Agua y acuiferos

¿Quieres sabes si los grandes acuíferos del mundo se están quedando secos? Vete al espacio.

Desde hace décadas la órbita terrestre es un lugar idóneo para controlar el ciclo de agua de nuestro planeta. No es sólo el Meteosat avisándonos si va a llover esta Semana Santa o no, sino que otros satélites especializados rastrean el vapor de agua de las nubes, las precipitaciones, los intercambios de energía entre el océano y la atmósfera, y en general todo tipo de datos que permite a los científicos saber qué pasa con el líquido vital que nos sustenta (la cerveza no, el agua).

Hace algunos años la NASA y la agencia espacial alemana desarrollaron la misión GRACE (Gravity Recovery And Climate Experiment). Dos pequeños satélites, lanzados en 2002, conformaron un gravímetro de extraordinaria precisión. Cualquier variación en las condiciones del suelo, como la presencia de grandes montañas, alteraba la órbita de los satélites en cantidades muy pequeñas que se podían medir con precisión. De ese modo, durante los años que estuvieron en órbita, lograron realizar un mapa gravimétrico de la superficie terrestre, tan detallado que pueden incluso notarse diferencias gravitacionales debidas a los cambios de grosos del hielo ártico o el paso de huracanes.

Durante los quince años que duró la misión GRACE se han podido determinar variaciones gravitacionales que pueden asociarse al aumento o disminución de la masa de agua oculta en los grandes acuíferos. Hace dos años, un grupo de investigadores de la Universidad de California-Irvine publicó resultados basados en el período 2003-2013. Para su estudio se fijaron en los 37 grandes acuíferos acordados en el programa WHYMAP de la UNESCO, que contienen la mayor cantidad de agua subterránea. No se trata de pequeños acuíferos como los que pueda haber en la sierra cercana, y de hecho el único que aparece en la Unión Europea es el acuífero de París, que se extiende por el norte de Francia.

Los investigadores utilizaron una cantidad llamada tasa RGS (Renewable Groundwater Stress) que mide la rapidez con la que los acuíferos ganan o pierden agua tanto por motivos naturales como antropogénicos. Un acuífero muy “estresado” es el que pierde agua por extracción más rápido de lo que puede recuperar por procesos naturales, lo que da medida del impacto de la actividad humana. Por supuesto hay que tener en cuenta factores como el tipo de vegetación sobre los acuíferos, la cantidad de agua que se repone en forma de lluvia, etc.

Los autores mostraron un ejemplo: la cuenca del Ganges-Brahmaputra, que engloba Bangladesh y el norte de la India, una de las regiones más densamente pobladas del mundo. Tomaron las variaciones de agua medida por GRACE, les restaron las estimaciones de agua absorbida por el terreno y por las plantas, la acumulada en pantanos y en forma de nieve, y el resultado fue una variación anual decreciente. El efecto era equivalente a si la precipitación hubiese disminuido una media de casi 20 litros por metro cuadrado al año. Para recuperar su nivel de 2003 tendría que llover un total de 200 litros por metro cuadrado más en toda la región. Esto ya se sabía por las mediciones en tierra, pero GRACE ha permitido ver esas variaciones a escala temporal detallada, mes a mes, día a día.

Hay otras regiones que salen peor paradas. El acuífero de Arabia, que se extiende bajo gran parte de Arabia Saudí y partes de Jordania, Siria e Irak, está siendo explotado de tal forma que necesitaría casi 100 litros por metro cuadrado para recuperarse, prácticamente el doble de lo que llueve ahora en la mayor parte de la región. Otras regiones desérticas donde se extrae agua de los acuíferos más rápido de lo que se recarga se extienden por buena parte de África: Argelia, Libia, Egipto, Sudán del Sur.

Existen zonas en las que, a pesar de que llueve de forma abundante, los acuíferos no se recargan lo suficiente para compensar las pérdidas de la actividad humana. Además de la ya mencionada del Ganges-Brahmaputra podemos citar los acuíferos de París (norte de Francia), Rusia (casi toda la que hay al este de los Urales), Atlántico-Golfo (toda la zona costera atlántica norteamericana al sur de Filadelfia), el valle central de California y la costa norte de China, otra zona de gran densidad de población. El acuífero norteamericano de Ogallala ha actuado como un pantano gigante desde comienzos de siglo, permitiendo con ello soportar un prolongado período de sequía, y aunque los datos de GRACE parecen indicar que no ha perdido mucho agua otro estudio indica una pérdida severa, con lo que la cosa no está clara.

En total, 21 de los 37 grandes acuíferos del mundo están perdiendo agua más rápido de lo que pueden reemplazarla. Y lo que es peor, los datos de GRACE nos permiten saber cuánta agua se pierde o se gana en los acuíferos, pero no cuánta queda. Las estimaciones varían fuertemente, y los autores del estudio anterior hicieron sus propios números. Las fuentes de incertidumbre son tan grandes que la cuenca del Ganges-Brahmaputra, mencionada antes, puede perder el 90% de sus reservas en un período de tiempo de entre 10 y 10.000 años.

No pretendo hacer simplificaciones bobas, pero es evidente que si el agua escasea los problemas se multiplican. Algunos de los acuíferos actualmente sobreexplotados yacen por debajo de estados de facto fallidos como Siria, Irak y Libia; otros resultan críticos para sostener la calidad de vida de centenares de millones de personas en África y Asia, y son en ocasiones motor de migraciones en masa. Una evaluación correcta del ciclo del agua de los acuíferos ayudará a planificar las actividades humanas de forma más responsable, más eficiente y, como está ahora de moda decir, más sostenible.

Y eso convierte esta historia en una respuesta zasca estándar a los habituales tertulianos del “¿por qué gastar tanto dinero en el espacio habiendo tantas necesidades en tierra?”

Bomba H

Cuando Hiroshima y Nagasaki quedaron arrasadas por las bombas atómicas, el mundo no le prestó mayor atención. Otras ciudades como Dresde o Tokio habían sufrido bombardeos igual de devastadores, y después de cinco años de feroz guerra fueron sólo una cadena más en el eslabón. En la posguerra, sin embargo, quedó claro que la nueva arma cambiaba el panorama futuro de la guerra. Ya no sería necesario enviar un millar de aviones para bombardear una ciudad o una región industrial, ya que con un solo avión bastaría; y con los nuevos cohetes intercontinentales en desarrollo, ni eso.

A pesar de los horrores que nos causa Hiroshima, un hecho a tener en cuenta es que, si bien esas armas podían borrar del mapa una ciudad de tamaño medio, ni siquiera esos engendros nucleares podían destruir del todo una gran ciudad como Nueva York o Moscú. El rendimiento de las bombas atómicas de uranio y plutonio era limitado, y aunque producirían graves daños al centro de una gran ciudad harían falta varias de ellas para destruir toda una región metropolitana o una cuenta industrial.

