféticas palabras, en efecto. Por desgracia, la realidad no es como en las películas: ni los malos son capturados en pocos días, ni el general malvado paga por sus acciones, ni aquí hay paz y después gloria.

Pero vamos a lo nuestro. Al comienzo de Estado de Sitio, aparecen las inevitables imágenes aéreas supuestamente captadas por un satélite. Pueden verse la carretera y el vehículo del jeque, aunque con poco detalle. En la película Enemigo Público, también de 1998, se ve con mucho mayor detalle a Gene Hackman, que es el bueno de la película. Aunque su figura es borrosa, pueden apreciarse la cabeza con sus entradas (abonos de temporada, que diría mi hermano), las orejas, la pistola que tiene en la mano. Posteriormente siguen su coche, y de nuevo la imagen se degrada, impidiendo obtener detalles claros.

¿Por qué sucede así? ¿Acaso en pleno siglo XXI, con satélites de última generación y lo último en realce digital, no pueden hacer nada mejor? Sorprendentemente, no, no pueden. Y no se trata de un problema técnico. En este punto, nos topamos con los límites de la naturaleza ondulatoria de la luz.

Desde tiempos de Newton, hay dos teorías para explicar la naturaleza de la luz. La corpuscular afirma que la luz son partículas, que se mueven por medios materiales como si fuesen pequeñas bolitas. La ondulatoria, por su parte, dice que la luz es una onda, y que tiene las características de ésta: interferencia, difracción, polarización. ¿Cuál de las dos teorías es la correcta? En realidad, ambas y ninguna. La luz puede manifestarse como onda o como partícula, según sea el experimento que estemos diseñando.

Normalmente, cuando diseñamos sistemas ópticos como lupas o telescopios, usamos la teoría corpuscular. Es clara, sencilla, y da buenos resultados. Pero para que funcione bien, hay que partir de un conjunto de hipótesis. Una de ellas es que la longitud de onda de la luz que usemos sea mucho menor que el tamaño de los obstáculos o rendijas que la luz se encuentre en su camino. De ese modo, las interferencias que produce al pasar por esas rendijas u obstáculos serán pequeñas, y la imagen no sufrirá apenas deformación. La luz tiene longitudes de onda en el entorno de la milésima de milímetro, así que en la mayoría de los casos todo va bien.

El problema lo tenemos cuando forzamos las cosas. Tomemos una imagen del típico satélite espía. La imagen parece muy nítida. Conforme vayamos aumentando el tamaño de la imagen, comenzaremos a tener problemas: nubes, capas de polvo, la propia atmósfera, irán degradando la imagen. Supongamos que no hubiese atmósfera (o que tengamos un buen software de corrección de imágenes). Incluso así, llegará un aumento por encima del cual no podremos ver más detalles. Si aumentamos más, solamente veremos borrones más gordos, como una imagen de periódico.

Eso se debe a que, a fin de cuentas, la luz es una onda, y produce fenómenos de difracción dentro de la abertura de la cámara o telescopio. La imagen de un objeto puntual es, en realidad, una sucesión de anillos claros y oscuros, algo así:

Eso afecta a la resolución, es decir, a la capacidad para distinguir detalles. Si hay dos objetos puntuales muy cercanos, observaremos algo así:

Esos dos objetos se encuentran en el límite de resolución. Un pelín más cerca, y la imagen se parecería demasiado a la de un solo objeto. Y ahí no nos sirve el Photoshop, ni todos esos truquitos informaticos de esos tramposos del CSI. Este límite está impuesto por el hecho de que la luz es una onda electromagnética. De hecho, es un problema común a cualquier tipo de onda electromagnética.

Eso nos deja la pregunta siguiente. Si no puedo obtener una resolución infinitamente buena, ¿hasta dónde podemos llegar? John Rayleigh propuso un criterio, ampliamente usado en la actualidad, según el cual, podremos suponer que dos imágenes han sido “resueltas” (separadas en dos) cuando el anillo brillante de una de ellas coincide con el anillo oscuro de la otra. O, dicho en términos gráficos:

A la izquierda, tenemos dos imágenes bien resueltas, es decir, se ve claramente que son dos puntos diferentes. A la derecha, una imagen individual, o bien dos imágenes tan cercanas que no pueden distinguirse. Y en el centro, dos imágenes que apenas comienzan a distinguirse como tales. Se encuentran cumpliendo el llamado criterio de Rayleigh. Es una regla nos dice que dos imágenes podrán ser distinguidas (separadas e identificadas como imágenes individuales) si se cumple esta condición:

sen(theta) = 1.22 L/D

donde theta es el ángulo que subtienden las imágenes (es decir, la separación angular vista por el observador), L es la longitud de onda y D es el diámetro de la abertura.

Como lo que queremos es detectar a los malos por satélite, podemos transformar levemente esa ecuación para hacerla más cómoda. Otra imagen para aclararnos:

Tenemos nuestro satélite (con una cámara de abertura D) observando desde una distancia R. El menor detalle x capaz de apreciarse viene dado por:

x = 1,22LR/D

De ese modo, para captar detalles (x) lo más pequeños posibles hemos de usar una longitud de onda L pequeña, acercarnos una distancia R todo lo posible, y usar una cámara con una abertura D lo más grande posible.

¿Hacemos números? Esa imagen es la entrada a la Faculta de Ciencias de mi Universidad, captada por Google (copyright, todos los derechos reservados, bla, bla, bla). La uso precisamente para explicar el criterio de Rayleigh a mis alumnos. No sabía (ni sé ahora) los parámetros del satélite, pero hice lo mismo que George Clooney: un “reasonable guess.” Un satélite a unos 100 km de distancia (no puede ser menos sin que la atmósfera frene tu órbita), con una cámara del orden de 1 metro de diámetro, y observando en el visible (longitud de onda de unos 600 nm) da una resolución de unos 7 cm. Es decir, no podemos distinguir detalles menores que esa cantidad. Bien, pues si ustedes toman esa imagen en Google Maps y la aumentan al máximo, podrán comprobar que la imagen se convierte en cuadritos (los píxeles). Hice cuentas, y cada píxel tenía una longitud de … 7,5 centímetros. ¡En toda la boca! Parafraseando al coronel Smith, me encanta que los números salgan bien.

Eso significa que la pistola que esgrimía Gene Hackman en Enemigo Público no podría apenas verse, ya que su grosor es menor que eso. Tampoco podríamos ver sus orejas. Y eso, les recuerdo, suponiendo condiciones atmosféricas perfectas. Si queremos leer el periódico desde el espacio, habrá que hacerlo mejor que eso.

El criterio de Rayleigh molesta no sólo a los espías de la NSA (sí, ya lo sé, en realidad son de otra agencia), sino a los astrofísicos. Uno de los motivos de construir telescopios de gran diámetro es el de poder recoger luz de fuentes muy débiles, pero el criterio de Rayleigh también juega un papel importante. Por lo general, a menor longitud de onda y mayor diámetro del aparato, mayor resolución.

Los radioastrónomos tenían en su contra lo de la longitud de onda. Las ondas de radio son millones de veces más largas que las de luz, así que el criterio de Rayleigh imponía una resolución horriblemente mala a los mapas radio. Lo primero que se les ocurrió fue, por supuesto, construir radiotelescopios grandes. ¿Recuerdan esa gigantesca antena que servía de refugio (y tumba) del malo en la película de 007 Goldeneye? Pues es el radiotelescopio de Arecibo, un plato con un diámetro de 300 metros.

Esto sigue siendo insuficiente para poder “ver” con de detalle el Universo en longitudes de onda de radio. Pero a alguien se le ocurrió un truco interesante. Si ponemos dos radiotelescopios a cierta distancia, y conseguimos combinar sus señales con precisión, la resolución será igual a la de un solo aparato con un diámetro igual a la distancia entre los dos radiotelescopios. Ahora D será igual a la distancia entre los dos instrumentos. Es lo que se denomina “línea base” (baseline). Y la podemos hacer muuuuy grande.

En la película Contact, podemos ver a la doctora Arroway frente a una cadena de radiotelescopios, el llamado VLA (Very Large Array) de Nuevo México. Es una cadena de 27 radiotelescopios, dispuestos en tres brazos con forma de Y. Cada brazo tiene hasta 21 kilómetros de longitud. Eso nos da una resolución 21.000/300 = setenta veces mejor que la de Arecibo. Por cierto, que el VLA sale también en la película 2010, Odisea Dos (no se la recomiendo, pero ustedes mismos).

