El Sistema Televisivo de Unidades

STU 2007_08_22d

Mi coche mide 40 varas y 13 celemines. ¡Y de ahí no me sacará nadie, leñe! (Abuelo Simpson)

Como profesor de Física que soy, una de las primeras cosas que me toca enseñar a mis alumnos es el Sistema Internacional de unidades. Ya saben, eso del metro, kilogramo, segundo, etc. No sería posible hacer ciencia sin tener un conjunto de unidades comunes, que nos permitan saber cualitativamente de qué estamos hablando. Hay varios sistemas de unidades, pero el más extendido es el Sistema Internacional (SI), actualización del antiguo Sistema Métrico Decimal.

El Sistema Internacional es de uso legal en España desde 1967. En 1989 se convierte en el único legal, lo que acaba con los celemines y los marjales (aunque he visto escrituras antiguas de fincas que siguen llevando las unidades antiguas, lo que dará más de un dolor de cabeza a sus dueños cuando decidan venderlas). Ahora todo son kilogramos, metros y segundos.

¿He dicho que es de uso legal en toda España? ¡No! Como la aldea de Astérix, queda un núcleo de irreductibles rebeldes que resisten ahora y siempre al Sistema Internacional. Ese grupo de valientes abnegados son… los informativos de televisión. Nuestros amigos de la pequeña pantalla parecen creer que usar unidades del SI puede ser contraproducente para su audiencia, a la que al parecer toman por un hatajo de catetos más preocupados en ver la información del fútbol que en discernir cuántos litros caben en un hectómetro cúbico.

Y en un titánico esfuerzo por librarnos de él, diversos informativos han desarrollado un curioso sistema de medir, contar y pesar. Lo he bautizado como Sistema Televisivo de Unidades (STU). No hay ningún libro de estilo al respecto, ni manuales de uso o webs con las definiciones pertinentes. Las normas se memorizan cuidadosamente y se transmiten verbalmente de persona a persona. Jamás hay notas escritas. Nadie del mundo de los medios informativos reconocerá siquiera que el STU existe. Nadie sobrio con fotos comprometedoras, al menos.

Durante varios años he investigado el asunto y unido los cabos uno por uno, de forma discreta y silenciosa. Soy consciente del peligro inherente a desvelar este gran secreto, pero si Julian Assange tuvo el valor de desvelar verdades incómodas al mundo yo no puedo ser menos (y además, ¿por qué le van a dar el Nobel de la Paz a él solamente?). Ahora estoy, por fin, preparado para revelaros los secretos del STU. Quiero agradecer a todos mis amigos en los medios informativos el abrirme sus corazones y compartir sus secretos conmigo. Eso es algo que nunca podré agradecerte bastante, Matías, digo Informador Anónimo Número 23.

Este es el primer capítulo de mis descubrimientos sobre el Sistema Televisivo de Unidades. Vendrán otros, a no ser que alguien decida terminar con la fuga de información. Si ese momento llega, recordadme como un ejemplo a seguir y continuad donde yo lo deje; y por favor, que alguien avise a mi esposa que ese color de pelo que se ha puesto le sienta fatal.

Comencemos. En primer lugar, hay que aprender a contar. Hay gente para la que varias decenas significa exactamente eso, varias decenas. En el STU, los términos decenas, centenares y miles adquieren un nuevo significado. Eso de creerse que dos docenas son 24, o que medio centenar es igual a cincuenta, es algo caduco, rancio y tiene que acabarse. Sobre todo cuando contamos personas.

Las nuevas definiciones numéricas del argot teleinformativo son como sigue:

Decenas. Equivalente a “un puñado de gente.” Aplíquese a grupos lo bastante grandes como para armar jaleo en la calle y que quede majo en pantalla. La cantidad exacta resulta irrelevante.

Centenares. Significa “muchas, pero soy demasiado vago para hacer una valoración; eso sí, pueden ser centenares o millones, así que tiro por lo bajo para que luego no me digan que me he pasado.” Muy sabio. A fin de cuentas, un millón también son centenares; diez mil centenares, concretamente.