Llegó entonces la bomba de hidrógeno. Mucha gente la considera como una bomba atómica más gorda, pero es mucho más que eso. Significó un salto cualitativo de varios órdenes de magnitud. Una bomba de hidrógeno es a una bomba atómica lo que una bomba atómica es a una bomba convencional. La bomba Zar, detonada por la URSS, fue tan potente que siguen habiendo dudas sobre su rendimiento real, pero su potencia explosiva se cifra en varios miles de veces la de la bomba de Hiroshima.

Prácticamente no hay límite al poder destructor de una bomba de hidrógeno, y por eso en los años cincuenta y sesenta se desarrollaron bombas enormes, capaces de destruir la ciudad más grande. También podían destruir objetivos militares endurecidos como los silos de misiles enemigos a pesar de que la precisión de las armas nucleares era bastante pobre. Con una potencia semejante, ya no importaba que la bomba errase el blanco en cinco kilómetros.

Con el tiempo la tecnología mejoró y las bombas dejaron de crecer en potencia. Los motivos son sencillos de entender. El aumento en la precisión de los misiles y el uso de la tecnología de ojivas múltiples (MIRV) hicieron innecesario el uso de bombas grandes para batir los objetivos. En el caso de un bombardeo sobre una región extensa, digamos una concentración de cuarteles en un valle, es más eficaz enviar una bomba pequeña hacia cada cuartel que un único y gran pepino para barrerlo todo. O bien podríamos lanzar ojivas MIRV a la periferia de una ciudad para destruir los objetivos militares circundantes (aeropuertos, base navales, arsenales) sin atacar la cuidad en sí.

Pero incluso para el bombardeo sobre una ciudad es preferible usar varias bombas pequeñas que una grande, y el motivo es matemático: factor de escala. Cuando cambia el tamaño de un objeto, algunas propiedades varían de forma diferente a otras. El ejemplo típico es el de las patas de un animal. Si un científico loco aumentase diez veces el tamaño de una hormiga tendría un bicho con una volumen mil veces mayor pero sus patas tendrían una superficie de contacto sólo cien veces mayor, por lo que acabaría cayendo a tierra bajo su propio peso.

Supongamos en primera aproximación que el efecto de un arma nuclear es devastar un cierto volumen de espacio, de modo que ese volumen es aproximadamente proporcional a la potencia explosiva. Eso significa que el radio de destrucción es proporcional a la raíz cúbica de la potencia, y la superficie destruida es proporcional la potencia elevada a la potencia 2/3. Es decir, si la potencia se duplica el radio letal sólo se hace (2)^(2/3) = 1,26 veces mayor, y la superficie destruida aumenta en un factor (2)^(2/3)=1,6.

Supongamos que el Kremlin construye una bomba nuclear de un megatón, capaz de destruirlo todo en 10 kilómetros de radio. Eso nos daría un área de 314 kilómetros cuadrado. Ahora tomemos un arma de veinte megatones. El nuevo radio letal sería de 10 km * (20)^(1/3) = 27 kilómetros. La superficie destruida sería de 314*(20)^(2/3) = 2.314 kilómetros cuadrado.

Sin embargo, esa misma destrucción se lograría usando 2.314/314 = 7 (y pico) bombas de un megatón. Y ahí está el detalle. Siete bombas de un megatón producen el mismo efecto destructivo que una de veinte megatones, así que la realidad de los números se impone. Además de las diversas ventajas propiamente militares, resulta que las bombas nucleares de gran tamaño sólo son un desperdicio de material en lo que respecta a sus resultados si las comparamos con armas pequeñas.

Por eso la evolución de las armas nucleares ha sido la misma en todos los países que la poseen. Primero, la bomba atómica; luego, la de hidrógeno; después aumentamos la precisión de los misiles y los dotamos de ojivas múltiples; finalmente reducimos su potencia hasta el punto en que pueden destruir los objetivos asignados (como búnkeres y silos protegidos). En ocasiones, por ejemplo para fijar los límites de los arsenales en los tratados de limitación de armamento nuclear, se tenía en cuenta no tanto la potencia explosiva como el llamado “megatonaje equivalente,” igual a la potencia explosiva elevada a la potencia 2/3, que es una medida de los efectos destructores.

En la actualidad las ojivas norteamericanas W87 de sus misiles ICBM tienen una potencia de unos 500 kilotones, y las W88 de los submarinos Trident II son aún menores, inferiores a los 100 kilotones, en tanto que los rusos tienen ojivas de similar rendimiento (500-800 kilotones para sus ICBM, 50-100 para los SLBM). El arsenal nuclear mundial sigue siendo terrorífico, pero ha decaído mucho en término de ojivas activas y de potencia explosiva. Los factores de escala tienen su parte del mérito.

Cazafantasmas

Como ochentero de pro, Cazafantasnas me parece una de las películas más representativas del cine de los 80 en término de originalidad, banda sonora y personajes interesantes. La premisa es original: un grupo de científicos expertos en lo paranormal hacen un equipo para eliminar fantasmas. Al contrario que en otros films sobre fantasmas, en esta ocasión las armas no son encantamientos o pociones sino ciencia y tecnología. Los investigadores desarrollan herramientas para detectar a los fantasmas, los atacan con colisionadores a positrones y los almacenan en dispositivos mecánicos.

El reparto es de primera y nos pone el certifrikómetro al límite de la escala. Tenemos al doctor Peter Venkman, el caradura líder de equipo, interpretado por Bill Murray, a quien vimos en otras frikadas como Atrapado en el Tiempo (por cierto, propongo una somanta de collejas a quienquiera que se le ocurrió cambiar el título original de El Día de la Marmota) y que luego se interpretó a sí mismo en la desternillante Bienvenidos a Zombieland. El doctor Raymond Stantz, alegre y amistoso, viene de la mano del actor Dan Aykroyd, quien también apareció en Mi Novia es una Extraterrestre con la explosiva Kim Basinger. Egon Spengler, el cerebro de los cazafantasmas, es el típico científico medio chiflado al que da vida Harold Ramis (quien, por cierto, también dirigió Atrapado en el Tiempo).

