Certifrikada: Cazafantasmas

Cazafantasmas

Como ochentero de pro, Cazafantasnas me parece una de las películas más representativas del cine de los 80 en término de originalidad, banda sonora y personajes interesantes. La premisa es original: un grupo de científicos expertos en lo paranormal hacen un equipo para eliminar fantasmas. Al contrario que en otros films sobre fantasmas, en esta ocasión las armas no son encantamientos o pociones sino ciencia y tecnología. Los investigadores desarrollan herramientas para detectar a los fantasmas, los atacan con colisionadores a positrones y los almacenan en dispositivos mecánicos.

El reparto es de primera y nos pone el certifrikómetro al límite de la escala. Tenemos al doctor Peter Venkman, el caradura líder de equipo, interpretado por Bill Murray, a quien vimos en otras frikadas como Atrapado en el Tiempo (por cierto, propongo una somanta de collejas a quienquiera que se le ocurrió cambiar el título original de El Día de la Marmota) y que luego se interpretó a sí mismo en la desternillante Bienvenidos a Zombieland. El doctor Raymond Stantz, alegre y amistoso, viene de la mano del actor Dan Aykroyd, quien también apareció en Mi Novia es una Extraterrestre con la explosiva Kim Basinger. Egon Spengler, el cerebro de los cazafantasmas, es el típico científico medio chiflado al que da vida Harold Ramis (quien, por cierto, también dirigió Atrapado en el Tiempo).

Rick Moranis, que da vida a uno de los personajes secundarios, es de sobra conocido por películas como Cariño he Encogido a los Niños, Los Picapiedra y Spaceballs (que ya certifiké en su momento). Por su parte, parece que a William Atherton, el burócrata de la EPA, le cayó bien el papel de malote estúpido, ya que lo repitió en Escuela de Genios y en dos pelís de la serie Jungla de Cristal. ¿Y cómo podríamos olvidarnos de ella? Me refiero al contrapunto femenino Dana Barrett, interpretado por la enorme Sigourney Weaver, la reina del universo Alien… quien también protagonizó otra película: Héroes fuera de Órbita, otra película certifrikada.

Puede que lo que voy a decir a continuación te resulte sorprendente, lector, pero resulta que Cazafantasmas (y a partir de ahora me refiero al clásico de 1984) es en mi opinión una de las mejores películas para mostrar el funcionamiento de la ciencia. Es una de la que utilizo en mi proyecto Física de Película en clase, y con el tiempo he ido descubriendo cada vez más ejemplos sobre el método científico. No sólo me refiero a violaciones de las leyes de Newton o a electromagnetismo, sino a apartados relacionados con el método científico que no suelen mencionarse en las carreras de ciencias.

Lo que voy a esbozar a continuación son algunos de los elementos que aumentan el frikivalor de esa película. Algunos los extraeré de mi último libro si no les importa. ¿Listos? Pues adelante, y no os importe cruzar los rayos.

Mediciones en ciencia. La ciencia es sobre todo cuantitativa, lo que implica poder realizar medidas de cantidades observables. En Cazafantasmas los investigadores hablan de velocidades de ionización y de valencias psicoquinéticas, realizan grabaciones con lentes ultravioleta, recogen muestras y se entusiasman cuando logran efectuar contacto físico con los entes ectoplásmicos (vamos, cuando un fantasma moquea al doctor Peter Venkman). Como resultado, los investigadores concluyen que podrían zurrarles (espiritualmente hablando), y a partir de ahí pasar a cazar fantasmas es sólo cuestión de tiempo.

Ojo con los charlatanes. En una de las primeras escenas, Venkman efectúa un experimento de clarividencia con dos estudiantes, quienes han de averiguar el dibujo de una carta oculta. Uno de los dos estudiantes, una chica rubia y guapa, saca una puntuación muy alta, lo que aparentemente sorprende al investigador. Por supuesto, esa sorpresa no es tal, y el espectador es testigo de cómo Venkman falsea el experimento para impresionar a la chica.

No es de extrañar que el decano les eche a patadas de la Universidad. Aunque en la película aparece como el típico burócrata corto de miras y de escasa imaginación, lo cierto es que está cumpliendo con su responsabilidad oficial: “creemos que el propósito de la Ciencia es el de servir a la Humanidad, y usted parece considerar la Ciencia como una forma de embaucar, de engañar.” En este caso los charlatanes acaban teniendo razón, pero por desgracia no suele ser el caso, y en el mundo real suelen ser gente que se beneficia de la ignorancia ajena en su propio beneficio. Quienes me hayan seguido en mi blog sabrán de mi repugna a usar la Universidad como coladero de charlatanes, así que ojalá hubiera más decanos como ese en nuestro sistema académico, capaces de tomar decisiones difíciles sin esconder la cabeza bajo el ala.

La navaja de Occam. Llegada la hora de establecer hipótesis, los cazafantasmas recurren al principio conocido como navaja de Occam, según el cual la explicación más verosímil suele ser la más sencilla. Un burócrata federal se niega a creer la teoría de los fantasmas, y en su lugar ofrece una explicación alternativa en base a gases neuroquímicos que provocan alucinaciones; es decir, para él los cazafantasmas no son más que un hatajo de timadores.