Y después alguien pensó: ¿por qué conformarse con unos pocos kilómetros? ¿Y si pudiésemos combinar las señales de radiotelescopios separados por miles de kilómetros? Imagínenselo. Un plato en California y otro en España nos daría un instrumento de medida con una D de más de 10.000 kilómetros. Eso es un millón de veces el diámetro del mayor telescopio óptico. Sería grandioso, ¿no? ¡Pues funciona! Se trata de un concepto llamado Interferometría de Línea Base muy Larga (VLBI). Es un sistema con una resolución tan enorme, que incluso se usa para medir la separación entre las placas tectónicas. Y, como dicen los norteamericanos, “el cielo es el límite.” Un satélite japonés llamado HALCA contiene un radiotelescopio que se ha usado para VLBI. Su órbita es de hasta 21.000 kilómetros. Imaginen lo que podrían hacer con radiotelescopios orbitales situados a millones de kilómetros.

De repente, la radioastronomía puede escrutar el cielo con mayor resolución que sus primos los astrónomos “visibles.” Por supuesto, también ellos pueden usar la interferometría. El sistema de telescopios dobles Keck, en Mauna Kea, puede combinar las señales captadas por sus dos objetivos (espejos de 10 metros cada uno), creando una línea base de 85 metros.

A lo mejor es lo que hacen ahora los satélites espía. En lugar de un solo satélite, utilizarán dos para aumentar la línea base, y por tanto, la resolución. Sería un proyecto con una complejidad técnica formidable, pero con presupuestos sin fondos y los mejores técnicos, probablemente lo hayan hecho ya. Por si acaso, tenga cuidado, señor Hackman, y siga sin mirar hacia arriba.

Hace algún tiempo, escribí un artículo sobre los elementos químicos, en los que dejé a Tony Stark descubriendo elementos nuevos. Si hubiera sido algo menos vago, habría hablado sobre la tontería de creer que un solo hombre, trabajando en su casa, pudiera construir él solo un acelerador de partículas.

¡Tonto de mí! Resulta que construir un colisionador de hadrones es tan sencillo, que podemos incluso comprar las piezas en IKEA:

Voy corriendo al IKEA más próximo, a comprarles uno a mis hijos. Están deseando descubrir el Quirantio.
[Imagen original procedente de esta web]

Ben KenobiLa Fuerza es, en las películas de Star Wars, el equivalente de la magia potagia. Cuando hace falta que algún personaje tenga poderes sobrenaturales, se acude a eso de la Fuerza. Por supuesto, cualquier profesor de ciencias sabe que la fuerza, según el gran Jedi Newton, es una cosa muy distinta.

¿O no? Vamos a jugar un poco con los conceptos. La Segunda Ley de Newton suele expresarse como F=ma.

F es la fuerza que, aplicada a una masa m, le produce una aceleración (variación de la velocidad ) a. Es decir, es el agente causante de que un objeto con masa cambie de velocidad. Es lo que hasta los niños aprenden en la escuela. Por lo general, suele admitirse como definición de la fuerza, aunque no está tan claro como parece. Algunos científicos conjeturan con que, más bien, es una definición de la masa inercial. En cualquier caso, son puntos metafísicos que dejaremos por alto. Por ahora.

Hace Mucho Tiempo, en una Galaxia Lejana, el Maestro Kenobi nos data esta descripción de la Fuerza:

La Fuerza es lo que le da al Jedi su poder. Es un campo de energía creado por todas las cosas vivientes. Nos rodea, penetra en nosotros y mantiene unida la Galaxia.

Hasta cierto punto, se asemeja a la fuerza newtoniana. En primer lugar, por lo del campo de energía. El concepto de “campo” es un invento de los científicos para explicar la llamada acción a distancia. El propio Newton, al desarrollar su teoría de la gravitación, no entendía en virtud de qué mecanismo dos cuerpos como la Tierra y la Luna pueden atraerse mutuamente sin que hubiera ningún tipo de contacto material. En una famosa carta al Doctor Bentley, confiesa su frustración:

El que la gravedad sea innata, inherente y esencial a la materia, de forma que un cuerpo pueda actuar sobre otro a distancia a través del vacío, sin la mediación de ninguna otra cosa por y a través de la cual pueda transmitirse de uno a otro la acción o fuerza de ellos, es para mí un absurdo tan grande que no creo que pueda caer nunca en él ninguna persona que tenga alguna competencia para pensar en materias filosóficas. La gravedad tiene que ser causada por un agente que actúe constantemente según ciertas leyes, pero si ese agente es material o inmaterial es una cuestión que he dejado a la consideración de mis lectores.

Incluso en nuestros días, eso de mover algo sin contacto material resulta extraño. Lo que hicieron los físicos para salvar los muebles fue inventarse un concepto llamado campo. Estrictamente hablando, un campo es una región del espacio donde está definida una propiedad. Si en cada punto de mi habitación puedo definir una temperatura, podemos hablar de un campo de temperaturas. Así, la idea es que la Tierra crea un campo gravitatorio, que se extiende hasta el infinito y es el que interactúa con el campo gravitatorio de la Luna. Hay quienes llegan a considerar el campo como un objeto físico concreto, y hablan de que “el campo ha perdido energía” como si fuese un objeto material con masa. No debemos confundirlo con los típicos “campos de fuerza” deflectores que protegen las naves espaciales en las películas de ciencia ficción, aunque otro día hablaremos de ello.

Sea como sea, entelequia matemática o realidad física, el concepto de campo resulta una herramienta útil para describir la interacción a distancia. Cuando una manzana cae al suelo, podemos decir que el campo gravitatorio de la Tierra hace un trabajo sobre la manzana. Así, la explicación Kenobiana de la Fuerza como “un campo de energía” es parcialmente cierta. Estrictamente hablando, sería un campo de fuerzas donde se puede definir una energía (potencial) en cualquier punto; dicha energía permitiría la realización de un trabajo, como mover objetos por el espacio o estrangular almirantes incompetentes a distancia.

Un obstáculo a esta concepción newtoniana de Star Wars consiste en la existencia de la Fuerza, en singular. La Tercera Ley de Newton nos dice que las fuerzas van siempre a pares: si yo te empujo a tí, automáticamente también tú me empujas a mí. Cuando la Tierra atrae la manzana, también es atraída por ella. Sin embargo, cuando estudiamos el movimiento de la manzana, ignoramos el de la Tierra. ¿Por qué? Por dos motivos. El primero es que lo que le pase a la Tierra nos importa un bledo. Y el segundo es que una fuerza actuando sobre una masa tan enorme apenas variaría su posición. Aunque quisiéramos, no podríamos medir la aceleración de la Tierra cuando ésta es atraída por la manzana.

Según esa idea, si Darth Vader lanza a Luke a un extremo de la habitación, éste será despedido hacia el otro extremo. Nada de quedarse quieto mientras los objetos vuelan por la habitación. Lo único que se me ocurre es que, simultáneamente, Vader ejerciese una fuerza sobre otro objeto, cuya reacción equilibrase la reacción producida por Luke. Para entendernos con un ejemplo, si Luke está en un estanque helado y empuja a Leia, Luke saldré disparado hacia atrás, a menos que esté apoyado contra una pared. En ese caso, al moverse hacia atrás, Luke empujará la pared, y ella a él. El resultado son dos fuerzas aplicadas contra Luke (debidas a Leia y a la pared), que suman cero. Cualquier aprendiz de Jedi tendrá que aprender a ejercer dos fuerzas: una para obtener el movimiento de objetos, y otra para “anclarse” y evitar salir volando en sentido opuesto. No es de extrañar que resulte tan difícil aprender los caminos de la Fuerza.

Por supuesto, el campo gravitatorio no es creado por todas las cosas vivas, sino por todos los objetos con masa. En eso, la fuerza newtoniana es distinta a la kenobiana. Si alguien quiere una “explicación,” tendrá que acudir a la Amenaza Fantasma, donde nos cuentan eso de los midiclorianos. Pero dejemos eso para los Biólogos de Película.

En cualquier caso, sí es cierto que el campo gravitatorio nos rodea y penetra en nosotros. Y, por supuesto, mantiene unida la Galaxia. Sin la gravedad, cada estrella iría por libre. De hecho, ni las estrellas ni los planetas existirían. Menos mal que existe la Fuerza.

De hecho, lo dicho también es aplicable al campo electromagnético. Allí, además, tenemos cargas eléctricas positivas y negativas. Dos mundos, como los de los Jedi y los Sith. Vaya, vaya, a lo mejor Lucas es más físico de lo que pensábamos. Sigamos jugando. Cuando Luke escapa en el Halcón Milenario, Kenobi le intenta enseñar los caminos de la fuerza. Han Solo, eterno superviviente e incrédulo hasta la médula, se muestra escéptico ante la posible existencia de la Fuerza:

He recorrido la Galaxia de un extremo a otro. He visto cosas muy raras. Pero nunca vi nada que me impulsara a creer que haya una única fuerza poderosa que lo controla todo.

