Cuando un planeta no es un planeta

Plutón 1

Los habitantes de este planeta moribundo escudriñan el espacio, provistos de instrumentos cuyo alcance no hemos soñado jamás, buscando otro mundo al que poder emigrar. No podían ir a Plutón, por ser el más lejano de todos los planetas, y tan frío, que su atmósfera envuelve helada su superficie…. El párrafo anterior forma parte del comienzo de la película de 1953 La Guerra de los Mundos, una estupenda adaptación del clásico de H.G. Welles. Bueno, los efectos especiales chirrían a veces, pero ¿en cuántas películas se puede ver un Ala Voladora en acción? Los amantes de la SciFi estamos en general encantados con la versión del 53, algo inquietos con ese “homenaje” llamado Independence Day, y en cuanto a la versión que perpetró Tom Cruise, mejor se la dejamos a nuestro peor enemigo.

Pero hoy quiero hablarles de planetas. Siempre que la Enterprise entra en un sistema solar nuevo, el señor Spock determina con claridad cuántos planetas tiene, su composición y clase. Pero hay todo tipo de cuerpos en un sistema planetario, así que, ¿cómo sabe el señor Spock cuáles de esos cuerpos son planetas y cuáles no? O dicho de otro modo, ¿qué es un planeta?

En nuestro sistema solar, hemos dirimido rápidamente esa cuestión. Los griegos llamaban “planetas” (errantes, o vagabundos) a esos cuerpos brillantes que no parecían quedarse en su sitio como hacen las estrellas: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Luego nos dimos cuenta de que la Tierra también era un planeta. Ya van seis. En el siglo XVIII, William Herschel descubrió Urano, el séptimo Con el tiempo, los astrónomos observaron un comportamiento extraño en la órbita de Urano. Hicieron números, apuntaron sus telescopios, y allí estaba Urano, el octavo. Finalmente, en 1930 el norteamericano Clyde Tombaugh descubrió el lejano Plutón. Nueve. Fin de la historia.

Desde pequeños, nos enseñan la cantinela de que “los planetas del Sistema Solar son nueve: Mercurio, Venus, Tierra, …” Pero eso significa que un planeta es un planeta solamente porque decimos que es un planeta. Resulta poco riguroso. Deberíamos poder dar unos criterios para definir un planeta. De ese modo, cuando viajemos al espacio, podremos clasificar los cuerpos que nos encontremos en otros sistemas planetarios. Y no necesitamos esperar a los tiempos de Spock: ya estamos detectando cuerpos orbitando alrededor de otros soles.

Muy bien, pues vamos a ello. ¿Cómo definimos un planeta? Según la Real Academia, un planeta es un cuerpo sólido celeste que gira alrededor de una estrella y que se hace visible por la luz que refleja. Insatisfactorio: hay multitud de cuerpos que cumplen esa definición y que no se consideran planetas. Por ejemplo, los cometas. O los asteroides.

Podríamos indicar el carácter planetario por medio de, digamos, el radio medio, o bien su masa. Por supuesto, ahora aparece el problema de dónde poner el límite. Plutón tiene un diámetro de 2.390 kilómetros; el asteroide más grande, Ceres, no llega a mil. ¿Ponemos el límite entre esos dos números? Eso es lo que se ha hecho hasta ahora. Nos contentábamos con que un planeta era al menos tan grande como Plutón, y aquí paz y después gloria.

El problema es que en los últimos años se han descubierto objetos más grandes que Ceres orbitando nuestro sol. Se denominan Objetos Transneptunianos (OTN). Uno de ellos, Haumea, fue descubierto en 2005 por un equipo del Instituto de Astrofísica de Andalucía, en Granada. El descubrimiento está en disputa, ya que un grupo americano afirma haberlo encontrado antes, pero me quedo con los chicos del IAA, que para eso soy granaíno. Y además, el descubridor, José Luis Ortiz, fue compañero de estudios del que suscribe en la Universidad, y cuando el tío dice eso de “bueno, no tengo todos los datos, pero yo creo que…”, puedes estar seguro de que así será. Para que conste, además, fue de los primeros en fotografiar el impacto del cometa Shoemaker-Levy contra Júpiter en 1994.