Se trata de una conjetura plausible, y a tenor de la cantidad de pseuocientíficos que proliferan en el mundo real suena como la explicación más plausible en un primer momento. Para su desgracia, la hipótesis de los fantasmas se mantiene. La evidencia observacional es, sencillamente, demasiado amplia para descartarla: los fantasmas proliferan por toda la ciudad, el jefe de bomberos es incapaz de explicarlos en base a humos y luces, la policía no encuentra pruebas de fraude y los testimonios expertos se acumulan. Y es que la navaja de Occam constituye un buen punto de partida, pero sólo eso, y como toda hipótesis ha de someterse al peso de las pruebas o ser descartada.

Los fantasmas nos ofrecen ejemplos adicionales de la navaja de Occam. Al comienzo del film suceden hechos extraños en la biblioteca pública de la ciudad. En el sótano se ha formado una pila de libros amontonados de forma perfecta. Uno de los cazafantasmas lo interpreta como suceso paranormal, pero el doctor Venkman saca a relucir la navaja (la de Occam) y sarcásticamente replica “tienes razón, ningún ser humano amontonaría los libros así.

Cuestiona todo. Cuando Dana Barrett (Sigourney Weaver) acude a los cazafantasmas se encuentra con un riguroso interrogatorio. Algo molesta, se queja “claro que digo la verdad, ¿quién demonios iba a inventar una historia como esa”, a lo que Venkman responde “algunos quieren llamar la atención, otros no son más que chalados que pasan por aquí y entran.” ¿No están hartos de oír testimonios milagrosos? Yo sí, la verdad. Es bueno recordar que, sea una curación o una observación de ovnis, los testigos son humanos y tienen muchos motivos para falsear la verdad: ignorancia, miedo, codicia, afán de notoriedad; no importa lo majo que parezca quien nos esté hablando, queremos poder verificarlo. Por mucho que los propios cazafantasmas salgan anunciándose por televisión diciendo “nosotros sí le vamos a creer,” no darán un paso sin verificarlo.

Busca referencias. Cuando los cazafantasmas se pusieron a trabajar en el caso Barrett, enseguida acudieron a fuentes bibliográficas, catálogos y demás. ¿Qué su piso parece que está encantado? Pues se van al registro público, consiguen los planos e investigan la vida y milagros del arquitecto del edificio.

Apóyate en analogías. La ciencia utiliza mucho las analogías para poder explicar sucesos complejos en base a comparaciones más simples y conocidos. El modelo del átomo planetario, en el que los electrones giran en torno a un núcleo atómico como los planetas en torno al Sol, es sencillo y fácil de entender; también es incorrecto (el modelo cuántico real es más complejo), pero a pesar de ello se sigue utilizando como primera aproximación. En la actualidad la hipótesis más utilizada en física teórica se denomina “teoría de cuerdas,” y su nombre ya resulta lo bastante descriptivo.

La analogía permite al doctor Spengler explicar al cazafantasmas recién llegado los acontecimientos sucedidos en Nueva York durante los últimos días, en los que la frecuencia de los avistamientos espectrales ha aumentado sin control. Forzado a cuantificar su afirmación de que se aproxima algo grande, Spengler usa una analogía:

Digamos que este bizcochito representa la cantidad normal de energía psicoquinética en el área de Nueva York. Según la muestra recogida esta mañana, el bizcochito sería de doce metros de largo y pesaría unos 250 kilos

– Ley de inercia. Pocas veces se presta la atención debida a la primera ley de Newton, esa que esencialmente nos dice lo que pasa cuando no pasa nada. Los chicos del mono gris se enzarzan en una lucha por atrapar su primer fantasma en un salón de un hotel. En un momento dado necesitan hacer sitio para colocar su trampa antifantasmas, y para ello necesitan apartar las mesas. El doctor Venkman se acerca a una de las mesas, primorosamente decoradas, la mira e interrumpe a sus compañeros para satisfacer un anhelo. “Siempre he querido hacer esto,” dice mientras retira el mantel de un tirón. ¿El resultado? “¡Las flores no se han caído!” Estrictamente hablando el experimento no ha sido totalmente exitoso ya que algunos vasos se han volcado; pero podemos ver claramente cómo el mantel ha dejado en pie algunos de los elementos puestos en la mesa.

Algo tiene el agua cuando la bendicen, y algo tiene Cazafantasmas para que siga siendo buena. Otra cosa es la secuela Cazafantasmas 2 (1989), que por desgracia quedó muy por debajo de la original. Para eso me quedo con la nueva Cazafantasmas (2016). A pesar de lo mucho que se le ha criticado creo que es una digna sucesora y que está bastante bien llevada; y eso lo dice alguien que, por lo general, suele renegar de secuelas, remakes y demás variantes del género “saquemos más pasta a esta idea.” Cierto que no está a la altura de la original, pero ya sabíamos de antemano que no lo estaría por un sencillo motivo: la original es insuperable. Y por eso le concedo la máxima calificación de frikismo, algo que sólo había hecho con Godzilla y Blade Runner.

Y ahora vuelve a verla, y como dije en el último Naukas Bilbao: no pasa nada si cruzáis los rayos, pero nunca dejéis que se os crucen los cables. Porque si eso sucede, ¿a quién vas a llamar?

Nota de calidad certifrikada: 10


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