Rick Moranis, que da vida a uno de los personajes secundarios, es de sobra conocido por películas como Cariño he Encogido a los Niños, Los Picapiedra y Spaceballs (que ya certifiké en su momento). Por su parte, parece que a William Atherton, el burócrata de la EPA, le cayó bien el papel de malote estúpido, ya que lo repitió en Escuela de Genios y en dos pelís de la serie Jungla de Cristal. ¿Y cómo podríamos olvidarnos de ella? Me refiero al contrapunto femenino Dana Barrett, interpretado por la enorme Sigourney Weaver, la reina del universo Alien… quien también protagonizó otra película: Héroes fuera de Órbita, otra película certifrikada.

Puede que lo que voy a decir a continuación te resulte sorprendente, lector, pero resulta que Cazafantasmas (y a partir de ahora me refiero al clásico de 1984) es en mi opinión una de las mejores películas para mostrar el funcionamiento de la ciencia. Es una de la que utilizo en mi proyecto Física de Película en clase, y con el tiempo he ido descubriendo cada vez más ejemplos sobre el método científico. No sólo me refiero a violaciones de las leyes de Newton o a electromagnetismo, sino a apartados relacionados con el método científico que no suelen mencionarse en las carreras de ciencias.

Lo que voy a esbozar a continuación son algunos de los elementos que aumentan el frikivalor de esa película. Algunos los extraeré de mi último libro si no les importa. ¿Listos? Pues adelante, y no os importe cruzar los rayos.

Mediciones en ciencia. La ciencia es sobre todo cuantitativa, lo que implica poder realizar medidas de cantidades observables. En Cazafantasmas los investigadores hablan de velocidades de ionización y de valencias psicoquinéticas, realizan grabaciones con lentes ultravioleta, recogen muestras y se entusiasman cuando logran efectuar contacto físico con los entes ectoplásmicos (vamos, cuando un fantasma moquea al doctor Peter Venkman). Como resultado, los investigadores concluyen que podrían zurrarles (espiritualmente hablando), y a partir de ahí pasar a cazar fantasmas es sólo cuestión de tiempo.

Ojo con los charlatanes. En una de las primeras escenas, Venkman efectúa un experimento de clarividencia con dos estudiantes, quienes han de averiguar el dibujo de una carta oculta. Uno de los dos estudiantes, una chica rubia y guapa, saca una puntuación muy alta, lo que aparentemente sorprende al investigador. Por supuesto, esa sorpresa no es tal, y el espectador es testigo de cómo Venkman falsea el experimento para impresionar a la chica.

No es de extrañar que el decano les eche a patadas de la Universidad. Aunque en la película aparece como el típico burócrata corto de miras y de escasa imaginación, lo cierto es que está cumpliendo con su responsabilidad oficial: “creemos que el propósito de la Ciencia es el de servir a la Humanidad, y usted parece considerar la Ciencia como una forma de embaucar, de engañar.” En este caso los charlatanes acaban teniendo razón, pero por desgracia no suele ser el caso, y en el mundo real suelen ser gente que se beneficia de la ignorancia ajena en su propio beneficio. Quienes me hayan seguido en mi blog sabrán de mi repugna a usar la Universidad como coladero de charlatanes, así que ojalá hubiera más decanos como ese en nuestro sistema académico, capaces de tomar decisiones difíciles sin esconder la cabeza bajo el ala.

La navaja de Occam. Llegada la hora de establecer hipótesis, los cazafantasmas recurren al principio conocido como navaja de Occam, según el cual la explicación más verosímil suele ser la más sencilla. Un burócrata federal se niega a creer la teoría de los fantasmas, y en su lugar ofrece una explicación alternativa en base a gases neuroquímicos que provocan alucinaciones; es decir, para él los cazafantasmas no son más que un hatajo de timadores.

Se trata de una conjetura plausible, y a tenor de la cantidad de pseuocientíficos que proliferan en el mundo real suena como la explicación más plausible en un primer momento. Para su desgracia, la hipótesis de los fantasmas se mantiene. La evidencia observacional es, sencillamente, demasiado amplia para descartarla: los fantasmas proliferan por toda la ciudad, el jefe de bomberos es incapaz de explicarlos en base a humos y luces, la policía no encuentra pruebas de fraude y los testimonios expertos se acumulan. Y es que la navaja de Occam constituye un buen punto de partida, pero sólo eso, y como toda hipótesis ha de someterse al peso de las pruebas o ser descartada.

Los fantasmas nos ofrecen ejemplos adicionales de la navaja de Occam. Al comienzo del film suceden hechos extraños en la biblioteca pública de la ciudad. En el sótano se ha formado una pila de libros amontonados de forma perfecta. Uno de los cazafantasmas lo interpreta como suceso paranormal, pero el doctor Venkman saca a relucir la navaja (la de Occam) y sarcásticamente replica “tienes razón, ningún ser humano amontonaría los libros así.

Cuestiona todo. Cuando Dana Barrett (Sigourney Weaver) acude a los cazafantasmas se encuentra con un riguroso interrogatorio. Algo molesta, se queja “claro que digo la verdad, ¿quién demonios iba a inventar una historia como esa”, a lo que Venkman responde “algunos quieren llamar la atención, otros no son más que chalados que pasan por aquí y entran.” ¿No están hartos de oír testimonios milagrosos? Yo sí, la verdad. Es bueno recordar que, sea una curación o una observación de ovnis, los testigos son humanos y tienen muchos motivos para falsear la verdad: ignorancia, miedo, codicia, afán de notoriedad; no importa lo majo que parezca quien nos esté hablando, queremos poder verificarlo. Por mucho que los propios cazafantasmas salgan anunciándose por televisión diciendo “nosotros sí le vamos a creer,” no darán un paso sin verificarlo.

Busca referencias. Cuando los cazafantasmas se pusieron a trabajar en el caso Barrett, enseguida acudieron a fuentes bibliográficas, catálogos y demás. ¿Qué su piso parece que está encantado? Pues se van al registro público, consiguen los planos e investigan la vida y milagros del arquitecto del edificio.

Apóyate en analogías. La ciencia utiliza mucho las analogías para poder explicar sucesos complejos en base a comparaciones más simples y conocidos. El modelo del átomo planetario, en el que los electrones giran en torno a un núcleo atómico como los planetas en torno al Sol, es sencillo y fácil de entender; también es incorrecto (el modelo cuántico real es más complejo), pero a pesar de ello se sigue utilizando como primera aproximación. En la actualidad la hipótesis más utilizada en física teórica se denomina “teoría de cuerdas,” y su nombre ya resulta lo bastante descriptivo.

