Horóscopos de confianza

Leonard: Ya sabes bastante de nosotros, ahora háblanos de tí

Penny: ¿De mí? A ver, yo soy sagitario, lo que os dirá más de lo que necesitáis saber

Sheldon: Sí. Nos dice que participas en ese engaño masivo de nuestra cultura, de que la posición aparente del Sol con respecto a unas constelaciones definidas arbitrariamente en el momento en que naciste puede afectar a tu personalidad” (TBBT, primer episodio)

Con Twitter me pasa igual que con mi madre: me encanta, no podría vivir sin ella, me llena la vida, pero a veces es que no la aguanto. Hoy estaba de lo más tranquilo, disfrutando con un curso online de criptografía. Luego quiero ordenar algunos capítulos de Star Trek (TOS, por supuesto), hacer la comida y preparar las maletas para pasar unos días de vacaciones pastando hierba por ahí. Domingo friki, de lo más normal. El caso es que me levanto un poco para ir a visitar al señor Roca, y mientras estoy en faena recibo un enlace en mi tablet: “Frivolidad y horóscopos.”

Suena como la última tontería de la astrología, y estaba a punto de borrarlo, pero pinché, y lo que encontré me sorprendió. Se trata de un artículo del defensor del lector (ombudsman, en otros lugares) del diario El País. La frivolidad se refería a otros temas que aquí no nos importan. En cuanto a los horóscopos, el ombudsman respondía a quejas de algunos lectores por la inclusión de uno en el suplemento de moda.

Según Empar Prieto, la directora de ese suplemento:

El horóscopo en SModa está pensado como una sección de entretenimiento más, un servicio adicional al lector, que encuentra información muy variada en un suplemento que puede abarcar desde el último restaurante al color de barra de labios que está de moda, pasando por una reseña de libros o un artículo de opinión

Ciertamente, tiene razón. A mi no me interesa el color de barra de labios de moda (salvo que se lo ponga Charlize Theron en mis sueños), pero seguro que hay gente a la que sí. No tengo problema con eso. Lo que me preocupa es la argumentación que El País nos proporciona para convencernos de que publicar horóscopos es una buena idea. En primer lugar, un descargo de responsabilidad:

Consideramos que informar en el diario sobre los números ganadores de la lotería no supone una incitación al juego, sino simplemente un servicio a una parte más o menos importante de los lectores

Salvo por una pequeña diferencia, amigos del diario El País: la lotería se asienta en matemáticas bien definidas, está regulada por controles técnicos y legales, y a la gente le toca. A la astrología no le pasa nada de eso. Ni tiene base científica alguna, ni se ha demostrado que funcione. En ese diario, como en muchos otros, conocen perfectamente el poder de decirle a la gente lo que quiere oír.

Del mismo modo, ofrecer una página con el horóscopo es un servicio a los lectores que lo solicitan

Los lectores solicitan información, y sin embargo hay temas de los que no se habla. Por ejemplo, los suicidios suelen ocultarse para no crear ejemplo (y como ejemplo, este). Se me ocurren muchos servicios que podrían prestar a sus lectores. No, no me refiero a hacer periodismo de investigación, serio y contrastado. Me refiero a que hay mucha gente que odia a su suegra (yo no, que conste), conque ¿qué les costaría una sección de contactos con mercenarios y asesinos? Que sean profesionales, ojo, no vayamos a liarla luego. ¿Y qué tal un servicio de identificación de vehículos propiedad de esos personajillos que ponen multas en la zona azul? Siempre he querido hacerles una visita con mi amigo el bate de béisbol. O una sección sobre avistamientos OVNI en condiciones dudosas y con mala visibilidad. Ah, que Iker ya lo tiene patentado. Bueno, pues nada.

Los lectores son libres de otorgar credibilidad o no a lo que se cuenta en los horóscopos

Me encanta esta parte. Nada menos pretenden hacernos creer que las personas que, en palabras de Sheldon Cooper, creen “que la posición aparente del Sol con respecto a unas constelaciones definidas arbitrariamente en el momento en que naciste puede afectar a tu personalidad” son al mismo tiempo capaces de hacer una reflexión crítica al respecto. ¿De verdad creen que los creyentes de los horóscopos han llegado a la conclusión de que funciona tras un profundo estudio estadístico al respecto? ¿Creen que han examinado los horóscopos de diez periódicos, comparado sus éxitos, y decidido que el de El País les ofrece la información más veraz y contrastable? El horóscopo se basa, repito, en decirle a la gente lo que quiere oír (leer, en este caso). Es el truco de ventas más viejo del mundo.

