El Núcleo Reloaded: girando, girando

The core

La película El Núcleo (The Core) es, lo reconozco, muy entretenida. Hay emoción, acción, héroes sacrificados, malos malísimos y buenos buenísimos. Eso no quita para que sea, según diversos autores, la peor película desde el punto de vista del contenido científico (si bien Armageddon es un fuerte competidor al título). Mucha gente ha hablado de las incongruencias físicas de esa película, y por supuesto, yo no voy a ser menos.

Resumiendo el argumento: el núcleo externo de la Tierra se ha detenido. A partir de ahí, un grupo de científicos y militares preparan un plan para lanzar una nave hasta el (casi) centro de la Tierra, arrojar las habituales armas nucleares, detonarlas y restaurar el orden planetario. Todo secreto, por supuesto, no vaya a ser que a los curritos de a pie nos entre el pánico y decidamos dejar de ir al trabajo o pagar nuestros impuestos.

Vamos a fijarnos en un pequeño detalle que se les pasó a los guionistas de El Núcleo, y que no he visto comentado hasta ahora. Se trata del momento angular.

Los científicos van siempre en busca de principios de conservación. Si sabes que una cierta cantidad se va a conservar, puedes utilizar esa información para resolver problemas. Una de tales cantidades es el llamado momento angular. Por describirlo de alguna forma, es una especie de “cantidad de movimiento de rotación”, algo que no puede desaparecer alegremente. Si el momento angular disminuye en cierta parte del Universo, forzosamente tiene que ir a algún otro lugar.

El momento angular depende de varios factores: la velocidad angular del cuerpo, su masa y la forma en que ésta se distribuye alrededor del eje de giro. Se suele representar por la letra L, y en muchos casos es igual a la velocidad angular del cuerpo (w) multiplicada por una cantidad llamada momento de inercia (I). Si no hay fuerzas actuando sobre un sistema, su momento angular permanece constante.

Eso no significa que la velocidad de rotación sea siempre la misma. Una patinadora, al encoger los brazos, está disminuyendo su momento de inercia. Puesto que L = Iw, al disminuir I aumenta w, lo que hace que gire más rápidamente. Y al revés, si extiende sus brazos aumenta I y disminuye w, con lo que gira más despacio. Los satélites artificiales suelen usar ese truco para estabilizar su posición en el espacio.

Con lo que volvemos a El Núcleo. La premisa básica es que el núcleo externo de la Tierra ha dejado de girar. El momento angular del núcleo externo debe, entonces, pasar al resto de la Tierra (núcleo interno, manto, corteza terrestre), con lo que los habitantes del planeta notarán que giran más deprisa. Es decir, el día terrestre disminuye.

Eso es lo que sucede con los púlsares. Se trata de antiguas estrellas que han colapsado debido a su propia gravedad, hasta convertirse en gigantescos núcleos atómicos del tamaño de un planeta. Al tratarse de cuerpos mucho más pequeños (y, por tanto, con mucho menor momento de inercia I), su velocidad angular aumenta tanto que giran sobre su eje en cuestión de segundos. (el Sol gira sobre su eje con un período de rotación de aproximadamente un mes). De hecho, el primer púlsar, descubierto en los años 60, recibió la denominación LGM. ¿Por qué? Pues porque, al tratarse de una emisión de ondas de radio regulares y de corta duración, sus descubridores pensaron que podría tratarse de un radiofaro construido por los Hombrecillos Verdes (Little Green Men).

Volvamos a nuestra pobre Tierra en peligro. Como no quiero aburrirles con ecuaciones, echaré mano del consabido “se puede demostrar”, que es un latiguillo que los profes usamos mucho en clase (sobre todo cuando no queremos gastar tiza). Suponiendo un planeta de densidad constante (ya lo sé, la Tierra no es homogénea, pero dénme el gusto) podemos obtener que el momento de inercia del núcleo externo es aproximadamente un 6% del total de la Tierra.

Eso significa que el día terrestre será un 6% menor, pasando a tener unas 22.5 horas. Resulta, por tanto, irónico que los responsables del proyecto contraten a un hacker para “piratear Internet” y bloquear el flujo de información, cuando incluso el más tonto se daría cuenta de que cada día el sol se pone hora y media antes de lo normal.

Existen otros efectos derivados de este cambio de velocidad angular, pero los veremos otro día. Mientras tanto, permanezcan atentos a sus pantallas, y el día que nos digan que hay que adelantar el reloj hora y media cada día, no se crean las explicaciones: sálvese quien pueda.


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