La analogía permite al doctor Spengler explicar al cazafantasmas recién llegado los acontecimientos sucedidos en Nueva York durante los últimos días, en los que la frecuencia de los avistamientos espectrales ha aumentado sin control. Forzado a cuantificar su afirmación de que se aproxima algo grande, Spengler usa una analogía:

Digamos que este bizcochito representa la cantidad normal de energía psicoquinética en el área de Nueva York. Según la muestra recogida esta mañana, el bizcochito sería de doce metros de largo y pesaría unos 250 kilos

– Ley de inercia. Pocas veces se presta la atención debida a la primera ley de Newton, esa que esencialmente nos dice lo que pasa cuando no pasa nada. Los chicos del mono gris se enzarzan en una lucha por atrapar su primer fantasma en un salón de un hotel. En un momento dado necesitan hacer sitio para colocar su trampa antifantasmas, y para ello necesitan apartar las mesas. El doctor Venkman se acerca a una de las mesas, primorosamente decoradas, la mira e interrumpe a sus compañeros para satisfacer un anhelo. “Siempre he querido hacer esto,” dice mientras retira el mantel de un tirón. ¿El resultado? “¡Las flores no se han caído!” Estrictamente hablando el experimento no ha sido totalmente exitoso ya que algunos vasos se han volcado; pero podemos ver claramente cómo el mantel ha dejado en pie algunos de los elementos puestos en la mesa.

Algo tiene el agua cuando la bendicen, y algo tiene Cazafantasmas para que siga siendo buena. Otra cosa es la secuela Cazafantasmas 2 (1989), que por desgracia quedó muy por debajo de la original. Para eso me quedo con la nueva Cazafantasmas (2016). A pesar de lo mucho que se le ha criticado creo que es una digna sucesora y que está bastante bien llevada; y eso lo dice alguien que, por lo general, suele renegar de secuelas, remakes y demás variantes del género “saquemos más pasta a esta idea.” Cierto que no está a la altura de la original, pero ya sabíamos de antemano que no lo estaría por un sencillo motivo: la original es insuperable. Y por eso le concedo la máxima calificación de frikismo, algo que sólo había hecho con Godzilla y Blade Runner.

Y ahora vuelve a verla, y como dije en el último Naukas Bilbao: no pasa nada si cruzáis los rayos, pero nunca dejéis que se os crucen los cables. Porque si eso sucede, ¿a quién vas a llamar?

Nota de calidad certifrikada: 10

Odile Fernández

Nuevamente los charlatanes entran en la UGR. Esta vez usan una puerta diferente.

Habitualmente las pseudociencias se cuelan en las instituciones universitarias mediante cátedras o cursos de todo tipo. Hemos visto intentos de entrar por la puerta principal, bien mediante cátedras (ver caso Boiron-UniZAR), bien por medio de cursos conjuntos co-organizados en centros de estudios o fundaciones universitarias (ej. Reiki-URJC). Yo ya he visto en mi Universidad una charla de antitransgénicos y he tenido un curso de verano con todo tipo de buenrrolloterapias. En ese último caso la Rectora estaba recién llegada en su puesto, y a pesar de algunas manifestaciones de apoyo a la homeopatía que hizo durante su campaña electoral, acordé concederle el beneficio de la duda.

Ahora volvemos a las andadas. El motivo es la impartición de una charla de Odile Fernández titulada “Mi vivencia ante el cáncer: alimentación y estilo de vida”, prevista para mañana jueves 23 de marzo en el Aula Magna de la antigua Facultad de Medicina.

No voy a extenderme en explicaciones, así que me limitaré a copypastear de una de mis anteriores entradas de blog:

“Odile Fernández [es] una médico que vive y trabaja en Granada. Fernández sobrevivió a un cáncer (de ovario tipo IV) en 2010. Dependiendo de dónde lea usted, ella afirma que su curación fue obra de la quimio y la alimentación, un milagro muy currado o influyó todo. El caso es que, tras beneficiarse de los procedimientos de la ciencia médica convencional, atribuye su salvación… a la alimentación. Al menos, esa es la idea que lleva años vendiendo. Literalmente vendiendo. No sólo aboga por una alimentación sana para reducir el riesgo de cáncer (lo que es lógico y razonable) sino que afirma que sus recetas anticáncer son útiles incluso cuando ya se ha contraído la dolencia: “Mi deseo es que [mis recetas] te ayuden si tienes cáncer o alguna otra enfermedad relacionada con la alimentación,” afirma ella misma en la web que publicita sus libros anticáncer.”

En efecto, su planteamiento básico es que la alimentación permite curarte un cáncer cuando ya lo has contraído. Si le interesa puede ampliar información en estas entradas de Scientia, Qué Mal puede Hacer, Lista de la Vergüenza, esmateria, Magonia, Hablando de Ciencia… y puede seguir usted googleando todo lo que quiera.

¿Quién le ha abierto la puerta a Odile Fernández en la UGR? Pues un Proyecto de Innovación Docente llamado PID Madrasa. Está compuesto por profesores de diversos departamentos universitarios (Historia de la Ciencia y Anatomía Patológica, Medicina, Antropología Social y otros) y pretende “instaurar una pedagogía innovadora con enfoque multidisciplinar para reflexionar sobre la construcción de saberes desde la diversidad de formas de pensamiento y de las expresiones cotidianas en torno a la salud y la enfermedad.” Se presentan con la idea de “explorar las narrativas contemporáneas sobre la salud y la enfermedad, adentrándonos en los espacios corales donde las voces y los discursos se encuentran, se encrespan o se complementan.”

Suena muy bonito, muy holístico y todo eso, y en principio no parece haber problema. Por eso me llamó la atención que alguien se escudase en un PID para traer a Odile Fernández a dar una charla, sobre todo cuando ella misma se presenta con palabras como estas:

El tratar el cáncer de manera holística combinando quimioterapia con alimentación y afrontando la enfermedad de una forma positiva obraron el milagro. El problema del cáncer de ovario es el alto riesgo de recidiva, así que aquí sigo, nutriendo mi mente y mi cuerpo para que el cáncer y yo nos hayamos despedido para siempre. Me siento feliz, plena de salud y he vuelto a ser madre.”

El PID Madrasa, por su parte, lo justifica como un “un coloquio compartido entre la comunidad universitaria y la ciudadanía en torno a la cuestión del autocuidado de base vivencial y el activismo ante la enfermedad

Como ya digo, me llevo muy bien con los de Innovación Docente y por eso, hace algunos días, les advertí del problema de dejar a alguien como Odile Fernández hablar en un aula universitaria, con el beneplácito implícito de la UGR; con copia para la Rectora y otros interesados. Me respondieron que no procedía la cancelación del curso, y se apoyaron en un curioso tecnicismo: como la presentación de la charla afirma que “se abordará el cáncer “de manera holística combinando quimioterapia con alimentación,” Innovación Docente considera que la alimentación no se establece como sustitutivo de los tratamientos médicos sino como algo que ayuda; así pues, el curso no se cancela.