Resulta curioso, porque “una única fuerza poderosa” es, precisamente, lo que los físicos teóricos están buscando ahora mismo. Cuando nos preguntamos qué tipos de fuerzas existen en el Universo, resulta que aparecen cuatro. Dos de ellas (electromagnetismo y gravitación) actúan a grandes distancias, en tanto que las otras dos (fuerza nuclear fuerte y fuerza nuclear débil) tienen un radio de acción muy pequeño. En los años 60, la llamada teoría electrodébil consiguió unificar las fuerzas electromagnética y nuclear débil. Eso dio motivos para pensar que las cuatro (o tres) fuerzas fundamentales serían manifestaciones, a bajas energías, de una única fuerza. Estrictamente hablando, Han Solo se está mostrando como un escéptico de esta posibilidad. Vale, él lo dice porque prefiere una buena pistola láser, pero en cierto modo está recordándonos las dificultades que tenemos en encontrar la llamada “gran teoría unificada” que nos permita explicar todas las fuerzas del Universo.

No es de sorprender que Darth Vader se muestre tan entusiasmado por dominar la Fuerza. Si pudiésemos entender ésta como la fuerza unificada que explica todos los fenómenos naturales, las posibilidades serían casi infinitas. Cuando un almirante se jacta del poder de la Estrella de la Muerte, Vader le baja prontamente los humos:

No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido. La posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza.

En mi opinión, destruir un planeta no es algo insignificante. Si podemos usar la Fuerza para lanzar objetos, ofuscar la mente de nuestros enemigos, asfixiarles y detener disparos láser, es algo muy a tener en cuenta. Por no hablar de poder comunicarse con Maestros Jedi muertos. Pero seamos serios: si lo mejor que podemos hacer con la Fuerza es levantar un Caza X del fango, puede que las habilidades Jedi estén sobrevaloradas. Si Darth Vader puede hacerlo mejor que la Estrella de la Muerte, ya tarda en mostrarnos sus habilidades. Al menos, eso creo yo. Aunque puede que mi carencia de fe resulte molesta.

licencias-creative-commons

La industria audiovisual se queja de la piratería, y llora muy fuerte. Pero no son los únicos que tienen derechos de propiedad intelectual, como tampoco sus métodos son los mejores o los más lógicos. Este que escribe tiene un litigio con una empresa editorial por plagio. Alguien me ha pedido que comente al respecto, así que aquí voy. Este artículo está centrado en el asunto de las licencias Creative Commons. Si no sabes lo que es, wikipédiate, porque es un concepto interesante.

Y ahora, el artículo. Es algo largo, pero creo que va a resultar valioso a más de uno. Luces, cámara, acción.

Siempre he sido de esos que piensa que, cuando un autor escribe algo, debe decidir cómo se usa su obra. Asimismo, nunca he creído en los “todos los derechos reservados,” porque hay veces que el cuerpo te pide regalar algo, o sencillamente regular cómo se puede usar tu creación. Por dicho motivo, desde hace más de diez años permito que los escritos que hago público se puedan usar para fines no comerciales. Cuando me enteré de la existencia de las licencias Creative Commons, la adopté en su modalidad Reconocimiento – NoComercial – Compartirigual. Pueden verlo aquí, en mi web sobre criptografía: http://www.cripto.es/cc.htm.

El caso es que, hace algún tiempo, descubro que una empresa llamada ESINE se ha dedicado a (presuntamente) tomar materiales sobre asuntos de criptografía y seguridad informática, escritos por mí y a (presuntamente) incorporarlos a un curso a distancia sobre Internet y Comercio Electrónico, de esos que se venden a más de mil euros la pieza. No sólo se “inspiraron” en mí, sino que también he localizado en esa obra materiales de un abogado y de un libro publicado por Microsoft Press. Centrándome en la parte que me toca, puse a trabajar a mi abogado, reuní pruebas, peritos por aquí, notarios por allá. Contacté con los (presuntos) plagiadores, y como se hicieron los suecos, finalmente interpuse una querella en abril de 2010 ante el juzgado de Instrucción número X de Madrid. Me llaman a declarar casi de inmediato, y me quedo a la espera de lo que se decida.

En septiembre de 2010, me llega la contestación del juzgado, en el que desestima la admisión a trámite de mi querella. Entre otras razones, alega la siguiente:

La obra intelectual no está sometida a previo control o registro público, lo que impide su identificación. La Licencia Creative Commons que se invoca, a estos efectos, resulta inoperante en territorio nacional.”

La primera parte se refería a que mi obra no estaba depositada en el Registro de la Propiedad Intelectual. Debo añadir en este punto que, cuando se efectuó el (presunto) plagio, ni siquiera existía forma de registrar una página web. Pero fue la segunda parte la que me resultó más extraña. ¿Qué las licencias Creative Commons son inoperantes en España? No estaba de acuerdo con esa afirmación, ni tampoco con las demás que mencionaban el juez y el ministerio fiscal, así que entre mi abogado y yo nos pusimos a trabajar. El resultado fue un Recurso de Reforma y Subsidiario de Apelación, fechado el 5 de octubre, con diversas alegaciones. Extraigo la parte correspondiente a las licencias Creative Commons:

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– CON RELACIÓN A LAS LICENCIAS CREATIVE COMMONS

“B … La licencia Creative Commons que se invoca, a estos efectos, resulta inoperante en territorio nacional”

La Ley de Propiedad Intelectual, en su Artículo 14, establece que

“Corresponden al autor los siguientes derechos irrenunciables e inalienables:

1.º Decidir si su obra ha de ser divulgada y en qué forma.

2º Determinar si tal divulgación ha de hacerse con su nombre, bajo seudónimo o signo, o anónimamente.

3º Exigir el reconocimiento de su condición de autor de la obra.

4º Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación”

Y, en su Artículo 17, que

“Corresponde al autor el ejercicio exclusivo de los derechos de explotación de su obra en cualquier forma y, en especial, los derechos de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación, que no podrán ser realizadas sin su autorización, salvo en los casos previstos en la presente Ley.”

Las Licencias Creative Commons (CC) fueron creadas como un conjunto de concesiones de licencia, con el objeto de que el autor pudiese fijar las condiciones bajo las cuales sus obras serían objeto de reproducción y explotación, según indica el Art. 17 de la LPI. De hecho, constituye un sistema de licencias altamente flexible, toda vez que el autor puede escoger entre la forma en que su obra puede ser copiada; si permite modificaciones y/o usos comerciales de ésta; si tales copias o modificaciones han de llevar o no reconocimiento del autor original; y si admite o no que las obras derivadas a partir de la suya han de compartir la misma licencia o no. Esto es, permiten al autor ejercer sus derechos expresados en la Ley de Propiedad Intelectual, de forma más flexible y ajustable que el “todo o nada” habitualmente expresado en los avisos de “todos los derechos reservados.”

Por poner un ejemplo, el diario 20 minutos se distribuye según Licencia Creative Commons

(http://www.20minutos.es/licencia_20_minutos/). A fecha 22 mayo 2010, España era el segundo país del mundo con más obras acogidas a licencias CC, un total de 9.224.224, solamente por detrás de Estados Unidos. A la vista de estas cifras, resulta difícil no admitir una Licencia CC como expresión del ejercicio de los derechos de explotación por parte de la obra de un autor.

Los tribunales españoles, por su parte, se han pronunciado a favor de la validez de las licencias CC. En Sentencia del Juzgado de Primera Instancia nº 4 de Salamanca, de fecha 11 Abril 2007, se describe el uso de las Licencias CC y su validez de la siguiente forma:

“b) Un modelo que proporciona acceso libre “on line” a los contenidos, permitiéndose en ocasiones el uso personal de los mismos (modelos de licencia implícita) y, en otros supuestos, la difusión libre de la obra, su transformación e incluso su explotación económica, con la única condición de citar la fuente. Se trata de los modelos de dominio público y de licencias generales (General Public License), como son, por ejemplo, las licencias “creative commons”, algunas de las cuales incluyen la cláusula “copyleft”.

Con la cláusula “copyleft” el titular permite, por medio de una licencia pública general, la transformación o modificación de su obra, obligando al responsable de la obra modificada a poner la misma a disposición del público con las mismas condiciones, esto es, permitiendo el libre acceso y su transformación. Con las licencias creative commons, el titular del derecho se reserva la explotación económica y puede impedir transformaciones de la misma. Por tanto, debe distinguirse las licencias creative commons de la cláusula “copyleft”. En ocasiones habrá licencias creative commons que incluyan la cláusula “copyleft”.

En todo caso, este modelo parte de la idea común de pretender colocar las obras en la Red para su acceso libre y gratuito por parte del público. Sus partidarios lo proponen como alternativa a las restricciones de derechos para hacer y redistribuir copias de una obra determinada, restricciones que dicen derivadas de las normas planteadas en los derechos de autor o propiedad intelectual. Se pretende garantizar así una mayor libertad, permitiendo que cada persona receptora de una copia o una versión derivada de un trabajo pueda, a su vez, usar, modificar y redistribuir tanto el propio trabajo como las versiones derivadas del mismo. Se trata, sostienen los partidarios de este modelo, de otorgar al autor el control absoluto sobre sus obras, y surge como respuesta frente al tradicional modelo del copyright, controlado por la industria mediática.”