Miles. Es una cantidad indeterminada situada entre “más que centenares” y “menos que decenas de miles”

Decenas de miles. Significa “cualquiera sabe cuánta peña hay aquí, pero a juzgar por la imagen debe de haber la leche de gente.”

Centenares de miles. Algo así como “igual que decenas de miles, pero alguien ha hecho una estimación precisa y yo la copio tal cual”

En caso de duda, puede echarse mano de expresiones como diversos/varios/algunos, que viene a significar “¿qué pasa, que encima tengo que contarlos? !Anda ya!”

Cuando la cantidad supera los millones, no suele haber problema, ya que generalmente son situaciones donde se limitan a copiar datos de un informe o una nota de prensa. Aun así, puede haber algunos problemillas relacionados con la mala traducción de algunas notas de prensa. Cuando se habla de la edad del Universo, la potencia del último superordenador o los excedentes de trigo de Australia, normalmente se echa mano de la nota de Associated Press, y como son americanos, usan cantidades diferentes. Mil millones son para ellos un “billion”, y un billón (millón de millones) es un “trillion.” Para complicar más las cosas, sus primos ingleses están desertando de la nomenclatura europea y americanizándose a la hora de contar.

Eso significa que cuando la NASA adelanta una estimación del tamaño del Universo de tipo “15 billion years,” eso se convertirá en “15 mil millones” o en “15 billones” dependiendo del grado de cultura del que desarrolla la noticia. Total, justo después vienen los deportes, así que ¿para qué matarse escribiendo bien los números? ¿Acaso le importa la edad del Universo a alguien más que a los cuatro frikis de siempre?

Y eso que, cada vez menos, usan el latiguillo “billones, con B” para que no nos confundamos con millones. Antes del euro., las cuentas públicas se medían en billones “con B” de pesetas, y así nos lo recalcaban en los telediarios. Ahora, son miles de millones de euros. La verdad, a mí me resultaba molesto eso “billones con B”, como si fuésemos alumnos de parvulario. Seremos unos analfabetos numéricos, pero hasta el españolito medio entendía que el presupuesto de Educación no se cubría con unos cuantos “millones con M.” Tal como va la cosa, no les sorprenda si vuelven a resucitar ese latiguillo de los “billones con B.”

El problema de la traducción del anglosajón perturba las cantidades en muchos campos. ¿Nunca se han preguntado por qué en las películas americanas todo está a dieciséis kilómetros? Ni diez ni veinte, sino 16. La explicación es sencilla: dieciséis kilómetros son diez millas, que es lo que usan ellos. Cada vez que nos dicen que un huracán se mueve a velocidades de hasta 192 km/h, no es que se lo hayan currado para obtener una cifra exacta, sino que han cogido el “up to 120 mph” de la NOAA, lo han multiplicado y listo. De esa forma dan una impresión de exactitud que no se corresponde con la realidad. Y ni se molestan en ocultarlo. ¿Que se ha estrellado un tren a 320 kilómetros al sur de El Cairo? En realidad son las 200 millas que les indica el teletipo de Reuters.

A veces, el STU impone sus unidades favoritas. Recordaréis de vuestros tiempos del cole lo del decámetro, hectómetro, kilómetro, miriámetro. En principio, no hay problema en decir dos kilómetros o doscientos decámetros. Pero el STU tiene sus unidades favoritas. Veamos algunas.

DISTANCIAS. Vale el kilómetro, como siempre, pero de vez en cuando, y sobre todo en noticias internacionales, no pasa nada con usar la milla, y si no indicamos si es milla terrestre o milla náutica tanto mejor. Otras unidades útiles y mucho más creativas para medir longitudes son la TorreEiffel, el Titanic, la TorrePicasso o el PuenteGoldenGateDeSanFrancisco. En el extremo opuesto, para las mediciones de longitudes muy pequeñas pueden usarse unidades tales como el CabelloHumano, la CabezaDeUnAlfiler y el VirusDelSida.