Lo que estaría bien si fuese verdad, porque la propia Odile Fernández afirma que el cáncer se cura con una alimentación adecuada; el truco de “combinando” es el mismo que el de utiliza la llamada medicina integrativa (o complementaria), según el cual la medicina alternativa cura junto con la tradicional. De ese modo, si el paciente se cura lo hará gracias a la terapia alternativa, y si muere lo hará a pesar de la terapia alternativa.

Por su parte, el Rectorado ha echado balones fuera con argumentos semejantes. Según la respuesta que recoge el diario IDEAL, el PID Madrasa se aprobó siguiendo los procedimientos habituales, y tiene un informe favorable de la DEVA (Dirección de Evaluación y Acreditación de la Agencia Andaluza del Conocimiento), así que ellos no son nadie para prohibir la charla: “desde el momento en el que la actividad cuenta con el respaldo de un proyecto de innovación docente y de los departamentos firmantes, son éstos los responsables de sus contenidos

Para que la cosa quede clara: yo mismo he participado en siete PIDs, seis como coordinador. He sufrido las evaluaciones de la ANECA, y creo que puedo redactar un PID con los ojos cerrados. Y en efecto, se puede hacer un proyecto holístico, chachipiruli y todo eso, así que no dudo de que Madrasa esté debidamente autorizado. Eso no está bajo discusión. Lo que se debate es la conveniencia de que alguien como Odile Fernández entre en escena, imparta una de sus charlas de buen rollo y se haga publicidad gratuita para vender más libros. Es como si yo aprovechase mi último proyecto (en el que uso Twitter como herramienta docente) para enviar mensajes sobre el último vuelo Carrero Blanco. Seguro que la Universidad no le gustaría ni pizca. Pues esto es lo mismo.

Hace tan sólo una semanas, la UGR cambió su logotipo corporativo, incluido el “pollo” que nos representa. Lástima que no hayan cambiado otros hábitos como el de esconder la cabeza bajo el ala y eludir responsabilidades. Al final el Rectorado no interviene, Innovación Docente no interviene y nadie remotamente interesado en que la Universidad de Granada sea un centro de excelencia académica interviene. Sólo estamos unos pocos, trabajando en nuestro tiempo libre por hacer que la excelencia sea algo más que palabras en un papel. Vale.

Penny y Leonard 1

[The Big Bang Theory, episodio 8×22 “La graduación de la transmisión”]

…sabéis, he escrito todo un discurso sobre cómo el instituto te prepara y es un sitio maravilloso, pero yo lo odiaba. Puede que el instituto sea genial si tienes esta cara

Penny y Leonard 2

pero yo sentía como que no existía en ese instituto. Y ahora que lo pienso, me imagino que muchos sentís lo mismo, así que lo que resta de mi discurso va por los chicos invisibles.

Puede que no encajes, o puede que seas el niño más bajito del instituto, o el más pesado, o el más raro, puede que vayas a graduarte y nunca hayas besado a una chica. Por cierto, [yo] a los 19, y Geraldine Coco, dondequiera que estés ¡gracias!

Puede que no tengas amigos, pero ¿sabes qué? ¡No pasa nada! Mientras todos los chicos populares están por ahí haciendo… bueno, no se qué hacían, porque nunca me llevaban. Lo que digo es que, al dedicar tanto tiempo a estar solo montando ordenadores, o ensayando con el chelo, lo que haces es convertirte en alguien interesante. Y cuando la gente por fin se fije en ti se encontrarán con alguien más guay de lo que se creían.

Y para aquellos que sí habéis sido populares en el instituto: se acabó, lo siento.

Gracias, y enhorabuena.

Rayos cósmicos

En el último episodio de Cosmos (2014), Neil deGrasse Tyson nos contó cómo el físico austríaco Victor Hess buscó rayos cósmicos en un globo a comienzos del siglo XX. La idea era determinar si se debilitaban conforme aumentaba la distancia al suelo. Hess sospechaba que venía del exterior de la Tierra, y en efecto descubrió que a cinco kilómetros de altura los rayos cósmicos eran más intensos. No podía provenir del Sol porque la intensidad era la misma de día que de noche, y Hess incluso hizo un ascenso durante un eclipse solar. La fuente era mucho más lejana de lo que se pensaba.

Ahora sabemos algo más. Para empezar, los rayos cósmicos no son rayos, en el sentido de que no son energía como las ondas electromagnéticas. En realidad, son partículas, fundamentalmente núcleos de hidrógeno y helio, así como electrones, positrones y otros bichos. También creemos que los rayos cósmicos se generan en las supernovas, si bien hay otras posibles fuentes como ciertos núcleos galácticos activos e incluso algunas llamaradas solares. Y poco más sabemos.

Hay diversos problemas observacionales que impiden obtener más información sobre las fuentes de los rayos cósmicos. En primer lugar, cuando atraviesan la atmósfera terrestre crean un montón de partículas que se esparcen en múltiples direcciones, así que debemos ir al espacio para obtener información más fiable. En segundo lugar, es necesario diseñar un instrumento especial de detección, ya que no se trata de ondas electromagnéticas y los observatorios orbitales habituales no sirven. En tercer lugar, los rayos cósmicos tienen una energía enorme, lo que obliga a ponerse las pilas a la hora de fabricar un detector.

Para solventar esos problemillas la NASA lanzó en junio de 2008 el observatorio Fermi. Orbitando a unos 500 kilómetros de altitud, dispone de diversos instrumentos para captar rayos gamma de alta energía, y el llamado LAT (Large Area Telescope) puede asimismo procesar los electrones y positrones procedentes de rayos cósmicos.

En 2010 se publicaron los primeros resultados, y la conclusión era que el origen de los rayos cósmicos era… desconocido. En realidad no resultaba sorprendente, ya que los rayos cósmicos son partículas cargadas eléctricamente y los campos magnéticos que pululan por la Galaxia cambian su trayectoria. Después de recorrer miles de años-luz (bueno, en realidad una cantidad desconocida de años-luz), un rayo cósmico puede tomar prácticamente cualquier dirección. Eso significa que, al detectarlos, podrían venir de cualquier lugar.

Se esperaba que ese “cualquier lugar” no fuese literal y que al menos hubiese algo de anisotropía en el cielo, esto es, que algunas regiones fuesen más brillantes que otras. Quizá una supernova cercana esté lanzando grandes cantidades de rayos cósmicos, y en tal caso la zona del cielo donde está ubicada se vería más brillante. Algo podríamos sacar, como cuando oyes un trueno y no puedes determinar su origen pero al menos sabes por dónde suena.