El tribunal admitió el uso de las licencias Creative Commons por parte de los acusados y desestimó la demanda efectuada contra ellos, por incumplimiento de contrato, llevada a cabo por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).

De forma similar se expresó el Juzgado de Primera Instancia nº 6 de Badajoz, en sentencia de 17 Febrero 2006, al desestimar una demanda de la SGAE contra el Disco Bar Metropol. Al tiempo que reconoce al autor los derechos morales y económicos sobre su creación, pudiendo hacer la gestión que estime oportuna (incluida la cesión para su libre uso) afirma que:

“[Las Licencias Creative Commons] son distintas clases de autorizaciones que da el titular de su obra para un uso más o menos libre o gratuito de la misma. Existen, tal y como aportaron ambas partes, distintas clases de licencias de este tipo, que permiten a terceros poderla usar libre y gratuitamente con mayor o menor extensión; y en algunas de dichas licencias determinados usos exigen el pago de derechos de autor.

El Juzgado de Primera Instancia nº 4 de Burgos, en sentencia de 14 Febrero 2008, se pronunció en términos similares. Las Licencias Creative Commons se recogen asimismo en sentencias del Juzgado de lo Mercantil nº 3 de Valencia (25 Mayo 2010); del Juzgado de lo Mercantil nº 1 de Alicante (10 Julio 2006); y -hasta la fecha- veintiocho sentencias judiciales de las Audiencias Provinciales de A Coruña (Sección 4ª: 11/12/2008, 06/10/2009, 17/03/2010), Alicante (Sección 8ª: 16/01/2007, 21/03/2007), Asturias (Sección 1ª: 04/06/2007, 06/05/2010), Badajoz (Sección 3ª: 07/09/2007), Burgos (Sección 3ª: 31/10/2008), Cáceres (Sección 1ª: 28/04/2008, 05/02/2010), Granada (Sección 3ª: 10/10/2008), León (Sección 1ª: 22/07/2009, 26/11/2009), Madrid (Sección 28ª: 05/07/2007, 21/02/2008, 08/05/2008, 13/03/2009, 30/03/2009, 22/03/2010, 18/06/2010), Pontevedra (Sección 1ª: 29/11/2005, 25/02/2008, 31/07/2008, 18/12/2008, 09/07/2009), Tarragona (Sección 1ª: 19/11/2009) y Zaragoza (Sección 5ª: 10/04/2008). Todas ellas reconocen y aceptan la validez de las Licencias Creative Commons.

En tales circunstancias, no resulta afortunada la afirmación del Auto de Archivo, según al cual la Licencia Creative Commons resulta inoperante en España.

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En un mundo regido por la lógica, creo que el juez debería haber aceptado que las licencias Creative Commons, como mínimo, son una forma aceptable de regular los derechos de una obra. Como podrán ustedes adivinar, el juez rechazó mis argumentos. Y lo hizo de esta forma, en diligencia de 19 de febrero de 2011 (parte sobre CC):

“…Respecto de las licencias ‘Creative Commons’ que se invocan, la inoperatividad argumentada en territorio nacional en la reclamación formulada no resulta desvirtuada por las citas de otros pronunciamientos judiciales, de supuestos distintos no trasladables [al] presente caso.

Tales licencias el recurrente las entiende configuradas como, conforme al artículo 14 de la Ley de Propiedad Intelectual, la formula adecuada de exteriorizar los derechos irrenunciables e inalienables que corresponden al autor, pero, sin embargo ha omitido acreditar que se encuentran en este escalón generador de tales derechos.

No sé a ustedes, pero como no soy de letras me sonó algo así como “sí, vale, pero no es lo mismo.” Nueva consulta al abogado, nueva búsqueda de datos, y respuesta, de fecha 26 enero 2011, contra la decisión judicial. A estas alturas estaba pasmado por cómo me habían “contestado” las alegaciones hechas, pero me tocaba las narices especialmente la parte de las licencias Creative Commons. Extraigo este fragmento: ==============================================================

CON RELACIÓN A LA SUPUESTA INOPERATIVIDAD DE LAS LICENCIAS “CREATIVE COMMONS”

El querellante expresó en su momento los motivos por los que decidió proteger su obra intelectual mediante licencias Creative Commons (CC), que permiten decidir al autor qué derechos permite y qué derechos se guarda para sí; una especie de “algunos derechos reservados.” Tales motivos fueron incluidos en el Recurso de Reforma y Subsidiario de Apelación, y no serán repetidos aquí.

A pesar de ello, el juez afirma en su Escrito de Desestimación de 19 enero 2011 que los pronunciamientos judiciales incluidos en dicho Recurso de Reforma no son trasladables al presente caso, sin indicar por qué motivo; para posteriormente afirmar que el recurrente las entiende conformes al artículo 14 de la Ley de Propiedad Intelectual, “pero, sin embargo ha omitido acreditar que se encuentran en este escalón generador de tales derechos”

El querellado creyó entender, y haber manifestado, que las licencias Creative Commons se encuentran, en efecto, en el estadio de generación de derechos de propiedad intelectual. Diversas publicaciones de todo tipo la utilizan; sirva como ejemplo el diario gratuito en papel 20 minutos, que tiene una tirada media de casi 800.000 ejemplares.

Más de treinta sentencias de tribunales españoles recogen no sólo su existencia, sino su viabilidad para defender derechos de propiedad intelectual, lo que implícitamente reconoce la validez de dichas licencias. El querellante incorporó información sobre algunas de tales sentencias en su Recurso de Reforma y Subsidiario de Apelación, y no las repetirá en el presente Escrito a fin de no resultar reiterativos.

En adición a los tribunales, las Administraciones Públicas reconocen asimismo la validez de las licencias Creative Commons para generar y proteger derechos de propiedad intelectual. Diversos Convenios suscritos entre el Ministerio de Educación y varias Comunidades Autónomas, y publicados en el Boletín Oficial del Estado, incorporan tales licencias. Como ejemplo, la firmada con la Comunidad de Madrid (Resolución de 15 de noviembre de 2005, BOE 24/11/2005) indica que: “Los materiales y obras que se desarrollen bajo el amparo del presente convenio de colaboración con financiación del Ministerio de Educación y Ciencia y la Comunidad Autónoma se encontrarán sujetas al modelo de gestión y explotación de sus derechos de autor y de la propiedad intelectual expresado en licencias públicas de CREATIVE COMMONS (NoComercial) en todo aquello en lo que no contravenga el ordenamiento jurídico vigente, especialmente el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual” .

En recientes concursos de acceso a plazas de cuerpos docentes universitarios, se considera como criterio de calidad el tener publicaciones en licencia Creative Commons: c) Calidad de la transferencia de los resultados – Patentes y productos con registro de propiedad intelectual, productos de calidad con licencia creative commons y similares (Resolución de 25 de noviembre de 2010, de la Universidad del País Vasco, por la que se convoca concurso de acceso a plazas de cuerpos docentes universitarios, BOE 22/12/2010). Es de suponer que, si Universidades, Comunidades y el Ministerio de Educación consideran adecuadas las licencias Creative Commons como generadoras de derechos de propiedad intelectual, dicha generación de derechos sea asimismo de aplicación a otros ámbitos de la sociedad.

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Ante tamaña muestra de erudición desplegada (sarcasmo), el juez hizo lo más lógico: nada. El día siguiente envía una diligencia dando mi recurso por entregado, y punto. Mi escrito se econsidera entregado, y se incluye al procedimiento, el cual pasa a la fase de apelación. En este momento se encuentra en la Audiencia Provincial de Madrid, Sección Y, donde se ha nombrado magistrado al Sr/Sra Z. Y de momento, en eso estamos.

CC (Reconocimiento – NoComercial – Compartirigual) Arturo Quirantes Sierra 2011. Puede distribuirse y usarse libremente, a condición de citar autor y procedencia.

Profesor chiflado Wert

Como todos bien sabemos, los catalanes son unos tacaños, los gallegos unos indecisos, los madrileños unos centralistas, y los andaluces unos salaos. Y con eso, y el españolito vestido de torero, podemos inaugurar la sección de topicazos. En las películas en las que salen científicos, y salvo excepciones, éstos aparecen haciendo y diciendo cosas que no suelen corresponder con el mundo real. Se trata de tópicos como el del policía devorador de donuts, el general con cara de perro, el hacker revientaclaves o el político besaniños.

Vamos, si os parece, a revisar algunos tópicos que Hollywood ha creado en relación a la gente de ciencia. Bienvenidos a los cientifitópicos.

1) No nos llamamos doctor unos a otros. Contrariamente a lo que pueda parecer, los científicos no van llamándose por el título. El motivo es que los científicos, o tienen el título de doctor, o están trabajando en ello, así que decir “doctor” o “profesor” en una reunión de científicos es como decir “agente” en una reunión de policías. Por lo general, nos llamamos por el nombre de pila, si hay confianza. En caso de duda, el tratamiento de usted resulta más educado, sobre todo cuando se trata de alguna personalidad científica reconocida. En algunos países son más protocolarios, y pueden mirarte con malos ojos si no llamas Herr Professor Doktor a quien lo merece, pero en general no somos tan estirados.