Pero volvamos a lo nuestro, que me desparramo. Haumea tiene un tamaño difícil de determinar, pero es del orden de 1.600 kilómetros. Makemake, otro OTN, tiene dimensiones similares. Finalmente, el OTN Sedna tiene un diámetro estimado en entre 1.200 y 1.800 kilómetros. Demasiado cercano al tamaño de plutón.

Esto hizo aflorar los ocultos resentimientos de algunos astrónomos contra Plutón. A fin de cuentas, como planeta es más raro que un perro verde: tiene una órbita en un plano distinto al de los demás planetas, se aproxima al Sol más que Neptuno en parte de su órbita, tiene un satélite casi la mitad de grande que él… demasiado raro. ¡Si hasta nuestra luna es más grande! Eso hizo que algunos lo viesen como un OTN más.

De hecho, en 2001 el director del Planetario Hayden de Nueva York, Neil DeGrasse Tyson, decidió incluir a Plutón como un no-planeta. El New York Times lo reflejó en su portada, con un artículo titulado “¿Plutón no es un planeta? ¡Solo en Nueva York!” Tyson llegó a recibir correo amenazador (“hate mail”) escrito por escolares de tercero de primaria. Por lo visto, en Estados Unidos no se puede jugar con ciertas cosas. Y una de ellas es el planeta Plutón, descubierto por norteamericanos en 1930 (el mismo año en que Walt Disney creó su alter ego, el perro Pluto). Decidido: hay que fijar un límite. Si Plutón es un planeta y Sedna no lo es, debemos dar un criterio objetivo. En esta discoteca planetaria, no vale decir “Plutón entra porque mola”. Si a Sedna no le dejan entrar porque lleva las Nike puestas, dejemos claras las normas desde el principio.

Así lo hicieron. En 2006, los representantes de la Unión Científica Internacional se reunieron en Praga para decidir qué es un planeta. Tras muchas deliberaciones, acordaron que para que un objeto fuese considerado como planeta, debería cumplir tres condiciones:

1) Que esté en órbita alrededor del Sol. Es un poco discriminador, pero vale.

2) Que tenga suficiente masa para que su propia gravedad le dé una forma redonda. En realidad, la Tierra es un esferoide achatado por los polos, pero casi no se nota. Vale también

3) Que haya limpiado la vecindad de su órbita. Es decir, que no haya cascotes en su “zona de influencia”, sino que haya sido capaz de limpiarlos a todos.

Según esa definición, el asteroide Ceres no es un planeta, ya que aunque cumple las dos primeras condiciones, gira en una zona llamada Cinturón de Asteroides, que está llena de cascotes.

La nueva definición de planeta fue muy discutida. Pero ahí está. Cumple criterios razonables. Nada de cuerpos enanos, incapaces de imponer su ley en sus territorios. Algo así como las bandas del Chicago de los años 30. Si eres fuerte y dominas tu zona, eres un capo. Si no, eres un pringado.

El pollo se montó cuando vieron que, según la nueva definición, Plutón ya no era un planeta. No cumple la condición 3, así que Tyson tenía razón. A partir de ahora, tendremos que denominarlo plutoide, planeta enano, o como él mismo sugiere humorísticamente, “el objeto anteriormente conocido como planeta”

Y cuando digo que se montó el pollo, es que se montó. El asunto trajo cola. Pero no quiero cansarles más por hoy, así que lo dejaremos para la próxima. Mientras tanto, señor Spock, cuidado con ese objeto transneptuniano conocido como Plutón. Planeta o no, puede abollarle el casco del Enterprise.


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