Los resultados de 2010 son inconcluyentes, indicando que si hay alguna diferencia entre una región y otra en la dirección aparente de los rayos cósmicos, sería del orden de un uno por ciento o menos. Por supuesto, esto no queda así. El equipo LAT/Fermi se ha pasado los últimos siete años recogiendo más información, y recientemente han publicado sus nuevos resultados. Después de tanto tiempo recogiendo rayos cósmicos era de esperar obtener algún resultado. Bueno, pues lo que es obtener, lo han obtenido. El resultado es: cero. Seguimos sin saber de dónde vienen.

Dicen que es más fácil publicar un “paper” con resultado positivo que negativo, y no conozco a muchos colegas que se contenten con afirmar que no han visto nada y punto. Tampoco los medios de comunicación parecen haberse apercibido de la importancia de informar sobre un resultado negativo, y una búsqueda en Google muestra el mismo texto por todos lados, correspondiente a un artículo de Ars Technica.

A pesar de todo, un resultado negativo sigue siendo valioso, y cuando no hay pues no hay. Y es que la ciencia no es como en las películas. El gran descubrimiento no aparece en dos días ni lo realiza un científico en la soledad de su laboratorio. Al contrario, el reciente artículo de 2017 contiene casi un centenar de firmas. Tres de ellos son españoles: Andrea Caliandro, Daniela Hadasch y Diego Torres, del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC).

Es posible que futuras mediciones puedan aclarar esta cuestión, igual que hubo que esperar a COBE, Planck y WMAP para detectar fluctuaciones en la radiación cósmica de microondas. Mientras tanto, habrá que seguir tarareando la vieja canción de U2:

I have climbed the highest mountains…

but I still haven´t found / what I´m looking for

but I still haven´t found / what I´m looking for

Tijn

Este año me había propuesto ser más saganiano. Me ha durado poco.

Con “saganiano” me refiero a que deseo seguir siendo beligerante en las cosas que creo sin dejarme llevar por consideraciones personales, prejuicios o ataques ad hominem. En eso quiero seguir el estilo de Carl Sagan, quien durante su vida luchó sin parar por defender y popularizar sus ideas, pero siempre atacando al pecado y no al pecador. ¿Vieron en Cosmos cómo ridiculizaba la idea de las abducciones alienígenas o los horóscopos? Daba datos, argumentaba, opinaba, pero ni por un momento se paraba a tirarle los trastos a la cabeza a nadie, por mucho que lo mereciese.

Esa meta es la que deseo para mí. No sé si lo conseguiré, porque a veces resulta muy difícil no caer en la trampa del cerebro reptiliano. Hoy me he visto contra las cuerdas por una noticia que me trae de los nervios. Un señor llamado George Dvorsky acaba de publicar en Gizmodo un artículo donde denigra la elección de la Unión Astronómica Internacional para designar algunos planetas extrasolares. Al igual que hace un par de años, cuando Cervantes dio su nombre a una estrella, la UAI ha hecho un concurso y se han escogido algunos nombres por votación popular para bautizar algunos de los llamados planetas enanos en nuestro sistema solar (cuerpos demasiado grandes para ser considerados asteroides pero que no llegan a planeta).

El problema ha sido que Dvorsky no está nada de acuerdo con la elección, y fruto de ello fue el post titulado “Estos pobres planetas son el motivo por el que no debería permitirse a Internet bautizar planetas.” Vale que Starry Bunnies no es precisamente el planeta que al capitán Kirk le gustaría visitar en el futuro (y el hecho es que no fue escogido), pero Dvorsky dispara con bala contra nombres como Thunder Bay o –y esto es lo que nos duele- Miguel Hernández. Sí, amigo lector, Miguel Hernández es el nombre asignado al astro que antes sólo era conocido como (6138) 1991 JH1.

Es evidente que Dvorsky no se ha preocupado en averiguar qué o quién es Miguel Hernández para merecer el honor de un planetoide (FYI). Tampoco parece saber qué es un Brevardastro, un Jubelmatt o un Javiergorosabel. Para que conste, Javier Gorosabel fue un astrofísico español fallecido en 2015 y fue propuesto por el Planetario de Pamplona.

Algunos de los nombres, como los dos españoles, se refieren a personalidades famosas, en tanto que otros homenajean localidades o entidades. Por si usted desea saber el origen de dichos nombres, aquí van los significados oficiales (que Dvorsky enlazó en su post y olvidó mencionar).

Brevardastro: Brevard es un condado de Florida que incluye el Centro Espacial Kennedy. Nombre sugerido por la Sociedad Astronómica de Brevard (Brevard-Astro).

Mayuboshi: Mayu=ceja, boshi=estrella. Basado en un poema japonés.

Singto: En honor de Singto Pukahuta, astrónomo y educador tailandés fallecido en 2007.

Hubelmatt: Nombre de una escuela donde se ubica un observatorio usado por la Sociedad Astronómica de Lucerna, Suiza.

Royaldutchastro: Referencia a la Real (Royal) Asociación Holandesa (Dutch) de Meteorología y Astronomía (Astro).

Kamagari: Observatorio astronómico de la prefectura de Hiroshima (Japón)

Miguelhernández (cito literalmente): Miguel Hernández (1910–1942) fue un poeta que luchó por la paz y la República durante la Guerra Civil Española. Fue encarcelado en diversos campos fascistas de prisioneros hasta su muerte durante lo más álgido de la represión. Su nombre cayó en el olvido hasta el colapso de la dictadura franquista, cuando sus obras y poemas fueron redescubiertos.

Tantawi: Astrónomo egipcio del siglo XIX

Andréseloy: Astrónomo y divulgador científico mejicano

Fécamp: Pueblo de Normandía (Francia) con una abadía histórica

Kagura: Baile teatral sintoísta tradicional de Japón

Javiergorosabel (cito literalmente): Astrónomo español y divulgador nacido en Euskadi.

Bernardbowen: Australiano. Fundador del Centro Internacional de Investigación en Radio Astronomía

Franzthaler: Escritor italiano, superviviente de Dachau y Hersbruck

Medhia: Región marroquí rica en recursos naturales y especies de pájaros. Significa “regalo”

Kodai: Por Kodai Fukushima, fundador del club estudiantil Libertyer.

Thunder Bay: Por la ciudad homónima junto al Lago Superior, en Canadá

Además de ello, la misma circular de la UAI bautiza varios planetas enanos en honor a personas tan diversas como un historiador, un médico, un pianista de jazz, el escritor Robert Louis Stevenson, un campeón olímpico y un astrónomo; sin olvidar al planetoide Tijn, bautizado por el niño holandés Tijn Kolsteren (el chico de la foto de portada), quien a la edad de seis años, y tras haberle sido diagnosticado un tumor cerebral, recaudó más de dos millones de euros para la Cruz Roja en 2016.