2) No llevamos uniforme. Cuando 007 se disfraza de científico en Diamantes para la Eternidad, se limita a ponerse una bata blanca. Ni que decir tiene que la bata es útil en ambientes de laboratorio, pero no siempre se viste, y por supuesto resulta inútil cuando uno está emborronando folios en el despacho. Y cuando estamos en el laboratorio. Imagino que en algunos casos hará falta llevar trajes especiales, como los de peligro biológico, pero eso en casos muy concretos.

3) No tenemos pinta de profesor chiflado. Vale, conozco colegas que me dejarían por embustero. Pero, por lo general, no somos más raros en el vestir que los demás. El cabello, las gafas, la higiene personal, el aspecto en general suele ser el habitual para una persona. Hay de todo en cuestiones de cabello, vestuario y calzado, pero te resultaría difícil reconocer a un científico por la calle. Mi hermano dijo una vez que, individualmente, los físicos son de lo más normalito, pero cuando se nos pone a todos juntos se nota la chifladura. Va a ser eso. En mi último congreso, uno de los asistentes presentó su charla en chanclas y pantalones piratas.

4) No vamos de punta en blanco. Pasó la época en la que los científicos tenían que ir trajeados, o con camisa blanca y cortaba negra (a estilo de controlador de la NASA). Incluso en congresos, tendemos a ir más o menos informales. En mi primer congreso, constaté que era el único que se había llevado traje. Afortunadamente, no lo había sacado de su funda. Ropa cómoda e informal, sin pasarse. La gente con mayor rango (decanos, directores y similares) sí suelen ir trajeados. Peor para ellos.

5) No vamos por ahí con cachivaches. Coger un cartapacio y pasearse por la sala con cara de apuntar datos importantes era todo lo que 007 hacía para simular ser un científico ocupado. Lo siento por él, porque va a ser desenmascarado de inmediato: el científico medio no necesita ir con cartapacios, o con iPads. No nos paramos frente a una máquina con muchos botones y lucecitas para ver qué hace. Tampoco llevamos calculadoras y media docena de bolígrafos en el bolsillo de la chaqueta, ni coderas en la chaqueta de lana.

6) No hacemos tonterías en el laboratorio. Según los típicos tópicos de Hollywood, los laboratorios científicos han de estar repletos de matraces y probetas, conteniendo líquidos de colores, y derramando un extraño humo blanco. El hombre de ciencia se dedica a mezclar esos líquidos de colores, mirar por un microscopio o atender a una pantalla de ordenador donde aparecen gráficas extrañas. Bueno, eso último lo hago yo muchas veces. Pero también nos pasamos un montón de tiempo leyendo, examinando artículos (o escribiéndolos), contestando correos, examinando datos, pensando en general, rellenando papeles de subvenciones, !y hasta tomamos café de vez en cuando!

7) No hacemos modelos informáticos en un pispás. Cuando el científico del cine no entiende algo se va a su despacho, monta una simulación informática y obtiene los resultados en 30 minutos. Lo siento, eso no funciona así. Un modelo informático es complejo y engorroso, y suele llevar meses, si no años, de modificaciones, depuraciones, cambios y más cambios. Cada vez aprendes más, refinas el modelo, o lo cambias por otro mejor. Yo estoy modelando el polvo de la erupción volcánica del año pasado; y me saldrá mediocre, porque mi simulación deja de lado muchos detalles. No hay más remedio, si quieres una respuesta en un intervalo de tiempo no infinito.

8) No tenemos un arma nuclear en el garaje. ¿Dónde aparcaríamos el coche, si no? Los experimentos se hacen en el laboratorio. En casa, se descansa. Si acaso, uno puede tener un pequeño despacho, pero no hay muchos Doc Brown inventando trastos en su casa. Imagínense que el experimento sale mal y vuela toda la manzana. A ver con qué cara te presentas luego en la reunión de vecinos.

9) No queremos conquistar el mundo. ¿Para qué querríamos hacer eso? !Si está hecho un desastre! Además, somos por naturaleza gente modesta y amable. Con que no nos recorten el sueldo, ya nos matamos. Así nos va.

10) Nuestra vida personal no es un desastre. Los científicos de cine son tan abnegados, despistados, abstraídos y centrados en su trabajo que se olvidan de besar a su esposa, ir a los partidos del hijo o vestirse bien para su propia boda. !Pobre de mí si lo hago! Este sábado tengo bautizo, y más me vale ir como para una boda real. Tenemos problemas, divorcios, juicios con Hacienda, peleas con el director del colegio, broncas con los hijos o la suegra. En eso los hombre (y mujeres) de ciencia son iguales que cualquier otra persona.

11) No somos varones y blancos. Afortunadamente, pasó el tiempo en que el cine mostraba científicos blancos, hombres, de mediana (o muy avanzada) edad. Si salía alguna mujer, era para mostrar sus estupendas curvas enfundadas en reluciente bata blanca. La realidad es que hay hombres y mujeres, blancos y negros, nacionales y extranjeros, jóvenes y viejos. En eso, el cine ha evolucionado a la par que la sociedad.

12) No hablamos raro. Lo que sucede es que tenemos un lenguaje muy particular. Si me oyera hablar con un colega de dispersión Raman, parámetros de depolarización, inversión en capas y modelos de Nakajima, no se enteraría usted de la misa la media. Pero lo mismo sucede en una conversación entre abogados o entre ingenieros. Otra cosa es que un científico intente explicarte lo que hace. Si no es un buen docente, no te enterarás. Es una lástima que un científico eminente sea a veces un zote explicando cosas al público. No somos perfectos. Casi.

Y ahora, por cortesía de Pedro Rascado, y en exclusiva para mis Lectores de Película, una rápida lista de meditópicos:

– La carrera no es tan difícil

– No pasamos los años de universidad encerrados entre cuatro paredes diseccionando ratas (nunca diseccioné una rata)

– No estamos continuamente rodeados de sangre. Hay médicos que pueden acabar su vida profesional sin ver más sangre que un empleado de Carrefour. Hay que desechar la frase “no puede ser médico, le marea la sangre”

– Los quirófanos no son sitios oscuros cargados de tensión. Habitualmente hay relajación y se habla de cualquier tema. Todo el mundo sabe lo que hay que hacer y lo hace. Como en cualquier trabajo.

– No tenemos mala letra. Hay médicos con mala y con buena letra, como en todas partes.

– En los hospitales no se montan orgías entre médicos y enfermeras. Yo no he visto ninguna.

– No todos somos ricos ni tenemos barco

– Sólo los cirujanos saben operar.

– La mayoría de la gente se muere con una “analítica rutinaria” normal. Significa que se puede tener una enfermedad gravísima y que no se detecte en la analítica que se hizo en el Centro de Salud la semana anterior.

– Cuando alguien sufre una parada cardíaca nunca despierta durante el masaje y se pone inmediatamente a hablar

– Los enfermos en coma están intubados y no hablan

– No existe “anestesia de vomitar” y “anestesia de orinar”

– Todo el mundo despierta de la anestesia. Es posible morirse de complicaciones quirúrgicas o anestésicas pero no la chorrada de “no despertó de la anestesia”. No existe ese efecto secundario de la anestesia que te deja dormido para siempre

– Las enfermedades están todas inventadas. No descubrimos cada día una nueva enfermedad como parece hacer House.

– Nadie enferma porque “le coja el frío”. Las infecciones las producen las bacterias, los virus, los hongos.

– El frío no produce enfermedades. ¡Qué sería si no de los esquimales!.

– No se puede tener un “principio de neumonía” . Existe la neumonía, la bronquitis, el catarro,… Las enfermedades o se tienen o no se tienen, pero nunca se puede padecer “un principio de…”

– El amago de infarto no existe. Hay angina, angina inestable, infarto, pero ¿amago de infarto?, nada, no hay.

– Cuando un paciente fallece nadie dice en alto: “hora de la muerte 17:45”

– Los médicos de los servicios de emergencias extrahospitalarias no entran en los hospitales gritando las constantes del paciente. Además nunca preguntamos por las “constantes vitales”. Hablamos de tensión arterial, frecuencia cardíaca, diuresis o incluso estabilidad hemodimámica, pero nunca de “constantes vitales”

– Si un enfermo está en la UCI no está “fuera de peligro”.

– Entre nosotros no nos llamamos doctor tal o doctor cual ni nos tratamos de usted.

I want you for SGAE

[ACTUALIZADO CON FECHA 12/04/2011] Lo siento, pero no puedo con esto. Cada vez que los bienpensantes de la propiedad intelectual hablan, me pongo de los nervios. La última ha sido una Guía para Padres y Profesores que ha editado Promusicae, la SGAE y la FAP para adoctrinar a nuestros hijos (aunque ellos lo llaman “proteger de los peligros de Internet”). A mis hijos ya los tengo bien entrenados, pero ¿qué pasa con los demás? Así que aquí va este manual rápido para entender las cosas. He aquí algunas preguntas y respuestas de la Guía, y mi contrarrespuesta entre [corchetes].