Pero eso es cosa del pasado, y usar ese tipo de comparaciones ya no es trendy. Es mucho mejor utilizar sufijos aumentativos, y para evitar volver al rancio pasado evitaremos los kilo, los hecto y los mega. Ha llegado la hora del puestosenfila. Se trata de tomar un objeto de dimensiones más o menos conocidas, y multiplicarlo por una constante numérica hasta obtener la cantidad deseada. En lugar de hablar de una grieta submarina de dos kilómetros, se indicará como “treinta aviones Boeing 747 puestos en fila.” Simple, directo, incomprensible.

El puestosenfila tiene la ventaja de ser un sufijo muy versátil, capaz de adaptarse a cualquier medición de longitud. Por ejemplo, para indicar la capacidad de almacenamiento de datos de los servidores de Google, podríamos decir algo así como “tanta como la que cabría en una pila de dos kilómetros de DVDs puestos en fila.” La longitud de un tramo de carretera es el de cinco AVEs puestos en fila. Una sequoia canadiense puede ser igual a cuarenta coches puestos en fila. El peso de un portaaviones podría ser igual al de quinientos elefantes puestos en fila (aunque imagino que de estar en manada pesarían lo mismo). En fin, creo que captan la idea.

VOLÚMENES. En este campo, por motivos que no he conseguido desentrañar todavía, se salta de lo diminuto a lo inmenso. Todo lo que no pueda ser fácilmente expresado en litros, lo pasamos a hectómetros cúbicos. Poca gente sabe lo que es un hectómetro (por no hablar de hectómetro cúbico), pero eso no debe hacernos perder el sueño. Sencillamente, un hectómetro cúbico es una forma precisa de decir “una jartá de agua embalsada”. Para que conste, un hectómetro son cien metros, así que un hectómetro cúbico es igual a mil millones de litros. El metro cúbico no hay que usarlo más que para indicar las lecturas del contador del agua, y eso si no hay más remedio.

MASA. La regla aquí es confundir lo más posible al espectador. Tenemos el kilogramo y la tonelada, y cero escrúpulos a la hora de usarlos indiscriminadamente. En principio, podemos indicar la masa de un tren como quinientas toneladas, pero ¿por qué no decir quinientos mil kilos? O mejor aún, ¿por qué no lo ponemos de ambas formas, según nos lo pida el cuerpo?

INTENSIDAD SÍSMICA. Sospecho que los teleinformativos españoles tienen una porra que perderá quien primero indique la intensidad de un terremoto de forma correcta. En lugar de decir algo del tipo “grado 5,4 en la escala de Richter,” que sería lo adecuado, lo sustituyen por giros como “5,4 grados en la escala de Richter.” Vamos, como si fuesen grados centígrados. En realidad, la escala Richter mide los efectos destructivos de forma aproximada. Se habla del nivel 1, del 3, del 5, y a veces se usan decimales para mayor precisión. Pero siempre es “de grado 4″ y no “de 4 grados.” Y además, la escala Richter está en desuso en la comunidad científica, como ya expliqué en su día.

HURACANES. Igual que lo anterior, aunque sospecho que esto lo tienen en conserva. Hasta ahora lo dicen bien: categoría 4, categoría 5. Algún día, alguien le echará huevos (u ovarios), y soltarán la burrada: “el huracán Kenny ha pasado de cuatro categorías a cinco, es decir, ha subido una categoría en las últimas horas.” O se inventarán las categorías con coma decimal. Y el tipo que inventó la escala, revolviéndose en su tumba.

SUPERFICIE. Apuesto a que esta es la que estabais todos esperando. Lo primero es lo primero: españoles, el kilómetro cuadrado ha muerto. Ahora la unidad seria de superficie es la hectárea, ya que al parecer somos demasiado tontos como para entender qué es un kilómetro cuadrado. Que poca gente sepa cuántos km² tiene una hectárea carece de importancia.

Pero en el fondo las hectáreas nos la traen floja. La unidad estrella de superficie, la medida campeona, la que se ha fijado en nuestra mente y no se irá ni harta de vino es el Campo de Fútbol (CdF). Hartos de esperar a que entendamos de hectáreas, kilómetros cuadrados, arrobas y celemines, echaron mano de una unidad de medida de superficie conocida por todos. ¿Y qué mejor que un campo de fútbol en un país tan rabiosamente futbolero como el nuestro? El campo de fútbol puede medir cualquier extensión de terreno: bosque quemado en un incendio, superficie talada en el Amazonas, tamaño del agujero de la capa de ozono, lo que sea.