Lamento que el señor Dvorsky no considere estos nombres lo bastante dignos para bautizar objetos de nuestro Sistema Solar, pero el caso es que los dioses griegos no dan para más. Por mi parte sólo puedo decir que si un bisnieto mío acaba pisando la superficie de Miguelhernandez no podría sentirme más orgulloso.

Y ahora, permítanme que les deje para ver un episodio de Cosmos. Necesito recuperar la armonía.

Sheldon y Ami

Hoy damos visibilidad al Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Es posible que creas que no lo necesitan, pero yo no opino así. La sociedad en la que vivimos ejerce una enorme presión sobre las mujeres para que no se dediquen a nada interesante, y amparados en la igualdad ante la ley nos vamos creyendo que realmente todos tenemos las mismas oportunidades. No es así, y hace poco escribí un post (Las matemáticas no son para mujeres) cuyos comentarios dan fe de la polémica que rodea este tema.

Alguien dijo incluso que “cuando una mujer ha hecho un descubrimiento relevante se le ha dado el Nobel,” y citan dos casos, los de Marie Curie y Maria Goeppert-Mayer. Lo cierto es que, según ese estándar, las mujeres son unas absolutas inútiles, ya que a lo largo de la historia un total de 47 mujeres han sido premiadas con el Nobel frente a 833 hombres. Curie y Goeppert-Mayer son las dos únicas mujeres que ganaron un premio Nobel de Física (en 1903 y 1963, respectivamente), y encima han pasado a su historia con sus apellidos de casada.

Me resulta particularmente preocupante el uso y abuso de Marie Curie (vale, Sklodowska) como ejemplo de que las mujeres pueden ser científicas. En primer lugar, no hay más que leer su biografía para descubrir las penalidades que sufrió en todos los ámbitos, entre el rechazo de rechazo de la comunidad masculina y soportando durísimas condiciones de trabajo. Si ese es el ejemplo que queremos que sigan las futuras científicas, no nos sorprenda que luego que prefieran ser princesas o diseñadoras de moda; que una cosa es dar ejemplo de superación y otra transmitir el mensaje de que, como quieras ser científica, chica, lo llevarás realmente crudo.

En segundo lugar, hay que tener cuidado con poner a una gran figura como ejemplo a seguir. Sí, todos los físicos sueñan con ser el nuevo Albert Einstein, igual que los actores sueñan con ser el nuevo Cary Grant o los periodistas con ser el nuevo Émile Zola, pero ¿acaso es bueno poner el listón tan alto? Siempre que alguien me escribe para pedirme consejo (por lo general, un adolescente a las puertas de la Universidad), me añade de dice casi invariable que “no soy un genio pero me gusta estudiar” o que “no sé si estaré a la altura.” El Síndrome del Impostor asusta mucho, y hay que tener cuidado con cómo motivamos.

En relación al ejemplo de Marie Curie me preocupa que, de tanto centrarnos en él, parece que sea un caso único e irrepetible. Sí, descubrió dos elementos químicos y un tercero lleva su nombre, ganó dos premios Nobel y es una leyenda, pero ¿qué probabilidades hay de que suceda de nuevo? Decir a las jóvenes que pueden ser científicas porque ahí está el ejemplo de Marie Curie me suena igual que decirle a la gente que la lotería les hará millonarios. Sí, es posible, pero también puede que no, y en tal caso es bueno que tengas un plan B.

De igual modo, chica, puede que seas la futura Marie Curie, pero muy probablemente va a ser que no. ¿Y sabes qué? Que no pasa nada. El mundo necesita físicas, biólogas, matemáticas, ingenieras, médicas. Algunas serán extraordinarias, otras serán buenas y otras normales y corrientes, pero entre todas contribuiréis a mantener la sociedad en movimiento. Sólo necesitáis saber dos cosas: una, que puedes ser científica como tu compañero masculino; dos, que si quieres serlo, no hay nada más hermoso (bueno, puede que sí, pero yo soy científico y en eso no soy nada objetivo).

Sigue tu camino y deja tranquila a Marie Curie. Ella fue ella, tú eres tú. Eso lo importante.

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Mujer matemática

Hace unos días se estrenó la película Figuras Ocultas, en la que se contaba la aportación de las mujeres al programa espacial norteamericano. Resulta triste que en los años 60 las mujeres se considerasen tan poco importantes que su colaboración en el programa espacial fuese ninguneado. Más triste resulta lo poco que hemos progresado en algunos aspectos.

Cierto, ahora nos preocupa más el papel de la mujer en los campos de la ciencia y tecnología, nos posicionamos, desarrollamos iniciativas, examinamos el problema, proponemos soluciones, cuotas, acciones de discriminación positiva. Eso y nada es lo mismo, al menos hasta que nos metamos en la cabeza que la mujer no es algo raro, algo especial, algo que cuidamos con cariño no vaya a ser que se rompa. Ser mujer debería ser tan irrelevante como ser zurdo o andaluz, pero el hecho es que la condición de hombre es la situación por defecto (que dicen los informáticos) en nuestra sociedad.

Hoy me he encontrado con un ejemplo de ello. Marta Macho-Stadler, matemática en la Universidad de País Vasco, ha comentado el asunto en Tribuna Feminista, y yo me he enterado gracias a un tuit de la matemática Clara Grima (Gracias a las dos). Resulta que la editorial RBA acaba de lanzar una nueva colección llamada Genios de las matemáticas. Los puritas del lenguaje políticamente correcto seguro que querrían rebautizarla como “genios y genias de las matemáticas” pero pueden ahorrarse el femenino plural porque solamente hay una mujer en el lote. Una colección anunciada bajo el lema de que “las matemáticas han marcado el paso del progreso humano” solamente tiene a una mujer (Emily Noether) entre sus sesenta títulos.

Entiendo que la mayoría de matemáticos conocidos a través de la Historia han sido tradicionalmente hombres, pero aun así la elección de la editorial me desconcierta. ¿De verdad piensan que Ada Lovelace o Sophie German no están a la altura de Brouwer o Fibonacci? ¿Apolonio es más relevante que Hipatia? ¿Y qué sentido tiene incluir nombres como Maxwell o Huygens, que a despecho de sus contribuciones matemáticas han entrado en la Historia como eminentes físicos?