Pregunta: ¿Puedo copiar o ripear música, películas, programas de TV o videos desde un CD o DVD a mi ordenador o a un reproductor multimedia? Respuesta: En cuanto a la música, normalmente se puede hacer una copia digital de un CD que te pertenezca para uso personal gracias al derecho de copia privada, aunque técnicamente es preciso el permiso de los creadores. [FALSO: No necesita autorización del autor la reproducción, en cualquier soporte, de obras ya divulgadas cuando se lleve a cabo por una persona física para su uso privado a partir de obras a las que haya accedido legalmente. Ley de Propiedad Intelectual (LPI), Artículo 31.2. Es lo que se denomina “copia privada”] … En todo caso, y siempre que no se vulneren las protecciones anticopia, es lícito realizar una copia a partir de un original para uso propio de quien realiza la misma.

[FALSO. La ley no habla de “originales”, sino de “obras a las que se haya accedido legalmente. Según eso, si una copia privada es legal, una copia privada de una copia privada también sería legal. La ley ni siquiera exige que el creador de la copia privada tenga que ser el propietario de la obra original.] Pregunta: ¿Es legal hacer una copia de música o películas emitidas en streaming?

Respuesta: En general, la respuesta es no. Los servicios legales de visionado o escucha en línea (streaming) como Spotify o YouTube dan acceso instantáneo a canciones, películas y vídeos, muchas veces de forma gratuita, pero no suelen permitir que se “ripee” el contenido para hacer una copia permanente. [FALSO. Si una copia recibida a través de streaming es de acceso legal, entraría en la categoría de copia privada. Estrictamente hablando, sería legal hasta entrar en un cine con una videocámara, siempre que pagues la entrada y sólo uses la copia para uso privado]

Pregunta: ¿Es siempre ilícito utilizar servicios y páginas web de intercambio de descarga de archivos? Respuesta: Es ilícito subir o descargar archivos protegidos por derechos de propiedad intelectual sin permiso del titular de esos derechos [FALSO: Descargar archivos se considera copia privada; y hay otras excepciones en la ley, como el derecho a parodia o a cita. No se precisa permiso del titular en esos casos. Recuérdese que es la existencia de excepciones como la copia privada lo que permte a los autores recaudar en virtud del llamado canon digital] Respuesta: Teóricamente, los servicios de intercambio de archivos pueden usarse legalmente, pero en la práctica casi todo el contenido es ilegal. [FALSO Y TENDENCIOSO. Ni está demostrado de forma independiente, ni es cierto que toda copia privada sea ilegal]

Pregunta: ¿Cómo puede saberse quién intercambia archivos ilegalmente? Respuesta: En general, la gente que intercambia de forma ilegal lo hace en redes públicas. A cada dispositivo que se conecta a la red se le asigna un número único conocido como dirección IP (normalmente lo hace el proveedor de acceso a Internet). Los detalles relacionados con este número único, así como los datos que muestran el material utilizado ilegítimamente, son visibles claramente o pueden ser proporcionados por dichos proveedores. Las empresas de música, cine o TV pueden obtener una orden judicial que obligue al ISP al divulgar datos de cliente para identificar a los infractores. El titular de los derechos puede entonces emprender acciones judiciales contra ellos. [FALSO Y TENDENCIOSO. Solamente se puede obtener esos datos en persecución de delitos graves. Los ISP no proporcionan esa información para perseguir piratería. El Tribunal de Justicia de la UE dictaminó en ese sentido. Por otro lado, la dirección IP identifica el punto de acceso, no el usuario. Diversos usuarios pueden usar esa red, y si dicha red es abierta (no cifrada), cualquiera puede usarla libremente]

Pregunta: ¿Es lícito descargarse contenidos de blogs? Respuesta: En algunos casos, en los blogs hay contenido disponible legalmente; pero los enlaces que se proporcionan en blogs a contenidos musicales, cine, televisión o vídeos alojados en servidores de alta capacidad -llamados ciberlockers–no son, por lo general, legales. Prácticamente en ningún caso es legal descargarse una canción, álbum, película o programa de TV que se ofrezca a través de un enlace a un ciberlocker. [FALSO. Ningún tribunal ha condenado jamás en España a nadie por ofrecer enlaces a material con derechos de propiedad intelectual. Todos los casos que los titulares de propiedad intelectual han impulsado en los tribunales han acabado en absolución. Tendencioso, además, porque su fraseología da a entender que lo habitual en un blog es que incluya contenidos ilegales. Por el contrario, la gran mayoría de ellos incorporan contenidos propios y perfectamente legales; este blog, por ejemplo]

[RECTIFICACIÓN. Hay un caso de condena en España por enlazar a material con derechos de propiedad intelectual, el caso Infopsp, en Abril de 2009. Sin embargo, no fue una condena dictaminada por el juez, sino un acuerdo con la parte demandante para evitar responsabilidades civiles. Puedes seguir los pormenores del caso en el blog de David Bravo: aquí y aquí]

Pregunta: ¿Está penado compartir sin permiso películas, música y otros contenidos protegidos en Internet? Respuesta: Sí, potencialmente existen condenas graves para aquellos que compartan al margen de la ley películas, música, programas de TV y vídeos. [FALSO. El Código Penal exige taxativamente que haya ánimo de lucro y daños a terceros, además de que la cuantía sea elevada. Compartir en forma no lucrativa no conlleva pena de cárcel. Existe la posibilidad de resarcimiento del daño por la vía civil]

Pregunta: ¿Está cambiando la ley en relación con las descargas y el intercambio de archivos? Respuesta: Sí, además de las condenas actuales, el parlamento español está tramitando una legislación para proteger los derechos de propiedad intelectual en Internet. [FALSO Y CIERTO. No existen condenas judiciales al respecto. Es cierto que la Ley Sinde permitirá perseguir más ágilmente los delitos contra la propiedad intelectual. Pero esa ley, que ha sido ampliamente discutida, no ha sido desarrollada en reglamento, no ha sido aplicada todavía, y hay incluso dudas sobre su legalidad y constitucionalidad]

Pregunta: Aparte de las relacionadas con la vulneración del copyright, ¿qué otras amenazas implica la descarga ilícita de películas, música, televisión o vídeo? Respuesta: Los programas de intercambio ilegal de archivos y las páginas web ilícitas plantean mayores riesgos a tu ordenador o teléfono móvil que los sitios legales. Junto con los archivos multimedia, involuntariamente los usuarios suelen descargar también virus o programas espía. Así mismo, sin saberlo pueden estar compartiendo con otros usuarios ficheros personales con información financiera, por ejemplo, exponiéndose a riesgos vinculados al robo de su identidad. [CIERTO Y TENDENCIOSO. Cierto, porque existe esa posibilidad. Tendencioso, porque da la impresión de que estos casos “suelen ser” lo habitual. Personalmente, jamás he tenido un solo virus o troyano en un archivo audiovisual, cosa que por otro lado un antivirus puede detectar. Los usuarios de redes p2p no tienen riesgo de perder información sensible, ya que estos programas solamente acceden a determinadas carpetas. Finalmente, no existen “programas de intercambio ilegal de archivos”, ya que dicho intercambio, entendido como copia privada, es legal] Respuesta: También ocurre que en las redes de intercambio y P2P se dan a propósito nombres falsos a ciertos archivos, cuyo contenido puede ser pernicioso, para incitar a la gente a descargárselos … Algunos programas de P2P permiten a los usuarios “chatear” con otras personas, extraños en su mayoría.

[CIERTO. En el caso de niños, es conveniente explicarles estos puntos, y facilitarles así un uso responsable de las redes p2p]

Pregunta: ¿Cómo puedo evitar que mi conexión a Internet se utilice para intercambiar archivos ilegalmente?

Respuesta: Hay una serie de medidas que puedes tomar: tu ISP debería facilitarte información sobre cómo proteger tu conexión WiFi, por ejemplo, mediante una contraseña que limite el acceso a tu línea.

[CIERTO. Los ISP facilitan esa información por defecto, y las redes WiFi privadas están casi todas protegidas. Sin embargo, eso solamente evita el uso de la red para usuarios exteriores. Todos los integrantes de la red WiFi (ordenadores de sobremesa, portátiles, tabletas) pueden conectarse a Internet, y eso incluye los servicios p2p y similares.]

Respuesta: También pueden activarse programas de control parental para bloquear el acceso a determinadas páginas web. Igualmente, es una buena idea establecer unas reglas sencillas para todos los que utilicen el ordenador en tu red, de forma que no suban materiales ilegales ni los descarguen.