Y ahora, una pregunta para el respetable: ¿sabe usted cuánto mide un campo de fútbol? Yo no tengo ni idea. He tenido que echar mano de la wikipedia para obtener un valor, y resulta que no hay una unidad estándar. Un campo de fútbol tiene unas dimensiones de entre 90 y 120 metros de largo, y de 45 a 90 metros de anchura. Es decir, cualquier valor entre 4.050 y 10.800 metros cuadrados. Fantástico, una unidad multivalor.

Para partidos internacionales, sigue la wikipedia, las dimensiones son 100-110 por 64-75 metros. Algo más preciso, aunque seguimos teniendo una horquilla de 6.400 a 8.250 metros cuadrados. Y eso sin saber si el “campo de fútbol” se refiere sólo a la superficie del rectángulo pintado de blanco, o si hay que añadir el césped aledaño, la zona del banquillo, la de vestuarios, las gradas, el aparcamiento.

Lo irónico del asunto es que una hectárea es igual a 10.000 metros cuadrados, así que “un campo de fútbol” es una medida de aproximadamente una hectárea. ¿Realmente hacía falta complicarle la vida así al televidente? Vale, puede servir para aproximar conceptos, pero si el “campo de fútbol” ni siquiera tiene un valor estándar, pues apaga y vámonos. El único valor del campo de fútbol como unidad es el de su asimilación visual. Vamos, que nadie ha visto un cuadrado de cien metros de largo pero sí un campo de fútbol, así que se supone que es más fácil de visualizar. Bonita justificación. Que me creeré cuando me expliquen cómo diablos se visualizan cinco mil campos de fútbol.

Yo propondría otras unidades más cercanas al españolito medio, como el aparcamiento del Carrefour, la superficie alar de un 747 o la vivienda media. Qué bonito sería oír algo del tipo “en el incendio de Cáceres se ha calcinado una superficie equivalente a cinco minicines Kinépolis”, o “el presidente ha inagurado en Colmenar Viejo un parque del tamaño de catorce Palacios de Pedralbes.”

Hay que reconocer que, en ocasiones, los de la tele se lo curran. Cada vez que los de Greenpeace son noticia porque han presentado un informe, nos dicen eso de que en seis meses se pierde tanta superficie de selva tropical como la extensión de la provincia de Madrid. Eso sí es para nota, porque ¿alguien sabe qué extensión tiene la provincia de Madrid? ¿Puede uno hacerse una idea yendo en coche? (si pasamos por el centro a hora punta, ¡seguro que no!). ¿Le importa a alguien la extensión de la provincia de Madrid? De la superficie de Cuenca o de Cáceres, mejor ni hablamos. Para que conste, y por si tiene usted curiosidad por saber la extensión de la provincia de Madrid, ya se la doy yo: entre 9,7 y 12,5 millones de campos de fútbol. Internacionales, por supuesto.

Para complicar más las cosas, el campo de futbol se usa ocasionalmente para comparar unidades de volumen. Sí, como lo oyen, volumen. En ese caso, el nombre que recibe pasa a ser estadio de fútbol. Para concretar más, ya que hay estadios como colores, se particulariza. Igual que el kilogramo es la masa de un objeto determinado que se guarda en Francia, el estadio de fútbol se define como “el volumen equivalente al del estadio Santiago Bernabéu,” motivo por el cual la unidad pasa a denominarse Estadio Como El Bernabéu (EceB). Si ya cuesta saber lo que vale la superficie de un campo de fútbol, ¡imagínense averiguar el volumen del Bernabéu! Se supone que sus dimensiones aproximadas son de 105 metros de largo, 70 de ancho y 45 de altura, lo que suponiendo un prisma recto nos daría un volumen de aproximadamente un tercio de hectómetro cúbico. Y para los que sean del Barsa, el Sporting o el Atletic, ajo y agua. A lo mejor algún día conseguimos unificar criterios para definir el Estadio de Fútbol Normalizado, pero mientras tanto el señor Mas puede encontrar consuelo en que la TV3 puede tener su propia unidad de volumen estándar.