Cuando leí el artículo de la profesora Macho se me quedó un cierto regusto de “esto lo he visto yo antes.” Ya lo he recordado y os lo voy a contar. Hace un tiempo, RBA me contrató para escribir un libro dentro de su colección Un Paseo por el Cosmos. Al final fueron dos libros (Espacio-tiempo Cuántico y Exoplanetas). Mientras estaba yo en faena, alguien de la editorial me solicitó ideas para hacer otras colecciones. Tuve cuatro ideas, y la número tres es la que llamé “Mujeres en la Ciencia.” Lo justifiqué de la siguiente forma:

La mujer ha realizado contribuciones relevantes a todos los niveles pero se las ha ocultado o minimizado a lo largo de la Historia. La ciencia no es una excepción. Muchas mujeres han contribuido al conocimiento científico, y pocas de ellas han alcanzado el grado de notoriedad otorgado a sus colegas masculinos. Un estudio de sus vidas y obras permite no sólo hacerles justicia sino también explicar y describir campos enteros del saber, sean matemáticas, biología o física

Por si acaso alguien pensaba que no habría tantas mujeres científicas en campos variados de la ciencia, incluí una veintena de ejemplos representativos: Marie Curie (Radiactividad), Lise Meitner (Fisión nuclear), Vera Rubin (Astrofísica – Galaxias y materia oscura), Henrietta Swan Leavitt (Astrofísica – expansión del Universo), Jocelyn Bell Burner (Astrofísica – púlsares), Chien-Shiung Wu (Física nuclear), Maria Goeppert-Mayer (Física nuclear), Rosalind Franklin (Estructura del ADN), Jane Goodall (Primatología), Dian Fossey (Primatología y antropología), Hipatia (Matemáticas), Marie-Sophie Germain (Teoría de Números), Ada Lovelace (Computación), Grace Murray Hopper (Computación), Emmy Noether (Matemáticas), Florence Nightingale (Enfermería), Mary Leakey (Antropología), Rita-Levi Montalcini (Neurobiología), Margaret Mead (Antropología), Barbara McClintock (Genética), Lisa Randall (Cosmología)… y estos son los primeros nombres que se me pasaron por la cabeza.

La idea fue considerada y posteriormente rechazada. El motivo que me dijeron fue que ya habían hecho una colección similar titulada Grandes Ideas de la Ciencia, que mi idea era una spin-off y que tendría un público potencial menor.

Un público potencial menor.

No consigo imaginarme por qué RBA no desea dar más protagonismo a las mujeres en su colección. Lo único que se me ocurre es que piensan que su público target son hombres que se aburrirán y huirán de la colección si aparece algo femenino entre las páginas de un libro. Si es así, cometen un error y desaprovechan una gran oportunidad. Y por supuesto dan un mal ejemplo a la sociedad, sobre todo a las futuras científicas que ahora están siendo bombardeadas con multitud de variantes del tema original “esto no es para vosotros, sois chicas, dedicaos a otra cosa.” Eso no mola.

Trump 2016 science the shit out

Que Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos por la gracia de los colegios electorales, iba a entrar como un elefante en una cacharrería no pilla de sorpresa a nadie, y menos en el campo científico. Ya como presidente electo su equipo intentó obligar a la agencia oceanográfica norteamericana (NOAA) a hacerle una lista de los científicos que participaron en conferencias sobre el cambio climático. Finalmente no consiguió su objetivo, pero los asustó tanto que ahora mismo están copiando datos como locos y enviándolos a Canadá y Europa por si a Trump le da por ordenar que los borren.

¿Exageración? La agencia de protección ambiental (EPA) ya ha recibido orden de borrar su página web sobre cambio climático. Si el presi se sale con la suya, los trabajadores de esa agencia tendrán que pasar dos filtros antes de publicar nada: el habitual de la revisión a pares (peer review), y una segunda revisión “política” para asegurarse de que no dicen verdades inconvenientes. La NASA, probablemente la agencia federal más conocida y querida por todos, lleva más tiempo en esa guerra y también sabe que pintan bastos en los próximos años.

Así las cosas, ¿quién osará enfrentarse al nuevo amo? Hay marchas y manifestaciones, pero no parece que los científicos, gente razonable y poco dada a protestar, tomen la iniciativa. Pues parece que lo están haciendo, y están plantando batalla donde Trump se siente más a sus anchas: en Twitter.

Oí los primeros tiros esta misma mañana, mientras iba de camino al trabajo, pero no supe del resto de la historia hasta ahora. Al parecer, el Servicio Nacional de Parques tuiteó imágenes en las que se comparaban la asistencia al juramento de Trump con la de Obama en 2009. La comparación (en la que Obama ganaba por goleada) no gustó a alguien, y todas las agencias del Departamento del Interior (responsables de los parques naturales y reservas del país) recibieron la orden de dejar de usar Twitter.

Eso no disuadió a un empleado del Parque Nacional de Badlands, en Dakota del Sur, que comenzó a tuitear mensajes sobre el cambio climático y las concentraciones de CO2 en la atmósfera. Las autoridades de parque afirmaron retiraron los mensajes, así que el empleado pasó a modo rebelde y abrió la cuenta alternativa @AltBadlandsNPS. El propósito era, en principio, compartir datos y hechos científicos incómodos.

Su ejemplo ha sido rápidamente seguido por otros. El Servicio Nacional de Parques tiene cuenta alternativa parques @AltUSNatParkSer; bueno, en realidad no la “tiene” porque acaban de entregar la cuenta a un grupo de activistas no pertenecientes al Servicio. Como la anterior, está dedicada a la exposición de noticias e información sobre temas ambientales. La agencia de protección ambiental (EPA) tiene una cuenta paralela @altUSEPA. Y la NASA tiene no una sino dos cuentas rebeldes: @Alt_NASA y @RogueNASA.

Todas son cuentas “de resistencia” y, naturalmente, no son oficiales ni están respaldadas por las entidades correspondientes, pero representan un esfuerzo serio para mantener el trabajo de divulgación y comunicación públicas que las agencias federales ahora no pueden realizar libremente. Si logran éxito en su tarea de comunicación, será un interesante ejemplo para todos. Esta labor de “puenteo” de los canales oficiales está acumulando mucha atención. @altUSEPA, tiene más de cien mil seguidores, @RogueNASA supera los 366.000 seguidores, y por el momento, los más folloneros parecen ser los de @AltUSNatParkSer: 1.050.000 seguidores. Todo con un puñado de tuits (menos de 50 en algunos casos) y en un solo día. Puede usted consultar una lista de cuentas rebeldes aquí.

Está claro que acechan tiempos difíciles (no sólo para la ciencia), y los tiempos de los presidentes norteamericanos molones han pasado. Entramos en una nueva era oscura. No es la primera que veo y tampoco será la última, pero en todas ellas la receta es siempre la misma: resistir. Esto no ha hecho más que empezar.