[CIERTO Y FALSO. Aunque la falacia del “intercambio de archivos ilegales” está ya comentada, hay programas y sistemas para bloqueos de contenidos o páginas web. Personalmente, pienso que es una herramienta que envía un dañino mensaje de censura previa, y por otro lado los niños son lo bastante listos como para saltarse la mayoría de esos sistemas. Con todo, es un método disponible para los padres, quienes pueden decidir libremente la conveniencia o no de usarlos]

Puesto que este es un blog legal, quedas autorizado a usar libremente sus legales contenidos. Copia y distribuye este texto todo cuanto quieras.

Siguendo la estela carlsaganiana, y como se me ha pegado eso de la vocación divulgadora, os adjunto dos de mis vídeos cortos favoritos. Ambos están en inglés, subtitulados por este humilde servidor.

Punto Azul Pálido (Pale Blue Dot)

Basado en una famosa fotografía del Voyager 1, donde aparece nuestro sorprendente planeta como una mera mota azulada. Creado por Adam Winnik, lo tenemos también en Amazings

We Are All Connected (Todos Estamos Conectados) Sorprendente video musical con cuatro grandes del panorama divulgativo científico: Bill Nye, Neil deGrasse Tyson, Richard Feinman y Carl Sagan. Hecho por The Symphony of Science

Día de la marmota

Disculpadme por haberos hecho esperar, pero es que he tenido un problemilla con la patrulla temporal. Eso de viajar a más de una hora por hora está prohibido desde que el Código Penal fue cambiado en el año 2045, así que me han quitado la máquina del tiempo, los puntos del carné, y encima debo hacer servicios comunitarios. Me han dicho que escribir en FdP me lo convalidan, así que sigamos con el tema.

Una de las soluciones a las paradojas del tiempo consiste, simplemente, en controlar los viajes temporales, bien regulándolos, bien limitándololos a ciertas personas o entidades supuestamente responsables y de confianza. En la novela El Fin de la Eternidad, del impagable Isaac Asimov, una organización controla los viajes en el tiempo. Solamente ellos están autorizados para entrar y salir de las diversas épocas, y con fines muy concretos: evitar guerras, prevenir sociedades esclavistas, e incluso servir de centro de comercio entre los diversos siglos. Ya en la pantalla pequeña, Doctor Who trata de los viajes que hace el Doctor en la Tardis, su máquina del tiempo particular. Otra serie, llamada El Túnel del Tiempo, mostraba en 1967 cómo un conjunto de científicos viajaba en secreto a diversas épocas; en su primer viaje, acaban a bordo del Titanic. Más recientemente, la serie británica Primeval (traducida como Mundo Primitivo y como Invasión Jurásica) muestra los esfuerzos de un puñado de científicos por controlar grietas espaciales a las que llaman “anomalías”, y que aparecen de forma incontrolada para conectar el presente con el pasado remoto. No sólo tienen que impedir el conocimiento de las anomalías por parte del público, sino que han de controlar a cualquier criatura que cruce la anomalía … pero sin matarla, porque ello podría alterar el presente.

Volvamos a la pantalla grande. Si Arnold Schwarzenegger se pasea entre futuro y presente en Terminator, Jean-Claude van Damme hace de patrullero en Timecop, Policía en el Tiempo (1994). Van Damme pertenece a la Comisión de Control del Tiempo, encargada de monopolizar e impedir los viajes en el tiempo. La CCT fue creada tras detectarse un envío de oro extraño, traído desde la Guerra Civil Americana al presente. Como prueba, un agente de inteligencia se refiere a la prueba del carbono-14. Imaginamos, por supuesto, que se referirá a los cajones de madera que guardaban el oro. Sin embargo, lo único que el carbono-14 mostraría es que los cajones eran nuevos, ya que al viajar en la máquina del tiempo no envejecerían [En la IMDB, aparece como “error deliberado,” pero yo lo que pienso es que los errores no son deliberados, metieron la pata y punto]. A pesar de ello, un comité del Congreso funda la CCT, y uno de los congresistas se convierte en su jefe.

Por desgracia, se trata de un político arribista y sin escrúpulos (¡oh, sorpresa!), y se dedica a enviar a sus esbirros al pasado para enriquecerse. Un embarque de oro aquí, unas acciones durante el crac del 29 por allá. En un momento dado, sin embargo, el político decide visitarse a sí mismo para enmendar un error. Corregido dicho error, el político se convierte en un hombre rico y poderoso, con la Casa Blanca como su próximo destino. Van Damme, que lo sabe, intenta detenerle, pero es el único que sabe lo que está pasando. Para liarlo más, la esposa de van Damme murió años antes, y ahora resulta que ella también está metida en el jaleo. El resultado: mamporros a tituplén, paradojas temporales por doquier, y múltiples violaciones de la causalidad.

Aquí tenemos un problema de los cambios temporales, tal y como nos los venden los cineastas. Se supone que el protagonista viaja al pasado, y produce una cadena de acontecimientos que conducen a un futuro paralelo. Puede que todo haya cambiado … pero ellos siguen tal cual, con los recuerdos de antes. Van Damme se desespera porque cada vez que el político vuelve al presente se vuelve más poderoso, y no puede hacer nada por evitarlo. Pero ningún cambio parece afectarle a él personalmente. En Regreso al Futuro II, Marty McFly descubre que su padre ha muerto, su madre se ha casado con el malo y la ciudad ha cambiado, pero él mismo sigue ahí, con sus recuerdos del futuro antes de que cambiara. Y en Terminator, el humano enviado al pasado para salvar a Sarah Connor tiene sus recuerdos intactos, a pesar de que si tiene éxito y la salva el futuro cambiará y él mismo bien pudiera no existir en dicho futuro.

Parece como si hubiese una regla no escrita, según la cual el personaje principal está de algún modo blindado contra cualquier cambio en la historia, y conserva sus recuerdos anteriores pase lo que pase con el resto del universo. Algo de eso pasaba en la novela de Asimov que he comentado antes. Me pregunto hasta dónde habrá llegado la influencia del Buen Doctor en este asunto.

Dejemos a Jean-Claude pegando patadas multitemporales, y vámomos de safari. ¿Qué tal irnos al pasado a matar dinosaurios? Ese es el argumento de El Sonido del Trueno (2005), una película basada en un cuento corto de Ray Bradbury. En el año 2055, los animales han desaparecido. Una empresa, creadora de una máquina del tiempo, presta servicios de safaris temporales. Por una nada módica cuota, el cazador puede viajar al pasado y probar puntería con un tiranosaurio. Para evitar cambios en la historia, se escoge cuidadosamente al T-rex, al que de todos modos le quedaba un bollicao, ya que iba a caer en un pantano, y después sería sepultado por una erupción volcánica; un férreo control gubernamental impide cualquier uso no autorizado. Por desgracia, a pesar de todas las precauciones, algo salió mal en la última cacería. Uno de los expedicionarios pisó una mariposa, los dispositivos de seguridad no funcionaron, y eso provocó una serie de cambios catastróficos que obligan a protagonistas a esforzarse por volver a dejar las cosas como estaban.

Personalmente, sigo sin entender cómo pueden matar al mismo bicho una y otra vez, y por qué todos los grupos de cazadores del tiempo no acaban apelotonados todos en el mismo sitio,. Cuando lo comprobé en la Internet Movie Database, leo que, si bien los cineastas reconocieron ese problema, “eso haría inviable el concepto de vacaciones en el tiempo, por lo tanto la decisión de los cineastas de descartar este elemento lógico es crucial a la coherencia del film” O dicho en román paladino: no dejemos que la lógica nos estropee una buena película. Po fale, tramposos.

Esfera (1998) nos ofrece una interesante variante. Basada en una novela de Michael Crichton, y con un reparto impresionante, narra el descubrimiento de una nave espacial alienígena en el fondo del mar. Pero resulta que la nave no es de otro planeta, sino que fue lanzada por los terrestres en el futuro. Aparentemente, atravesó un agujero negro y volvió al siglo XVIII, donde esperó tres siglos a ser descubierta. No parece haber paradojas, pero están esperando al espectador.

Uno de los protagonistas, del equipo de exploración, al ver el cuaderno de bitácora, se extrañó de que la grabación en la que se muestra la caída de la nave al agujero negro estuviese rotulada como “acontecimiento desconocido.” Su razonamiento lógico es: si en el futuro no saben lo que es ese acontecimiento, es porque el equipo de exploración no les ha contado nada. ¿Y por qué no contarán nada? La conclusión del sabiondo es: porque vamos a morir todos aquí abajo. No les diré si su razonamiento lógico se cumple, de modo que tendrán que ver la película, cosa que por otro lado yo les recomiendo.

Una de las mejores películas sobre las paradojas temporales que he visto es Paycheck (2003). En esta película, ya no tenemos entidades gubernamentales que custodian de forma responsable los viajes en el tiempo. Aparecen aquí algunas ideas más prácticas, como ¿por qué no usarla para predecir el futuro? Podríamos comprar acciones que sabemos que van a subir, apoyar a candidatos presidenciales que van a ganar, luchar contra enemigos antes de que nos ataquen. Las posibilidades son enormes, y al mismo tiempo aterradoras.