En el caso de unidades electromagnéticas, la regla es la siguiente: usar el Sistema Internacional intercambiando las unidades a placer. ¿Que el kilovatio es unidad de potencia y no de energía? No importa, usaremos el kW para indicar energía, a pesar de que es energía por segundo. En cuanto a la corriente (expresada en amperios) y a la tensión (en voltios), no hay problema en poner uno por otro. Es lo mismo que dar la velocidad en kilómetros pero ¿qué mas da?

Como alternativa, podemos ser creativos e inventarnos una nueva unidad de potencia: la casa. Para indicar la potencia que produce una instalación eólica o solar, nada mejor que decir que es la misma que consumen tantas o cuantas casas. Así daremos la impresión de que es un fistro de instalación. Cuando la potencia es muy alta, la potencia se medirá en ciudades. La frase típica será del tipo “tanto como una ciudad de cincuenta mil habitantes.”

Otro sufijo muy útil en todo tipo de casos es el suficientecomo. La potencia de ese parque eólico es “suficiente como para dar electricidad a una ciudad de taytantosmil habitantes”. El ahorro energético al usar bombillas de bajo consumo es “suficiente como para reducir en un 5% nuestra dependencia del petróleo saudí”. El papel reciclado es “suficiente como para evitar la tala de una superficie arbolada igual a veintidós campos de fútbol”.

Siempre el mismo esquema: comparar una cantidad con otra que apenas nos dice nada. Tiene la ventaja de que puede aplicarse para la medición de muchas cantidades: consumo eléctrico, de agua, generación de basuras. Eso lo hace muy cómodo para visualizar cantidades que pueda entender el común de los mortales, que al parecer encuentra dificultades para contar más allá de veinte.

Y no quiero cansarles, así que lo dejaré aquí por ahora. No se vayan muy lejos, porque el STU tiene mucho más en cartera. Como para alicatar dos cuartos de baño del Bernabéu, por lo menos.


17 Comentarios

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Jonsey

De acuerdo en todo, pero me han quedado un par de dudas:

– ¿En la universidad hay que enseñar el SI? Joer sí está bajo el nivel, que eso es de primaria, no es raro que al españolito medio haya que contarle las cosas en campos de futbol y similares.

– ¿Todo esto lo has escrito por si alguien del STU te silencia y así te ahorras decirle a la parienta lo del color de su pelo? No sé, con poner una foto por aquí y montar una encuesta…

AnonymousAnonymous

Llevo tiempo leyéndote pero nunca había comentado, pero en esta entrada es que te has salido, jeje, parece un monólogo del club de la comedia, muchas gracias por las risas que nos hemos echado por aquí leyéndote mi mujer y yo.

JesúsR

Christian Kell

Me he “hartado” (con “jache” aspirada, como las del sur) a reir… de verdad, se me saltaron als lágrimas de la risa, genial, como dice el colega de arriba, digno del club de la comedia.

Josemi

Una errata: el peso de un portaviones de estos de los americanos es enormemente mayor que el de 500 elefantes (que pesaran como 2500 toneladas) Sospecho que los 500 elefantes podrian estar encima del portaviones y este ni se enteraria.

El campo de futbol es una unidad tanto de longitud como de superficie, a gusto del consumidor. Si es de longitud, lo suelen usar como equivalente a 100 metros. Si es de superficie, a una hectarea, aunque como comentas, normalmente un campo de futbol es menor de una hectarea, y sospecho que algunos usan 2 campos de futbol = hectarea, lo cual tampoco esta cerca de ser verdad.
Respecto al campo de futbol como volumen, ahi es la risa. Nada de prismas, es supuestamene si un gigante usara el campo de futbol como taza, teniendo en cuenta lo que miden las gradas y tal. Alguien lo calculo, pero no se cuanto es, y para complicar mas las cosas, el Bernabeu ha crecido varias veces, lo cual no creo que se tenga en cuenta.
Por el tema del centralismo se suele usar el Bernabeu, pero alguna vez he oido la vertiente Nou Camp. Cuanto mide un Nou Camp de volumen? es mas grande que un Bernabeu del 83? que el del 2005?
El futbol tambien alguna vez sirve como medida de tiempo, tipo “el viaje a Cuba durara 5 partidos de futbol” aunque no tengo claro si mide 1 hora y media (tiempo efectivo) o 2 horas (tiempo practico).
Y por supuesto, con el futbol tambien se mide dinero, ahi esta el “cristianoronaldo”, que suele cifrarse en 100 millones de €