Creo que fue Lope de Vega quien lo dejó claro hace siglos:

El vulgo es necio / y, pues paga, es justo,

hablarle en necio / para darle gusto

Así que, si están llamando necios a la gente que lee sus horóscopos, estoy de acuerdo con ustedes. Pero ¿por qué creen que así disminuye su propia responsabilidad? Los médicos homeópatas ofrecen los productos de Boiron porque los pacientes los solicitan. Los diarios deportivos incitan a la violencia porque sus lectores quieren oler la sangre. La prensa y televisión del corazón expone las miserias de la gente pública porque tienen seguidores sin mejores cosas que hacer. Los periódicos publican anuncios sobre prostitución porque los lectores los solicitan (creo que La Razón y el difunto Público son honrosas excepciones en eso). Entre todos están contribuyendo a crear una sociedad llena de gente crédula, supersticiosa y sin criterio.

Pero me dejo lo mejor para el final. Para que no les critiquemos, El País viene a decirnos que su horóscopo es una porquería, vale, pero una porquería de confianza. Que no nos vayamos a creer que echan mano del primer echador de cartas que se encuentran por la calle, faltaría más:

De todas formas, sí se tuvo cuidado en elegir a una persona de prestigio en el mundo de la astrología. Susan Miller es la astróloga de referencia en Estados Unidos. Lleva 25 años escribiendo al respecto. Su web tiene seis millones de usuarios únicos y 15 millones de páginas vistas como promedio mensual. Miller tiene un enfoque particular de la astrología, de la que dice que ‘no es un libro de autoayuda’ y más bien la define como ‘una herramienta de información más

Ante tamaña desfachatez, no tengo más que mi respuesta estándar en estos casos: coman mierda, un billón de moscas no pueden estar equivocadas.

Y ahora, el más difícil todavía: dar la razón al lector, y al mismo tiempo pasar de él. ¿Cómo? Incluyendo el dictamen de un Catedrático de Astronomía, con datos y evidencias, y luego acabar la columna escribiendo esto (las negrillas las he puesto yo):

“El combate de la ciencia contra este tipo de literatura viene de lejos. En 1975, cerca de 200 científicos suscribieron un manifiesto en el que mostraban su inquietud por esta “charlatanería”. Desde entonces, se han sucedido otros. Es obvio que este diario no se da por aludido.”

Ni disculpas, ni razones, pero por lo menos el defensor del lector de El País reconoce que su propio periódico pasa del asunto y se la refanfinfla. Algo es algo. O no.

¿Entienden ahora por qué echo de menos la sección de Ciencia del diario Público?


3 Comentarios

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César Marcas

No se si lo de El País es una agradable o desagradable sorpresa. De entrada, daba por hecho que no había ningún diario medianamente importante que prescindiera de su sección de horóscopos. Es bueno saber que no es así, aunque saber que se van sumando a la moda no es un gran consuelo que digamos.

Eloy Vallina

Si dividimos el mundo entre las personas que creen y no creen en el horóscopo podemos tener dos visiones del asunto. Para quién cree, es algo que está ahí y lo puede encontrar en cualquier otra parte, sin mencionar que creerá en muchas otras cosas. No es más que una persona para la que, en este aspecto, la sociedad a fracasado; como tantas otras veces en otros tantos aspectos. Para quién no cree, simplemente es una broma más. Puede leerlo o no leerlo pero le da lo mismo, como mucho es una oportunidad para sonreír una vez leída la sección de sucesos.

Y, a fin de cuentas, si el mundo se va a acabar en Diciembre, con la que está cayendo; dejemos que la gente ahogue sus penas en cuantas pamplinas quiera.

Daryl

El horóscopo es el mcguffin, más bien la zanahoria, del suplemento. Este, como todos los de su estilo, en de una indecencia mayestática. Es el paradigma de la gilipollez suprema de esta sociedad.

Quien le de un poco, solo un poco, de verosimilitud al horóscopo es de nota pero quien se tome en “serio” el resto del suplemento es para encerrarlo. No hay que separar la frivolidad del horóscopo. Forman parte del mismo engendro. Será absurdo pensar que el planeta tal rige nuestro destino pero no más que ver unas alpagartas de 200 euros porque están “diseñadas” por un conocida firma francesa o pagar 20 euros por baberos de “diseño” o un pastón por cremitas hidratanes o reductoras de la barriga.

Podriamos acabar con otro pasaje de Penny. Tumbada en el sofa mira sus nuevos zapatos en alto y reflexiona si quedarselos o no. Son carisimos. Tanto que para pagarlos “tendré que alquilar mi vientre a una pareja de homosexuales”. Duda durante unos minutos pero al final se los queda. Lógico, van en el mismo pack que el horóscopo.

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