El argumento es el siguiente. Un técnico ayuda a construir un visor temporal, que permite ver el futuro en una pantalla. Al término de su trabajo, se le borra la memoria por motivos de seguridad. Pero, al ir a cobrar, descubre que él mismo ha renunciado a su salario, y se deja a sí mismo un conjunto de pistas que ha de resolver para averiguar qué ha pasado. Tras descifrar las pistas, descubre que ver el futuro es tan peligroso como cambiarlo. Al saber qué va a pasar, o siquiera al hacer creer a los demas que sabes lo que va a pasar, pueden ponerse en marcha profecías autocumplidas. Es decir, algo sucede porque tú dices que va a suceder. Si yo me voy al metro en hora punta y grito “!vamos a morir!”, la gente puede creerme, dejarse llevar por el pánico, y provocar una estampida en la que morirá gente.

Eso descubren los protagonistas de Paycheck. Antes de que le borrasen la memoria, el técnico se dejó a sí mismo recortes de periódicos futuros que él mismo vio, y descubre que la mera existencia del visor temporal es lo peor que puede suceder. El mercado de valores se desploma, y la empresa creadora del visor se convierte en la más poderosa del mundo. Lógico, ya que es la única que sabe lo que valdrán las acciones de las empresas. Basta con que digan que IBM va a hundirse mañana para que los demás, asustados, pongan sus acciones en venta, provocando la caída del gigante azul. Profecías autocumplidas. El protagonista lo entiende por fin:

Dios mío, este es el futuro. La máquina prevé una guerra, y la emprendemos para evitarla. Prevé una epidemia, reunimos a todos los enfermos, y creamos una epidemia. Cualquier futuro que prevea, lo hacemos posible. Le entregamos el control de nuestra vida por completo. Es lo que yo he hecho. Ver el futuro nos destruirá.

La única solución será destruir el visor del tiempo. Lo que, a su vez, provoca sus paradojas. Se supone que el técnico usó el visor para dejarse pistas a sí mismo, permitiendo que su yo futuro destruya el visor. Pero si lo consigue, el visor nunca existirá, y entonces ¿de dónden han salido todas las pistas, y el boleto premiado? Es un extraño reset temporal a una realidad alternativa, salvo por un detalle: se había dejado a sí mismo un boleto de lotería premiado. No es tonto, el muchacho.

Para tontos, hay alguien que no tiene ni un pelo: el señor Spock. En Star Trek IV (1986), una extraña nave paraliza los sistemas electrónicos de la Tierra, cambia su clima y pone a la Federación contra las cuerdas. El señor Spock deduce que eso se debe al mensaje que la nave está enviando a las ballenas. El problema es que ya no existen las ballenas. La solución lógica: ir al pasado a por ellas. La gravedad del problema les hace despreocuparse de los problemas derivados de las paradojas temporales. Extraño, puesto que, en un episodio de la serie original, tuvieron mucho cuidado de no dejar huellas cuando viajaron por error al pasado.

Claro que, ahora que recuerdo, montaron un buen estropicio: se cargaron un caza y secuestraron a su piloto, bajaron a una base militar a robar fotos, se enfrentaron a varios soldados y sólo les faltó dejar sus tricorders de recuerdo. Visto lo visto, no me extraña que en Star Trek IV se dediquen a viajar al pasado como turistas maleducados que pintan graffitis en el Partenón. Entre otras cosas, se dedican a dejarse ver con trajes extraños por San Francisco, muestran una nave klingon a un ballenero ruso, vuelven del pasado con una pasajera, salvan a un moribundo y dejan antecedentes policiales del señor Chejov, quien en plena guerra fría se planta con su acento ruso en un portaaviones nuclear americano (!que se llama Enterprise!). El ingeniero Scott ni siquiera tiene empacho en dejar en el pasado la fórmula del aluminio transparente, esencial para construir el habitáculo para las ballenas:

(McCoy) Supongo que se da cuenta de que, si le damos la fórmula, variaremos el futuro

(Scotty) ¿Por qué? ¿Cómo sabemos que aún no está inventado?

Leches, pues para eso podrían haberme enviado una copia por e-mail, y lo mismo dentro de cuarenta años me convierto en un industrial y diseño una nave interestelar. Qué falta de compañerismo. Sin ánimo de ser exhaustivo, ni tampoco de cansar al lector, voy a pasar rápidamente por otras películas con temática espaciotemporal: – Los Pasajeros del Tiempo (1979). Jack el Destripador toma prestada (vale, manga) la máquina del tiempo construida por un tal H.G. Wells y salta a los años 70, donde la violencia que se vive le hace sentirse como en casa. El esforzado Wells se lanza en su captura.

Doce Monos (1995). Los escasos supervivientes de una Tierra futura envían a Bruce Willis al pasado, con la misión de impedir la propagación del virus que acabó con la Humanidad. Bucles temporales, círculos cerrados y sorpresas que no les voy a desvelar aquí.

El Experimento Filadelfia (1984). Un experimento militar americano de 1943 envía un buque de la Armada a un limbo temporal. Uno de los tripulantes salta y se encuentra en los años 80, donde se ha efectuado otro experimento temporal. – Atrapado en el tiempo (1993). Bill Murray, presentador de televisión, acaba en un pueblo donde se celebra el Día de la Marmota. Cuando se despierta, descubre que el día se repite una y otra vez, en un bucle interminable. Al final, decide hacer algo inteligente: ligarse a la hermosa Andie MacDowell. – Un Astronauta en la Corte del Rey Arturo (1979). Plagio Copia Homenaje Versión Bueno, vale, está basada en una historia de Mark Twain, y además es de Disney. El título ya lo dice todo. Si eres pequeño, disfrutarás, y puede que ni así, pero no me pidas que le busque lógica al argumento. – Freejack, sin identidad (1992). En el futuro, los ricos y poderosos pueden reencarnarse, a condición de contar con un cuerpo nuevo. Para evitar la contaminación que les rodea, traen esos cuerpos del pasado, abduciendo personas que están a punto de morir en un accidente. Y además, sale Mick Jagger pegando tiros con un ejército de mercenarios.

Millennium (1989). Similar a la anterior, salvo que los hombres del futuro salvan a pasajeros de aviones a punto de estrellarse. Por lo visto, el mundo futuro está hecho un asquito, aunque Cheryl Ladd debe ser la excepción que confirma invalida la regla.

Los cronocrímenes (2007). Una españolada donde lo más interesante es la chica de la bicicleta. Aburrida, predecible, sin final. La historia de un suburbanita semicalvo cuando tiene un vecino con una máquina del tiempo. Si, animados por este post, la ven, no me echen las culpas. – Frequency. (2000). Un hombre consigue, por medio de la radio, hablar con su padre muerto. Habrá que esperar a que haya una aurora. Aun así, cuidado con los bucles temporales.

Star Trek XI (2009). La incluyo aquí solamente por su originalidad. En lugar de usar el tiempo para marcar una historia, lo hace para “resetear” el universo de Star Trek, convirtiendo así una secuela en post-precuela; o al revés. – Encuentros en la Tercera Fase (1977). !Casi se me olvida! Aquí, el viaje en el tiempo se limita a la dilatación relativista. Durante el encuentro con los alienigenas, aparecen pilotos y marinos desaparecidos décadas atrás, sin mostrar el menor signo de envejecimiento. Uno de los científicos exclama “Einstein tenía razón,” a lo que otro le responde “Seguro que era uno de ellos.” Y seguro que se me quedan un montón en el tintero. Pero para eso están los comentarios, pasad y poneos cómodos. Tenéis todo el tiempo del mundo.

Esta visto que no podemos ser serios esta semana. Después del estreno de Carl Sagan como capitán de Flota Estelar, nos encontramos con esta genial sátira de la pulga snob. Con todos ustedes: alerta de radiación lumínica.

Radiación lumínica

Espero que el astuto lector haya caído en la cuenta, pero por si acaso: a esas radiaciones electromagnéticas las conocemos con el nombre de LUZ.

Y ahora en serio, apague las luces innecesarias y disfrute del cielo estrellado. Del monóxido de dihidrógeno, ya hablaremos otro día.

Como habréis visto en otras ocasiones, de vez en cuando el profe toma el mando y hace callar al físico de película. Como ambos son dos caras de la misma moneda, no llega la sangre al río y todos contentos.

Hoy quiero compartir con vosotros una alegoría al poder de la ciencia y su método. Su autor, ninjerktsu, nos muestra a nuestro héroe personal, Carl Sagan, en una implacable lucha a estilo Star Trek contra la tontería pseudocientífica que nos venden (y no baratas) por todos lados.

Carl Sagan y su Nave de la Imaginación Completamente Armada (a estilo Star Trek), por Jesús Espi.

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