SRSolís

Un gran artículo, pero falta la piscina olímpica, o PO, como unidad de volumen, algo que todo el mundo tiene muy claro, sobre todo considerando el plano inclinado irregular del fondo y que la mayor parte de la gente no sabe si las piscinas son de 25 o 50m.
Es como lo de la energía: “… con este agua podrían llenarse taytantas piscinas olímpicas …”

roilua

Para precisión en el cambio de unidades monetarias no puedes perderte los capítulos de Joyas sobre ruedas, de DiScóvery Max. Ahí negocian las ventas de coches en cifras del tipo 8475 euros ó 9425, que salen de traducir a euros las Libras Esterlinas.
Sólo les falta doblar los capítulos con 2 decimales

FernandoFernando

Se me ocurre también que falta la “vuelta al mundo” como unidad de medida. También he escuchado la distancia entre la Tierra y la Luna. Y no puede faltar el “como de aquí a Madrid”, sea aquí la ciudad/población que guste.

Sin quitar la razón ni el mérito de lo escrito por Don Arturo (;D) si creo que a veces se nos escapa incluso a los entendidos lo que suponen ciertas magnitudes.

Yo soy electrónico e informático, por lo que las magnitudes eléctricas y el SI lo tengo bien aprendido… sin embargo hablando de la capacidad de generación de una central eléctrica el hablar de la energía consumida por tantos hogares o una ciudad como x durante un año/semana/… pues como que te haces mejor idea de lo grande que es el bicho.

Al fin y al cabo en ciencia también se hace (lo de las unidades comparativas): Año luz, unidad astronómica… Evidentemente al ser unidades creadas por científicos están cuantificadas con exactitud para que no ocurra como en esta historia:
http://elteleoperador.blogspot.com.e...ons-sa.html

Saludos

JuanLuJuanLu

500 elefantes
Se balanceaban
En la cubierta de un portaaviooooooooneeeeees

Y como veían
Que no se caían
Fueron a llamar a otro elefaaaaaaaaaanteeeeeee

(No lo he podido evitar…)

AnonymousAnonymous

Llevo años apuntando gazapos — o mas bien bestialidades ignorantes — de series americanas como ese momento cumbre en ST voyager en que la capi le pide a doc dos mil miligramos de no se que potinge… ¿No acaba antes pidiendo dos gramos?
Hay gente que se niega a ver la tele conmigo por mis constantes pitagorinadas en este aspecto.
Ultimamente yo yso el S.M.J. — Siestema Metrico Jorge — para medir.
Por ejemplo: Mi coche mide 21’25 pollas, es decir, tal multiplo d ela longitud de mi polla.
¿Grosero? ¿Porque es mas valido un campo de furbol o la puñetera estatu de sus libertades que mi polla? AL menos me es muhco mas familliar.
Asi qeu este año se han quemado diez elevado a la 16 veces la superficie de mis huevo de monte en la comarca.
Hala.

DavidDavid

Buenas noches:

La unidad de medida “Campo de Fútbol” tiene dos usos en la prensa: superficie y volumen; la unidad de superficie se usa normalmente para dimensionar desastres naturales, y la de volumen para cantidades de alimentos desperdiciados (véase: http://www.frikipedia.es/friki/Campo...f%C3%BAtbol)

También esta la unidad de medida “las antiguas pesetas”; que en general, se usa para cantidades de dinero estafadas o malversadas.

UnoquepasabaporaquiUnoquepasabaporaqui

Te faltan algunas unidades
Altura = Everest, Torre Eifel
Velocidad = Formula 1, avion comercial
Energia Cinetica = Coche a X km/h

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